Ciclo Anual de Conferencias 2014, Causa Clínica. Carlos Dante García

Parte II: Lugar del analista, control, característica de los análisis, prejuicios, regla fundamental.

En esta segunda entrega Carlos García parte de un texto de Miller, El Lugar y el lazo, en el capítulo titulado La tentación del psicoanalista, donde dice que el psicoanalista ocupa dos sitios, y lo ejemplifica con el control, explicando que el control es controlar la relación del lazo con el lugar, controlando el grado de des-subjetivación  en la experiencia, va a controlar que su subjetividad no incida en el análisis.
De cómo el deseo del analista sería la reducción, como desecho, de la posibilidad de subjetivar. A mayor des-subjetivación más división del sujeto, a menor des-subjetivación, menos sujeto dividido.
La clave entre el deseo del analista y  las tres modalidades de análisis es la regla fundamental, la asociación libre.
La regla fundamental no es medir la culpabilidad, es confiar en todo lo que se le pase por la cabeza, lo que cae, en la ocurrencia. El que escucha no emitirá juicio de lo que cae.
La Asociación libre es un permiso a la incoherencia, decir lo que se le ocurra; diga lo que diga no será juzgado ¿es enunciada la regla fundamental por el analista? Se la construye, como operación, no se da solo una vez, sino en cada sesión.
En la primera modalidad del análisis, entonces se construye la regla fundamental, deseando la incoherencia e interviniendo por fuera de la realidad colectiva. De lo amorfo, vía la Asociación libre, comienza a tomar forma, cambiándose  y el modo de decir.
 

Angela Vitale

Carlos Dante García: Entonces, una vez ubicadas todas estas formulaciones que después, si quieren retomamos y discutimos, conversamos, voy a retomar aspectos de esto, vamos a ubicar al analista y después, el tercer paso es ubicarlo en las tres modalidades, por su deseo general.

Para esto, voy a tomar algunos párrafos de otro seminario que se llama El Lugar y el Lazo, en el que hay un capítulo que se llama La tentación del psicoanalista, página 15, donde dice que el analista ocupa dos lugares, o sea dice que ocupa, el analista, dos sitios. Lo que se llama el lugar de analista, no es un lugar, son dos sitios, y ahora lo voy a ejemplificar con el control, con lo que sería el controlar o el supervisar.

¿Qué es el control? De muchas maneras se puede definir al control, pero el control es: controlar la relación del lazo con el lugar, del lazo con el lugar.

Cuando alguien controla y va a controlar con un analista, la tensión analítica de un paciente, ¿qué hace? ¿Qué va a controlar? Lo que va a controlar es la verificación de su grado de des-subjetivación en la experiencia. Es decir, va a controlar que su subjetividad no incida en el análisis, en la experiencia analítica que está haciendo de ese paciente o de ese sujeto.

Entonces, en la página 16 de ese capítulo, van a encontrar dos preguntas maravillosas de Miller, extraordinarias, que yo les diría que las anoten para toda la formación respecto de la práctica del control. Las dos preguntas, las dos frases son las siguientes: “¿Estás suficientemente des-subjetivado como para poder ser el soporte del otro?” Es la primera pregunta: ¿estás suficientemente des-subjetivado para ser el soporte del otro? Así de formulado, es decir que, para ser el soporte, quiere decir que no tiene que estar puesta en juego qué? La subjetividad.  O sea, que esto nos lleva al punto del deseo del analista, el deseo del analista sería la reducción, como desecho, de la posibilidad de subjetivar.

Y la segunda pregunta, después voy a matizar estas formulaciones, las voy a matizar bajo la forma de esto, es lo que implica todo lo que estoy diciendo, la lógica del asunto, lo que sabemos que en la realidad, se va a presentar bajo qué forma esto, si alguien va a controlar el grado de subjetivación o no, quiere decir que reconoce que hay una participación subjetiva.

En la realidad de esto no se produce a no ser que se haya advenido el deseo del analista, y aunque haya advenido el deseo del analista, a su vez, ese deseo del analista tiene que ser comprobado en la experiencia, cuando analiza a alguien. Ya no es que el AE, por ejemplo, como muchas veces he escuchado, o el que no llegó a terminar un análisis, en ambos casos, por ejemplo, uno sería puro, entonces lo podría analizar y el otro no podría analizar. Están comprometidos subjetivamente, tanto el AE como el que no terminó el análisis, los dos están comprometidos, después esto lo voy a retomar.

Diana Nasra: No sé si todos sepan qué es un AE.

Carlos Dante García: Se llama AE al analista que da la escuela, es un título, una nominación que surge como resultado de que alguien quiere testimoniar cómo hizo el recorrido de su análisis, que terminó su análisis. Entonces, hay una comisión, en una escuela, esto está en diferentes escuelas, está en la Escuela de la Orientación Lacaniana de Bueno Aires, en otras escuelas en el mundo, una comisión de pase que evalúa, no voy a explicar todo el dispositivo, pero evalúa si terminó el análisis, y si terminó el análisis, le dan el título de AE, entonces, este título dice: es alguien analizado, pero no dice que hay un deseo de analista, no dice que eso garantiza cómo va a practicar el psicoanálisis.

Es al revés, después hay que ver qué es lo que hace con eso, está claramente formulado esto en esas páginas que mencioné antes de El lugar y el lazo, claramente formulado. Es decir, que se supone que alguien que terminó el análisis, entonces estaría en condiciones de, por eso es que les di todas las definiciones.

¿Por qué les di todas esas definiciones? Para que ustedes vayan captando los matices y las aristas que tiene el problema del deseo del analista, que no es simplemente porque terminó el análisis, entonces advine y ya está. Hay gente que terminó el análisis, supuestamente advino el deseo de analista y después se fue de vacaciones a una isla y no volvió, enserio estoy hablando, no estoy inventando una cosa, sé que hay gente que hizo todo el análisis, todo el pase y demás, y después no fue más al psicoanálisis, a la escuela de la causa.

Entonces, la segunda pregunta tiene que ver con lo que voy a retomar del primer modo de análisis, que es el comienzo del análisis, “¿Estoy, -esa es la pregunta que hace Miller- lo suficientemente des-subjetivado, -presten mucha atención a la manera en que está formulada la frase- ¿Estoy lo suficientemente des-subjetivado como para dividir al sujeto en mi paciente o acaso el paciente se consolida cada vez más?”

Hay ahí, en la pregunta, dos fórmulas, la primera fórmula es: a mayor des-subjetivación, más provoco la división del sujeto en mi paciente. A menor des-subjetivación, o sea mayor participación subjetiva de mi parte, hay menos sujeto dividido y hay más paciente, o sea se consolida cada vez más el paciente, ¿se entiende la doble formulación?

Por eso es un grado, un movimiento: a mayor des-subjetivación más división, o sea que sólo se puede dividir a un sujeto en la experiencia del análisis, si hay des-subjetivación, si no, no hay división. Y si no, se incrementa cada vez más el paciente, ¿qué quiere decir que se incrementa? Es que no hay trabaja analítico, hay más paciente.

Entonces, tenemos que centrarnos en las tres modalidades del análisis, ahora una vez ubicados en el recorrido, o sea, que lo que dije también es conclusión: el deseo del analista es la manifestación en una subjetividad, de un grado máximo de des-subjetivación. Avanzadas interpretaciones en las cuales, no intervenga la subjetividad. Esto que acabo de decir, es idea de Lacan del psicoanálisis, es totalmente lo opuesto a la idea que tiene en la cual considera que el analista, con su subjetividad, es decir, con todo lo que le produce como efecto el paciente, la palabra del paciente, interpreta: usted me quiere hacer dormir, por ejemplo, usted tiene tendencias agresivas.

El punto opuesto es: uno apela a la subjetividad para interpretar y otro apela a la des-subjetivación para interpretar.

Vamos a las tres modalidades de análisis, y entonces, cómo vamos a ir relacionando el deseo del analista. El punto pivote de la relación entre el deseo del analista y las tres modalidades del análisis es la regla fundamental, clave de la cuestión.

¿Cómo comienzo un análisis? Esto que voy a decir, pueden encontrar referencias entre las páginas 109 a 132 del Seminario Sutilezas Analíticas de Miller. Un análisis que comienza, un análisis que dura y un análisis que termina, no son lo mismo, en absoluto.

Un análisis que comienza, es un análisis que está lleno de acontecimientos, lleno de sorpresas, por lo menos debería estarlo.

Un análisis que comienza, tiene la característica de ser algo amorfo, no tiene forma, dado que el paciente va y habla, habla sin prestar ninguna forma, esa es hasta una de las preocupaciones: voy abriendo cada vez más temas, por ejemplo, podría decir, o hoy hablo de esto y no sigo hablando de lo mismo, hablo de otra cosa, o sea, la forma que tiene es que no tiene forma, un análisis que comienza.

La forma, ¿quién se la da? El analista, es decir, que si nosotros dejáramos librado a que alguien hable, hable y hable, nunca va a tomar forma, porque lo que le va a dar forma es el destinatario, página 111. O sea, está condicionada la forma que va a tomar por el destinatario.

Y esto, es muy importante, ¿por qué? Porque en la actualidad, parecería que hay, por ejemplo, que la gente no asocia libremente, que no hay sueños, que no hay formaciones del inconsciente, parecería que hubiesen desaparecido de la faz de la Tierra, y mucho tienen que ver los analistas, el destinatario de lo que estoy diciendo, ¿se entiende el planteo?
¿En qué consiste la regla analítica? La regla analítica consiste en el permiso de decir lo que a uno se le ocurra, y sobre todo de decir estupideces, tonterías, cosas obscenas, cosas incoherentes, es decir, es el permiso a la incoherencia.

Pero tiene una implicación la regla analítica, un supuesto: que para poder hablar así, el analista debe transmitir, en algún sentido, hay que ver la manera en que lo puede hacer, que no va a juzgar a aquel que habla, o sea que durante mucho tiempo, esto ya lo había enunciado en otras oportunidades, anda, merodea un fantasma de juicio, es decir, el fantasma del juicio de lo que se puede decir respecto de lo que dijo.

Esto es: va desde la fantasía al modo de gozar, el aspecto de lo que se hace, si se le pegó a la mujer, si se la insultó, cuál fue el insulto, todo tipo de cuestiones en las cuales la gente no habla habitualmente de eso, hasta de asesinatos que pueda haber cometido. No serás juzgado, es lo que organiza la regla fundamental: hable que usted no va a ser juzgado, diga lo que diga, no va a ser juzgado.

Es muy difícil de sostener, a veces, hay pacientes que pasan dos o tres años y no dicen absolutamente nada de algo, por el juicio que puede emitir el analista. Es la nube negra del juicio que ronda siempre la cabeza de muchos analizantes, y eso no permite que se desarrolle el análisis.

Entonces, un análisis que comienza tiene dos características, que son las que acabo de decir: comienza con lo amorfo y comienza con la regla fundamental.
Entonces, la regla fundamental, ¿ustedes enuncian la regla? ¿Se enuncia la regla fundamental o ha caído completamente en desuso?

Adriana Casareto: No debería caer en desuso.

Carlos Dante García: ¿Por qué?

Adriana Casareto: Y, porque marca una posición, es una convocatoria a esto, a que diga lo que diga no va a ser juzgado, que tiene que ver más con el pensamiento que con lo que aparece.

Carlos Dante García: Con lo que dice, con lo que aparece, bien. Pero eso no es lo que hace ahora la gente, por ejemplo, todos los días, que dice una cosa y saltan de una cosa a otra, en la televisión, por ejemplo, en los programas de televisión, sí, ves los noticieros y de pronto sacan de un tema o de otro y hablan impúdicamente, sin ningún problema de: lo que le gusta hacer a la mañana, lo que hizo ayer a la noche, de temas íntimos.

¿Qué quiero decir con esto? Que la regla fundamental, en la práctica, ha caído en un desuso porque ya no es un umbral. Un umbral quiere decir algo que se atraviesa, algo que cambia el modo de decir. Entonces, esto es un problema, ¿por qué es un problema? Porque la regla fundamental, ¿se la dice? La regla fundamental, ¿se la aplica? Lacan, en La Dirección de la cura, recordemos que es un texto de 1958, muchos años atrás, decía que en las directivas de partida se filtra, ¿qué? La concepción que tiene el analista del análisis.

Vuelvo a repetirlo: en las directivas, porque hay gente que va a analizarse y: “¿Qué hago?”, bueno, lo que diga el analista en lo que  responda, a cada uno de los pacientes se va a fijar la idea que el analista tiene del análisis. Se filtra indefectiblemente, ¿se filtra en qué? En la enunciación, en la posición de enunciación. Es lo mismo que la cuestión del pago, por ejemplo, que alguien dice: “Bueno, no sé qué hacer, yo lo que quería decir es que quiero venir menos veces” “Bueno, después lo hablamos”, porque uno no sabe qué hacer.

Se filtra ahí una posición, no es que el paciente no se dio cuenta que el analista no sabe qué hacer, se dio cuenta, y no quedan tranquilos, voy después, lo superviso. Entonces, la enunciación es la posición inconsciente a partir de la cual se habla, y entonces, eso tiene que ver con la regla fundamental. Es ahí donde está el deseo del analista, no en la intención que uno pueda tener, uno puede tener la mejor intención.

Adriana Casareto: Se dice que hasta en las inflexiones de la voz.

Carlos Dante García: De la voz, sí.

Adriana Casareto: Se escuchará el grado de consecuencia o admitirá.

Carlos Dante García: El grado de consecuencia que tuvo el análisis para él, ¿se entiende? Es decir, que se filtra, ¿qué consecuencias tuvo el análisis para usted?, usted dirá: y la consecuencia es que, por ejemplo, asociar libremente es pensar, o decir lo que alguien piensa, no. Asociar libremente no es eso, porque eso es la definición que tendría el obsesivo de lo que es asociar libremente.

Que antes de hablar, hace pasar todo por el pensamiento. Entonces, un obsesivo puede filtrar la regla fundamental de esa forma, y eso son palabras que a uno se le escapan, es decir, tiene que ver con el grado de des-subjetivación.

La regla analítica se la puede definir como un modo de decir, y también se la puede definir como una operación. Quiere esto decir que no se da una sola vez, que se hace varias veces. Hay un texto, que no van a conseguir en librerías, pero que pueden conseguir en algunas bibliotecas que se llama: Umbrales del análisis.

Es un texto donde los analistas argentinos, junto con los franceses y con diferentes analistas brasileros y españoles, nos lanzamos a investigar en qué consistía el umbral, es decir, cuándo se pasaba a un paciente a diván, a un paciente a hablar, cuándo se tomaba esa decisión. Quiere decir que hay un umbral, el inicio del análisis, y ese inicio del análisis, tenía que ver también con la regla fundamental.
¿Por qué tiene que ver con la regla? Y, porque ha cambiado el modo de decir.

El modo de decir cambia en el analizante y cambia en el analista. Ese modo de decir, podemos decir, que comienza con un discurso yoico y pasa a ser el analizante, es decir, asocia libremente.

Entonces, uno de los elementos que se toman en cuenta para el pasaje a diván, es la comprobación si en el modo de decir del analizante hay asociación libre.

Y eso, se puede escuchar si el analista está des-subjetivado, si no, no lo puede escuchar, no lo puede articular. Entonces, uno de los cambios, del primer modo de análisis, es que lo amorfo comienza a tomar forma, primero, y lo segundo, que cambia en el modo de decir. Lo amorfo comienza a tomar forma y lo segundo, cambia el modo de decir.

Tercer efecto de ese tipo de análisis, el deseo del analista es, por ejemplo, en ese caso, es una sanción, pase a diván, ahí está puesto a juego, o es también como sostiene la regla analítica, que capta, por ejemplo, no es lo mismo enunciar la regla que el paciente, como decía hoy una paciente, que está cara a cara, de pronto está hablando el grado, y dice: “No, no, se concluyó una cosa, pero es una estupidez”, me encantan las estupideces, es un modo de demandar la asociación libre, otro, que haya otro, ¿a ver, qué estupidez se le ocurrió? A mí me encantan las estupideces, es un defecto que tengo, pero otro podrá decirle otra forma.

Se capta que en ese caso, es un empuje a que asocie libremente, que suelte, que caiga eso que se le ocurrió, aunque no tenga nada que ver con lo que está diciendo. Entonces, el deseo del analista es no enunciar la regla fundamental, sino construirla como operación, eso es lo primero que estoy diciendo: construirla a cada momento, a cada sesión, entrevista tras entrevista.

Por lo tanto, el deseo del analista, en la primer modalidad del análisis, en lo que sería el comienzo del análisis, implica la demanda y el empuje a la regla fundamental, a poner al paciente en relación con el inconsciente. A poner en forma toda la queja, es decir, que tome determinada forma.

Es decir, el deseo del analista, en la primera modalidad de análisis, tiene que desear la incoherencia, porque la incoherencia es un modo de decir que rompe con el imperativo de coherencia. Si no se manifiesta la incoherencia, no hay posibilidad de que comience el análisis, digo mínimamente la incoherencia.

Por ejemplo, ¿cómo se manifiesta la incoherencia? de que alguien que tiene un síntoma,  que es el modo permanente que acompaña a cada uno con su propia incoherencia.

El deseo del analista respecto de esto, es el deseo que no trata de llevar del síntoma a la realidad colectiva, toda inversión del analista que lleve al síntoma, comparándolo con la realidad colectiva, es un serio problema.

¿Qué quiere decir una realidad colectiva? Por ejemplo, voy a dar dos ejemplos muy sencillos: que un hombre o una mujer engañe, que no engañe, o sea que tendría que pasar la norma, la normatividad, tendría que ser que no engañe. O un adicto, por ejemplo, tendría que dejar la droga, no podría hacer una intervención sobre la droga si el analista ya tiene la idea de que lo que se llama síntoma tendría que ser normativizado, tendría que entrar en una realidad colectiva.

O sea que el deseo del analista es un deseo que se orienta, ¿por qué? Por la incoherencia, no por la realidad colectiva común, entonces las intervenciones van a salir de la realidad colectiva.

¿Qué particularidad tiene el análisis que comienza? La particularidad que tiene es la revelación: descubrimiento, revelación y sorpresas. ¿Qué particularidad tiene el análisis que dura? Es un plomo. El análisis que dura, ustedes se van a dar cuenta, entramos en la zona de: “¡Uh! Otra vez se repite lo mismo”, y otra vez que se repite lo mismo.

Entonces, ¿qué particularidad va a tener el deseo del analista en ese análisis que se repite? Léase ha perdurado el trámite para llegar a la hora, ¿qué particularidad tiene el deseo del analista respecto del análisis que dura? Que se extiende en el tiempo, el deseo del analista va a intervenir sobre todo, por eso es muy importante, que no quede capturado en el lazo.

Recuerden que les dije a ustedes que el analista tenía dos sitios, uno es el lazo y el otro es el lugar, y el lazo es la relación que tiene con el analizante, el lugar, es el lugar del analista des-subjetivado. El lazo, que es el lazo que tiene, porque forma parte de él, y por lo tanto, esa parte que forma con el analizante tiene efecto transferencial.

Esos efectos transferenciales pueden hipnotizar al analista, ¿cuál es la hipnosis del analista? Es al revés, no es el paciente que queda hipnotizado, es el analista. ¿En qué queda hipnotizado? Por ejemplo, puede quedar hipnotizado en el fantasma del paciente: “Todo me sale mal, todo está mal, cada vez estoy peor”, porque la relación empieza a través de eso, comienza a traer la repetición bajo la forma de hacer fracasar todo.

Entonces, el deseo del analista tendría que, separar, distinguir la repetición como lo nuevo, por eso es un deseo puro, es el deseo de obtener una diferencia y es lo que se pone en juego ahí, en el momento que se produce la repetición, en el análisis que dura.

 

Continuará…

Alcohol y drogas: la aspiración a un goce sin límites. Elisa Alvarenga. Parte II

Parte II: De cómo orientarse respecto del goce específico del toxicómano, ya que no se trata de un goce que pase por el Otro ni por el falo.

Relación en la toxicomanía y en la adicción  con el falo, especificidad en el tratamiento. Imperativo superyoico de un goce ilimitado. ¿De que goce específico estamos hablando en la toxicomanía y que tratamiento posible dar teniendo en cuenta que los psicoanalistas, dice Alvarenga, ”no somos higienistas y operamos tanto con el significante como con el goce”?.
Del deseo del psicoanalista  como aquel deseo de la diferencia, de soluciones singulares.
Alvarenga plantea la posición del analista, aquel que no busca la homogeneidad ni la abstinencia para todos, ya que no se opera solo con el significante, sino también con el goce de cada quien. Al no ser los psicoanalistas higienistas, no se trata de que el sujeto se libere  de sus objetos de goce, sino moderar el goce auto-erótico, con nuevos arreglos de su goce y así una política de reducción de daños, acompañando a cada sujeto en la invención de soluciones parciales.

Angela Vitale

Margarida Assad: Como consecuencia de la pregunta anterior, ¿habría entonces un modo particular de tratamiento para la toxicomanía desde el abordaje que proponen las políticas públicas actuales en los tratamiento del alcohol y las drogas? Aunque no se retiren las adicciones del conjunto de los síntomas, ¿cómo nos orientamos respecto de este goce específico del toxicómano una vez que, como hemos debatido en el ámbito de la AMP, se trata de un goce que no pasa por el Otro ni por el falo?

Elisa Alvarenga: No pasar por el Otro o por el falo implica un corto-circuito del fantasma, lo que nos lleva a pensar que la legalización de las drogas no disminuiría el consumo, aunque incida sobre el tráfico. La descriminalización de las drogas es uno de los puntos más debatidos actualmente, entre los responsables de las políticas de salud y de la elaboración de las leyes.


Descriminalizar puede desinflar el tráfico, pero ¿estimularía el consumo? Sería necesario pensar la cuestión para cada droga, sin generalizar.


En cuanto al tratamiento de la toxicomanía, me parece posible rehacer un lazo con el Otro a partir del objeto que es la droga y del goce que sacrifica el cuerpo. Desde el momento que no se exija del toxicómano la abstinencia absoluta, será posible hablar con él. Este es el principio, creo, de la política de reducción de daños, y ya existen profesionales que trabajan específicamente dentro de esta perspectiva, en los centros de salud, etc. En muchos casos, sabemos que el propio sujeto pedirá su internación y su abstinencia, pero eso no impedirá su eventual recaída. Sin embargo, la internación no debe ser descartada, como tampoco pensada como solución. Muchas veces el tratamiento sólo tendrá inicio en condiciones extremas, cuando el sujeto encuentra el límite de la pulsión de muerte. En otros, lo que funciona como límite es el desencadenamiento de síntomas psicóticos. Según la estructura subyacente, será más o menos fácil reconectar el sujeto al Otro.

En lo que concierne a la política del psicoanalista en el tratamiento del toxicómano, podemos decir que el psicoanalista no busca la homogeneidad ni tampoco la abstinencia para todos. "La salvación por los desechos", título de un texto de Jacques-Alain Miller, nos recuerda que no operamos sólo con el significante, sino también con el elemento de goce. Por eso usamos la categoría de "extimidad", donde se presenta la posibilidad de, con el objeto, conectarse al Otro.

Lo que me parece interesante resaltar es que, nosotros, los psicoanalistas no somos higienistas, o sea, no pensamos tratar al sujeto para que él se libere de sus objetos de goce. Sí pensamos que podemos conectarle al Otro y eventualmente, al inconsciente, y moderar el goce auto-erótico, abrirle el horizonte para que él tenga más oportunidades de elegir, introduciendo una dosis de contingencia en lo necesario del síntoma, pero sólo sabremos lo que es posible uno por uno.

Con la última ensañanza de Lacan, no pensamos en una transformación radical del sujeto, sino en nuevos arreglos de su goce. La operación analítica camina en el sentido del no-todo, en la medida en que descompleta, inconsiste, abriendo la posibilidad de que allí donde el objeto se presentaba apenas en su faz de plus-de-gozar, podamos vaciar o desubstancializar el objeto, tanto cuanto posible, para dar lugar a la falta y al deseo.

Pero como dice Laurent, los objetos no dejan de ser maneras de conectarnos al Otro, y no debemos idealizar una relación con el otro sin los objetos de goce. Por eso no colocamos en primer plano la abstinencia, sino una política de reducción de daños, en la medida de lo que es posible para cada uno, en cada momento. Es en ese sentido que el psicoanalista no propone la homogeneización, ni tampoco la inclusión – a la cual algunos pueden resistir con bravura – sino que acompaña a cada sujeto en la invención de soluciones parciales.

La clínica con el toxicómano, orientada por el psicoanálisis, tiene mejores perspectivas con la segunda clínica de Lacan, continuista, donde las soluciones son graduales, según las modalidades de conexión con el Otro y con la significación fálica. Aquí vale el principio de que el deseo del psicoanalista es el deseo de la diferencia, de soluciones singulares. En una enfermería de mujeres donde muchas son consumidoras de drogas, por ejemplo, se encuentran las más variadas posibilidades, desde aquellas pacientes que usan la droga para ir a trabajar o que se vinculan con el tráfico para tener cómo sustentar a los hijos, hasta aquellas francamente delirantes, desorganizadas.

Entre un extremo y otro, tenemos las figuras de la devastación materna, donde el goce de la droga se articula al goce de la privación, llevándolas a perder todo. De un lado las figuras de la transgresión, donde acting-outs y pasajes al acto resultan una tentativa de convocar un padre que no opera. En otros casos la toxicomanía camina junto con otros síntomas prevalentes de la actualidad, tales como la obesidad mórbida y la depresión. Y hay los casos en que la droga es el medio a través del cual la paciente se identifica al Otro del goce, muchas veces presente en su historia bajo la forma del padre toxicómano o traficante.

Si, como nos propone Miller, el discurso contemporáneo está próximo al discurso analítico, una vez que el objeto a no comanda, el psicoanálisis posibilita la articulación de los elementos que, en la contemporaneidad, están sueltos. El practicante orientado por el psicoanálisis, que tiene la experiencia de su propia diferencia, puede ayudar al sujeto a luchar contra el superyó, por un lado, como imperativo de goce, y por otro, como imperativo de la normatización.

Alcohol y drogas: la aspiración a un goce sin límites. Elisa Alvarenga. Parte I

 
En esta I Parte , Elisa Alvarenga plantea que las adicciones son el goce prevalente en la contemporaneidad, a partir de lo que Lacan llamó el ascenso al cénit del objeto a, y que Miller retoma como Un goce que se repite, sin sentido, como acontecimiento del cuerpo. Siguiendo a Miller, usa el término adicción asociándolo al “frenesí del no-todo”, donde hay menor efectividad de la metáfora paterna y pluralización de los S1 y también su pulverización. 
Diferencias entre el tratamiento de la toxicomanía, dando lugar a una pregunta  sobre el sujeto y su función y la adicción a todo tipo de gadgets, comida, compras, sexo, etc.
En la película Shame, Deseos culpables, comentada en nuestro Blog, http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc.php?doc=357, el protagonista,  Brandon,  transita por las diferentes adicciones de la subjetividad moderna: adicto al trabajo, a nuevas experiencias sexuales, que pasa su vida con un sinfín de objetos de consumo, que van de la televisión a la cocaína, al porno, al Ipod, a los juguetes eróticos, se podría  considerar a Brandon como un adicto a la adrenalina en general, haciendo foco en la vida sexual hipermoderna.
Miller dice que el paradigma de la subjetividad de nuestro tiempo es la toxicomanía, se asiste  a un tiempo donde la subjetividad tiende a estar orientada por el consumo del objeto, si el objeto es alcanzado, su consumo conduce al sujeto a un modo autista del goce y si no lo alcanza, el sujeto se introduce en una carrera frenética  para conseguirlo, la dificultad para tolerar la falta, la ausencia y el vacío.
 
Carlos García, en su seminario, Problemas actuales para el psicoanálisis: nuevos síntomas-prejuicios del psicoanalista- http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc1.php?ult=1&doc=353, hablando del toxicómano y de la adicción dice: “Un toxicómano no es una sujeto, es un yo, es un personaje. Un toxicómano se define por el uso que hace de la droga, es una práctica de satisfacción. Necesariamente deber ser incluida en el charloteo esa práctica. Es una práctica, no hay sujeto toxicómano. El sujeto está representado entre dos significantes: S1—-S—S2. Decir que no es un sujeto es que no está dentro de las leyes del significante, ni del deseo, ni del inconsciente y lo que prevalece es el goce.
 
Eric Laurent, propone cuatro modalidades de tratamiento posibles para el toxicómano, donde con el objeto se tendría el tratamiento de sustitución, a través del objeto es posible reconectar el sujeto al Otro.
 
Angela Vitale
 
 
Margarida Assad: La categoría clínica de la toxicomanía no se encuentra bien formulada. ¿En que categoría podemos incluir a los sujetos toxicómanos¿   Laurent nos viene alertando que el estado actual de la civilización es hedonista e individualista llevando al conformismo de masas. ¿Cómo distinguiríamos a la toxicomanía de este goce generalizado de nuestra época? ¿Habría en esas adicciones algo específico que se particulariza por el objeto droga toda vez que él permite, usando una expresión de Miller, "una insubordinación al goce sexual"?
 
Elisa Alvarenga: Podemos pensar que las adicciones son el modo de goce prevalente en la contemporaneidad, a partir de lo que Lacan llamó el ascenso al cénit del objeto a, y que Miller retoma como Un goce que se repite, sin sentido, como acontecimiento del cuerpo. En sus "Intuiciones Milanesas", Miller usa el término adicción, que él asocia al "frenesí del no-todo", de las patologías en que se valoriza el sin límite de la serie, donde hay menor efectividad de la metáfora paterna y pluralización de los S1 (1+1+1….), y también su pulverización.
 
La diferencia entre los términos de toxicomanía y drogadicción es problematizada por nuestro colega Gustavo Freda. Si el tratamiento de la toxicomanía da lugar a una pregunta sobre el sujeto y la función que la droga puede tener para él, la adicción, dice Gustavo Freda, es un término usado para todo tipo de adicción, sean los tóxicos, sean todos los tipos de gadgets, sea la comida, las compras, etc. Y consecuentemente, lleva a una tentativa de medida y de control. La noción de adicción sería el resultado de una política necesaria para que una terapéutica de la medida pueda tener lugar. No estamos aquí centrados en un sujeto y en su relación con un objeto, sino en la contabilidad de un comportamiento que se puede medir, para trazar un límite entre lo normal y lo patológico. La adictología sería un saber que tiene la ambición de corregir, mientras que la toxicomanía es un síntoma que debe ser abordado caso a caso, sin que un saber anterior venga a dictar lo que se debe hacer.
 
Aunque esta distinción pueda parecernos insuficiente, me parece interesante notar cómo el término "adicción" es de un uso generalizado en las clasificaciones psiquiátricas y en las terapéuticas propuestas, en tanto el término "toxicomanía" siempre fue usado por los psicoanalistas en el abordaje de esos sujetos que, inicialmente segregados, pasaron a ser tratados.
 
Si el fracaso está generalmente presente en el tratamiento de los toxicómanos, no por eso el psicoanálisis desiste de ellos, pues la clínica psicoanalítica se orienta por lo real como imposible, encontrando, en cada caso, las posibilidades.
 
Si Lacan pudo decir que en la toxicomanía hay una ruptura con el falo, creo que podemos pensar que, también en los síntomas contemporáneos está en juego una cierta ruptura con el falo, que está corto-circuitado en función de una relación más directa con el objeto a. El objeto oral, en los síntomas alimentarios; el objeto anal, como objeto de consumo fácilmente descartable; la mirada, presente en las adicciones a internet, a las computadoras y a todo lo que intoxica a través de las imágenes, consumidas por el ojo ávido del espectador; la voz, presente en los pequeños objetos de los cuales tenemos dificultades en separarnos, smartphones, ipods, etc. No obstante, no todas las adicciones son equivalentes, y el empuje a la muerte presente en algunas de ellas de manera explícita, está bastante más atemperado en otras. No solamente una droga no equivale a otra, sino tampoco una adicción es equivalente a otra. Ser adicto al trabajo, en un extremo, pasa generalmente por una identificación fálica, en tanto ser adicto a una droga como el crack, propicia una ruptura devastadora con el goce fálico.
 
Los sujetos que recibimos en tratamiento toleran mal la experiencia de la castración. Tenemos, por un lado, cada vez menos, aquellos que se alinean del lado masculino de las fórmulas de la sexuación, que hacen uso de la significación fálica, y cuyos síntomas se anclan en sus fantasmas. Por el otro lado, tenemos los que, empujados por el discurso capitalista, aliado al discurso de la ciencia, tienen cada vez más posibilidades de goce, inclusive del goce anestésico de los medicamentos.
 
Un nuevo universal, el del derecho al goce, apunta al imperativo superyoico de un goce ilimitado. Hay dos maneras a través de las cuales el hedonismo contemporáneo encuentra sus límites, dice Laurent: por un lado, la satisfacción de la pulsión sin interdicción, sin el límite dado por el falo, que es una función que introduce la falta, está del lado femenino de las fórmulas de la sexuación, como aspiración a un goce sin límites, más allá del principio del placer, pulsión, en última instancia, de muerte. La ausencia de excepción, sea la excepción dada por la función fálica, lleva a una ley de hierro. Si la toxicomanía rompe con el goce fálico, su goce afecta al cuerpo a la manera del goce femenino, no localizado, goce místico. La ferocidad del goce femenino, ferocidad del superyó materno que exige un máximo rendimiento para todos, tiene como límite la propia muerte. Es ahí que podemos distinguir la posición femenina, no-toda, de esa aspiración a la femineidad, para todos, como aspiración a un goce sin límites.
 
La otra manera por la cual el imperativo de goce encuentra sus límites, dice Laurent, es el amor, en la medida en que el amor introduce la falta, un vacío, y que localiza en el Otro el objeto que falta. Una vez que el amor depende del Otro, ese encuentro termina por ser siempre falta, y es ahí que el sujeto puede intentar evitar ese encuentro con la falta aferrándose a un objeto plus-de-gozar, sea en su fantasma, sea a través de un síntoma. Me parece que ahí hay una diferencia entre el objeto plus-de-goce del fantasma neurótico, marcado por la falta fálica, y los objetos de goce ofrecidos en el mundo globalizado, a pesar de que la sexualidad del sujeto neurótico esté cada vez más marcada por modalidades de goce autoerótico.
 
En las toxicomanías, el objeto droga puede operar como un verdadero tapón de la división subjetiva, de ahí la dificultad de conectar el sujeto al Otro. El sujeto buscará tratamiento, entonces, cuando la precariedad de su estado lo aproxima a la muerte, por un lado, o cuando localiza en el Otro el objeto que falta. Laurent propone cuatro modalidades de tratamiento posibles para el toxicómano: con el $, el S1, el S2 o el a. En el primer caso, se trata de dejar el objeto de lado y hacer surgir la división subjetiva, lo que no es nada fácil. En el segundo caso, se trata de identificar el sujeto al toxicómano, de tal manera que él encuentre su S1 ideal en un grupo de ex adictos. En el tercer caso, se trata de, con el saber, intentar "educar" al toxicómano, intentando modificar, tanto cuanto sea posible, su modo de goce. Finalmente, con el objeto, tendríamos los tratamientos de sustitución, y los derechos vinculados al tratamiento, que le darían otros modos de goce. Es a través del objeto, en todo caso, que es posible reconectar el sujeto al Otro.
 
 
 
 

Ciclo Anual de Conferencias 2014, Causa Clínica. Carlos Dante García

No se nace con el deseo de analista ni con el de analizar, es el resultado de un análisis y de ver en que modalidad del análisis adviene, no es lo mismo un análisis que comienza, uno que dura y uno que termina, son tres análisis que no se presentan en absoluto de la misma manera, que exigen en todo caso del analista que no tenga la misma posición ni el mismo modo de obrar.
Como adviene el deseo de analista: dejar de hacerse preguntas, reducción de las mismas, dejar de preguntarse que significa eso, hablar sin preguntar y sin pedir, interpretación.
El deseo del analista es también un deseo de despertar, Miller dirá que el deseo, en esto sigue a Freud, es un deseo de dormir, pero que Lacan define el deseo del analista como un deseo de despertar,
El deseo del analista, que llamamos deseo de saber, no tiene nada que ver con ninguna erudición, y constituye  la excepción a la ley del deseo como deseo de dormir. Sería el deseo de despertar, no solamente despertarse sino despertar al Otro. Es un deseo de despertarse del deseo como deseo del Otro. 
El deseo del analista es cuando el analista se autoriza a si mismo, implicancias de este si mismo, autorizándose por su objeto a, 
Deseo de analista como desecho, como desdicha, no se puede elegir otra cosa, y al mismo tiempo es una forma pura de demanda de asociación libre. 
Para terminar esta primer parte, el deseo del analista no es un ideal, es algo que adviene y que se impone, sabiendo que es un desecho y también un saber hacer con ese desecho.
 
Angela Vitale
 
Ciclo Anual de Conferencia 2014, Causa Clínica
 
El título de la conferencia de hoy es: “¿Qué es el deseo del analista? El deseo del analista en las tres modalidades de análisis”.
 
Por Carlos Dante García
 
 
Diana Nasra: Buenas noches, bienvenidos. Como cada miércoles del ciclo, en este caso: “¿Sabe el analista de qué modo operar? El deseo del analista no es un deseo inocente”, en este caso, este año, el invitado de hoy, Carlos Dante García, analista miembro de la orientación lacaniana, de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, docente del ICdeBA y del IOM, Instituto Oscar Masotta, corresponsable del VEL, Violencia Estudios Lacanianos, Departamento de Investigación sobre la Violencia, Director de la página Lectura Lacaniana. 
 
Si quieren tomar nota de la página es: www.lecturalacaniana.com.ar; la recomiendo. Colaborador de la revista de cultura urbana Quîd, coautor del libro ¿A quién mata el asesino? Sobre psicoanálisis y criminología, de editorial Piados; coautor de la colección ¿Qué será? Y ex coordinador general de la Clínica Modelo de psiquiatría. Ex docente de las cátedras de psicología de la niñez, de la cátedra de psicología existencial, de la cátedra de psicopatología y de clínica de adultos de la UBA; ex docente de las cátedras: psicoanálisis 1 y psicoanálisis 2 de la Universidad Kennedy, y ex docente de la cátedra de psicología de la Universidad del Salvador.
 
Carlos Dante García: Bueno, agradezco la invitación a Diana Nasra y Adriana Casareto, ya hace varios años que participo en estas conferencias, me gusta hacerlo y voy a empezar por justificar el título y ubicar el título, para todos los presentes.
 
El título tiene dos partes, la primer parte es: ¿qué es el deseo del analista? Y la segunda parte, la relación entre esa expresión, deseo del analista, con las tres modalidades del análisis, lo que abre la incógnita de qué son las tres modalidades del análisis. 
 
En primer lugar: ¿qué es el deseo del analista? Es un término, una expresión, hasta se puede decir un concepto, que nunca fue considerado un concepto, que proviene de la enseñanza de Lacan. En las páginas 112 y 113, de Sutilezas Analíticas, un seminario de Miller, el capítulo se llama Tres Modalidades del análisis, y en ese capítulo Miller dice que según Lacan, el deseo del analista adviene en un análisis.
 
Es decir, que no se nace con el deseo de analista y con el deseo de analizar, es efecto y resultado de un análisis, adviene en un análisis y hay que ver en qué momento, o sea, en qué modalidad del análisis adviene, para que emerja ese deseo. Por eso, yo siempre recomiendo, y hasta lo uso, a veces, como interpretación, a algún analizante mío, cuando está muy inquieto, muy alterado, muy querendón por querer trabajar como analista, o querer ser analista.
 
No hay que tener ningún tipo de apuro para eso, porque tiene que advenir el deseo, el asunto es cómo va a advenir ese deseo para instalarse en la práctica como analista, esto es un deseo que adviene, por eso es muy importante distinguir el deseo, ese deseo que adviene, que tiene ciertas particularidades, ¿distinguirlo de qué?. Del querer trabajar atendiendo pacientes, del querer ser psicoterapeuta, de querer utilizar el título de psicólogo, es muy distinto del advenimiento del deseo del analista.
 
Entonces, ¿qué es el deseo del analista? Voy a responder con 16 formulaciones, así van a quedar conformes.
 
Voy a decirles 16 formulaciones de qué es el deseo del analista, con matices pero la primera, para que se ubiquen y ubiquemos la respuesta de la relación que tiene con la modalidad del análisis. 
 
El deseo del analista, adviene en un análisis cuando alguien deja de hacerse preguntas. Cuando alguien deja de hacerse preguntas y de preguntarse por sus síntomas y por las formaciones del inconsciente. 
 
Esto que acabo de decir implica una transformación, deja de preguntarse qué significa eso, qué significa la formación del inconsciente, qué significa el sueño que tuve, qué significa el síntoma, se terminó la pregunta, aunque él no lo crea en principio.
 
Entonces, deja de preguntarse qué significa eso, y pasa a otra pregunta y a una respuesta, es el movimiento que va de la pregunta del neurótico, que el neurótico se pregunta y le generan preguntas muchas cosas de lo que le ocurren a la subjetividad, a otra pregunta, que es la pregunta que tiene una respuesta, que es: ¿qué soy yo? Y qué es eso que hay en mí. Comienza a responder qué soy yo y deja la multiplicidad de preguntas.
 
Entonces, primero, el deseo del analista es la reducción de las preguntas, en términos generales, que no hay respuesta. O sea, que el deseo del analista es alguien que no está preocupado por las preguntas y por los significados de las formaciones del inconsciente.
 
Adriana Casareto: Pero, tuvo que estar preocupado antes…
 
Carlos Dante García: Por supuesto. Por eso, después la relación con los modos de análisis, porque no es lo mismo el deseo del analista del lado del analista, o del lado del analizante. Los modos de análisis, en el comienzo, los tres modos, se los anticipo, los tres modos de análisis son: el análisis que comienza, el análisis que dura y que se desarrolla, y el análisis que finaliza.
El advenimiento del deseo del analista, se produce ya desde entrada y se va transformando poco a poco, hasta el momento en que va del análisis que dura a el comienzo del final del análisis, ahí adviene el deseo del analista, si ubicamos una relación temporal con las vicisitudes y particularidades de cada uno.
 
El advenimiento del deseo del analista, es también, presten mucha atención a esto, mucha atención: es un hablar sin preguntar. No todo el mundo habla sin preguntar, el único que habla sin preguntar, ¿quién es? El analista.
 
Es decir, es un hablar que implica la transformación en lo que dice de la demanda, eso se llama interpretación. Hablar sin preguntar es interpretar. Entonces, el deseo del analista es un cambio en el modo de decir.
 
Aquí podremos después retomar y hacernos preguntas respecto de ciertas cuestiones, por ejemplo, si una pregunta puede cumplir la función de interpretación, por supuesto que sí. Pero no es el preguntar al vacío, es interpretar, por eso, en efecto, todo aquel que comienza a practicar psicoanálisis, se encuentra con la inquietud: le hago preguntas, interpreto, esta es una interpretación, no puedo interpretar.
 
Es decir, que eso que se recoge en la práctica como las dificultades que uno tiene en cuenta para cumplir la función de analista, se manifiesta bajo la forma de: hago preguntas y no interpreto. Quiere decir que todavía no está a punto, después podemos hablar del punto de cocción del analista.
 
O sea, hablar sin preguntar y sin pedir, básicamente. Esto tiene incidencia en la práctica del psicoanálisis y también en las relaciones y en las relaciones de pareja, porque básicamente, todo el mundo sabe que los problemas de las relaciones de pareja, se producen ¿cuándo? Cuando se pide, porque del pedido al reclamo hay un pequeño paso. Entonces, esa transformación también incide en la subjetividad en la vida. 
 
El deseo del analista es también, un deseo de despertar. Todo esto que estoy diciendo, no son invenciones mías, yo lo puedo trasmitir pero son desarrollos precisos de Lacan y de Miller, básicamente,  esto está planteado, la secuencia que estoy desarrollando, extraída por mí en distintas partes, en un seminario que se llama El banquete de los Analistas de Miller.
 
El deseo del analista es un deseo de despertar, que se opone al deseo del neurótico, ¿cuál es el deseo del neurótico? 
 
Adriana Casareto: Dormir en el fantasma.
 
Carlos Dante García: Dormir, dormir en el fantasma. Entonces es un deseo de despertar, el deseo de despertar es algo que está en relación a algo real, a atravesar el fantasma, por eso es un deseo de despertar. O sea, no se preocupa si se despierta, como hace el neurótico, ¿vieron que se queja: “Me desperté y no puedo seguir durmiendo”?. 
 
El deseo del analista es también un deseo de saber, es otra definición, esta definición: el deseo del analista es un deseo de saber, es producida por Lacan en un texto que se llama Nota a los Italianos, que es una nota, un texto que Lacan escribe para orientar a los analistas de Italia que querían armar una institución, y entonces, propone por primera vez que se reclute a gente que va a formar parte de la institución, a partir de que hagan el pase.
 
Entonces, en ese contexto de la Nota a los Italianos, que lo pueden encontrar en Otros Escritos, ahí está traducida, no sé si conocen el libro Otros Escritos, que es un libro blanco, que no son los Escritos 1 y 2, sino otros escritos. Ahí van a encontrar esta formulación: que el deseo del analista es un deseo de saber.
 
Que no es el deseo del neurótico, porque el deseo del neurótico, ¿cuál es? No quiero saber, horror al saber, entonces esto implica que retomemos también esta formulación de qué significa: deseo de saber.
 
Porque no es un deseo de obtener información, de consultar al Google o tener más formación, no es eso. El deseo del analista es un deseo que está más acorde a la pulsión y no al deseo. Es decir, está más cercano a la voluntad de goce, es decir, es un deseo que se pone en conexión con el goce. Porque el deseo del neurótico rechaza el saber y rechaza la pulsión, no quiere saber nada de la pulsión.
 
El deseo del analista, es también una estructura objetiva, espero llegar a trasmitirles algo de esto. Es una estructura objetiva, no es una estructura subjetiva, es objetiva y se puede ubicar perfectamente la estructura del deseo de analista.
 
El deseo del analista, es otra forma de acción, es un deseo que no se engaña con los deseos del fantasma, es decir, que no está engañado. El deseo del analista, también, es un deseo que Lacan ubica cuando el analista se autoriza a sí mismo.
 
Entonces, la pregunta es: ¿qué quiere decir ese “sí mismo”, y qué implica esa autorización? No lo autoriza otro analista, es un deseo que se autoriza en sí mismo. Y la pregunta es, ¿cuál es el estatuto de ese “sí mismo”? Después lo voy a retomar.
 
El deseo del analista, es un deseo, muy importante este punto, que va más allá de Freud. O sea, el deseo del analista, es una de las formulaciones de Lacan que cuestiona muchas de las novelas de Freud.
 
Quiere decir, que podemos preguntarnos; ¿qué implica estar adherido a las novelas? Esto lo pueden encontrar en la página 414, lo que acabo de decir, del Banquete de los Analistas, de Miller.  ¿Qué es estar adherido a las novelas? Es creer en los relatos de la histérica, creerle. No creer, por ejemplo en el relato de la fantasía histérica de seducción, es creer en las novelas, o sea se trata de un análisis que se ubica de determinada manera, respecto de las novelas.
 
El deseo del analista, es un deseo que no queda atrapado en la verdad, o sea, va más allá de la verdad, Freud quedaba atrapado en la verdad, tenía amores con la verdad. El deseo del analista, implica que no se puede tener ni saber, es una paradoja. El deseo del analista es algo que no se tiene ni se sabe.
 
O sea, no se define ni por el tener ni por el saber, o sea, cada vez más complicado esto, parece una especie de accésits rara, pero sin embargo, es un saber no como conjunto de significantes, por eso no existe la transmisión del psicoanálisis. Yo sé que esta frase va a generar problemas: no existe, para Lacan, transmisión del psicoanálisis, no es transmisible. No es transmisible quiere decir que no es porque me analizo, con quién me analizo y cómo me analizo, se me va a transmitir el psicoanálisis, Lacan cuestiona esa idea. 
 
Sin embargo es un saber, ¿qué saber? Es saber hacer de desecho, saber hacer de desecho. El deseo del analista, la mayoría de la gente cree que es el entusiasmo y es un lugar de llegada que imaginamos paradisíaco. En realidad, el deseo del analista es una desdicha, por eso quiero aplacar los ánimos que hay sobre el deseo del analista.
 
Pero es una desdicha, ¿por qué digo que es una desdicha? Porque la mayoría de la gente se imagina que el deseo del analista es saber qué hacer, y tener total libertad, no, es la imposición de algo, aquel que practica el psicoanálisis, con el deseo del analista, es que no puede hacer otra cosa. 
 
Entonces, no es una cuestión de que puedo elegir otra cosa, es una desdicha. No es una dicha: “¡Ah! Llegué a un lugar, tengo un deseo nuevo”, no, no, es complicadísimo, ¿por qué? Porque después, lo que vamos a ver, es que el deseo del analista implica terminar con toda demanda de amor.
 
El deseo del analista es terminar con toda demanda de amor, porque el que demanda amor o está capturado en algo de eso, no puede operar  como el deseo del analista. Entonces, es un poco delicado, que no haya demanda de amor, ser un desecho quiere decir que uno está operando y no a partir de la demanda, si ya te dije que no demandan, no piden, entonces mucho menos va a demandar amor.
 
El deseo del analista, es un deseo y un deber de terminar como desecho, por eso es el lado que menos se nombra en este tipo de cosas. Es un deseo y un deber de terminar como desecho, ¿por qué? Porque el deseo del analista es hacer que aquel que se analiza termine el análisis, y para terminar el análisis, implica que uno queda como desecho, que va a ser abandonado.
 
 
Entonces, no es, y esto está desde la primera entrevista, en el medio y en el final, entonces, sabe que va a ser abandonado, entonces hay que también sospechar o revisar todo de aquellas situaciones en las cuales los deseos de analista se ubican en una relación con el analista, hay que ver qué implica dejar al analista, no terminar bajo la forma de interrupción.
 
Entonces, para que el analizante termine, finalice el análisis, el deseo del analista tiene que empujarlo a que termine. Entonces, por lo tanto, sabe que va a ser desechado.
 
En la página 417 del Banquete de los Analistas, Miller dice algo que es todo lo contario a lo que uno se podría imaginar de la vida de un analista, en lo que supondría hay un deseo de analista, lo que dice es: que en aquel que está el deseo del analista, no anda bien en la vida. No se depriman, no anda bien en la vida.
 
O sea, no todo anda bien, porque la idea es que el deseo del analista es: todo anda bien, si fuese así, dejarían todo esto del lado del yo: no hay problemas, todo es armonioso. Y, el deseo del analista, es una forma pura de deseo cuya característica es, página 421 a 422 del Banquete, una forma pura de demanda de asociación libre.
 
El deseo del analista es un deseo puro, una forma pura de deseo que implica la demanda de asociación libre, ¿está hasta aquí? Demanda de asociación libre, o sea que esto también implica que tiene una relación, el deseo del analista, ¿con qué? Con la puesta en forma del dispositivo, con llevar a alguien a asociar, está en directa relación con eso.
 
Voy, ahora, después de haber dado todas estas definiciones, que son fuertes, que puede llevar años entenderlas y hasta acomodarse con ellas, pero sí dan una perspectiva de que el deseo del analista no es un ideal, y dan la perspectiva, también, que el deseo del analista es algo que adviene en uno y se le impone a uno, como aquel que pinta y no puede hacer otra cosa que pintar, o aquel que es músico y dice: “No puedo hacer otra cosa que hacer música”.
 
En ese caso, es hacer una práctica a la cual es empujado y no puede dejarlo, pueden encontrar de esto en el testimonio de Pierre Rey, en Una temporada con Lacan, donde Lacan mismo, le pregunta a Pierre Rey, si él no querría trabajar como analista, y Pierre Rey le dice que no, porque él no está en disposición a ocupar ese lugar de desecho. Vayan y fíjense en el libro, está claramente formulado.
 
 

 

Reseña XXIX. Seminario EOL. Carlos Dante García

           

                         Martes  11 de Noviembre de 2014

"El yo, el sujeto y el objeto en los finales de análisis y     en las cicatrices”

 

En el seminario 3, cap. 12 y 13: “La pregunta histérica” y “La pregunta histérica II” Lacan presenta por primera vez a las neurosis como la estructura de una pregunta, “es la estructura de una pregunta”.

“Que función tiene el yo en su relación a la pregunta”

Dice en la Pag:249…”usa de su yo para hacer la pregunta, es decir, precisamente para no hacerla"

Los plazos o los tiempos de cada una de las neurosis son la manera de relacionarse con la pregunta.

Miller en “Los preguntones” sitúa la manera en la que el yo de la histeria y del obsesivo hacen la pregunta .

Lo que lleva toda demanda como pregunta es una satisfacción.

Si la pregunta no se sitúa en el yo, ¿dónde se sitúa?

La pregunta se sitúa en el Otro, en el inconsciente: Bajo la forma de un síntoma, de una formación del inconsciente. La pregunta se lee en las formaciones del inconsciente. El síntoma es una pregunta y al mismo tiempo parte de una respuesta.

En relación al sujeto: La pregunta que viene del Otro, del inconsciente, se hace ante el sujeto. El sujeto es una respuesta. La pregunta se hace ante el sujeto, la respuesta viene del Otro, del Inc. El sujeto NO se pregunta, el sujeto es un efecto, una respuesta que es un efecto, efecto de división.

1- La función del yo es hacer la pregunta para no hacerla.

2-Donde se sitúa: en el inc. En el Otro

3-Ante quien se hace la pregunta: Ante el sujeto, que ES una respuesta, NO una pregunta. El sujeto es un efecto.

 

Dos patologías de la pregunta: La duda y el síntoma histérico.

La pregunta patológica es la que conlleva un sufrimiento, un pathos.

Miller plantea los problemas de transferencia que implica los preguntones: El problema es que el paciente cuando pregunta NO deja que sea el inconsciente el que responda=asociar libremente, que venga desde el Otro la respuesta.

Miller en “Los preguntones”(1984) pág. 64 dice:¿Qué es la duda, como síntoma obsesivo, sino el hecho de preguntarse a sí mismo? El sujeto obsesivo no espera respuesta mas que de sí mismo”

 

Tres cuestiones esenciales de la temporalidad en el obsesivo:

–      Procrastinación: Cuando plantea la pregunta y se responde a si mismo procrastina.

–      Inmovilización

–      Trabaja, es la dimensión de forzamiento.

 

El obsesivo tiene relación muy particular con el tiempo. No desea al objeto accesible, necesita que el objeto se le vuelva inaccesible para desearlo.

Miller en “La erótica del tiempo”, pág.: 10 dice “Podemos definir la obsesión como el esfuerzo por volver imposible de alcanzar el objeto de deseo en el espacio; para desearlo debe tornarlo inalcanzable, inaccesible”.

Lacan, en Función y Campo de la Palabra, pág.: 303 propuso como procedimiento: “lo que se ha llamado nuestras sesiones cortas”.

Procedimiento: Sesión corta: Para no permitir el ejercicio de la procrastinación en la sesión. No permitir el desarrollo de trabajo forzado en la sesión.

Función temporal: No permitir el plazo del sujeto. Plazo calculado en vencimientos.

Lo opuesto a la procrastinación: el acto.

Al final de un análisis “Se develan los prestigios del yo”

Tres prestigios del yo del obsesivo:

1-Es totalmente orgulloso: Porque su yo es su síntoma.

2-Dimensión de la auto observación: Esto conlleva 2 síntomas: Insomnio y vigilar: Se vigila a sí mismo y a los demás.

Al final de un análisis es muy difícil de erradicar la presencia de la mirada, la autoobservación.

3-EL “Yo digo”: Es difícil de erradicar. Es la manera de reafirmar la relación entre significante y significado. No quiere que haya malentendido. La asociación libre comienza cuando se rompe el “yo digo” y DICE.

 

La función en el análisis de la palabra es de representación: Cuando la palabra funciona representando funciona como significante. No se habla refiriendo a un hecho. Se rompe el referente. Esto no lo tolera el obsesivo.

 

Particularidades del obsesivo con el objeto: (no con el objeto causa)

         -Está en relación a lo útil y lo inútil.

El obsesivo va para el lado de lo útil, no tolera que se vaya para el lado de lo inútil y el análisis está al servicio de lo que no sirve para nada, del desecho.

La pareja del obsesivo es el objeto inútil: Bajo la forma del alto desprecio que  tiene por el objeto: ”no servís para nada”, desprecia a la mujer, la descalifica.

La inutilidad se manifiesta bajo la forma de inmovilizarlo, lo pone entre paréntesis: arrastra sus objetos a la jaula de su narcisismo, transformando a ese objeto en un objeto inmóvil, mortificándolo, la jaula del obsesivo poco a poco se convierte en un cajón. Transforma a sus partenaires en momias.

¿Qué pasa con el yo de los que terminan análisis?

El yo se va a identificar con el síntoma, se transforma en un elemento que forma parte del síntoma, por lo tanto la dimensión del narcisismo cambia. El síntoma va a estar ego sintónico con el yo. Empieza a formar parte de él, y al volver parte de el se puede volver insoportable. Se acentúa, pueden aparecer rasgos de carácter.

¿Cómo se relaciona el yo con los fantasmas?

Una cosa es estar ciego del fantasma, una cosa es estar advertido y otra es como usar ese fantasma.

¿Qué cambia si se está advertido de su fantasma?

Cambia la relación hacia donde nos lleva ese fantasma. Lo va a regular y no lo va a desarrollar ciegamente. Lo va a tener presente.

El fantasma es una de las formas de satisfacción. Un modo de satisfacción y lo hacemos cada vez que hablamos.

Final de análisis:

– Se apagan las preguntas del yo, cambio de satisfacción.

– Se modifica la relación con las preguntas que le vienen del inconsciente.

– Se modifica la relación que tiene un sujeto con lo que le retorna del inconsciente. Se comienza a leer de otra manera lo que viene del inconsciente.

-“Se develan los prestigios del yo”

– El yo se va a identificar con el síntoma

– Se esta advertido del fantasma.

 

 

Bibliografía:

– Lacan,J.: El Seminario. Libro 3: Las psicosis, cap. 12 y 13: “La pregunta histérica” y “La pregunta histérica II”.

– Miller,J-A.:  “Los preguntones”(1984)

– Miller,J-A: “La erótica del tiempo”, pág.: 10.

– Lacan,J.: Función y Campo de la Palabra, pág.: 303.

 

“Dios, ser humano y mundo en debate”‏ Jornada de Diálogo entre Teología, Filosofía y Psicoanálisis

             
         Dios, ser humano y mundo son los tres grandes temas del pensamiento occidental. Estos tres conceptos no constituyen solamente el objeto de las metafísicas especiales, sino que también conforman el núcleo problemático de la teología y, en buena medida, del psicoanálisis, aunque los acentos y enfoques varíen entre los diversos abordajes. 
Esto es así pues Dios, ser humano y mundo, en sus relaciones múltiples plantean las cuestiones fundamentales que desvelan, condicionan y transforman nuestra existencia: la existencia de un ser humano en el mundo ante Dios o ante su ausencia. La tradición del pensamiento occidental, en sus diversas vertientes, ha intentado pensar esta compleja articulación hasta nuestros días.
 
         Ahora bien, vivimos un tiempo particular, que se anuncia como el tiempo de la “muerte de Dios”, de la “muerte del hombre”, de la debacle definitiva del mundo. Vivimos el “tiempo de la sospecha” en el que las grandes totalizaciones y relatos filosóficos, teológicos y psicoanalíticos parecen desmoronarse. ¿Qué sentido pueden tener aún tales ideas en un contexto como el actual? ¿Cuál es el destino de la tarea filosófica después del “fin de la filosofía”? ¿Qué teología es posible después de la “muerte de Dios”? ¿Cómo opera el psicoanálisis después de la “muerte del hombre”?
 
         Esta jornada busca abordar interdisciplinariamente estas problemáticas comunes a la Filosofía, a la Teología y al Psicoanálisis desde un diálogo abierto entre los tres saberes, buscando encontrar aquellas convergencias y divergencias que permitan enriquecer sus propuestas en virtud de su responsabilidad teórica y práctica.

 

10 hs Convocatoria. Palabras de bienvenida: Dr. David A. Roldán

 

10:30 hs. Primera mesa “DIOS”. Coordinador: Dr. Daniel C. Beros

Dra. Mercedes L. García Bachmann (ISEDET) – “¡Qué difícil hablar sobre Dios!”

Lic. Jorge Roggero (UBA) – “La posibilidad de la ‘muerte de Dios’”

Lic. Mario Betteo Barberis (CBC/UBA) – “Los tres monoteísmos”

  

12:30 hs. Break (Almuerzo)

 

14 hs. Segunda mesa “MUNDO”. Coordinadora: Lic. Flavia Soldano

Dr. David A. Roldán (ISEDET) – “La concepción cristiana del mundo en debate” 

Dr. Adrián Bertorello (CONICET-UBA) – “Mundo, obra, artefacto”

Mg. Martín  Alomo (IF-EPFCL/ UBA) – “Consideraciones analíticas sobre una clínica del mundo

  

16 hs. Break (Café)

 

16:30 hs. Tercera mesa “SER HUMANO”. Coordinador: Dr. David A. Roldán 

Dr. Daniel C. Beros (ISEDET) – “Permanecer humanos a la espera de Dios y su justicia”

Dr. Fabián Ludueña Romandini (UBA-CONICET) – “Transfiguración del hombre, extinción y porvenir del lenguaje”

Lic. Carlos Dante García (UBA-EOL) – “No tengo buenas intenciones”

  

18:30 hs. Conferencia de cierre. Presentador: Lic. Jorge Roggero

Dra. Mónica B. Cragnolini (FYL-UBA-CONICET) – “Hombre de lágrimas y plegarias”

  

20 hs Palabras de cierre: Dr. Daniel C. Beros

El caso en psicoanálisis- Parte II

En esta segunda parte, Marcela Errecondo  a partir de una frase de  Lacan [8] “Cualquier caso debería llegar a resumirse en una serie de transformaciones “,  continúa desarrollando que ubicar la serie de transformaciones implica un recorte,  y esa es una lectura que hace el practicante.

Al hacer esa lectura produce una invención de saber, justamente alrededor de un punto que es un punto ciego, desde el cual  opera. Dice Miller en “El lugar y el lazo”: un análisis, en todo caso, no les transmite el psicoanálisis. Se supone que, en el mejor de los casos, los deja en condiciones de ponerse a practicarlo de la buena manera. Lo que les queda de un análisis, siempre, son efectos de verdad, dispersos. ….Aún resta saber cual es el saber que son ustedes capaces de tejer con esos cabos”

Patricia Pena

 

Dice Lacan [8] “Cualquier caso debería llegar a resumirse en una serie de transformaciones “ ( a propósito de Juanito y el desarrollo lógico).

Ubicar una serie de transformaciones implica un recorte, una lectura que hace el practicante en otro momento y en otra posición que el momento mismo de la entrevista o de la sesión. Al hacer esa lectura produce una invención de saber, justamente alrededor de un punto que es un punto ciego, es el punto ciego desde el que él opera. Este punto ciego es equivalente al objeto ‘a’ del fantasma de su analizante. El analista sin saber cúal es el objeto del fantasma de su analizante se tiene que ubicar ahí –para esto es necesario sostener una posición y de ahí la necesidad de la supervisión-.

Por eso es un punto ciego que en la presentación del caso implica una invención de saber… ¡otra vez el caso original está perdido!

Lacan recordaba que no se trata tanto de un saber hacer clínico – como un saber hacer profesional, saber desenvolverse con el asunto en cuestión- sino que se trata de saber ubicarse en el asunto del que se trata como objeto ‘a’.

El caso –invención de saber- se produce como lo que cae de los dichos de un analizante y que son recogidos por el decir del practicante. De este modo obtenemos como resultado una demostración de los elementos estructurales.

La demostración lleva a la certeza clínica y ésta se puede transmitir (porque se demuestra) y sirve para la enseñanza .

El caso siempre se produce en relación a una tercera persona: la supervisión, el lector, el público y en esto tiene la misma estructura que el chiste porque es sancionado por el Otro como tal, es recibido por el Otro.

 

 Diferentes tipos de recortes:

El mismo caso puede ofrecerse a diferentes recortes y articulaciones haciendo de él diferentes casos.

-Es necesario que dé cuenta de lo particular, hay que recordar que sólo hay análisis de lo particular.

– Tiene que surgir de  una interrogación o de un impasse.

Se pueden tomar:

-las formaciones del Icc y sus consecuencias en la cura (por ej. Como Dora): un sueño, un lapsus

-el momento de entrada, de interrupción, un impasse, la salida

-mostrar los efectos del acto analítico, la intervención y sus efectos, el corte de la sesión

-la posición del sujeto en la transferencia

-la lógica de la dirección de la cura

-elaboración sobre el diagnóstico

-puede interrogar la teoría

-ilustrar la teoría

-no ilustrar la teoría sino presentar un punto ciego

 

De esta manera el caso se presenta como una ocasión para pensar acerca de lo real en la experiencia: un suceso, una coyuntura, interrogan al practicante acerca de la relación con aquello que determina su posición y también con lo más singular de la estructura que encarna el analizante. Recordemos que lo que responde a la misma estructura no tiene forzosamente el mismo sentido y que los sujetos de un tipo no tienen utilidad para otro del mismo tipo.

Notas:  [8] Lacan, Seminario IV, pg 404

http://nel-medellin.org/blog/el-caso-noches-clinicas-de-la-eol-2/

Presentación de libro “Macedonio -Para empezar aplaudiendo”

                               Presentación de libro

MACEDONIO
Para empezar aplaudiendo
de Liliana Heer
JUEVES 20 de NOVIEMBRE, 21 hs. EOL

Presentan: Carlos Dante García, Luis Salamone, Walter Romero

Coordina: Arturo Frydman

Algunos datos:
Macedonio. Para empezar aplaudiendo, pieza teatral de Liliana Heer, Ilustrado por Vanina Muraro, con prólogos de los siguientes autores: Horacio González, Ana Arzoumanian, Martín Alomo, Américo Cristófalo, Silvia Hopenhayn, Gabriel Sada, Noé Jitrik, Amalia Sato, Germán Gárgano, Roberto Retamoso, Arturo Frydman, María Pia López, Laura Klein, Jorge Dubatti, Daniel Attala, Alicia Borinsky, Anahí Mallol, Mónica Bueno, Susana Szwarc, Guillermo Saavedra, Roberto Ferro, Nicolás Peyceré, Esther Andradi, Tununa Mercado y Miguel Espejo. Paradiso ediciones, Bs. As., 2014.

“Esta singular obra de teatro es una fantasmagoría textual que pone en movimiento la obra de Macedonio Fernández. Es sabido que esta obra, prodigio del humor metafísico que puede destilar el acto mismo de la escritura, es particularmente reacia a su trascripción a otros géneros. Liliana Heer logra traducirla a una lengua constantemente alusiva, muy familiar al lector macedoniano, pero también capaz de contener al que no pasó el umbral iniciático de las escrituras del autor de Papeles de Recienvenido”. Horacio González

La psicosis ordinaria es una psicosis

 

                             La psicosis ordinaria es una psicosis       

 

Briole comienza con la referencia a la Conversación de Arcachón de 1997 afirmando que se ha pasado de una  clínica de la discontinuidad, con una lógica binaria  neurosis-psicosis, en función de la presencia o ausencia del operador del Nombre del Padre,  a una clínica más continuista, clínica del anudamiento de los tres registros, Real, Simbólico e Imaginario, en la que el Sinthome como cuarto elemento, viene a anudar a modo de un broche.

Por lo tanto va a haber psicosis con anudamiento y psicosis sin anudamiento.

La psicosis, sin anudamiento son las psicosis desencadenadas y con anudamiento son las que  frecuentemente encontramos en la actualidad,  son las llamadas psicosis ordinaria. “Hay que estar muy atentos para atraparlas”, dirá.

 Al decir de Jean Pierre Deffieux “son sujetos psicóticos con traje de neuróticos”.

De lo que da cuenta la psicosis ordinaria es de una gran variedad de anudamientos.

J-A. Milller en el libro “La psicosis ordinaria” afirma en la pág.: 201 “Mientras que aquí tenemos psicóticos más modestos, que reservan sorpresas, pero que pueden fundirse en una suerte de media: la psicosis compensada, la psicosis suplementada, la psicosis no desencadenada, la psicosis medicada, la psicosis en terapia, la psicosis en análisis, la psicosis que evoluciona, la psicosis sinthomatizada-si me permiten”.

Briole relata que en la ultima enseñanza de Lacan: la teoría de  una forclusión generalizada: “todos  locos”,  cada uno debe encontrar una respuesta a esa forclusión generalizada.  En la neurosis el nombre del padre  anuda los tres registros pero dice “hay cosas que no funcionan” , el nombre del padre no viene totalmente a mantener los tres , el síntoma viene como suplencia al cuarto que los anuda.

Hace referencia a que J-A. Miller  nos enseña que la clínica de la psicosis ordinaria es una clínica muy exigente, que para su diagnostico no es suficiente con “sentirlo”, hay que argumentarlo.

Así como  J-A. Miller dice que la psicosis ordinaria no debe ser el refugio de las ignorancias. Briole afirma que  no debe ser “el refugio de la abstención del analista”.

 

Florencia Vidal Domínguez

 

https://www.youtube.com/watch?v=crRtNs1HPAs

 

 

Reseña XXVIII. Seminario EOL. Carlos Dante García

Martes 04 de Noviembre de 2014
 
Título: “Cicatrices. Finales de Análisis”
 
 
Cicatrices, nombre que le da Miller a la variedad de interrupciones de análisis y a algo que deja heridas, marcas, algo que concluye pero no se ha terminado.
Hay diversas modalidades de cicatrices y de finales de análisis.
Hay una escansión que se puede situar a lo largo del análisis, la pregunta del inicio del análisis: 
-¿Qué significa eso? Implica una dimensión de algo ajeno a mí.
Que significa tal significante tiene un nombre: significante de la transferencia.
Cualquier término, palabra, frase, que genera la pregunta de qué significa esto, posibilita la consulta a un analista.
El significante de la transferencia tiene que coincidir con el síntoma.
Que significa tal significante; frase, hecho, palabra, algo del cuerpo, enfermedad que se repite.
Este hecho no tiene que tener un significado, esa es la condición para que sea significante.
Significante ———–(x) ¿Qué significa eso?
El síntoma tendría que tener la estructura que concierne a algo del pensamiento (obsesión), cuerpo (conversión histérica) o espacio (fobia)
Algo ajeno a mí, no forma parte
Pasar de:
-¿Qué significa eso?
-¿Qué soy yo? En lo que digo
-¿Qué es eso? Final, pasa a ser una pregunta respecto de la esencia, tiene como respuesta el goce.
Del querer decir al querer gozar
El deseo está del lado de la infelicidad y la felicidad está del lado de la pulsión y el goce.
El hablar en un análisis es un modo de gozar, y se lee entre líneas.
La histérica pregunta y le pregunta al otro, le falta una respuesta, hay algo que no sabe.
Miller, en el texto los Preguntones, dice  cómo la histérica se dirige al otro para ponerlo a trabajar.
Las preguntas verdaderas no incluyen el ser.
¿Para qué pregunta la histérica?
1) Para poner al otro a trabajar
2) Para ser ella el amo
3) La demanda de saber y la pregunta vehiculiza una satisfacción, es la del deseo insatisfecho.
El mantenimiento del deseo insatisfecho se produce en el análisis, e inventa la sesión como puntuación y la sesión corta.
El deseo del sujeto es el deseo de no saber.
En el obsesivo, la procastinación, empieza a entrar  en análisis como deseo imposible.
¿Cómo se va  a producir esto? Lo va hacer bajo la particularidad de preguntar del obsesivo.
El obsesivo se coloca como amo, se coloca en la posición de hablar para preguntarse él mismo y contestaste.
El analista queda colocado entre paréntesis, posición de un muerto.
El grave problema para el obsesivo es que el analista hable.
Procrastinar, nunca va a aparecer la verdad. La procastinación es la verdad de su goce, nunca dirá lo que le gusta.
Generar el malentendido, algo distinto de lo que viene diciendo, romper su discurso para que emerja la verdad.
El qué significa eso es la pregunta que viene del inconsciente, no la que se hace el yo.
 Ej en Freud: soy una sucia rata que muerde
Reducción de preguntarse a los otros, como se modifican las preguntas.
La pulsión implica un más.
Como el deseo del deseo insatisfecho, que es en menos es un más.
Relación entre deseo (-) y el goce (+).
Cuando se va hacia la vía del deseo se va hacia la insatisfacción.
El movimiento de generar la falta conduce a la infelicidad del deseo.
Deseo en relación a la falta
Deseo en relación al goce.
Del yo soy al se goza.
Este “se goza” presenta dos particularidades:
Se descabeza el yo, aparece bajo una forma de terceridad y 
No hay predominio del sujeto.
Que pasa con el yo, con el sujeto y con el objeto al final del análisis?