La cifra del autismo

Cifra; el título alude a  números, dígitos, cálculos como también a una cifra, algo a descifrar, un enigma. El siguiente artículo refiere  dos líneas a seguir; por un lado, la cognitivo-conductual, que habla de un déficit en lo cognitivo, un incremento alarmante en las cifras del diagnostico de autismo y un tratamiento basado en el aprendizaje, en educar al sujeto para poder insertarlo en una “norma”.

Por otro lado la línea del psicoanálisis, que comienza con el planteo de establecer  un “dialogo particular”. Algo a cifrar,  enigma en relación a la espera del encuentro con lo singular de cada sujeto, a su manera particular de resolver su manera de “estar” en el mundo. Dice Laurent: “El autismo esconde una cifra enigmática sobre la cual los sujetos autistas nos llegan a hablar: nos toca a nosotros escucharles”.

Ir al encuentro con lo singular de ese “sujeto autista”, es  estar a la espera atenta, establecer un “dialogo”, acompañarlo, no demandándole que responda a una normativa esperable a seguir.   

Florencia Vidal Domínguez.

 

La cifra del autismo
 

El tratamiento psicoanalítico de la psicosis o del autismo trata de establecer un “diálogo particular” con cada sujeto. No es el psicoanálisis sino su psicologización lo que lleva a la culpabilización del defecto parental ante el Ideal. Por el contrario, la orientación lacaniana está comprometida en la investigación de las estructuras y la lógica propia del autismo.

El Comité Consultivo Nacional de Ética (CCNE), Sección Ciencia de la vida y de la salud, ha publicado recientemente su dictamen 102, que se ocupa de la atención al autismo. Este documento avanza una serie de cifras obtenidas a partir de una categoría muy amplia, admitiendo dos tercios de casos “atípicos”: serían 600.000, un número que se espera que aumente cada año en 8000 unidades.

¿De dónde proviene esta categoría grande e imprecisa? En las clasificaciones epidemiológicas, las categorías surgidas de la clínica fueron abandonadas a partir de los años ochenta, en provecho de otras, formadas en la perspectiva cognitivo-conductual. Es así que se ha construido la categoría del síndrome autista, problema de la facultad cognitiva. Resultado: la multiplicación por diez del número de casos en veinte años. Viento de pánico. Hay que olvidar que dicha categoría se funda en hipótesis que los últimos veinticinco años no han permitido confirmar de ninguna manera.

El CCNE piensa que el abandono de las referencias inspiradas por la tradición clínica es en el interés de las familias y de la ciencia, ya que el psicoanálisis habría “conducido a situar la causa en el comportamiento de los padres, y en particular de las madres (…) en el desarrollo del handicap”.
Las instituciones en consecuencia habrían alejado a los padres de los niños. El anexo evoca, con todo, la humanidad de los hospitales, que se debe al trabajo de generaciones de psiquiatras inspirados por el psicoanálisis.

Contrariamente a lo que anticipa el dictamen 102, no son los psicoanalistas los que primero subrayaron el papel de las madres de los sujetos autistas, sino más bien el inventor del autismo, el Dr. Kanner, a partir de los primeros casos que aisló.
Además, a principios del siglo XX tuvo lugar el grito de Gide: “Familias, os odio!”. En el siglo de las religiones laicas y del “todo-político”, se trataba de romper con la sacralidad de la familia. Varias experiencias comunitarias tuvieron lugar desde los años 20. Fueron sistematizadas en Rusia en los años 30. Se sucedieron los kibboutz. Después vinieron las utopías comunitarias de los años 60, amÉricanas y europeas, más libertarias. La búsqueda de cuadros institucionales adaptados a los niños psicóticos y autistas acompaña este movimiento. Los dispositivos en los que el psicoanálisis fue puesto en juego iban desde el establecimiento centralizado y holístico hasta la Escuela experimental de Bonneuil-sur-Marne, concebida en 1969 por Maud Mannoni, que se quería como una “institución estallada”. Las nuevas instituciones intermedias son instituciones ligeras, más en consonancia con el gran movimiento contemporáneo de desinstitucionalización. La privatización del lazo social, nuevo ideal aparecido a finales del siglo pasado, da de nuevo un lugar al amor de las familias. El psicoanálisis lo toma en cuenta.

Decir que el psicoanálisis culpabiliza las familias es mezclar varios niveles. No es el psicoanálisis sino su psicologización lo que lleva a la culpabilización del defecto parental ante el Ideal y a una tipología de los fallos de las madres y los padres. Por el contrario, la orientación lacaniana proscribe toda culpabilización y está comprometida a actualizar las estructuras significantes y libidinales que subyacen en la psicosis y el autismo, los fenómenos que generan y su lógica propia.
Los tratamientos psicoanalíticos de la psicosis o del autismo se fundan en el dirigirse del sujeto al Otro y buscan establecer un “diálogo”, aunque sea particular. El film que Sandri Bonnaire ha hecho sobre su hermana, presentado por primera vez en el canal de TV France 3 el día 14 de setiembre de 2007 testimonia de la ruptura brutal que se produce cuando el sujeto autista se confronta al rechazo de su “dirigirse al Otro” y muestra por el contrario los efectos benéficos espectaculares que provocan acoger la demanda. De la misma manera Sortir de l’autisme, el libro de Jacqueline Berger, madre de mellizas afectadas, muestra magníficamente que es necesario acoger el dirigirse del sujeto autista y no únicamente educarlo.
Los testimonios de autistas de alto nivel nos indican la particularidad de este dirigirse. Temple Grandin nos dice: “Mi modo de pensar se parecía al funcionamiento de un ordenador, y podía explicar el proceso, etapa a etapa”. A partir de una crisis de epilepsia a los cuatro años, Daniel Tammet se obsesionó con los cálculos, desde entonces sólo los números podían apaciguar su sufrimiento. El día 14 de marzo del 2004, día del nacimiento de Einstein, enumeró en público 22514 decimales del número pi.

Kamran Nazeer investiga acerca de cuatro compañeros de una escuela especial para autistas a la que había asistido en 1982; después pasó por Cambridge, trabaja ahora en el ministerio de Asuntos Exteriores. Uno de sus antiguos condiscípulos es analista de discursos políticos en Washington, otro ingeniero de sistemas informáticos, un tercero es ordenanza, con itinerarios muy sabios, verdaderos algoritmos. Estos sujetos autistas han encontrado soluciones que les han permitido insertarse en el mundo. El hecho de no tener empatía no es solamente un “handicap” sino que libera de cualquier comprensión. El simbólico pasa a lo real, es “real-izado”, sin equívoco posible. El interés que el siglo XX manifestó por el delirio ha sido desplazado en el siglo XXI por las proezas técnicas que realizan estos calculadores, como otros calculadores prodigios, en una fascinación por el hombre-máquina. Finalmente, la patología que parece la más separada de toda comunicación da lugar a una forma de comunicación extraña y multiforme.

El cognitivismo es pedagógico: ignora las particularidades del dirigirse autístico y toma a su cargo educar al sujeto. Las familias se encuentran transformadas en auxiliares educativos. Esta perspectiva se vuelve delirante en el método ABA (Applied Behavioral Analysis) en que el niño es sometido a cuarenta horas de ejercicios intensivos a la semana. Este ideal pedagógico se revela agotador y conduce generalmente a impases. La culpabilidad puede empujar a los padres a hacerse educadores hasta el límite de sus fuerzas. Las madres sufren especialmente, hasta el desespero, incluso llegan a borrarse con su hijo.
Algunos casos recientes, provenientes de Estados Unidos, testimonian de ello. En este país la perspectiva cognitiva reina sin igual en el dominio del autismo. Un artículo del New York Times de junio del 2006 presenta una serie de casos trágicos que muestran los excesos a los que conduce el cognitivismo. Tales casos fueron elegidos por la autora del artículo, ella misma madre de un niño autista. Quería, afirma ella misma, proteger a los padres de las falsas esperanzas a los que son lanzados y que pueden conducir a tragedias.

El dictamen 102 evoca la guerra que se libra en Francia, y en otros países, entre psicoanalistas y cognitivistas: hace falta girar página para entrar en la modernidad anglosajona. Visión simplista. El aire llamado anglosajón es de hecho el lugar de otra guerra entre los cognitivistas y ambientalistas. La historia de la fundación Autism Speaks nos da testimonio de ello. Creada en 2004 por el Presidente de la cadena de televisión NBC y de Studios Universal Bob Wright, después del nacimiento de su nieto, diagnosticado de autismo, esta Fundación recaudó rápidamente una gran cantidad de fondos que le permitieron, entre 2005 y 2007, financiar investigaciones destinadas a probar distintas hipótesis: la hipótesis genética, la hipótesis del envenenamiento por un mercurio sintético presente en las vacunas, la hipótesis de la doble causalidad según la cual un gen podría ser activado por el mercurio u otras neurotoxinas. Como el nieto no respondió a las terapias comportamentales, su madre, hija de Bob y Suzanne Wright, cree firmemente en la virtud de una purificación por la dieta y la evacuación de los metales del cuerpo. Acusó a sus padres y les pidió que se retiraran en favor de una nueva generación.

En junio de 2007 sus padres se desmarcaron de las posiciones virulentas de su hija. Ella les reprochó haberla atacado personalmente. Continuará.
Como se ve, partir hacia la búsqueda de las causas no es fácil: las pasiones se desencadenan, no está excluido que se revelen los rasgos persecutorios de las personalidades en esta ocasión. Una guerra opone también a las familias: se encuentran prisioneras en el campo de la concurrencia victimizadora entre las asociaciones de padres de niños diversamente “handicapeados”. Se trata sobre todo de una oportunidad para que Francia no se precipite hacia las heridas de esa llamada modernidad que exalta el dictamen102.

Se empuja a los sujetos de una categoría a la otra, pero sus sufrimientos bien reales permanecen. El autismo esconde una cifra enigmática sobre la cual los sujetos autistas nos llegan a hablar: nos toca a nosotros escucharles. Desmantelar la crítica, reemplazarla por una lista fragmentada de comportamientos observables ligados a hipótesis de déficits cognitivos, eso no va, y no cesa de producir estragos. Sostengamos el diálogo con el autista, definamos los espacios en que sea posible acompañarle, ayudarle a construir un “autismo entre varios”.
Publicado en Le Nouvel Âne no 8, Febrero de 2008

Traducción: Neus Carbonell

Éric Laurent

Ficciones y semblantes. Parte I

Parte I: Lituraterra. Freud novelas y casos. Lacan la ficción entre literatura y psicoanálisis.

Dice Lacan en Lituraterra: “¿La letra no es acaso…litoral más propiamente, o sea que figura que un dominio enteramente haga frontera para el otro, porque son extranjeros, hasta el punto de no ser recíprocos?

El borde del agujero en el saber, ¿no es eso lo que ella dibuja? ¿Y como el psicoanálisis, si, justamente, lo que la letra dice “a la letra” por su boca, no le era necesario desconocerlo, cómo podría negar que ese fuese, ese agujero, por lo que al colmarlo apela a invocar allí al goce?”.

Coccoz, propone para reflexionar acerca de ficciones y semblantes, el texto de Lacan, Lituraterra, que explora la letra en la estructura del serhablante, inspirados en el desarrollo de su última enseñanza.

La escritura, la letra está en lo real, el significante, en lo simbólico, dice Lacan  y agrega hasta que punto el discurso, el nuestro, esta anudado por ambos, letra y significante.

La noción de ficción introducida por Lacan, cobró derecho de ciudadanía en el psicoanálisis por ser más precisa que la freudiana “novela familiar”. En el relato de los casos de Freud, Dora, Juanito, El hombre de las ratas, para hacer transmisible un nuevo modo  de construir la historia personal, a partir del inconsciente y con la colaboración del analista.

Lacan no escribió historiales, se apoyo en ficciones literarias o filosóficas para contribuir a la lectura analítica de los males de los neuróticos, siendo estos los males del serhablante, dirigidos a la realización del deseo y de una satisfacción que se verifica imposible, errada.

Pasando por Hegel, Hamlet, Antígona, Medea, Lol V. Stein, Bloy, Genet, la dialéctica del amo y del esclavo, el alma bella, la tragedia del deseo y de la imposibilidad de la acción, pulsión de muerte y las huellas del enigmático goce femenino, Lacan tomará las referencias literarias, para dar cuenta de la interpretación Lacaniana del psicoanálisis y en Gide y Joyce, la experiencia de los seres “desabonados del inconsciente”.

Angela Vitale

 

Lituraterra

Propongo, para reflexionar acerca de ficciones y semblantes, que nos situemos en la zona que Lacan bautiza con el nombre de Lituraterra. Una zona de exploración de la función de la letra en la estructura del serhablante que se inspira en los desarrollos de su última enseñanza, cuyos enmarañados caminos estamos aprendiendo a transitar gracias a Jacques-Alain Miller.

“La escritura, la letra está en lo real, el significante, en lo simbólico”(1) enfatiza Lacan, como advertencia ante los posibles extravíos. Precisa, además, hasta qué punto nuestro discurso está concernido por el anudamiento de ambos, letra y significante: “…queda por saber cómo el inconsciente  –que  es  efecto  de  lenguaje  porque  supone  su  estructura  como  necesaria  y suficiente-, rige esta función de la letra.”(2) De ahí que en Lituraterra las conexiones y distinciones entre el psicoanálisis y la literatura pueden y deben ser esclarecidas. Esta tarea es tanto  más  urgente  en  cuanto  a  la concepción  del análisis  “orientado  hacia  lo  real”  que se distingue de la mera confección de una ficción, de la orientación narratológica.(3).

La noción de ficción cobró derecho de ciudadanía en el psicoanálisis gracias a Lacan, por ser más precisa que la freudiana “novela familiar”.(4) Así se designaban las construcciones que otorgaban  un  sentido  a  la  disolución  del  complejo  de  Edipo:  Versiones  fantasmáticas, particulares, sobre la falta del Otro, sobre la falla del goce: “La técnica aplicada para realizarlas depende de la habilidad y del material que el niño encuentre a su disposición.”(5) Aunque Freud también destaca la importancia del “afán de verosimilitud” en su composición.

Freud: novelas y casos

Encontraremos las huellas de estas leyendas personales en el relato de los casos de Freud: Dora, Juanito, El hombre de las ratas, El hombre de los lobos,  La joven homosexual, construidos en la inspiración goetheana de los grandes relatos.  Paradigmas de la clínica freudiana, constituyen el saber referencial del psicoanálisis,  gracias a los cuales se insertó, en lo real de la civilización, el discurso analítico.  La forma en que están confeccionados sirvió para hacer transmisible un modo nuevo de construir la historia personal, a partir del inconsciente, y con la “colaboración constructiva” del analista.(6)

Luego, los escritores bucearían en estos descubrimientos para incorporarlos en sus ficciones: S. Sweig, T.Mann, A.Schnitzler… Y los surrealistas.  Y los guionistas de cine, que abrevarían en el inconsciente freudiano para abrir las compuertas de la intimidad de sus personajes.

Por su parte, Freud también indaga las fuentes de la creación. Considera que el poeta comparte con sus congéneres los fantasmas inconscientes que tienen su raíz en las pulsiones primarias. Cómo consigue el poeta, con su técnica, la mutación de tales fantasmas para que la repugnancia que experimentaríamos ante ciertos hechos se convierta en placer de leerlos o escucharlos, ése, afirma, es “su más íntimo secreto”. El psicoanálisis no está llamado a desentrañar la esencia del arte.

Hay que admitir que ni “el máximo conocimiento de las condiciones de la elección del tema poético [ni] de la esencia del arte poético habría de contribuir, en lo más mínimo, a hacernos poetas.”(7)

Por  esa  razón,  aún  habiendo  escogido  el  mito  trágico  de  Edipo  para  bautizar  la  matriz inconsciente del deseo y a pesar de su “Dostoievski”, no analizó novelas, “Freud se contuvo.”(8)

¿Por qué? Lacan lo explica en Lituraterra (9): “…que el psicoanálisis penda del Edipo no lo califica en modo alguno para reconocerse en el texto de Sófocles.”  Por ello niega que, hasta ese momento, el psicoanálisis haya contribuido en nada a la crítica literaria, “zona” propia del discurso universitario. También constata la “inadecuación de su práctica para motivar el menor juicio literario.”(10) En el texto sobre M. Duras no es menos tajante: “…en su materia el artista le lleva siempre la delantera [al analista] y no tiene por qué hacer de psicólogo allí donde el artista le desbroza el camino.”(11)

Lacan: la ficción entre literatura y psicoanálisis

La   versión   lacaniana   del   psicoanálisis   (12)   se   construye   laboriosamente,   a   través   de innumerables lecturas que innovan, corrigen y enriquecen la versión freudiana. Lacan no escribió historiales, se apoyó en ficciones literarias o filosóficas con el fin de rubricar la lectura analítica de los atolladeros de la subjetividad en el orden de un nuevo discurso, el analítico, a la luz del cual éstos se revelan causados por la existencia del inconsciente y la falla del goce.  El hecho de otorgar una dignidad ética a la problemática de la neurosis hasta demostrar su coherencia de discurso evita la reducción de la clínica freudiana a una mera psicopatología. Los males de los neuróticos son los males del serhablante y el haber inventado un dispositivo para que tales miserias puedan decirse es un hecho de caridad increíble.(13) Lacan va enhebrando con los hilos de la cultura los complejos caminos en que transitan las existencias en pos de la realización del deseo  y  de  alcanzar  una  satisfacción  que  se  verifica  imposible,  paradójica,  errada.  De  las múltiples  referencias  literarias,  algunas  son  claves  para  ilustrar  la  singular  interpretación lacaniana del psicoanálisis: El drama de la captura especular del yo con el semejante, el narcisismo, en cuya estructura Lacan inyecta la infernal dialéctica del amo y el esclavo, toma forma con el personaje de Sosia en la comedia de Plauto, Anfitrión, que alcanza su estrellato en la obra homónima de Moliere, no menos que en su Misántropo.

Cuando acomete la lectura del caso Dora, Lacan toma una perspectiva muy original: se sirve de la figura hegeliana del alma bella, cuya esencia es la pasión insurgente ante el desorden del mundo a cuya fabricación el “perjudicado” contribuye de forma tan activa como inconsciente. A través de Karl Moor el héroe de Los bandidos de Schiller, muestra que, más allá de los síntomas, se descubre, en la histeria, una posición existencial que el filósofo y el dramaturgo captaron con agudeza.

Lacan redujo el Edipo freudiano a una operación metafórica que orienta las significaciones del mundo, a falta del cual la existencia se torna errática.  El ordenamiento del circuito simbólico del sujeto en torno a un punto de abrochamiento se produce gracias al significante del nombre del padre. Para demostrar su acción simbólica, Lacan se sirve del intercambio entre Abner y Joad, personajes de Atalía, de Racine.

Tejidos en un suspense especial, sus desarrollos demuestran que el atractivo de “Hamlet, el enigma” a través de los tiempos, procede del entramado de la lógica subjetiva en esta tragedia del deseo y de la imposibilidad de la acción, aún a sabiendas de las razones en las que ésta debería sustentarse. El valor único de esta pieza radica en la trama de los lugares de la estructura, que, una vez despejada por Lacan, surge, nítida: La inhibición de la acción de Hamlet se debe a que su deseo está suspendido del deseo, del tiempo del Otro. La recuperación de la potencia para el acto, surge una vez asumida la pérdida de un objeto (el duelo por Ofelia). La conjunción fatídica de esta acción con la autodestrucción que se produce cuando se toma a su cargo la falta del Otro, en ese caso,   como figura del padre idealizado.

Asimismo, escoge Antígona para ilustrar el drama del sujeto suspendido en la zona subjetiva donde anida la pulsión de muerte. Situada en ese lugar imposible, más allá de los bienes y la belleza, la existencia se manifiesta inconciliable con la vida y la moral.  Por eso el psicoanálisis, que  avanza  y  explora esta  zona de  forma  calculada,  requiere  de una  ética:  el  corazón  del principio de realidad, asiento de la razón práctica, no alberga la capacidad de adaptación, sino la mortificación del superyó.

También  encontrará en la pieza de Wedekind  El despertar de la primavera,  un racimo  de personajes debatiéndose en la árida transición de la pubertad hacia la adolescencia. En esta época de la vida, acontece el necesario despertar de los sueños: un encuentro estructural con la falla del lenguaje para decir el sexo que da lugar a distintas soluciones subjetivas.

Mediante las imponentes figuras de Medea de Eurípides, de Lol V. Stein de M. Duras, La mujer pobre de L. Bloy y de la poesía mística, consigue atrapar las misteriosas huellas el enigmático goce femenino, que se insinúa más allá del falo.

También ilustrará el paisaje de la escena perversa, fetichista, que caracteriza el goce masculino con la pieza El balcón de Genet.

Y el camino de la degradación del padre, su incidencia sobre la problemática del deseo en el mundo moderno, serán tematizados a través de la Trilogía de Claudel.

Un lugar aparte merecen los dos “casos” de los escritores Gide y Joyce. Ninguno fue psicoanalizado pero ambos le dan a Lacan la ocasión de ampliar el territorio de la clínica analítica gracias a la enseñanza que supo extraer de la acción original de estos autores: infiere la clínica a partir del material biográfico, los textos y cartas.(14)

Su  ensayo  sobre  Gide  toma  distancia  de  las  psicobiografías.  Deduce  la  “autocreación”  del escritor como una solución subjetiva al enigma fundamental, al “secreto del deseo”: ¿qué fue para ese niño su madre?

Respecto de Joyce, la solución artística cuyo rastro reconstruye paso a paso, podría formularse respecto de la pregunta ¿qué fue para ese niño su padre?

Ambos casos de serescritos (scriptuêtres) (15) se diferencian del análisis, experiencia de palabra, propia de los serhablantes (parlêtres).  Sin embargo, gracias a ellos se afianza la clínica a partir de la categoría de sínthoma, deducida de la experiencia de estos seres “desabonados del inconsciente”.

Continuará…

 

 

 

Errores XXVI

Continuamos entonces con el problema del síntoma contemporáneo, clase 5 de “Clínica de los síntomas contemporáneos” Seminario dictado por Carlos Dante García en el año 2011 en la EOL

“Esa clínica de los síntomas es trasladada, llevada, sin saberlo y sabiéndolo en muchos casos, por los pacientes. Trasladan como las hormiguitas o algunas aves o el viento, como un polen van trasladando, se va produciendo un contagio. Por eso les recomendé que vieran ese video de You Tube “Todos locos”, cómo proliferan las enfermedades mentales sobre todo, en el mundo.

Esta lengua del Otro, ¿qué tipo de síntoma da? Da un tipo de síntoma que sería el de la clínica del amo, o sea del S1, es una clínica del amo, cuya característica es que excluye al sujeto. Por lo general ésta clínica del amo no reúne ni aún en su descripción las características de un síntoma, por ejemplo no reúne los rasgos si se trata de “ser depresivo” los rasgos de la desaparición de la libido en los diversos comportamientos del sujeto: en el comer, en el dormir, en la actividad sexual, en el trabajar, etc.

Por eso si alguien se presenta y dice “soy depresivo” la posición del analista sería poner en suspenso esa afirmación y preguntarse para sí mismo e intervenir en la ocasión y preguntarle al paciente “¿y usted qué dice?”, “usted, no lo que le dijeron que es, o lo que usted leyó”. ¿Qué dice usted y cómo lo dice usted. Esto da una diferencia con toda una sintomatología de la modernidad que demuestra estar formada para uniformizar a los sujetos, crear un mercado de la salud, un mercado de medicamentos y un mercado de la enfermedad. Por supuesto está muy lejos del síntoma freudiano. Entonces primer síntoma la lengua del Otro.

Segundo síntoma. El síntoma médico, que también puede ser de la lengua del Otro, pero que puede tener su especificidad cuando por ejemplo el médico dice ‘a usted le ocurre tal cosa, vaya a tratamiento’, y eso que le ocurre puede ser ubicado como un síntoma.

El ejemplo paradigmático de esto son los casos de psicosis, una alucinación en la psicosis está ubicado como un síntoma.

El criterio de Freud para una alucinación y para un delirio es que ambas, no sólo el delirio, son intentos de curación. Entonces nos cambia totalmente la perspectiva. Ahí donde el médico ve, el médico psiquiatra, no todos los psiquiatras porque hay psiquiatras y psiquiatras, estoy hablando de los psiquiatras modernos, y algunos; ven una enfermedad; Freud ya veía en el campo de la psicosis el intento de curación.

Este segundo síntoma es también médico y psiquiátrico y es también un síntoma del Otro pero con una diferencia del anterior. Y es síntoma todo lo que dice el médico que es síntoma. Aún una alucinación. Hoy voy a explicarles en parte si tenemos tiempo como se puede situar que todo síntoma llamado síntoma psicótico, para el psicótico es un síntoma del Otro, y por lo tanto todo criterio de querer mover eso en el sentido de subjetivarlo es un error de estructura, o sea que una alucinación o un delirio es algo que es un síntoma del Otro, no es un síntoma subjetivo. Por eso es importante distinguir síntoma médico-enfermedad, de aquello que no lo es.

El síntoma médico es el que identifica como síntoma una enfermedad y algo atribuido al paciente. Esto ocurre en el campo de la psicosis pero también ocurre en el campo por ejemplo, muy llamativo en la actualidad, que es que si alguien se enfermó de cáncer, no le dio resultado el tratamiento de nutrición que estaba haciendo, el culpable es el paciente, es un clásico en la actualidad.

Todo resultado de enfermedad producido por ejemplo por el cáncer es atribuido al sujeto, algo habrá hecho, y se lo desliza hacia el campo psicologista.

Por eso, advierto sobre el síntoma médico, es acusado el sujeto, le es atribuido el síntoma al sujeto, la enfermedad al sujeto, sea en el campo en ese caso de un cáncer; o las mononucleosis por ejemplo, tiene las defensas bajas, tiene algún conflicto psíquico vaya a ser tratamiento, aparte de darle la droga le dicen que vaya a hacer tratamiento.

Se le atribuye al individuo la causa y la participación de la enfermedad, a pesar de que puede ser un problema celular del organismo, el sujeto no tiene nada que ver y sin embargo le es atribuido eso.

¿Por qué es importante esta cuestión del síntoma médico? Porque el síntoma médico dice ‘vos tenés tal síntoma’, excluye la participación del paciente. .

Por eso digo que amplía el espectro que va hacia el campo de la psicosis, hacia el campo de la neurosis cuando dice ‘usted tiene depresión’, o hacia el campo también de las enfermedades orgánicas.

Tercer síntoma de la modernidad, que toca a la cuestión tanto de la lengua de los médicos pero que tiene cierta particularidad, que son todas patologías de la acción, no que concierne al cuerpo sino que son patologías en el más amplio espectro de la acción.

En esto queda incluido las adicciones, el alcoholismo, donde también quien dice que es un síntoma, ¿quién es? El Otro, no lo dice el sujeto, es el Otro social, el Otro policía, el Otro del juzgado. Ahora tiene mucha incidencia la modificación de la legislación según lo que me han explicado, donde el juez participa dejándolo en manos de expertos, la indicación del tratamiento, pero eso implica que es el Otro el que evalúa, no es el propio sujeto que pide y que va a hacer un tratamiento. En ese caso tenemos las patologías de la acción.

Generalmente consiste en las descripciones que se hacen, anorexia y bulimia también están incluidas ahí, sobre todo la familia evalúa lo que no funciona, el Otro es el que evalúa, sigue la misma lógica de que es el Otro el que evalúa.

En Freud el síntoma tiene una particularidad muy especial, es el síntoma que habla, no es el síntoma ni de acción ni dicho por el Otro, sino el síntoma que habla para el paciente. A tal punto que hay un libro publicado por el Campo Freudiano que es fundamental para esto. Lo recomiendo;  se llama “El síntoma charlatán”, charlatán quiere decir que habla e insiste en su hablar, no es que quiera decir algo, sino que habla, el síntoma mismo habla. Se pone a hablar, ¿cuándo? Cuando aparece el síntoma en una escena o en una situación, en ese momento habla, puede llegar a protestar, puede llegar a recordar, el síntoma mismo habla.

En ese caso, el síntoma tiene la estructura de un lenguaje, ¿no son todos los otros síntomas que hemos visto, por qué?, porque este síntoma del S1 no habla, es un S1 solo, para que hable hace falta el nexo con otros términos.

Entonces el síntoma freudiano podemos decir que es el que habla. Hoy vamos a ver algo de eso. Tiene por supuesto otras características pero si habla quiere decir que se puede descifrar y dar sentido en el campo del lenguaje y de la palabra. No es lo mismo que el síntoma de las patologías de la acción, no es lo mismo que el síntoma médico dicho por el Otro, o el síntoma del Otro, y no es lo mismo que el síntoma de la clínica del amo, son síntomas totalmente distintos.

Y en ese sentido entonces si el requisito es para Freud que el síntoma hable, si esto es así, todos los otros síntomas tienen que pasar a esa condición para ser tratados en el ámbito del análisis. O sea todo lo dicho en la clínica del amo, por el médico, por el Otro social, por las patologías de la acción, todo eso tiene que pasar a ser un síntoma que hable en algún punto, ya veremos la manera en que se puede hacer eso.

Entonces tenemos el síntoma freudiano cuyo rasgo principal es que está articulado, determinado por el inconsciente y por lo tanto habla.

A este síntoma le tenemos que agregar tres síntomas más planteados por Lacan, o sea Lacan tomaba en cuenta este síntoma de Freud, el síntoma que habla, pero como la vez pasada comenzamos a situar otro síntoma que es el síntoma que viene de lo real. El síntoma que viene de lo real no es un síntoma que habla, porque el síntoma que habla es un síntoma que anuda simbólico y real. El síntoma real no está articulado a lo simbólico, no está en relación a lo simbólico, por lo tanto es algo mudo, no habla. Entonces segundo síntoma que agregamos es el síntoma que viene de lo real.

Les decía que Lacan agrega tres síntomas más. El otro síntoma es lo que Lacan denomina síntoma social, que tampoco está considerado por Freud como síntoma.  Habría que revisar quizás si menciona el síntoma en “Psicología de las masas y análisis del yo?” En la tercera forma de identificación. Pero el síntoma social por ejemplo son los síntomas que se producen cuando hay decadencia de la función paterna, huelgas, piquetes, violencia, violencia social, es decir ahí tenemos lo que no anda bajo la forma de lo social, no bajo la forma de un individuo, de un sujeto, sino de un conjunto de individuos. Este es otro síntoma y cada vez más vemos que se extiende la problemática del síntoma llamado social, más allá de cómo lo puedan plantear los sociólogos, porque los sociólogos lo plantean pero sin considerar la participación del inconsciente. Cuando Lacan habla de síntoma social considera la participación del inconsciente a nivel de lo social porque para Lacan lo social se reduce a un lazo social, no es lo social como sociedad, ya vamos a dedicar una reunión a esto. Los cuatro discursos son las formas en las que Lacan propuso tratar lo social.

El tercer síntoma introducido por Lacan son los síntomas que se producen anudados en las elecciones de pareja.

Hay una definición conocida por ustedes por lo menos de oídas, “la mujer es un síntoma para un hombre”, esa es una definición que parece hablar mal de las mujeres. Entonces uno se podría preguntar,  ¿por qué una mujer sería un síntoma para un hombre? La fórmula no es equivalente hacia el otro lado, Lacan no plantea la inversa de que el hombre es un síntoma, saben que dice que es un estrago, en ocasiones “el hombre es un estrago para una mujer”, no un síntoma.

Pero quiere decir que hay algo en la mujer que puede funcionar en el inconsciente del hombre como un síntoma en las elecciones que el sujeto realiza.

Esto para darles una pista, sería cuando la mujer encarna y suple a la función del Superyo en el psiquismo del hombre, lo que debe hacer. Y hay mujeres que saben ellas mismas encarnan esa voz, que encarnan una voz de hierro que está permanentemente acosándolos.

A veces los hombres se quejan porque no le permiten que sus obsesiones se realicen, hay un tema clásico, una obra de teatro  “Ella en mi cabeza” de Oscar Martínez protagonizada por Julio Chávez, esto es una parodia de esta cuestión que a veces los hombres no perciben que la mujer es un síntoma. ¿Cuando no lo perciben? Por ejemplo cuando van a consultar y dice ‘vengo porque mi mujer me mandó’, ‘y por qué lo mandó? “… ‘y porque ella dice que yo estoy mal por tal y tal cosa’, ‘y usted qué dice?’, ‘no, yo no estoy mal’, pero él obedece.

Lo ejemplifico de esta manera para que se perciba que no necesariamente el sujeto lo ubica como un padecer, lo ubica como algo que lo obliga.

Entonces en la elección de pareja una mujer puede funcionar como padre, puede funcionar como no, puede funcionar como un Superyo, y por lo tanto puede funcionar como un síntoma. O sea que amplía el campo desplegado por Freud de los síntomas individuales de las neurosis, Lacan amplía ese campo.

Hay otra formulación del síntoma en Lacan que es que llama síntoma de manera general a todo lo que sustituye como malestar a la relación sexual que no hay. Entonces el síntoma funciona ahí como una suplencia, o sea también es una generalización del concepto de síntoma que no abarca sólo el síntoma llamado individual, es mucho más amplio que eso.

Y finalmente Lacan propone el tan conocido término y a veces mal entendido, el término sinthome, el síntoma como sinthome, que se despliega en el terreno de la investigación de cómo algunos sujetos pueden llegar a hacer un sinthome.

¿Qué es un sinthome? Aquello que funciona como soporte en el hacer de la vida de un sujeto. Como cuando alguien dice no me podría haber dedicado más que a esto, y ese ‘esto’ a lo que se dedica es algo que lo hace sufrir y le da alegrías, satisfacciones.

Para darles una idea, una de esas formulaciones fue Joyce, en forma privilegiada, porque Joyce aparte de tener esa función, su relación con la escritura, con la obra y la publicación, le mostraba a Lacan un cierto camino de cómo puede haber un síntoma vaciado totalmente de sentido a través de su obra escrita “Finnegan’s Wake”, o sea que el sinthome implica algo que está vaciado de sentido, no es que implica un sentido como en Freud, algo que habla ni algo que quiere decir algo, no quiere decir absolutamente nada. Ahí entramos en el terreno a considerar el síntoma en el sentido de un saber hacer, un saber hacer con algo.

Esto puede ser resultado de un fin de análisis o puede ser que algunos sujetos en algunas estructuras en particular, como en el caso excepcional de Joyce, uno pueda esto localizar.

Y entonces abre todo un campo de investigación que se dio en llamar también el campo de las suplencias.

Las suplencias en las psicosis tanto ordinarias como en los inclasificables de las psicosis que no son las psicosis extraordinarias, las suplencias son otros tantos síntomas, o sea que tenemos ahí todo un terreno de investigación, como cada sujeto hace un síntoma para arreglárselas en la vida.

Hoy vamos a meternos poco a poco en cuestionar la idea limitada de que el síntoma se reduce a la alteración específica de una función. Como por ejemplo uno dice el síntoma histérico es la transformación de una función del organismo que en vez de funcionar según los lineamientos orgánicos, funciona de otra manera. Entonces uno tiene la idea de que el síntoma histérico se articula solo a la cuestión del cuerpo y a esa parte del cuerpo. En un cierto sentido es así, pero vamos a ver por lo que vamos a articular, por lo que dice Freud, por lo que dice Lacan, que abarca la totalidad de la vida del sujeto.

Entonces vamos a notar que se trata de un criterio que uno puede decir parcial en cuanto a esa parte del cuerpo, pero total porque concierne a la vida total del sujeto. Freud lo dice así, forma parte de la vida sexual del paciente y de la totalidad de la vida, no es una parte nada más, ahora veremos cómo”

 

Errores XXV

Es bastante frecuente, a pesar que han pasado más de 100 años de existencia del psicoanálisis, que un analista se encuentre en la vida, por fuera de la práctica misma del psicoanálisis, ante comentarios casi de sentido opuesto. En un caso es: “He tenido tal sueño. Me podría decir qué significa” En el otro caso: “Su presencia me incomoda porque usted puede estar escuchando y observando haciendo interpretaciones cuando la situación no da para que usted interprete”

Me ha ocurrido esto en reuniones familiares, sociales y en el consultorio. Lo que es más llamativo es en reuniones en donde la cuestión tratada es el arte, en el ámbito de la creación literaria o en el ámbito de la pintura. Terror a la interpretación o demanda de interpretación.

Cualquiera de esos comentarios ubica al analista en forma indudable en una función de intérprete solicitando la interpretación o temiéndola, siempre fuera del contexto de la experiencia analítica. Es una demanda de saber sin que, y esa es la pretensión, participe el inconsciente. En cualquiera de los casos se pasa por alto ciertas condiciones para la interpretación, y de entre ellas, la fundamental, el consentimiento a recibir la interpretación y dejarse atravesar por ella. Y el consentimiento a hacer que para aquel que pregunta por el sentido de un sueño o un lapsus participe del mismo con su suposición.  Se puede decir que antes que aceptar la interpretación de un analista cabe la pregunta: ¿aceptas la interpretación de tu inconsciente? En efecto, antes de toda cuestión preliminar a un lapsus o un error, ¿es para ti un lapsus o un error? Vivimos en un tiempo en que o vamos hacia la interpretación o hacia la perplejidad. Vamos hacia la movilidad de las interpretaciones o vamos hacia la fijeza, en la que no hay ni lapsus ni error, esto es, no hay síntoma.

En éste sentido, cabría entonces considerar para toda orientación de la cura, los cinco estatutos del síntoma que hemos tratado en el Seminario “Clínica de los síntomas contemporáneos” del año 2011, en la clase N°5 dictado en el marco de los Seminarios diurnos en la Escuela de la Orientación Lacaniana: Allí decíamos: “C.D.G.: Hay una afirmación con la que comienza Freud en la Conferencia XXIII “Los caminos de formación de síntomas”, una afirmación que hay que tener presente para mi gusto, con un cuadrito en el consultorio, en la sala de espera, dentro del consultorio también.

Esa afirmación dice: A juicio de los legos, los síntomas constituyen la esencia de la enfermedad. Para ellos la curación equivale a la supresión de los síntomas.

Entonces toda la gente que llega a análisis lee eso y se ubica, o sea, a juicio de los que no saben, de los que opinan.

A renglón seguido va a decir que este criterio es el de los médicos. Por supuesto en todo lo que va a seguir desarrollando Freud no va a estar de acuerdo con esto. Va a terminar diciendo en un primer apartado de esa conferencia, algo que tiene resonancias con lo que es el tema del próximo Encuentro Internacional, va a terminar diciendo así: Estar enfermo es en esencia un concepto práctico, dado que el síntoma requiere una cantidad de energía para ocuparse de él. Pero si se sitúan en un punto de vista teórico y prescinde de estas cantidades podrán decir perfectamente que todos estamos enfermos, o sea que todos somos neuróticos y que el síntoma puede pesquisarse en las personas normales. Página 326, es el primer párrafo de la Conferencia XXIII “Los caminos de formación de síntomas”.

¿Por qué traigo este párrafo? Primero para subrayarles e indicarles de qué manera nos podemos situar como analistas frente a los síntomas. Freud va a situar el síntoma en relación a la esencia de la neurosis, y en todas las neurosis, es decir, no va a considerar que el síntoma es algo a suprimir, como enfermedad, exclusivamente como criterio médico. Ahora vamos a ver cómo va a abordar el síntoma de una manera muy peculiar al comienzo de estas Conferencias.

Segunda cuestión es para indicarles también que el síntoma como enfermedad, exclusivamente como enfermedad, es un síntoma médico, no hay que olvidarse de esto. Síntoma como enfermedad es un criterio médico, exclusivamente médico.

Lo exclusivamente médico también es que el síntoma sea enunciado y dicho por el médico y no por el paciente. Entonces tenemos dos criterios: concepción del síntoma como enfermedad, médico. Y concepción del síntoma hecho por el otro, es decir por el médico, o aún un asistente social, o aún un psicólogo, o aún a veces en algunas ocasiones algunos psicoanalistas, el síntoma planteado así es de criterio médico.

Esto nos lleva a algo que formulé en la primera reunión de nuestro Seminario que es la generalización en el mundo contemporáneo de llamar síntoma a diferentes cuestiones. Al mismo tiempo se pierde la especificidad del síntoma. En vez de llamarlo síntomas se los llama trastornos, pero un criterio para que esto quede más en evidencia, un hecho denunciado de violencia familiar o de violencia doméstica, al estar incluido en la Organización Mundial de la Salud cómo un problema médico, un problema de salud, pasa a ser una cuestión legal y una cuestión médica. Legal cuando se la denuncia y se hace intervenir al discurso jurídico y médica, en el modo de tratarlo que implica medicamentos, ir al psicólogo. Cuando el que realiza la acción violenta ni lo considera, muy lejos de considerarlo un síntoma.

Entonces en el año 2000 es incluida la violencia en la Organización Mundial de la Salud como una cuestión de salud, y por lo tanto la significación que empieza a tomar todos los fenómenos de violencia es del lado de un síntoma, de algo que no funciona y que tiene que ser tratado, si no es tratado es condenado, tratamiento psiquiátrico, tratamiento psicológico o condena, pero los tres tratamientos están incluidos dentro del paquete de lo que sería la salud, es para darles un ejemplo. Lo mismo ocurre con la cuestión de la droga con algunas diferencias.

Entonces esta clínica , ¿dónde conduce y qué caracteriza a esta clínica? Es una clínica de la lengua del Otro, no es una clínica del inconsciente ni una clínica del sujeto. Por qué una clínica de la lengua del Otro?  Porque la lengua del Otro es la lengua que genera la Organización Mundial de la Salud como puede ser el DSM, es una lengua que hace una tipología de síntomas. ¿A qué se presta esta tipología de síntomas? Se presta a que los pacientes digan ‘soy tal cosa, me ocurre tal cosa’, como puede ser también un ataque de pánico, donde no articulan nada de sí en “su texto”.

Entonces tenemos un síntoma que es el síntoma de la época, que es el síntoma de la lengua del Otro. Esto tiene un nombre dado por Miller que es una clínica del amo.

Clínica del amo es un Otro dice qué soy yo, no lo digo yo ni lo dice mi inconsciente, un Otro, esto es una institución me dice que soy depresivo, una institución me dice lo que fuere, que soy violento, o que soy víctima de la represión.

Entonces vamos a ubicar aquí una especie de cartografía del síntoma que sería así, podemos decir síntoma, lengua del Otro, lengua del Otro que es mediante ciertos términos que son descriptivos, que son extraídos de las conductas, de los comportamientos, de evaluaciones estadísticas, con eso se construye una clínica de los síntomas.

 

Errores XXIV

Concluimos en la nota anterior que la interpretación del inconsciente es una interpretación de través. A pesar de que tenemos el nombre de través, no deja de ser enigmática.

¿Qué implica de través? ¿Qué significa? “A través de” indica que una cosa se hace u ocurre pasando o cruzando por en medio o de un lado a otro de algo; por ejemplo: se abrió paso a través de la multitud. También significa que una cosa se hace u ocurre mediante la utilización de otra o gracias a otra: lo envió a través del servicio de correos. Través presenta otros significados como:“al través o de través “ En dirección o posición transversal u oblicua: se colgó la cartera al través. El significado directo es “inclinación o torcimiento” También hay otras figuras de “través” como: fig. Desgracia, fatalidad. Al, o de, través. loc. adv. En dirección transversal. Al, o a, través. Por entre. marítimamente significa: Dirección perpendicular a la de la quilla. militarmente significa: Obra exterior para estorbar el paso en parajes angostos. Parapeto para defenderse de los fuegos enfilados.

¿Se entiende qué significa entonces? Significa que el inconsciente interpreta a través de otro término que el significado del término que utiliza. Podríamos decir que la interpretación del inconsciente es la interpretación por excelencia ya que dice una cosa mediante otra, a través de otra. Esa es la interpretación a la que se debe acercar el analista.

En algún lado Lacan dice que la llamada interpretación del analista es una pálida copia de la interpretación del inconsciente. ¿Por qué Miller dice en la página 44 de “Entonces Sssh…” que el inconsciente interpreta regularmente de través? Porque hay ocasiones en que se manifiesta en las formaciones del inconsciente una interpretación que es un calco de lo dicho o de lo ocurrido en la vigilia, sin deformación ni través alguno. Este es uno de los signos en que en las psicosis hay “formaciones del inconsciente”, por ejemplo, sueños en los que no hay ningún de través porque el llamado “de través” tiene por principio la sustitución, esto es la metáfora: una cosa por otra, una cosa mediante otra.

Miller dice: “Es una máquina así, el inconsciente, una caja negra. Se entran cierto número de palabras, a veces palabras amables, que el analista llega a decir, sobre todo en la versión cortés que indicaba, y después sale algo- me ha dicho cosas horrorosas. Con lo que me ha dicho no he podido dormir en toda la noche…”

Entonces siguiendo la propuesta de J.A:Miller tenemos la tesis de que el inconsciente interpreta y la tesis que el inconsciente interpreta de través. A estas dos tesis le agregamos la interpretación del analista y la interpretación del analizante. Respondí así a las preguntas y las propuestas sobre las diversidades de interpretaciones. Queda sugerido y no desarrollado ¿qué implica interpretar y cuándo se acaba el error y el lapsus?

 

Errores XXIII

La enigmática interpretación del inconsciente.
Miller en el texto anteriormente citado “Entonces Sssh…” dice que el inconsciente interpreta de través y si es así, no se puede preveer en absoluto cómo el inconsciente interpreta. Para ejemplificarlo trae un ejemplo de su práctica: al despedir a una paciente dice: es inútil continuar, añadiendo al momento siguiente hasta mañana a tal hora. La paciente vuelve al día siguiente y cuenta un sueño del que Miller no da detalles y del que solo menciona un trozo: pulgas en la vagina.
Dice Miller: “Imagen penetrante, al menos sorprendente…es que las pulgas son algo que salta y que, por culpa mía, ella había tenido que saltarse una sesión. Era el equivalente de yo me lo salto- me salto una sesión-
Se dan cuente de que esteacontecimiento, que habría podido despertar la pulsión agresiva, se encuentra allí de una manera contingente o al menos imprevisible, y de grandes consecuencias para el análisis, el inconsciente había interpretado en un sentido sexual, sin conectar en absoluto con la dirección ser hechado, ser abandonado; etc. Por el contrario, es el saltarlo que el inconsciente había interpretado de través.
De través, ¿qué significa? De través no es a través. De través es de través del sentido hacia el que se orienta el goce del fantasma; en ésta ocasión, el analista se saltea una sesión y el inconsciente a través del fantasma interpreta que al saltearse la sesión el analista éste desea abandonar a la paciente.
De través significa pasar de salteo de sesión a algo que mediante una pulga está alojada en la vagina y esto implica por lo menos que el inconsciente usa el saltear representándola mediante un significado arrastrado mediante la particularidad principal del olvido: el saltar representado mediante la langosta.

Errores XXII

Continúa Miller: “Cabe agregar que el punto común e esas dos interpretaciones es que son reproches.
Uno le dice mostrándole la mejilla: “¡Usted debería haberme hablado de eso!” En otras palabras, “¡Qué calladito te lo tenias!” Si el otro le hubiera dicho “Usted ama sus fantasmas”, habría sido una constatación, teoría, pero “Usted ama demasiado sus fantasmas” es el juez. Por lo tanto son reproches.
Lo que lo impactó son reproches: uno que le dice Usted omite y el otro que le lanza Usted exhibe.
También está el hecho de que los dos lo miran directo a los ojos; o sea que para usted cada una de esas interpretaciones es un golpe que recibe.
En efecto le arrojé un demasiado (¡demasiado es demasiado!) señalando una plétora. No es mi método, ¿no es cierto? Pero usted tenía detrás más o menos veinte años de análisis, y hay un momento en que es demasiado, algo era demasiado. Y en el fondo todo esto era para llegar al punto crucial, que es la conexión entre el miedo a los golpes del analista y el amor al padre.
Golpes. Usted recibía visiblemente golpes, cada interpretación lo era. Usted mismo dice: “El miedo a los golpes del analista se transmutaba en deseo de los golpes-dice usted-, deseo que velaba el del sujeto de ocupar el lugar de la mujer violada en su fantasma”. No son interpretaciones “
Podemos sopesar aquí que ante la interpretación del analista está la interpretación que realiza el analizante en el transcurso del análisis y esa interpretación del analizante tiene un sesgo muy preciso, el sesgo del fantasma y un ángulo que es el de una interpretación que es una interpretación que no sigue al fantasma: es un demasiado.
¿Qué es un fantasma? Un fantasma es una frase que se goza y con la cual se goza. Un fantasma es un mensaje cifrado que encubre el goce, una frase que se rige por el principio del placer.
El significado que toma para el paciente una interpretación del analista abre dos vías: una, la del fantasma, la interpretación que se hace con lo que se dice: este sujeto amaba sus fantasmas, en la ocasión, esa dramaticidad. El otro espacio es aquel que produce una separación de ese goce, de ese fantasma que en la ocasión está formulada con un demasiado.

Errores XXI

Concluimos la vez pasada que el inconsciente no interpreta de manera segura. Ya lo habíamos confirmado bajo la forma en que se tomaban y se interpretaban los sueños en la antigüedad. Tomamos también la referencia de Miller de Catalina de Medicis.
El inconsciente contribuye a la humanidad equivocándose y haciéndonos equivocar. No nos conduce a lo seguro, a la certeza, a lo infalible. En la antigüedad cuando ellos tomaban lo que provenía de los sueños como mensajes de los dioses, en el siglo XVI con Catalina o en el siglo XXI en los lapsus de los políticos.
No todos los psicoanalistas toman la tesis de Miller de que el inconsciente interpreta y no todo psicoanalista acuerda con las diversas interpretaciones que enunciamos en Errores diferenciando La interpretación del paciente, la interpretación del analista, la interpretación del inconsciente y la interpretación  de revés.
La interpretación del paciente es la interpretación que hace de la interpretación que hace de la interpretación que recibe del analista. Pero también la interpretación del paciente es la interpretación que hace a partir de su fantasma inconsciente. La interpretación del paciente.
Miller dice en “Sutilezas analíticas” página 210: “ Así como Lacan podía decir que el analista forma parte del concepto de inconsciente, hay que subrayar que el analizante forma parte del concepto de interpretación” A renglón seguido Miller le dice a Bernand Seynhaeve: “ Por cierto, usted tomó interpretaciones tan tontas que resulta claro que si se vuelven agalmáticas ( esto es Cuando Lacan al inicio del capítulo que, en el seminario sobre la transferencia, dedica al Agalma advierte acerca de que el primer aspecto que aflora de esta palabra: ornamento, aderezo, puede conducir muy lejos, la abre con los interrogantes siguientes: De quoi se pare-t-on? Pourquoi se parer? Et avec quoi??Prevenirse, precaverse, protegerse, adornarse, ¿de qué, porqué, con qué? Lacan, por su parte, nos previene acerca de que lo que tiene que decir a propósito del agalma es para reintroducir, como aporte del psicoanálisis, una articulación esencial en la cuestión de la naturaleza del amor, que permanece generalmente elidida.
En el Dictionnaire étymologique de la langue grecque de P. Chantraine, encontramos: agallomai, agalma, según el lexicógrafo Hesiqui ? es todo aquello en que uno se complace o se alegra?.
La palabra se aplicaba a los reyes y a los dioses a propósito de ofrendas, de oro, de tejidos, por ello a veces equivale a agamaloin, ofrenda. ¿Complacerse o complacer? Adornar, precaver, proteger. Significa entonces que esas interpretaciones toman un valor especial, de adorno, de complacencia)

Errores XX

Quedamos en lo poco que es a veces la interpretación del analista. Recordemos que hace varios números atrás habíamos enunciado siguiendo lo que Miller destacaba de Lacan que era una cierta pretensión de autoría que el analista se considerara el propietario o el dueño de la función de interpretación.
Es muy cierto que la función del analista es interpretar pero la interpretación del analista, habíamos dicho no es exclusividad del analista.
El inconsciente interpreta y el analista se acerca, se aproxima hace de las veces de ese inconsciente intérprete. Habíamos dicho que Lacan sugiere esto y que Miller lo explicita. Más aún, no mencionamos, lo hacemos ahora, Miller en el texto mencionado “Entonces: Sssh…” en la página 43 en el capítulo titulado “Apología de la sorpresa” dice que lo que él enuncia, esto de que el inconsciente es intérprete está en Lacan, que ésta tesis está en Lacan y que hay analistas que dicen que no. Entre ellos Pierre- GIlles- Gueguen.
Miller dice explícitamente: “Esta tesis, usted dice- No está en Lacan”. Yo pienso que sí está en Lacan- Puede discutirse. Usted dice- Es algo que se concluye de Lacan. Yo daría todavía más a Lacan. Voy a añadir algo más, un poquito a esta tesis de,  el inconsciente interpreta, un giro irónico. Sería maravilloso que el inconsciente interprete, si en su interpretación, fuera tan seguro como la pulsión.
La pulsión, concepto de Freud, designa algo que no se equivoca nunca. El deseo por el contrario. se equivoca siempre… SI el inconsciente interpretara de una manera tan segura como la pulsión sigue su camino, diríamos por ejemplo- No le des más vueltas, duerme y después en sueños verás qué pasa. Por otra parte.
En parte se ha hecho esto.  Se ha trabajado en los sueños con ésta idea- Sueña y sabremos lo que va a sucederte, estaremos seguros. O también, – Ves a la calle, escucharas algo, me lo traerás, y será justo lo que hacía falta”
La historia abunda en ejemplo donde, para prevenir el peligroenunciado, el sujeto toma medidas que lo llevan precisamente al centro mismo del peligro y, en ocasiones adelantan su muerte. Fue a Catalina de Medicis que le dijeron- No hay que acercarse a Saint- Germain. Entonces huyó de todos los lugares donde estaba Saint- Germain. Saint-Germain l’Auxerrois, y después, cuando estaba en el último suspiro, llega el cura, ella le pide su nombre, él le dice Saint- Germain y comprende que ha llegado el final”

Errores XIX

Quedamos en nuestro último texto en una frase destacada por mí de Miller: “Sólo diré que lo que me ha enseñado a mí en particular es hasta qué punto las interpretaciones del analista son creación del analizante”. Porque en efecto, lo que enseña el testimonio, no es el único, es que hay una distancia entre lo que dice el que pasó por la experiencia del análisis y lo que puede llegar a decir el analista mismo de esa experiencia.
Miller afirma en la página 209 que “…al sostener que usted ama demasiado sus fantasmas”, no tenía la menor idea- y ciertamente tampoco el deseo- de provocarle una angustia loca que duró dos años. Tengo de todos modos la necesidad de aclarar que seynhaeve, durante esos dos años, se ocupó de su trabajo, muy absorbente y que demandaba mucha vigilancia, mucho temple. Por lo tanto, “angustia loca”…
“Son sus términos, los respeto. Pienso que incluso pueden interpretarse ( o sea que Miller considera que aún, quizás no en toda ocasión, los términos en que son presentados el pase como testimonio de la experiencia pueden interpretarse) y que hay cierta carga dramática en lo que usted expone ( es la interpretación), incluyendo este encuentro de dos años de dos cuerpos silenciosos que se dan la mano.
Hay una carga dramática que indica que usted amad demasiado sus fantasmas o, en todo caso, sabe expresarlos muy bien. Dicho esto, es libre de marcar la densidad de lo que en efecto usted sintió entonces- y que evidentemente solo puede ser captado por personas que tienen alguna experiencia en ello- ya que¿ por qué una frase como esa provoca el testimonio de que resultan dos años del atravesamiento del desierto? “Atravesamiento del desierto”, es desde mi punto de vista, una expresión más ajustada, más sobria que “angustia loca”.
Más adelante:” Por lo tanto, es usted quien las crea, como interpretaciones sensacionales que provocan sismos” “En verdad no puede decirse que usted haya tenido analistas geniales; uno le dice: “¡ Usted debía hablarme de eso!” y el otro: “Usted ama demasiado sus fantasmas”. No es gran cosa.