Reseña II. Seminario EOL 2015. Carlos Dante García

La puntuación es la manera en que Lacan nombra la interpretación en “Función y Campo de la palabra”, que se sitúa entre palabra y escrito. En ese texto también va a introducir la Acción del analista que luego será conceptualizada como el Acto Analítico. La acción analítica organiza el texto de dirección de la cura.
 
No hay una sola dirección, hay varias. La idea es reconstruir desde la última enseñanza, ubicar los momentos donde reconceptualiza.                 
 
                                                    1958                       1963                          1967
Función y        Acción              ——                   ——                          ——
Campo             
                         Puntuación       ——                   ——                         ——
 
                        Rectificación      ——-                 ——-                        ——
 
 
Hay tres niveles donde Lacan sitúa la acción del analista.
 
Rectificación: habitualmente se entiende que mediante la interpretación del analista se asume la responsabilidad de lo que se dice o de lo que dice que hace, eso implicaría asumir la responsabilidad. La idea es “me hago cargo”,  “soy responsable”. Entenderla así tiene efectos: a- refuerzo moral del superyó, b- incremento de la represión.
 
Cuando la interpretación (en forma de puntuación) no incluye la dimensión de hacerse  cargo o ser el responsable, también tiene efectos:
 
a-las asociaciones son incoherentes (son por incoherencias, o lo que dicen no lo entendemos porque el paciente empieza a hablar de otro modo),
b- las asociaciones por contradicción,
c- las asociaciones son sorprendentes, dimensión de incoherencia.
 
El síntoma en el final de análisis tiene la particularidad de ser egosintónico (ha dejado de ser extraño, aunque conserve cierta opacidad).
 
 
12 de Junio 1963. Seminario de La Angustia: “Implicación quiere decir, romper la egosintonía del síntoma, es quebrar la conducta sintomática”. Para que el síntoma salga del estado de enigma, aún informulado, el paso que hay que dar no es que se formule, es que en el sujeto se esboce algo que sugiere que hay una causa para eso. Cuando la causa es capturada bajo la forma del fenómeno. Es únicamente por esta vía que la implicación del sujeto en su conducta se rompe, y esa ruptura es el complemento necesario para que el síntoma sea abordado por nosotros en el análisis”.
Quebrar su conducta, implicarlo en su conducta.
 
Definición de síntoma en Lacan: Es lo que el sujeto reconoce de sí, sin reconocerse en eso.
 
1967. Se producen 3 textos del 67 al 69 (Proposición del 1967- Proposición del 9 de Octubre de1969 – Seminario del Acto)
 
Rectificación: Una verdadera invitación al análisis exige que antes de la rectificación subjetiva del paciente haya una destitución subjetiva del analista.
 
“La dirección de la cura y los principios de su poder”, página 567:“ Digamos que en el depósito de fondos de la empresa común, el paciente no es el único con sus dificultades que pone toda la cuota. El analista también debe pagar”.
 
 1- Táctica- “Pagar con palabras sin duda, si la transmutación que sufren por la operación analítica las eleva a su efecto de interpretación.” La operación analítica es la asociación libre (asociación incoherente), la apertura del Icc o el sujeto dividido. Deja de hablar el yo y empiezan a hablar los significantes. La AL es ya una operación de transferencia.
 
2- Estrategia- “Pero también pagar con su persona, en cuanto que, diga lo que diga, la presta como soporte a los fenómenos singulares que el análisis ha descubierto en la transferencia”. Su persona se presta eso  implica que no queda identificada con eso. 
Destitución subjetiva del analista:
 
a) Admitir que no es sujeto
b) Aceptar ser tomado como ste.
c) Acepta ser tomado como objeto.
d) Acepta ser la causa de lo que se dice.
 
Maniobras en la transferencia y en el manejo del tiempo. El analista debe deponer todo juicio correctivo, de condena, de reprobación, de absolución. La AL era posible si el analista daba muestras o signos, o sostenía la abolición o el rechazo por su parte de todo juicio moral. 
 
La neurosis se organiza a partir del juicio (superyó).
 
3- Política “¿Olvidaremos que tiene que pagar con lo que hay de esencial en su juicio más íntimo, para mezclarse en una acción que va al corazón del ser: sería él el único que queda fuera del juego?” 
 
Cuando se recibe al paciente por primera vez, cuando se lo sigue recibiendo, cuando se lo invita a que asocie libremente, cuando se lo interpreta, ¿sabemos  para dónde vamos?
La respuesta es NO, en absoluto. No se sabe el alcance que tiene la acción. El juicio más íntimo es que el analista no sabe adónde va, si supiera adónde va, no hay acto analítico.
El juicio más íntimo es  “NO SE”. Con la acción analítica se modifica el corazón del ser del sujeto. No puede saber cómo el sujeto va a transformar su relación con la satisfacción. Entonces no sabemos qué va a pasar en la próxima sesión.
 
La más genuina, la verdadera dirección de la cura está del lado del analizante.
 
Los principios de la interpretación vienen del Icc del analista.
 
El acto analítico se tiene que renovar en cada sesión, con cada paciente.
 
INTERPRETACIÓN- MANEJO DE LA TRANSFERENCIA- DIMENSIÓN DEL ACTO.
 
 
 

Reseña I. Seminario EOL 2015. Carlos Dante García

                                              

                                                             Martes 07 de Abril 2015

 

Clase de Apertura

 

Conferencia de Lacan “Lo simbólico, lo imaginario y lo real” de 1953 donde se puede apreciar que desde 1953 Lacan intentaba, mediante los registros, organizar la experiencia de una sesión. Esto lo siguió  realizando, investigando a lo largo de su enseñanza.

Trata de ubicar por ejemplo el recorrido de una sesión a través del esquema Landa o del esquema Z o a través del grafo del deseo.

Miller también hace esto, en Sutilezas analíticas, distingue tres momentos del análisis, un análisis que comienza, el que se desarrolla y el que finaliza. Cada uno de estos momentos tiene un modo de decir diferentes.

Otra referencia en el Partenaire-Síntoma, señala como un primer movimiento del análisis con la inclusión de la regla fundamental es el pasaje de lo imaginario a lo simbólico.

Comentario que hace Lacan en un seminario de 1978, todavía no establecido: "Topología y tiempo": "Mi intención cuando comencé mi enseñanza  era desmontar el Freudismo, no a Freud con sus propios términos, con la intención de volver al diálogo analítico con y a partir de eso términos que Freud utilizaba”…”¿las relaciones entre el paciente y el analista incluso las relaciones del lenguaje,  no serian esencialmente mágicas? Freud en vez de utilizar un vocabulario filosófico establecido se vio conducido a un extraordinario esfuerzo, el esfuerzo de inventar un lenguaje que le permitió volver a trazar de una manera evocadora y persuasiva  el movimiento de la experiencia humana, sus nudos, sus momentos”.

Lacan también inventa un lenguaje. Todos repetimos ese lenguaje.

Inventar el lenguaje y descubrir el lenguaje del inconsciente son dos cosas distintas.

A esa invención Freud la denominó Psicoanálisis.

¿Podríamos practicar el psicoanálisis sin la invención de ese lenguaje?

Lacan cuando dice desmontar es reconocerlos y al mismo tiempo cuestionarlos.

 

EL título "La dirección de la cura y los principios de su poder" sugiere que hay más de una dirección.

Lacan incesantemente revisa la dirección de la cura  desde donde venimos y hacia donde vamos cuando dirigimos una cura.

La dirección de la cura es dirección de tratamiento, no cura. Una dirección es alinear, ordenar las cosas de determinada manera.

Lacan entendió que es necesario alinear las cosas de determinada manera.

¿Cómo lo llamamos?: Pasar de la queja a otra cosa. Pasar de quejarse a hablar de otra cosa.

 

Proponemos principios: Son 8: “Principios rectores del acto analítico” por Eric Laurent  presentado durante el Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis en Comandatuba en el año 2004. Resultados de la elaboración de distintas escuelas elaborados por G. Brodsky.

Pueden encontrar esos principios y los comentarios en el Blog de la Asociación Mundial de Psicoanálisis mediante la página de la E.O.L

http://ampblog2006.blogspot.com.ar/2006/09/principios-rectores-del-acto-analtico.html

 

En la propuesta del seminario están incluidos tres de estos principios.

 

Primer principio: El psicoanálisis es una práctica de la palabra.

¿Qué particularidades tiene esa práctica de la palabra, 1951/53 a 1980? ¿Ubicar como puede haber en la práctica de la palabra algo de lo escrito, algo de lo real?

El analista puntúa el acto del analizante.

La base fundamental de la interpretación es la puntuación.

La puntuación permite componer el tejido del inconsciente.

“La interpretación se manifiesta tanto del lado del psicoanalizante como del lado del psicoanalista. Sin embargo, el uno y el otro no tienen la misma relación con el inconsciente pues uno ya hizo la experiencia hasta su término y el otro no”.

Diferente relación de cada uno con el inconsciente.

 

Quinto principio: “No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica”.

Los casos de Freud indican que hubo distintos tratamientos.

No se puede generalizar el recorrido de un tratamiento, solo hay recorridos singulares. NO hay UNA dirección.

 

Sexto principio: “La dirección de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizadas”.

Leer: “Confesiones de un psicoanalista” de Teodoro Reich.

 “La duración de la cura se define a medida”, no hay una duración fija, de antemano.

“Una cura se prolonga hasta que el analizante este suficientemente satisfecho de la experiencia que ha hecho. Lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino el acuerdo del sujeto consigo mismo”.

Hipótesis para el seminario es que en Lacan hay una revisión incesante de las diferentes direcciones.

 

Texto a utilizar para estas diferentes direcciones:

* Conferencia: “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”          http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc2.php?doc=462

* Función y campo de la palabra. Escritos 1

* La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2

* Seminario La angustia.

* Seminario  Aun

* Seminario El sinthome

           

Cambian tres cosas:- el fin del análisis

                             – el valor de la interpretación

                             – el estatuto del inconsciente.

 

Ejemplo: La interpretación pasa de su valor simbólico a su resonancia metonímica- a apuntar al objeto causa – a su resonancia libidinal- a ser una práctica sin valor, a una interpretación que Miller denomina borromea-que agujerea todo sentido.

 

Primer recorrido: Se basa en una  cita de Lacan en Función y campo de la palabra. Escritos 1, pág. 301:

“Testigo invocado de la sinceridad del sujeto, depositario del acta de su discurso, referencia de su exactitud, fiador de su rectitud, guardián de su testamento, escribano de sus codicilos, el analista tiene algo de escriba”

 

La función del analista está presentado por Lacan no solo del lado del escuchar sino en su función de escriba.

“Es ante todo el que puntúa, como hemos dicho, su dialéctica. Y aquí. Es aprehendido como juez el precio de ese discurso”.

 

                  -Puntúa /- Juez.

 

La suspensión de la sesión tiene valor de puntuación.

 

“La puntuación una vez colocada fija el sentido, su cambio lo renueva o lo trastorna, y, si es equivocada, equivale a alterarlo”.

"Si no hay puntuación genera ambigüedad, la indiferencia en el corte tiene efectos desbastadores”

 “La puntuación decide el sentido”. Es algo que agrega el analista. Es un efecto de sentido.

 

¿Qué es la puntuación?

Toca dos cuestiones: 1- El tiempo de la sesión

                             2- Algo en relación a la palabra y también algo en relación a lo escrito.

 

Puntuación en la escritura y sin la escritura:

 En la escritura: Los signos tipográficos acompañan  lo que está escrito pero no es igual a eso.

La puntuación cuando no se tiene un texto escrito es lo que tiene de escrito la palabra.

 

Miller: “La invención de la tipografía es la condición de la practica psicoanalítica”

-Texto de San Agustín: “Confesiones

 

Con la puntuación en los textos comenzó la lectura interior. La lectura silenciosa no existía hasta el siglo IX

El puntuar tiene el valor de destacar, no dice nada pero lo destaca y se comienza a cambiar el sentido de aquello que acaba de decir.

 

¿Cómo el analista usa de las comas, de los puntos, si no hay nada escrito?

Diferentes formas: Suspender la sesión, destacar una frase, gruñir, el suspiro, la exclamación. Algo que tiene que ver con la modulación, el uso de la voz.

La puntuación no tiene que ver con el contenido. Tiene que ver con lo escrito.

El analista tiene algo de editor: va editando.

Edición y lo escrito en la palabra es la condición para introducir a alguien en el inc.

Poner en condiciones al sujeto a leer lo que dice sin explicarle.

 

 

Referencias bibliográficas:

*Lacan:

– Conferencia: “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”          http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc2.php?doc=462

 – Seminario 26 “Topología y tiempo”

– Función y campo de la palabra. Escritos 1

– La dirección de la cura y los principios de su poder.Escritos 2

 

* Miller – Sutilezas Analíticas

            – El partenaire-síntoma.

*San Agustín: Confesiones.

*Theodor Reik: Confesiones de un psicoanalista.

 

“Los sonidos gustan…” Parte I

Con los padres

Los padres de Camilo asisten a una primera entrevista y relatan que, desde el jardín de infantes, los citaron para comunicarles que el niño no mira a los ojos, no habla, sólo emite gritos y corre dentro de la sala sin aceptar pautas mínimas. En ocasiones sale corriendo del aula y se va a la plaza del jardín, a jugar en la calesita y en la hamaca. Los padres comentan que en su casa él habla algunas cosas, les señala lo que quiere, se hace entender con gestos. Se va a dormir solo, no le gusta el contacto.

Todavía está con pañal pero pis pide. Les han dicho que sus juegos son estereotipados, repetitivos y que no juega con los demás nenes en el jardín. Yo creo que es normal ese juego a los dos años y medio no?, pregunta su madre. Les pregunto qué creen ellos, a lo cual responden que ellos han notado un cambio al año y medio, “él era un bebé normal, nos miraba todo el tiempo a los ojos, decía algunas palabras como mamá, la papa…

-Qué sucedió al año y medio? Un accidente automovilístico, ocurrió un choque muy fuerte y Camilo voló por el aire dentro del auto y pude sujetarlo con mis brazos. Era difícil salir del auto, los gritos… la chapa aplastada no permitía que pudiéramos salir. Desde ese momento él se durmió durante once horas corridas. No se golpeó, nos asustamos mucho, pensamos lo peor. Después se despertó bien, como si nada… pero desde ahí es como que se metió para adentro… no se.

Dos problemáticas se presentan, por un lado, el desamparo de los padres, la angustia frente a la mirada escolar, poniendo en cuestión aquello que los padres hacen, descalificando las decisiones tomadas, el haber elegido una terapia psicoanalítica, señalando como falta el que no hayan llevado al niño a un neurólogo para que lo mediquen. Por otro lado, la escuela que impone la medicación como el protocolo a seguir, junto con una terapia cognitivo conductual como única opción. Una posición amo que no da lugar a la subjetividad no sólo del niño sino de los padres, lo que ellos tienen para decir no es tenido en cuenta, no es necesario cuando la escuela es un gran Otro que sabe lo que hay que hacer.

Estos padres han ido trazando un recorrido por diversos colegios, debido a que el niño “alteraba” el desempeño de los grupos por los cuales había transitado, ya que estaba “en su mundo”. Una mirada desde el déficit que opaca lo singular, lo que puede ser una opción única entre otras, resultaba ser inconveniente. Finalmente, estos padres encontraron un lugar, una institución educativa en la cual, la única condición que imponían era que la terapia de tratamiento no sea psicoanalítica por considerarla contraproducente.

La mamá de Camilo me pregunta: ¿te molesta si ocultamos que Camilo viene acá? Para nosotros este lugar es fundamental, pero desde el colegio no quieren que haga psicoanálisis porque dicen que los desorganizan más a los niños con autismo. Acepto que se oculte, eso no impedía nada, era para mí, tan sólo engañar al Otro de turno. Los padres incorporan una terapia ocupacional, una maestra integradora, un terapeuta cognitivo conductual, y eligen sostener el análisis decidiendo no participar a la escuela de esta decisión, ya que para ellos es el espacio en donde el niño ha comenzado a demandar. 

Cada cosa por su nombre

En el primer encuentro con Camilo podría decir que se imponía el desencuentro. Camilo entró al consultorio, su madre se quedó en la sala de espera y él ni siquiera se volteó para mirarla, hecho que me sorprendió por ser tan pequeño, esa distancia sin mirada e irse con un otro. Al cerrar la puerta comenzó a circular por la sala explorando los objetos de la misma, le acerqué algunos juguetes y los miró con detenimiento.

Corría por momentos para un extremo del lugar y luego hacia el otro cuando yo estaba en silencio. Al hablarle, ofreciéndole tomar los juguetes, continuaba explorando lo qué él elegía del lugar, le ofrecía mi palabra al nombrar cada objeto que él tocaba, la sensación era que eso dicho no era incorporado por él. Notaba que si me quedaba quieta y sin decir, él podía seguir con lo suyo sin siquiera inquietarse por mi silencio. Así continúe, ofreciéndole mi palabra, dejarla a disposición suya, para cuando decidira tomarla. Alternando el silencio y muy de a poco introduciendo algún decir.

Comienzo a tomar autos y los voy ubicando en el suelo nombrando el color de cada uno, pasa por al lado mío y observa lo que hago, toma todos los autos y se los lleva ubicándolos en hilera sobre el escritorio. Le pregunto qué es lo que hace y no hay respuesta. Suena una notificación de mensaje en mi celular y como efecto del sonido Camilo me mira, sus pupilas se fijan en las mías,entre sorprendido y asustado y le digo: rin rin rin, ¡hay un mensaje! Sonó el teléfono porque hay un mensaje.

Deja de mirarme y vuelve a explorar los objetos. Se acerca hacia unos adornos que estaban sobre un hogar a leña, se los iba nombrando, así continué, a la espera de que algo surja de su lado. Para mi sorpresa, él señala con su mano un objeto, yo se lo nombro, y así se fue iniciando un circuito en donde señaló otros objetos más.

Posteriormente, tomó mi mano con fuerza y la acercó hasta un reloj de arena que le llamó la atención haciendo que yo tome el objeto, se lo doy a él poniéndolo en su mano, lo mira, lo señala sin mirarme y se lo nombro. Y así se repite una secuencia, de los autos en fila hacia la exploración de objetos, hacia el señalar otros objetos en donde yo nombro, como si Camilo lentamente fuese escribiendo un recorrido en donde los movimientos se van acercando al borde de la palabra, auxiliado por un otro que le ordene el mundo, con el cuerpo, porque utiliza mi mano como puente hacia el objeto, y el orden con las palabras, en donde ubicamos los nombres propios a cada cosa.

“Eso no” o “trozar” el goce

Durante varias sesiones se repetía esta secuencia que iba desde el ingreso al consultorio, en donde Camilo señalaba con su dedo índice diversos objetos que se encontraban en el mismo, hasta tomar lo autos y colocarlos en fila sobre el escritorio, luego Camilo se ponía colorado y comenzaba a hacer fuerza y se hacía caca encima. Al notar esto intervengo apenas se pone colorado diciendo: “¿tenés ganas de hacer caca?” No hay respuesta verbal, tan sólo la materia fecal saliendo y él detenido, en suspenso.

Le digo “acá no, este no es el lugar, la caca se hace en el baño, vamos al baño”. Las primeras veces parecía no tener efecto mi decir, hasta que en una ocasión le digo “eso no!” variando la o con entonaciones que suben y bajan, entonación a la cual Camilo le presta atención y me mira, queda fija su mirada con la mía, sonríe y lo tomo de la mano pidiéndole a la madre que le saque el pañal y que lo ayude a tirar la caca en el inodoro.

La mamá lo sube al inodoro para que apriete el botón y en ese mismo instante emite un “¡eeeeeee!”. Le pregunto “¿se fueeee la caca? -Asiente con la cabeza- “Muy bien, ese es su lugar”-le digo Vuelve al consultorio y busca en un armario masa, la toma y me la da, la nombro y él la toma entre sus manos, saca un pedacito y se la pone en la boca, le digo “eso no se comeeee” y para mi sorpresa me mira y se ríe a carcajadas, se saca el pedazo de masa de adentro de la boca y me muestra que lo vuelve a introducir y, desde ahí, se instaura este circuito en donde Camilo en cada sesión ubicará un momento en donde repetirá esta secuencia. Durante un primer tiempo tragará la masa, mirándome en ese instante riendo a carcajadas cuando le digo el nooo se comeeee.

Tiempo después, la masa entrará para salir de su boca, repitiendo un entra y sale que le hago notar. Digo “entra y sale” y él repite “entra y sale”. Las letras y los números en goma eva son más que conocidos por Camilo, no sólo los reconoce sino que luego de varias sesiones, de convocarme con su dedo que señala uno por uno letras y números para que yo los nombre, comienza él a dejar que su voz lo haga, pero como un susurro, en forma muy bajita asoman las hilachas de su voz.

Es muy claro que esto sucede cuando él así lo decide y no cuando yo se lo demando en este tiempo de tratamiento. De esta manera, se comenzó a construir un puente en donde él vehiculiza algo del orden de una intención sin articular palabra alguna, sino que lo hace con su cuerpo, señalando los objetos para que yo los nombre. Inicialmente insistí sobre este punto, hacerle saber que yo podía nombrar las cosas y tentarlo a que se anime a ser mi doble, diciéndole este es un…. Un….¿ Qué era..? invitándolo, así, a tomar algo de la palabra.

 
 
 
 
 
 
 

“Juntos… pero no tanto”

“Juntos… pero no tanto”, es una comedia romántica protagonizada por Michael Douglas y Diane Keaton. Oren Little, interpretado por Michael Douglas, es un veterano agente de bienes raíces, con muy mal carácter y poca paciencia, el cual quiere hacer su última venta, la de una casa muy particular, y vivir su retiro en paz.

Esa casa es aquella en donde vivió durante años con su difunta esposa y con su hijo, paradójicamente, los compradores nunca logran acercarse al alto costo que Oren le ha impuesto al inmueble. Algo se representa allí, de un otro valor, que el protagonista no logra dejar ir, como si de algún modo pudiese postergar el paso del tiempo y, con él, perderse la oportunidad de vivir la vida más allá del pasado amoroso al cual permanece aferrado. Pasa su tiempo en el edificio de cuatro departamentos que posee junto a la orilla –“Little Shangri-La”- rodeado de vecinos, quienes han formado una comunidad muy unida y a quienes él trata de evitar la mayoría de las veces, cuando no está despotricando por lo ruidosos que son los niños o siendo blanco de las críticas por acaparar la entrada para los autos con su Mercedes Benz.

Diane Keaton, interpreta a Leah, una vecina que llega al vecindario y, la cual, sufrirá los desaires de Oren como el resto de los vecinos, insiste en invitarlo a sus happy hour de mojito a pesar de su malhumor, pero él la rechaza y se jacta de compararla con las casas “tan viejas” que vende como ella. Esto será así tan sólo por un tiempo, dado que todo cambia cuando, inesperadamente, Oren descubre que tiene que cuidar de su nieta Sarah, de diez años de edad, de la cual, no sabía que existía, porque su hijo debe cumplir una pequeña condena en prisión, por algo que no cometió y la madre de la niña es incapaz de hacerse cargo de la pequeña por problemas de adicción a las drogas.

Cascarrabias y mal vecino, en el señor Little, las palabras están acorazadas de odio e ironía. Rechaza hacer lazo y rechaza todo aquello que lo haga sentir en falta. “Puedo hacer llorar a quien quiera” es una frase que Oren esboza con sarcasmo, pero que, sin embargo, irá tomando otro sentido hacia el final de la película. Leah, insistente y decidida, comenzará a ofrecerle ayuda a Oren para cuidar a Sarah, quien no tiene idea de cómo relacionarse con su nieta. A regañadientes, irá aceptando algunos consejos y favores que Leah le brinde, generándose algo en común entre ambos, esto es, el deseo de que Sarah no extrañe en demasía a su padre mientras se resuelve el proceso judicial.

Su vecina es quien, de a poco, introduce a Oren en el amor, de modo que el cariño comenzará a desplegarse y, tal es así, que este señor cascarrabias, insensible y cruel, comenzará a pensar en alguien más allá de sí mismo. Además de Sarah, además de su hijo, Oren comenzará a ser permeable a la palabra de Leah, tomándola en cuenta a tal punto de interesarse en ayudarla respecto de su aficción por el canto, a partir de escucharla. Los personajes secundarios funcionan apoyando a los protagonistas y desaparecen en el momento justo, como la exquisita Frances Sternhagen, su compañera de inmobiliaria, con la única que Oren se lleva bien, porque tienen una larga historia juntos y por el hecho de que ella puede ser tan sarcástica y mordaz como él aun cuando él está más irónico que nunca. “Juntos… pero no tanto”, es un título que nos permite pensar en términos psicoanalíticos, la no relación que existe entre el goce y el Otro, entre el hombre y la mujer, poniendo en evidencia que el lazo entre los elementos es inexistente y, a la vez, indicando que el modo paradojal de enlazarse con el Otro es siempre sintomático, en el “no tanto”. Finalmente, Oren comienza a amar.

Desde una lectura lacaniana, es oportuna una cita de Jacques Alain Miller quien dice al respecto: “Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar”.*

En este film podemos situar cómo Oren confiesa su falta, en donde amar para el hombre implica ceder su posición viril, y si no ama desde su falta, desde esa posición femenina, que no se confunde con ser femenino, es que aún no ha asumido su castración, su dependencia de aquella a la que ama, pudiendo gozar con eso. Un film que nos permite ver cómo va cayendo el odio desplegado hacia el objeto amado, armadura de defensa fálica innecesaria, cuando de amor se trata.

*Jacques Alain Miller, J-A Miller. El amor. Laberinto de malentendidos sin salida

 

La salud mental hoy: ¿qué lugar para la clínica?

En esta primera entrega, para responder a la pregunta ¿qué lugar para la clínica?, Guy Briole comienza exponiendo, brevemente, tres casos clínicos. El de María, quién se nombra psicótica desde hace 20 años y busca un analista que permita la existencia de un espacio donde su palabra “no está a la deriva”.  El caso de Juan, con un  psiquiatra pedagogo y “parlanchín”, y por último el de Sylvain, quien encuentra un  espacio  “precioso” y que puede comenzar a contarse.  Estos pacientes nos enseñan, entre otras cosas a diferenciar causa y determinismo, que todos los pacientes son sujetos y que cuentan con la palabra, pero lo que importa es descubrir cuál es la lógica de los enunciados y como el paciente construye su historia. Se debe separar la verdad de lo que se dice en la transferencia de la realidad de los hechos, continúa diciendo Briole,  para no marcar la palabra de una cierta desconfianza y recusar la subjetividad, llegando a la tentativa de objetivación de la psiquiatría moderna que plantea que lo verdadero está en la cuantificación por las escalas evaluativas y lo falso es el sujeto.

 Patricia Pena

 

La salud mental hoy: ¿qué lugar para la clínica?
Parte I: El lugar de la palabra en la Salud Mental
Para introducirnos en la pregunta de hoy -¿Qué lugar para la clínica?- quisiera empezar exponiendo, brevemente, tres casos clínicos.
La palabra es del sujeto
En primer lugar daré la palabra a María, una analizante de 47 años y, según ella dice “psicótica desde hace 20 años”
María ha hecho distintos ingresos en el hospital psiquiátrico después del desencadenamiento de su psicosis sucedido en una relación “de amor apasionado” con su profesor de literatura en la facultad. Pensaba que él estaba fascinado por ella, recibía sus cartas como “marcas únicas”, estaba transportada por esa pasión en la que sólo el amor importaba, no la sexualidad. Su certeza: ella es la excepción, el amor puro. Pero los hombres siempre lo estropean todo. Su pasión se desencadena, ella se desencadena, o se mata o le mata, alrededor de ella todo le hace signo. Es ingresada en psiquiatría.
Desde hace 20 años, alterna las hospitalizaciones y los momentos en que puede hacer su trabajo de profesora de francés en el instituto. Hoy vive de una invalidez. Escribe y uno de sus libros ha sido editado; un segundo está en curso de publicación.

Su correspondencia con el profesor no ha cesado, cartas, mail, SMS… Cuando se “apasiona” demasiado, hace un intento de suicidio, “no para morir -dice- sino para sacar lo que hay en exceso en mí.” Matar el exceso, en mí”. “Mi ética es ser responsable de todo”.
Ha tenido muchas dificultades con los psiquiatras, “¡no por haberme encerrado -aclara- sino porque pensaban que no valía la pena escuchar a una psicótica!” Además, lo que aún le parece más grave todavía, ella se ha sentido “tocada en su dignidad” por una interpretación errónea según ella de un sueño. ¡En ese sueño experimentaba una gran pasión y le ponían una jaula en la cabeza! El psiquiatra, riendo, le dijo: “hay que liberar a la niña pequeña”. “Eso me volvió loca”. “Le consulto por los medicamentos que necesito. Para él, soy una enferma. Pero yo, María, él no sabe quién soy. No le interesa.”

María considera que no ha elegido ser psicótica, pero que “es una vida a vivir”. “Como todo el mundo -dice- vivo en una estructura, la mía es psicótica. Es respetable.”
Buscó un psicoanalista cuando reencontró en su psiquiatra uno de lo enunciados de su profesor: “¡no estoy a la altura!”
María: “Eso me desequilibra. Necesito pensar que alguien no va a escapar de escucharme”. María le dice al analista lo que él es para ella: el que permite la existencia de un espacio donde su palabra se mantiene, donde su palabra “no está a la deriva”.
Juan tiene 50 años. Es juez y acaba de ser trasladado a un tribunal de menor importancia: una sanción para un hombre que ya no puede hacer bien su trabajo debido a su preocupación por las dificultades de pareja que atraviesa. Es un círculo vicioso en el que las cuestiones del trabajo y de pareja se mezclan, precipitando su caída en la depresión. Tiene mucho que decir. Hace algunos meses que está en tratamiento, médico y psiquiátrico. ¡Su psiquiatra y su médico -un eminente profesor de medicina interna- están en conflicto!
¿Cuál es la situación? El conflicto recae sobre la interpretación de los exámenes biológicos: normal para el médico, un estado pre-diabético para el psiquiatra. El psiquiatra valora que eso es lo que lo pone apático, asténico, incapaz de hacer su trabajo y, por tanto, deprimido. ¡El médico no está de acuerdo! El psiquiatra se piensa más médico que el médico. ¿Y Juan? Ha quedado en impasse durante muchos meses mientras su psiquiatra le hablaba de neuro-endocrinología y de neurotransmisores. Juan ha sufrido de la inversión de la dirección de la comunicación: ¡es su

Sylvain inició su análisis cuando tenía 9 años. Es agitado en clase, no trabaja, es hostil con los otros y se hace rechazar por todos. Es diagnosticado de hiperactivo y asocial. Se le prescriben medicamentos que él rechaza. Su madre, no sabiendo qué hacer, me lo trae a consulta. Los padres acaban de separarse y le han explicado a Sylvain y a su hermana más pequeña el motivo: un primer hijo nacido portador de una trisomía y abandonado por ellos en una institución, desde su nacimiento, pesa en la pareja. Todos y cada uno encuentran una explicación para Sylvain: la separación de los padres, la revelación del secreto, el nuevo novio de la madre, etc. Sylvain, él, dice que no es eso. “¿Para qué hablar si se me dice siempre que me calle?” Se muestra también hostil conmigo, cerrado, habla poco. Un cambio radical se produce en la cura el día que le hablé del primer niño como de “su hermano”. A la perplejidad le sucede el alivio: tomo en ese instante la decisión de continuar su análisis.
Las sesiones se convirtieron -dice- en lo que tiene “más precioso” ya que considera que, por el momento, no es sino en ese espacio que “tiene un hermano” y que puede contarse a partir de ese primogénito. Puede también expresar su miedo de ser abandonado por su madre; es solidario de ese hermano que no conoce, etc. Sylvain no es ni un hiperactivo, ni un asocial, ni un psicótico, es un pequeño obsesivo que viene como síntoma a “representar la verdad de la pareja familiar.”  (1)
¿Qué nos enseñan estos pacientes?
1-Que los síntomas -depresivos, delirantes, trastornos de conducta, etc. – no dicen lo que sucede para una persona. Hay que diferenciar causa y determinismo.
2-Que un paciente no es la suma de síntomas a cuantificar y de resultados biológicos o neuro-radiológicos, sino un sujeto que habla.
3-Que, entre lo que puede ser constatado en referencia a las escalas de evaluación, a los árboles de decisión diagnósticos (DCM, ICD) y lo que tiene que ver con la historia feliz o infeliz de cada uno, hay una pérdida cualitativa considerable.
4-Que el deseo de saber está ausente en esta práctica que es una práctica del aburrimiento.
5-Que el tratamiento -químico o cognitivista- que apunta a los síntomas y no deja ningún espacio a la palabra, empuja aún más al paciente hacia su sufrimiento o su locura.
6-En este sentido, que el agravamiento autístico de un paciente puede ser un efecto iatrogénico.
7-Que la interpretación o la oposición al delirio produce también efectos de estrago.
8-Que el psicótico -incluso el más loco- cuenta aún con la palabra a condición de saber usarla.
9-Que todos los pacientes son sujetos y que cuentan con la palabra.
10-Que ser parlanchín con el paciente y, a fortiori, mostrarse pedagógico con él no es sostener la transferencia.
11-Que no se trata ni de oponerse a lo que dice el paciente, ni de corregirlo, ni de razonarle, ni de elegir en su lugar, ni de pensar lo que sería mejor para él, sino de escucharle.
12-Que escuchar no es sólo tener los oídos abiertos, es estar en un lugar donde se da consistencia a la palabra.
13-Es allí, en la transferencia, que lo que se dice toma otro peso; otro sentido a veces. El paciente cuenta con la palabra y con otro de la transferencia para dar, a esta palabra, su valor propio.
El paciente dice siempre la verdad
La transferencia no es una encuesta sobre la verdad. Cuando un paciente dice que está angustiado, lo está; si dice estar triste, lo está; si dice escuchar voces, las escucha… De nada sirve oponerle lo que sería la realidad: las voces son voces reales para el sujeto psicótico; los otros de los que se queja el sujeto neurótico, le hacen sufrir realmente, etc. Lo que importa es descubrir cuál es la lógica de los enunciados y como el paciente construye su historia.
El niño, el adolescente, el adulto, no son mentirosos potenciales; cada uno es sensible a la sugestión y dice las cosas a su manera. Se debe separar la verdad de lo que se dice en la transferencia de la realidad de los hechos.
Si no tomamos como propias estas observaciones preliminares, marcamos la palabra de una cierta desconfianza. Pero, sobre todo, es recusar la subjetividad. Finalmente, se llega a la tentativa de objetivación de la psiquiatría moderna:
*Lo verdadero está en la cuantificación por las escalas evaluativas, las dosificaciones biológicas, la neuro-radiología,
*Lo falso ¡es el sujeto!
Entonces, el psy que rechaza la palabra del otro, no se siente tampoco muy implicado por la suya propia. Es la fuente de todos los malentendidos. Por ejemplo ¡el retorno de las prescripciones de placebo!
El placebo está en el centro de los esquemas cognitivos y comportamentales. El efecto placebo es esencial para ciertos autores, “la superposición de un efecto placebo psicoterapéutico al efecto placebo del medicamento realiza el lazo que existe en el condicionamiento respondiente”.  (2)
El terapeuta devenido el evaluador es sorprendido por ese efecto del que va a sacar el máximo provecho: el sólo hecho de recibir al paciente -aunque sólo sea para rellenar las escalas evaluativas- tiene efectos “psicoterapéuticos en el plano cognitivo”. (3)
A la simple visión del terapeuta se produce un efecto placebo -entendámoslo como un efecto benéfico para el paciente- mientras que el principio activo, como la psicoterapia, pueden implicar un efecto nocebo -entendido como efectos indeseables para el paciente.
De esta forma se pone en primer plano el efecto placebo. Hay pacientes que podrían beneficiarse de una co-terapia, que comprendería:
* El encuentro con el “terapeuta experimentador” durante el cual las escalas de evaluación serían rellenadas y que produciría el efecto psicoterapéutico placebo,
*la prescripción generalizada del medicamento placebo que la industria farmacéutica podría incluso rentabilizar “condicionándoles”.
Entonces, que importa que el prozac® o las otras moléculas (estudios ingleses recientes aparecidos en la prensa) no sean más eficaces que el placebo; ¡finalmente el placebo tiene efectos positivos. Lo esencial es que eso se vende y que no le toma mucho tiempo al psiquiatra!
Notas:
(*) Coferencia presentada en la IX Jornada de la Fundació Nou Barris “Les malalties mentals, avui”. Barcelona, marzo 2008.
(1 )LACAN J., ” Deux notes sur l’enfant “, Ornicar ?, n° 37, Paris, Seuil, 1986, p. 13. `[En español “Dos notas sobre el niño” En Intervenciones y textos 2, Manatial, Buenos Aires. N. d L’ I]
(2 )Pélissolo A., Bisserbe J.-C., Lépine J.-P. “Effet placebo, effet nocebo et observance”. In: Thérapeutique psychiatrique, Paris, Hermann, 1995, p. 1048.
(3) Ibid., p. 1052.

Cizalla en el alma

En el siguiente artículo Vilma Coccoz se refiere al cuerpo en la neurosis obsesiva. Diferencia que el cuerpo en la neurosis obsesiva  se presenta bajo la forma de un sintoma hipocondríaco pero no como un mensaje a descifrar como en la histeria sino como “turbación”, termino utilizado por Lacan en el seminario de La angustia, refiriendose a un desbarajuste, un desmoramietno de la potencia del cuerpo.

Este cuerpo también puede estar sometido a la tiranía de hazañas, de hacer un culto al rendimiento, competencias, múltiples cuidados cuyo objetivo será contabilizar el goce en juego.

Toma una expresión de Lacan :“La obsesión es una cizalla que llega al alma”. Para Lacan el alma son las ideas que nos hacemos de nuestro cuerpo. Pensamientos sobre el cuerpo. El obsesivo es esclavo del pensamiento y del cuerpo articulado a ese pensamiento.

Carlos Dante Garcia en su seminario: “Problemas actuales para el psicoanálisis: nuevos síntomas-prejuicios del psicoanalista” dice que la clave de la posición en la neurosis obsesiva es de intrasubjetividad, sus síntomas, sus manifestaciones, sus preguntas son intrasubjetivas; no tienen relación con el otro, no se dirigen al otro. Freud en el Hombre de las ratas se refiere a la neurosis obsesiva: ”Un sujeto llamado obsesivo esté en el doloroso camino de la transferencia”

¿Porqué es doloroso? Porque para salir de la intrasubjetividad tiene que pasar por la angustia. Tiene que resignar los medios con que se defiende. Defensa que rompe la conexión  entre la representación y el afecto.

Freud advierte que para el obsesivo es muy dificil obedecer a la regla fundamental, poder librarse de la vigilancia, de la autoobservación…

El síntoma obsesivo es un asunto privado del enfermo. Cuando deja de ser privado es cuando pasa a la angustia y a la transferencia. Será condición que ese síntoma se torne enigma, se haga pregunta dirigida a otro, al analista y así entregarse a la asociación libre, “en el mejor de los casos” dirá Vilma Coccoz.

Este artículo fue incluido en el ítem letra “B” ya que refiere a como el psicoanálisis podría incidir, intervenir sobre el cuerpo, en este caso, el cuerpo en la neurosis obsesiva. Como esta relación al cuerpo en la neurosis obsesiva, cuerpo sometido al pensamiento, podría comenzar a enigmatizarse y pasar a articularse mediante la asociación libre.

Florencia Vidal Domínguez.

 

    Cizalla en el alma: El cuerpo en la neurosis obsesiva

 

Exploramos la clínica actual con la concepción del sínthoma como acontecimiento del cuerpo, un compuesto trinitario que sólo nuestra afilada clínica consigue desenredar para ofrecer al sujeto de la experiencia analítica una orientación lógica en la vida.

La neurosis obsesiva, laberíntica, compleja, de múltiples variantes, ha constituido desde la época freudiana una fuente de dificultades y de sustanciales avances doctrinales. La tesis de que la defensa consigue romper la conexión entre la representación y el afecto continúa siendo el eje esencial, aún con reformulaciones y ampliaciones. ¿Su causa? La respuesta subjetiva a un "exceso" que Lacan llamará objeto a y cuya traducción corporal es la angustia. La eficacia de la intervención de Freud en el análisis del "trance" del Hombre de las ratas consigue molestar la defensa y abrirlas puertas del inconsciente restableciendo la conexión perturbada. Pero es en "la obsesión de adelgazar" donde el acontecimiento en el cuerpo traduce uno de los signos de la posición subjetiva, la mortificación, en la forma de impulso al suicidio "cuya sola exposición ‒dice Freud‒ casi equivale al análisis".

La clave de salida de la intrasubjetividad no puede producirse sin angustia, sin "el doloroso camino de la transferencia" que convoca al sujeto a resignar los medios de la defensa. El afecto que no engaña puede orientarle en la búsqueda de la verdad de la causa a partir de la encrucijada que se revela en el cuerpo. Pero muchas veces, el cuerpo se hace presente en forma de síntoma hipocondríaco, pero no como mensaje a descifrar sino como turbación, como un desbaratamiento de la potencia que demanda un auxilio inmediato. El sujeto, aún en análisis, puede optar por una vía no analítica para yugular ese oráculo de la angustia. El síntoma toma el valor de una negación del cuerpo que lo ausenta del dispositivo, vuelto así impotente para atrapar lo real.

Es frecuente que la demanda de análisis tenga su origen en la imposibilidad de una elección. Era el caso de R: la división del objeto le evitaba enterarse de la propia. Una vez advertido, hablará de sí mismo como una "momia" que no siente ni padece, "un muerto viviente", encarcelado en sus inhibiciones. "Salir del sarcófago" supuso abandonar su tendencia a la ubicuidad, su tratos y contrabandos. Por primera vez, después de veinte años, se haría tratar el dolor constante de una lesión originada en el momento de expulsión de su único hermano del hogar familiar, ratificada entonces su condición de elegido en el deseo del Otro. El síntoma incrustado en el cuerpo, sello del autocastigo, escribía su muda condena por un goce ignorado.

El cuerpo puede ser una obsesión. Impedido el disfrute por el asma infantil, R. diseñó mentalmente el cuerpo perfecto y se sometió a una rígida disciplina alimentaria a la vez que se convertía en deportista de élite. Pero la potencia de su autocontrol comenzó a turbarse, lesiones y contracturas asediaron al someterse a los imperativos del "mejor" entrenador, figura del capitán cruel. Verdadera ceremonia moderna de expiación, la disciplina de purificación del cuerpo sacrificado a los ideales cubría el fondo de un estrago que le había arrebatado el camino a la feminidad.

El cuerpo puede ser movido por ceremoniales, coaccionado por rituales, sometido a la tiranía de la contabilidad del goce en las hazañas. Puede mostrarse extenuado o inhibido por la vigilancia del superyó, figurarse como ídolo en la exhibición narcisista del acting out, volverse estatua ante el dilema de una elección, o ser masacrado por compulsiones y pasajes al acto. El cuerpo, en la experiencia de la subjetividad obsesiva, revela la acción de la cizalla del inconsciente, un pensamiento que llega a embarazar el alma. [1] En la UEL, [2] el alma no es lo opuesto al cuerpo sino las ideas que nos hacemos sobre él. Es el cuerpo imaginario, los pensamientos sobre el cuerpo. Y éstos no saben qué hacer con ese exceso que irrumpe por el inconsciente…

En el mejor de los casos, tomará la forma de un misterio que conducirá los pasos del parlêtre hasta la consulta de un analista.

 

Notas:

1   Según lo explica Lacan en "Televisión".

Última enseñanza de Lacan.

 

Fuente: Extraído de la VI Enapol, Encuentro Americano de Psiconálisis de la Orientación Lacaniana. XVIII Encuentro Internacional del Campo Freudiano.

 

 

Errores XXIX

Carlos García: “Por eso el síntoma en el sentido moderno del término no es la localización de algo que enferma al sujeto nada más, eso es lo que ve el Yo, algo que le molesta y le genera dolor.

Esto era lo que quería transmitirles. Hay preguntas. Por supuesto que hay análisis que están conducidos para mi gusto con anteojeras, que es la cuestión del síntoma, la cuestión del síntoma en el sentido de localizada la cuestión, estoy transmitiendo que ni Freud ni Lacan lo plantean así.

Silvia Venneri: Cada vez se entiende más en esta sociedad contemporánea en la cual estamos viviendo justamente a la parcialización.

Carlos García: Parcialización y especialización, pero eso no es el reconocimiento del síntoma. Lo que les estoy diciendo que, lo que podemos llamar la vida del síntoma siguiendo a Freud y Lacan en el sentido analítico implican estas cuestiones.

Silvia Venneri: Es decir que lo que vos decías, la totalidad de la vida no es tenida en cuenta para nada, donde esto ya no funciona.

Carlos García: Se habla de disfuncionamientos o de trastornos, y entonces no toquemos nada y no hablemos nada. A veces algunos pacientes se quejan, yo vine acá porque me dolía la cabeza y estoy hablando del dolor de cabeza que me ocasiona mi mujer, por ejemplo, pero tiene que ver. Es decir que se desplaza, y por algo se desplaza, por algo el sujeto comienza a hablar de otra cuestión. El asunto es que lo tenga claro el analista. Por eso digo, al síntoma que habla hay que agregarle qué habla, y eso lo define el analista con su participación y su parte. Fíjense cómo cambia un mismo síntoma con el analista que lo interpretaba analmente o el síntoma como procreación. Entonces estoy diciendo no hay síntoma analítico que no sea completado por el analista y depende de cómo lo complete. Puede completarlo para la miércoles, si me puedo expresar así, y va para la miércoles, o puede completarlo con la reunión de elementos que conduzcan al sujeto a decir: “ Ah, es esto, por primera vez me doy cuenta”

Silvia Venneri: Y esto también lo pienso desde el lugar que vos decías en las primeras clases cuando hablabas de lo singular.

Carlos García: Muy precisa tu  articulación porque hoy no mencioné para nada la palabra singular. Se trata de esa palabra. Y más aún, si fuésemos más a lo singular le preguntaría al tranviario qué tipo de huevos le interesa, para ir más a lo singular, no que lo singular es la procreación, sino qué tipo de huevos le interesa y qué gallinas, y qué frutos y carozos, ahí sería más singular todavía.

Silvia Venneri: Y esta reflexión también nos sirve para volvernos a preguntar, ¿ hacia dónde va el sujeto hoy?, porque justamente el que consulta, primero que no todos consultan y se puede detectar un síntoma psíquico como vos decías, que vienen con otro tipo de demanda, justamente porque el único valor que los sostiene es el consumo, y ya los ideales han bajado, que también vos lo mencionabas la clase pasada. Muchas gracias.