El Fabricante de Fantasmas

“El fabricante de Fantasmas” de Roberto Arlt es una obra teatral que cuenta los tormentos por los que atraviesa Pedro, un escritor frustrado, quien se ve humillado por su esposa la cual lo atormenta y descalifica, incrementando en él un malestar preexistente. 

Se establece una tensión que parte desde la sexualidad hasta la muerte, ella en su demanda lo vuelve impotente y él, atravesado por la imposibilidad de no estar a la altura de sus reclamos comienza a experimentar una satisfacción ubicada en una compleja matriz hecha de sus “fantasmas”, los cuales podríamos pensar como los perseguidores de su paranoia.
Esto llena de ira a Pedro y el homicidio resquebraja los remordimientos que detenían el goce inminente.
La muerte lo visita en los laberintos de su conciencia como una idea capaz de otorgarle el éxito tan ansiado, como si la trama significante de la tragedia en su obra pudiera cernir algo de ese real que lo invade.
En un primer tiempo, su “obra” teatral la cual recrea el asesinato de su esposa, funciona estabilizando a Pedro, pero el goce se impone y los personajes que él mismo ha creado toman autonomía y se le imponen, finalizando en el suicidio.
El homicidio de su esposa nos permite pensar en Pedro el empuje al goce. Como dice Carlos García y Silvia Elena Tendlarz en “¿A quién mata el asesino?” pág. 97 :”si bien el goce conduce al acto, se añade a este una dimensión de violencia y agresividad, propia del registro imaginario”. Y es notoria en la obra el modo en el que los personajes persecutorios van estableciendo una relación de violencia y agresividad para con Pedro, cargados de de un erotismo en donde es su propia agresividad la que le retorna bajo las máscaras de estos personajes deformes.
 Arlt  introduce al espectador en el oscuro mundo de este dramaturgo y su despiadada lucha contra los fantasmas que él mismo creó para sus obras, espectros que salen del papel y se corporizan para atormentarle la aparente razón. 
 El dramaturgo como hombre se muestra sumergido en el olvido, no recuerda nada del acto homicida y desde allí se pone en juego en la ficción si se trata de un olvido que lleva a la repetición o a la creación de la obra.
De este modo, orientados a partir de una lectura lacaniana, podemos decir que esta obra de Roberto Arlt nos remite al sujeto y a la fabricación de sus fantasmas más allá de su voluntad, poniendo en juego un goce que no logra ser apresado por lo simbólico y cuya verdad se revela en el acto final del suicidio.
Roberto Arlt el día antes del estreno de la obra, 7 de octubre de 1936 declaró: “Si alguien me preguntara por qué le he dado una representación física tan espantable a los remordimientos de un criminal debo contestar que es porque el remordimiento fue conceptuado, antaño, por los teólogos y hoy por los psicoanalistas, como uno de los más enérgicos elementos que provocan la descomposición psíquica del sujeto arrastrándolo a la locura y al suicidio”.
El autor basa su creación a partir de la lectura de Flaubert, en su novela Las Tentaciones de San Antonio y en Thais de Anatole France.
 
“El fabricante de Fantasmas” los cita:
 
Bajo la dirección de Patricio López Tobares, En el Teatro El Buho, Tacuarí 215, todos los domingos de octubre a las 19hs. 
  
Una obra dentro de otra obra, lo inconciente como escenario y un interjuego entre el olvido y lo no inscripto que retorna, los remordimientos y los personajes deformes que texturan las aristas de la paranoia, el goce que se impone dejando sin palabras, sin letra que escurra la inminencia de lo real.
 
                                                   
 
                                                                                                     
 
 
 

“Un niño fuera de serie”

A partir de un llamado telefónico que recibo desde una escuela privada de capital federal,

en el cual, quien me expresa su necesidad de hablar conmigo es la psicopedagoga del

nivel inicial de sala de dos años, a raíz de un alumno que asiste allí y que es paciente

mío hace un mes en agosto de 2012.

La licenciada expresa su necesidad de saber y me pregunta: “¿usted observó que X no

mira? Es un niño que sale corriendo a veces del aula para ir a los juegos de la plaza, en

dos ocasiones se rasguñó, una de esas ocasiones fue porque se lo retó pues tiró las

galletitas de adentro del tarro. ¿Usted no cree que debería tomar medicación? Es muy

inquieto y distrae al resto, capaz si estuviese más quietito… qué diagnóstico tiene?

Porque yo lo busqué en el DSM IV y no lo encontré”….”aguárdeme un minuto” (se

escucha que entró en donde la licenciada estaba un niño gritando) “disculpe, había

entrado un add”, “¿qué me puede decir de X?”

A lo cual le respondí: nunca lo va a encontrar en el DSM, porque allí no está su

subjetividad, sólo encontrará carcazas vacías, las clasificaciones.

No hay vez en que relate este episodio sin sentir que algo de la angustia me columpie

hasta escribir.

Rápidamente vino a mí Jacques A. Miller cuando nos habla de que el discurso

dominante sería el de la cuantificación, pues parece que en algunos ámbitos de lo

escolar se tiende a homogenizar, se clasifica, forzando hacer común lo diferente y es

aquí en donde asoma su nariz el discurso de la ciencia.

Días después, me llama por teléfono la directora del colegio antes citado, pidiéndome

cerrar un diagnóstico porque no quiere que la conducta de X altere al grupo de treinta y

cinco niños de sala de dos, me dijo:”¿X fue visto por un  neurólogo? Usted sabe, no

queremos que el resto de sus compañeritos lo vean como el niño diferente…”

Ante el empuje a la homogenización lo real resiste y es menester preservar esa

diferencia que hace a cada niño único. Fuera de la serie de las clasificaciones, fuera de

toda clase. Al decir de Jacques A. Miller: “Es la promesa del psicoanálisis, allí donde se

opone de modo evidente, porque el discurso analítico promete lo contrario al discurso de

la evaluación. La promesa es: “Tú no serás comparado”(1).

Allí en donde X no mira es en donde el adulto de la evaluación no ve lo que X sí: los

juegos de la plaza, hay algo allí en esos objetos para él. Muy contrario a los límites de la

observación, el analista está convocado a leer y, si como en una sesión X me dijo

“vamos” y me agarró de la mano para luego soltarme… ¿será que podríamos hablar en

el autismo de una construcción de la demanda?…
(1) Jacques A. M, El Niño, “Lo que nos orienta”, 2008, Ba. As.,Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Niño(CIEN)Publicación del Instituto de Campo Freudiano-Nueva Serie_

Depresiones y Psicoanálisis (con Video)

Depresiones y Psicoanálisis

Insuficiencia, cobardía moral, fatiga, aburrimiento,

Dolor de existir.

Emilio Vaschetto (compilador)

Grama ediciones, 2006.

En la elección del presente libro consideramos que el mismo permite una lectura lacaniana porque la misma implica tres puntos a considerar que son: -en toda producción hay una relación de participación del inconciente, -en toda relación al inconciente expresada en una producción está puesta en juego una dimensión de verdad y –por lo tanto hay una relación en esa producción con un goce.

En nuestros días ante la proliferación de diagnósticos y síndromes, la depresión circula como un trastorno entre otros en plaza para el cual se oferta una solución muchas veces estandarizada prometiendo a quien sufre una readaptación a la normalidad colectiva en forma rápida y eficaz.

Desde un abordaje clínico, político y ético este concepto es evaluado a los fines de que se pueda captar lo real en juego.

Se lo diferencia de ser el nombre que define en modo general algunos aspectos de lo que hace al malestar en la cultura para ir hacia un modo de definición particular, propio de la orientación por lo real.

Dice Vaschetto: “Diremos sin vacilar que no hay otra orientación que lo real”, retomando las palabras de Eric Laurent en “La Sociedad del síntoma”, cuando dice: “el psicoanálisis hace un uso extraño del significante amo y por ende desencadena de la buena manera. La interpretación analítica puede poner en serie las nuevas formas del síntoma con las antiguas, las que resistieron para mostrar que tienen un aire de familia”.

De este modo, se nos permite echar luz entre los problemas actuales de la subjetividad de la época para demostrar su eficacia a partir de una ética, permitiéndole al sujeto ir más allá de la mudez clasificatoria que lo define “entre otros” e ir más allá, ir por la vía de la palabra hacia su relación con su síntoma, para interrogarlo ya que es la expresión de lo más vivo de un sujeto.

El hueso de un análisis

Recomendamos este libro, “El hueso de un análisis” porque en él Jacques-Alain Miller nos trae una conversión de perspectiva que nos lleva hacia el camino del síntoma, no del fantasma, más precisamente hacia el camino del sinthome. Se trata de un lugar otorgado al significante como causa de goce y por lo tanto no capta libido sino que la produce bajo el modo del plus de gozar.

El “hueso” en francés nos remite al obstáculo y su equivalente brasileño es el de “piedra”. Dice Miller que todo ser hablante tiene un camino esencial que es el camino de su palabra, “pero el camino que le permanece invisible, inaudible, desconocido, es también la piedra de su camino de palabra”.

Y en esto Miller retoma a Freud cuando en “Análisis terminable e interminable” nos plantea que al final de la cura analítica hay una roca que tiene que ver con la asunción del sexo y no de la muerte.

El acento  no está puesto en el efecto del significante como  mortificante sobre el cuerpo sino que la incidencia que el significante tiene sobre el cuerpo es de goce y eso es lo que Lacan llama síntoma y es aquí en donde, más allá del fantasma, el síntoma nos remite al cuerpo vivificado.

Esta nueva perspectiva, su mudanza, consiste en restituir la función de la vida y para ello Miller coloca aquello que denominamos sustancia gozante: sólo un cuerpo puede gozar.

Esta perspectiva cuestiona al término sujeto porque el sujeto es un elemento mortificado y, por lo tanto, sustituye al término sujeto por el de parlêtre que es lo contrario de la falta en ser, de modo que será el término : pareja- síntoma el que queda como simétrico al de parlêtre y ya no el de gran Otro.

Situamos la lectura lacaniana en este libro a partir de que el goce no es posible de ser concebido sin ser referido al cuerpo porque sólo un cuerpo puede gozar y la libido exige la referencia al cuerpo. De este modo, Miller sitúa el significante como causa de goce del cuerpo y además del lenguaje y, en ello, entra el sentido gozado, en la medida que el sujeto tiene un cuerpo.

Si el hueso de una cura es la pareja-síntoma, es aquí en donde enlazamos síntoma en relación a la verdad, al inconciente y al goce, los tres puntos que hacen de brújula de la lectura lacaniana, porque la pareja-síntoma nos remite a un modo de gozar, primeramente del saber inconciente (significante y significado investidos) para luego, gozar del cuerpo del Otro que es tanto el propio como el de cualquier otro.

El Niño

Este libro reúne a muchos adultos que trabajan con niños teniendo en el horizonte esa particularidad de cada sujeto como único, padres, profesionales, artistas, creativos, los convocan a su capacidad lúdica a su imaginación, como vía para afrontar los peligros externos y sobre todo los internos: sus propios miedos, los temores vivenciados como exceso o como pérdida, para así entonces” atreverse a elegir”.

Los artículos que lo componen  nos llevan por un recorrido en donde no sólo se plantea una sublevación sobre la idea del niño “normal” sino que Beatriz Uduenio centra su riqueza en la posibilidad de verificar  cómo lo hacemos y las consecuencias de nuestras intervenciones.

De este modo El niño” presenta a los individuos con autismo como únicos e incomparables, se revela ante el avance del discurso de la evaluación que clasifica y compara, destituyendo lo más esencial que humaniza a cada uno. Tal como lo expesara  Jaques-Alain Miller en la clase del Curso “La orientación lacaninana” del 16 de enero del 2008: “Tu, no serás comparado”.

Beatriz Uduenio retoma esta frase de Miller como aquello que orienta esta compilación , allí él propone una sublevación ante el avance de la ciencia que intenta por medio de su discurso homogenizar pretendiendo generar un efecto de “para todos iguales” cuando en realidad más que de equidad se trata de un riesgo en juego, dice al respecto Miller: “Hay una vertiente progresista de la óptica cuantitativa, pero también está la vertiente que llamamos reduccionista, porque prevalece a condición de desdeñar, de borrar las diferencias”.

Este libro nos permite plantear la posibilidad de realizar una lectura lacaniana ya que a partir de estar atentos a las formas discursivas que toma la época se trata de no anular las diferencias, esto es, esa dimensión única del sujeto.

Dice Miller: “(…) hay un cierto real que opone a una forma de resistencia a volverse conforme al régimen de lo homogeneo”. Y es frente a lo real del goce que a cada analista se le plantea con cada sujeto el despejar ese síntoma que no se quiere escuchar pero que más allá de la tendencia al “para todos iguales” se impone con  su diferencia.

Salud mental y locura: presentación

El nombre de esta sección nos presenta  un par de opuestos que nos invitan a pensar no sólo la tensión existente entre los opuestos sino también otras dos alternancias:

Una es, que hay algo de locura en la salud mental y,  la otra, es: que no hay salud mental sin locura.

Partiendo de la definición que da la OMS de la salud mental: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

En los tiempos de nuestra modernidad, imaginar  un “estado de completo bienestar físico y mental y social” nos lleva a considerar la necesariedad de la locura en la salud mental.

Dice Freud en “El Malestar en la cultura”: “¿qué es lo que los seres humanos mismos dejan discernir, por su conducta, como fin y propósito de su vida? ¿ qué es lo que exigen de ella, lo que en ella quieren alcanzar? Quieren alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla” (1).

¿Completo bienestar? Tal concepto en la definición de la OMS nos permite pensar que la salud aquí es ubicada en un estado ideal que hace cortocicuito con la locura de cada uno. Todo ideal se opone hacia donde va la satisfacción de la pulsión. En relación a ello dice Freud en “El porvenir de una ilusión”: Lo decisivo será que se logre aliviar la carga que el sacrificio de lo pulsional impone a los hombres, reconciliarlos con la que siga siendo necesaria y resarcirlos por ella(2)”.

Salud mental y locura son entonces términos que se relacionan a partir de una tensión: por un lado el síntoma para el psicoanálisis como ineliminable por estructura y por el otro se trata de eliminar el síntoma.

Por un lado la salud como completo bienestar, ideal subyacente de felicidad y por el otro, Freud nos plantea un malestar estructural propio del ser parlante.

Salud para todos: no sin cada uno

Para la definición de la OMS podemos pensar que la idea de cura estaría dirigida a reconstituir un estado anterior del sujeto, volverlo a los patrones de la normalidad, ¿reacomodarlo al fantasma?…

Nos posicionamos  a favor de la salud para todos pero pulverizando el efecto homogeneizante impuesto por el mundo globalizado de la ciencia, tal como lo refiere Eric Laurent en “El sentimiento Delirante de la vida”(3) cuando nos presenta un movimiento dialéctico: por un lado el efecto homogeneizante producido por el movimiento de globalización de la civilización cuyo efecto produce modelos imaginarios de comportamiento que va acompañado de una desestabilización a nivel simbólico  cuya contrapartida es el movimiento en donde los sujetos se encuentran compelidos a reinventar en cada uno una herramienta particular para posicionarse frente al modo de gozar.

Del lado de la locura de cada uno podemos decir que no se trata de curación ni de volverlo adaptado a lo que las normas del mercado exigen para un sujeto, sino que de lo que se trata es de volverlo apto para el acto. Claro que esto al amo de nuestros días no le es redituable pues es un camino demasiado largo y por tal pone en duda la eficiencia del procedimiento que no acompaña la posibilidad de abonarle sus estadísticas en materia de  salud mental.

Un saber hacer con la locura de cada uno: el sinthome

La locura de cada uno hace referencia en primer lugar a una de sus dos caras: a lo particular de cada sujeto, a lo que resiste al para todos de la salud entendida como armonía. El modo de gozar singular no admite generalizaciones. El síntoma crea la diferencia, es principio de disidencia, ya que la relación sexual no se inscribe en la estructura del lenguaje, es el síntoma en su singularidad el que es rebelde al cálculo de la globaización y la repele. No hay sujeto sin síntoma y el partenaire mismo viene a ese lugar, por lo tanto, no hay salud mental sin locura.

Esta locura de cada uno nos envía hacia la noción de uno por uno, nos conduce al modo de gozar en donde la pulsión puede también llegar a mostrarnos “otra cara” de la locura de cada uno: el sinthome como esa locura a la que se arrima luego del recorrido de un análisis llegado a su final, porque como Freud lo ha dicho, se tratará de “reconciliarlos con la (pulsión) que siga siendo necesaria”(4).

Al respecto dirá Eric Laurent que :”lo inquietante de la presencia de la ciencia es que nos da muchas certidumbres sobre la naturaleza, pero se mantiene muda acerca de la relación sexual, porque no nos dice cómo hay que comportarnos”(…) “A través de la manera con que la ciencia, al globalizarse, hace callar a los Nombres del Padre y enmudece frente al hecho de dar indicaciones acerca de cómo vivir la cuestión sexual, se produce también en los sujetos este movimiento de reinventar, de reincorporar nuevas herramientas para ubicarse frente a las exigencias de goce que se nos imponen desde la civilización”(5).

Algo más de la locura de cada uno y en cada uno, Freud nos dice en “Más allá del principio del placer (1920)” que hay en el aparato una fuerza que no se rige bajo las normas del principio del placer y que por lo tanto el bienestar no se alcanza psíquicamente, tan sólo se lo puede conseguir en forma intermitente.

De modo que para el psicoanálisis ese malestar expresado en el síntoma es la brújula capaz de agujerear el fantasma hasta llegar a su letra pulsional.

Para el psicoanálisis el síntoma no es el que funciona para la medicina como un dato objetivable sino un elemento que se subjetiva, ¿por qué? Porque tiene la creencia para el sujeto de que eso significa y esta creencia lo torna operativo y de repente quien sufre por su síntoma se vuelve protagonista de un sentido a develar.

En un principio de su tratamiento el sujeto cree que su sítoma “es capaz de decir algo” (6)(RSI 21ener 1975), es añadirle “puntos suspensivos”(7)allí en donde el sujeto es interrogado por la no-relación sexual.

Al final del análisis el síntoma se desviste del  sentido  y por lo tanto caen las búsquedas de sentido, cesa  esa creencia y ya no se cree que el uno de la letra retorne en el dos de la cadena y el sujeto ya no espera una traducción de esos puntos suspensivos del síntoma.

¿Qué hay de nuevo… viejo?

Michel Foucault nos dice en”  Historia de la locura” (8)que el período Clásico o del gran encierro caracterizado por la creación de los manicomios, asilos y hospitales generales  que el loco era institucionalizado no para recibir una ayuda terapéutica sino para evitar su presencia y deambulismo por las calles pero bajo el control del estado. La locura era algo indeseable y el loco un ser ilógico y peligroso.

Si en aquel entonces el loco era encerrado porque representaba una amenaza para el orden social ¿en qué se diferencia en nuestro siglo XXI del intento de erradicar la locura de cada uno?

Dice Foucault al respecto: “Desaparecida la lepra, olvidado el leproso, o casi, estas estructuras permanecerán. A menudo en los mismos lugares, los juegos de exclusión se repetirán, en forma extrañamente parecida, dos o tres siglos más tarde” (…)”con un sentido completamente nuevo y en una cultura muy distinta, las formas subsistirán”(9).

Mercado y Ciencia convergen para hacer del sujeto un objeto a, una pérdida desechable del sistema.

La salud mental definida por la OMS nos refleja al bien que hace de piedra en los caminos del deseo, dice Lacan: “el bien levanta una muralla poderosa en la vía de nuestro deseo” y nos advierte del deseo de curar (¿lo-cura?) como “algo proclive a extraviarnos”(10).

Si el mercado del siglo XXI propone la disolución de los síntomas de modo que el consumo de los sujetos no sea interferido, la opacidad del síntoma, ese goce que excluye al sentido, se impone y resiste.

Si bien desde un ideal de felicidad los sistemas actuales de salud pretenden universalizarla, no obstante el inconciente insiste porque somos habitados por una falta que repele a los ideales y en esto el síntoma se revela a lo universal, porque en él anida lo más particular y lo más real contraponiéndose a lo que el discurso de la época prescribe.

Es aquí en donde se sitúa que hay algo de locura en la salud mental.

Ahora bien, la importancia dada al cerebro como asiento de las enfermedades mentales desde los años 70 medicalizó a la psiquiatría. El conocimiento de lo real de una enfermedad, construído con las relaciones del funcionamiento neurobioquímico, ya no surge de la clínica sino de la dependencia del síntoma respecto del ideal de lo real, real optimizado por el funcionamiento y sometido al cálculo.

Respecto del cálculo Miller dirá: “lo que se presenta, con aspectos polémicos es la noción de que el discurso dominante sería el de la cuantificación”… “se trata de medidas, de unidades homogéneas unas con otras”, “el dominio de la ciencia es el de la cantidad (…) de lo que es común a cosas diferentes”(11).

Pero, ¿Cómo cuantificar el goce de los seres hablantes?,¿cómo medir ese monto, esa fuerza constante de la que Freud hablaba?

Ese irreductible insiste, lo real insiste más allá del traje del hábito que tanto confort le aporta  al neurótico y si bien suele conformarse con los bienes que el mercado le provee para satisfacerse y seguir anidando cómodo en su fantasma, la renuncia a su deseo no siempre es bien tolerada.

Podemos considerar entonces que estas “nuevas formas” de exclusión de lo singular en nuestra actualidad, son lo viejo que se actualiza: el rechazo a la castración por parte de la ciencia queriendo captar lo real por medio de lo simbólico, termina generando un real que denuncia la “inconsistencia” de lo simbólico y es aquí en donde el analista se topará con lo nuevo por hacer.

Ahora bien, nuestra época nos presenta el desafío de un orden simbólico cuyas fragilidades se reflejan en los efectos sintomáticos que recaen en los sujetos y es para nosotros psicoanalistas fundamental operar sobre la demanda de goce que impera por sobre el decir de los sujetos que consultan.

Enfermedad mental: “Se vende”

A partir de un video recomendado por Carlos García y que puede ser visto en You Tube, denominado “El marketing de la locura”(12)  no pude menos que interrogarme acerca de ¿por qué funciona a la orden del día la venta de la enfermedad? Existe actualmente una intolerancia tal en nuestra civilización a convivir con las diversas emociones que nos constituyen y que nos tornean en lo más íntimo de nuestro ser humanos que, el encontrarse representados en clasificaciones, en donde el “sano preocupado” descubre un “tener” un problema importante propicio para ser tratado con los fármacos le brinda la ilusión de estar llegando al camino de la felicidad añorada, considerando no despreciar el obtener como bonificación de su compra la medicación que tal vez “remedie” su falta.

En la ilusión de una rápida y eficaz disolución  del malestar estructural que nos esculpe como sujetos del deseo, por más “liquidaciones” y “ofertas” de felicidad que el capitalismo y la ciencia nos provean aún mayor es la falta en ser que aqueja al sujeto contemporáneo.

En las dificultades de los sujetos de convivir con la falta, el medicamento se propone como una solución inmediata para así poder alcanzar la dicha prometida.

Atento a este nuevo orden simbólico nuestro, el analista se ubicará no en contra de la medicación sino presto a la escucha de aquella verdad subjetiva que se hará oír en los baches del medicamento en relación al síntoma, para que desde allí el sufriente despliegue el sentido propio de su malestar más allá del sentido universal que caracteriza a determinado medicamento.

Un deseo que hace vigencia

El deseo del analista es la opción que le conviene al psicoanálisis para abrirse camino en los desfiladeros de nuestra época en donde surgen nuevas lenguas cargadas más de letra que de palabras, letras nuevas frente a las cuales será menester que el analista operando con lo simbólico se dirija a la división del sujeto. Lacan mismo propuso “ tender en un análisis a la escritura del sinthome y no sólo al bien decir, valorizando así más la letra del deseo más que el significante para cifrar el goce”(13).

De la mano de los avances de la modernidad, el analista deberá servirse de ellos y de su impronta sobre la subjetividad de la época, a la luz del rigor “porque el pensamiento de lo real se supone, justamente por el hecho de ex-sistir”(14).

Hacia el horizonte nos guía un deseo que sin ignorar la salud para todos se constituye en eficaz y vigente porque nuestra labor analítica se funda en la locura de cada uno.

Bibliografía:

 

1)      Freud, Sigmund, Sigmund Freud Obras Completas, tomo XXI: “El malestar en la cultura”, 1930(1929), Bs. As.,Amorrortu editores, pág. 76.

2)      Freud, Sigmund, Sigmund Freud Obras Completas, tomo XXI: “El porvenir de una ilusión”, 1927,Bs.As., Amorrortu editores, pág. 7.

3)   Laurent, Éric, El sentimiento delirante de la vida, “A modo de prólogo,       entrevista a Éric Laurent”, junio 2011, Bs.As., Colecciones Diva, pág. 9.

4) Freud Sigmund, Sigmund Freud Obras Completas, tomo XXI: “El porvenir de una ilusión”, 1927,Bs.As, Amorrortu editores, pág. 7.

5)    Laurent, Éric, El sentimiento delirante de la vida, “A modo de prólogo, entrevista a Éric Laurent, junio 2011,Bs.As., Colecciones Diva, pág. 8.

6)   Lacan, Jacques, El seminario, RSI, libro 22, Ed. Paidós,(1974-9175),Bs.As. pág. 46.

7)    Ibid. Pág. 46.

8)   Foucault, Michel, Historia de la Locura en la época clásica”, tomo I,Stultifera Navis, Fondo de Cultura Económica, 2012 pág. 18.

9)    Ibid. Pág. 18.

10)  Lacan, Jacques, El Seminario, La ética del psicoanálisis, cap. XVII, 1960, Paidós, 1986, pag. 277

11)   Miller, J. A., El Niño, “Lo que nos orienta”, 2008, Publicación del instituto del Campo Freudiano y del Centro de estudios Interdisciplinarios de Estudios sobre el Niño,pág. 8

12)    “El marketing de la locura”, video en you tube.

13)    Miller, Dominique, El orden simbólico en el siglo XXI: No es más lo que era ¿qué consecuencias para la cura?, “Deseo”, 2011, Grama ediciones 2011, pág. 55.

14)    Lacan, J., El seminario, libro 23, El sinthome,”El Espíritu de los nudos”, El nudo como soporte del sujeto, 1975, Paidós 2006, pág. 50.

Las Criadas

Recomendación teatral

Bajo la dirección de Ciro Zorzoli, se estreno Las Criadas, obra en un acto de Jean Genet.

El propio Genet nos dice “voy al teatro para verme, en el escenario (restituido en un solo personaje o gracias a un personaje múltiple y bajo la forma de un cuento) de una manera que no sabría –o no me atrevería- a verme o soñarme, y sin embargo tal como sé que soy”.

Sartre afirma que “para Genet el ejercicio teatral es demoníaco; la apariencia, sin cesar a punto de hacerse pasar por realidad, debe revelar sin cesar su irrealidad profunda. Todo debe ser falso”, partiendo de esto, Zorzoli nos adentra a la representación de estas criadas, Clara y Solange-hermanas Papin- de Genet, que asesinaron  a su señora y a su hija en un crimen que revolucionó Francia en la década del  30’.

De ahí la violencia y la relación erótica que las criadas entablan con la muerte. Falsa sumisión y falso respeto es lo que destila su comportamiento, no solo representando con la Señora, sino también cuando están solas. La Señora no es la Señora, Solange no es Solange, Clara no es Clara.

El desenlace terrible se siente en el aire, artificio de la actuación, con un cuarto personaje que el Director agrega, suerte de acomodador, que acompaña a estas actrices, interviniendo en la escena midiendo el tiempo de la actuación.

Genet  se inspira en este crimen para escribir la obra, Lacan por su lado toma este crimen y lo analiza en  su Tesis  sobre la paranoia.

Lacan empezó desistiendo del diagnóstico de histeria-epilepsia. Es que, como señala Roudinesco(1) , allí había un crimen que se integraba perfectamente en el marco teórico que había planteado Lacan en 1932: la homosexualidad femenina, el delirio entre dos, el gesto asesino sin motivo aparente, la tensión social, la paranoia y el auto castigo.

El delirio había surgido, según Lacan (2) , al azar y por un incidente que parecía banal: un corte de corriente eléctrica que había impedido el planchado. La furia, entonces, se desató. Lacan propone que ese "apagón" significaba el silencio que se había instaurado, desde hacía mucho, entre amas y criadas. No "se pasaba la corriente", en tanto no se hablaba.

Pero el verdadero móvil del crimen no era el odio de clase, sino la estructura paranoica a través de la cual el asesino hiere al ideal del amo que lleva en sí. El "mal de ser dos" que afecta a estos enfermos no los libera sino apenas del mal de Narciso. Pasión mortal  que acaba por darse la muerte. Esta necesidad de autocastigo, este enorme sentimiento de culpabilidad se lee también al igual que en el caso Aimee, en las hermanas Papin.

Lacan, dice (3): “el homicidio paranoico de las Hermanas Papin, probaba que únicamente el analista puede demostrar, en contra del común sentimiento, la alienación de la realidad  del criminal en un caso en que el crimen da la ilusión de responder a su contexto social”.

Volvamos a escena, al mundo de la representación el que le calza como anillo al dedo a Zorzoli, cuyo principal interés recae en indagar en los mecanismos de artificio propios del arte dramático, como teatro dentro del teatro.

Las Hermanas-criadas-Papin  los esperan…

Referencias bibliográficas:

1) ROUDINESCO, ELIZABETH: Lacan, Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento, Fondo de Cultura Económica de Argentina, SA, Buenos Aires, 1994, capítulo IV, pág. 103

2)  LACAN, J: De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1976.

3)  LACAN, J.: Escritos I: Introducción teórica a las funciones del Psicoanálisis em criminologia. Comunicación presentada a la XIII Conferencia de psicoanalistas de lengua francesa, 29 de mayo de 1950, en colaboración com Michel Cénac, Siglo XXI Editores, 1985, pag. 133