IV Jornadas del VEL

Machismo – Feminismo

El género en cuestión
Este par extrema una definición dual y antagónica que pertenece al imaginario social. La femineidad siempre fue la cuestión, la masculinidad fue la generalidad asumida como la especie. Hombres, mujeres. ¿Qué quiere una mujer? ¿Qué se espera de un hombre? Debe diferenciarse la construcción política del género, del género como semblante.

El problema es dar respuestas universales a los fenómenos de violencia en el campo de la sexualidad.

Esperamos contar con tu presencia en esta instancia, invitándote a presentar un trabajo escrito en las Mesas Simultáneas.

Desde ya te agradecemos la difusión de esta IV Jornada.

La Jornada se realizará el día 30 de mayo de 2015, de 9 a 14 hs. en Callao 1033 – Piso 5, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Comisión Organizadora
María Elisa Banzato – Gustavo Kroitor – Susana Masoero – Patricia Sawicke

¿QUIEN HAY? De Raúl Kreig

¿QUIEN HAY?  De Raúl Kreig
                                                      
SOBRE LA  OBRA
 
Cinco sillas, cinco mujeres, un espacio casi vacío, golpes, reacciones, cada personaje busca protegerse con lo que tiene a la mano. ¿Quién es? Cada personaje una composición. Cada mujer un mundo de soledades, aciertos y desaciertos, frustraciones, la inevitable presencia de la envidia, los celos, la solidaridad. Golpes a la puerta. Entra el miedo, la histeria, la confusión. ¿Quién toca con tanta insistencia? ¿Por qué? ¿Qué busca?

                                                
MIRADA DEL DIRECTOR

 
El teatro, en cuanto texto que es, comparte significantes con el resto de la literatura; pero para llegar al escenario el autor cede el lugar creativo al director y éste lo toma para resignificar la obra con códigos escénicos, que ejecutaran luego los actores y actrices. Allí, entonces, sobre el escenario, la teatralidad es la palabra que deja de ser alfanumérica y se vuelve sonido y también silencio, caricia, mirada, risa, emoción…
Quien hay? es eso; teatralidad pura y de aquella que mejor se agradece, porque no recurre a artilugios innecesarios; apenas cinco sillas, cinco vestuarios indescifrables, una música incidental y cinco actrices talentosas, que nos dan una demostración cabal de como se puede contar una historia sin que sea lineal, sin que suceda en un tiempo y espacio determinado, una historia que parece más bien circular, como quizás sea la eternidad.
 
 
ELENCO
 
María Inés Álvarez, Verónica Medina, Myriam Ramírez, Alicia Reilly  y PaolaTriñanes.
 
EQUIPO CREATIVO
 
Autor: Raúl Kreig
Música Original: Alejandro Catarino
Vestuario: Natalia Lavigna
Asesoramiento en luces: Dora Milea
Diseño Gráfico: Luciano Crispi
Fotografía: Carlos Vizzotto
Asistente de Dirección: Anush Bustos
 
Dirección y Puesta en escena: Ariel Osiris

Domingos 19 Hs
Teatro El Artefacto
Sarandí 760, Buenos Aires, Capital Federal
informes y reservas  4308-3353

Entrada general $ 100
Desc. Est, y Jub.

contacto y acreditaciones: quienhay@gmail.com

SOBRE EL DIRECTOR
 
Desarrolla su actividad desde el año 1986. Se ha desempañado como Actor,  Docente, Director y productor a lo largo de su trayectoria, en la cual se encuentran trabajos en teatro cine  y televisión. Ha estudiado en la Escuela de Teatro Argentina Modelo, y realizado estudios de perfeccionamiento en Music Hall con Jean F. Casanova, Seminarios de perfeccionamiento en Actuación para profesionales con Agustín Alezzo, Hassanne Houyatte (Sudáfrica), Cristina Castrillo y Francisco Cocuzza. Paralelamente ha estudiado piano, entrenamiento corporal y canto. Abordó como actor diferentes propuestas de textos clásicos y contemporáneos de teatro universal y argentino. Y en talleres de investigación para dar origen a nuevos textos. Integró y fue parte de la creación de diferentes grupos de teatro de basta trayectoria como Grupo La Rueca, El Balero, Deformas Varieté, Bochinche Teatro. Se desempeña como docente en diversas instituciones y  lleva una intensa tarea en dirección de actores y asesoramiento teatral  en puestas en escena de  teatro y danza. En el año 2000 crea su  propio curso para la formación de actores y en el ofrece una profunda y amplia mirada del arte teatral

Ariel Osiris
Actor-Director
 

Reseña V. Seminario EOL 2015. Carlos Dante García

 

“La puntuación en la sesión estándar, la sesión variable, la sesión breve, la sesión corta: ¿a qué inconscientes conducen?; ¿a qué reales?”

Martes 5 de Mayo 2015

 

Dirección de la cura

 

1953     ⇒    1958    ⇒    1964   ⇒   1967

 

  

SESION

CORTA

BREVE

VARIABLE

ESTANDAR

 

 

 

 

 

 

 

Formas que toman las sesiones.

Formas: Expresión de Miller en dos lugares:

1- En Sutilezas Analíticas= tres modalidades del análisis: el que comienza, el que continúa y que termina.

2- Los Usos del Lapso: Hace referencia al uso de un período de tiempo.

 

Lacan introdujo las ventajas de la desregulación de la prácticaà Las sesiones cortas,  en “Función y Campo”

La sesión “estándar” proviene de Freud y de la IPA.

Los lacanianos  las llamaron con otros nombres: breves, variables que NO son sesiones cortas.

Para abordar la dirección de la cura desde la ultima enseñanza de Lacan tomo dos ejes: sesión y tiempo.

La problemática del tiempo es un eje que recorre toda la enseñanza de Lacan en la dirección de la cura.

 

En la Neurosis: Hacer del tiempo como si el tiempo no existiera. Corazón de la neurosis: perder el tiempo.

No sabemos muy bien que es el tiempo.

En la neurosis se habla de la sensación de duración, que es la manera imaginaria de relacionarse con el tiempo.

 

Dos formas de duración: la subjetiva y el reloj (objetiva). El tiempo de la sesión NO se basa en ninguna de estas dos formas, ni la subjetiva ni la objetiva.

Lacan: “la ausencia de tiempo es un sueño y ese sueño se llama eternidad” ,“uno se pasa su tiempo soñando y no soñamos solo cuando dormimos”

 

¿Cómo hace el psicoanálisis para introducir la dimensión real del tiempo? ¿Cuál es la cara más real del tiempo? Irreversibilidad=no hay retorno, no se puede volver atrás, lo inexorable. Una forma del tiempo es la muerte.

¿Cómo las palabras pueden funcionar como acciones irreversibles? Que funcionen como un acto que marca un antes y un después. Que después no se pueda volver a decir otra cosa.

El sentido es algo que siempre se puede agregar a algo dicho. Siempre es un semblante.

 

Seminario de Miller: “El ultimísimo Lacan”

Pág. 153: “Solo en la medida en que lo real está vaciado de sentido lo podemos aprehender un poco”

Lo real para Freud eran las pulsiones (El sentido de los síntomas) Ese real era una mitología creada por Freud.

¿Cómo se llega a ese real a través de las palabras? (Trabajo de “Leer la pulsión”. http://www.lecturalacaniana.com.ar/revista/simple.php?p=44&s=3&h=1)

 

Escansiones  en la dirección de la cura: 53’/58’/64’/67’

 Una de las maneras de captar algo de ese real era mediante la letra “hay que tomar el deseo a la letra”. La letra como algo mas próximo a lo real.

En el 64’ esto cambia ¿qué pasa con la pulsión? En “Los cuatro conceptos” se pregunta por la pulsión al final del análisis. Construcción de los cuatro conceptos en un contrapunto conceptual entre automaton  y  Tyche (azar). Esto vuelve en Lacan bajo el concepto de repetición, uno introduce el automatismo de lo fijo y otro introduce la dimensión del acto.

En el 67’ lo real está planteado bajo la forma del acto.

De lo que se trata es de captar una transformación subjetiva de la pulsión a través de lo  irreversible, de un cambio del sujeto irreversible.

El seminario El Acto es el seminario del tiempo por lo que trata de trabajar lo irreversible.

El acto es la trasmutación subjetiva de un sujeto de manera irreversible.

 

Manera de situar lo real:  Vaciamiento de sentido.

El acto es la ruptura de una relación causal=no se puede encontrar un sentidoàcomo se puede leer  a partir del acto lo real y la dimensión del tiempo en el acto mismo.

Pág. 154: “En el psicoanálisis absoluto, lo absoluto en cuestión se obtiene por la ruptura de la conexión del significante con el significante, por la desconexión”.

 

Desconectar dos significantes= vaciamiento de sentido.

La sesión estándar sigue buscando una conexión, la producción del inconsciente al infinito, búsqueda de sentido. El inconsciente de la sesión estándar es el inconsciente de las formaciones del inconsciente, inconsciente de la IPA. Donde hay producción, re significación, nuevos significantes, al infinito. Para ellos el inc. real es el de la metapsicología.

Lacan: NO hay que ir hacia el inconsciente que permanentemente alimenta y genera sentido.

REAL:⇒ Freud: la pulsión

            ⇒ Lacan y Miller: Vaciamiento de sentido / La letra / Cuestionamiento de los semblantes. (desconexión de sgtes)

Pág.156: “El psicoanálisis tiene como perspectiva, como horizonte, lo real en tanto separado del semblante”.

                           Real // Semblante, Sentido

 

“Cada vez que falla una interpretación nos vuelve a traer a este real separado del sentido”. Pero al mismo tiempo, ocurre que la practica analítica opera con el sentido, es decir, con la conexión, ya sea de la asociación libre o de la interpretación”

Cuando falla la interpretación lo que retorna como real es el síntoma, por fuera de la conexión.

 

Antinomia: Síntoma-real-desconexión de sentido /// asociación libre, interpretación- conexión.

 

Dos orientaciones de la interpretación: ⇒ Producción de sentido

                                                               ⇒ Producir un efecto de agujero.

 

Se trata de hacer una interpretación que alcance lo real, que produzca un vaciamiento de sentido. EL problema es que se llama también “interpretación”.

Cita Pág. :166: “En la teoría borromea  no está desarrollado el lugar, el estatuto, la función de la interpretación”…”se torna equivoco es el estatuto mismo de aquello sobre lo cual recae la interpretación, a saber el inconsciente”.

Hasta el Sem. Aun, 72’, 73’ esta la dirección de la cura basada en la relación  entre síntoma e interpretación y posterior al Sem. Aun, terreno de lo borromeo desaparece la interpretación y palidece el inconsciente= conexión.

El análisis opera en el campo del sentido. ¿Cómo ir entonces hacia el sinsentido?

¿Cómo en un análisis, un analista se da cuenta de que en el paciente se va a producir la dimensión de lo irreversible?

1= La angustia. Previo a un acto. Hay vacilación de  sentido. Dimensión temporal de la angustia es cuando se aproxima al acto.

2= La repetición: Retorno de una elección no resuelta. Síntoma: elegir no elegir.

 

¿Cómo llegar a un real que en un principio esté del lado del sgte?

Hay un real fuera del sentido y hay un real que se llega por el sgte.

El real que se llega por el sgte es lo que desarrolla Miller bajo el título: “La operación reducción”. Pag. 343 de “El partenaire-síntoma”

Las cosas de la vida se dividen en dos: las elecciones // la existencia. En ambas lo que se juega son enunciados que Miller denomina “romanos”=son S1 solos, que comandan las elecciones o comandan la existencia.

Ej: Hombre que elegía mujeres con el rasgo en común de ser “mujeres de cuya fidelidad el sujeto no estaba nunca seguro”. Pág.: 346.

El rasgo es el resultado que presenta e incluso que elabora la repetición. La repetición elabora el rasgo a partir de la participación del analista. Pág.: 348. Resultado de la repetición como ELABORACION!!!!

De donde vienen los rasgos:

–       Del Otro con mayúscula: enunciado o frase que dijo la madre. (Pág. 349)

–       Del Sujeto: Pág. 350: “…debe ser encontrado, elaborado o incluso inventado por el sujeto en análisis”.

–       Producido por el analista bajo la forma de una interpretación, “interpretación inolvidable”. (Pág. 350)

–       De las resonancia del eco de la pulsión en el cuerpo. De la relación entre la lengua y el cuerpo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La salud mental hoy: ¿qué lugar para la clínica? Parte II

El psiquiatra clásico y el actual
 
En esta segunda parte Guy Briole comienza preguntando  acerca del lugar actual del psiquiatra. Antes en el hospital, refiere, el trípode del psiquiatra clásico era: clínica, prescripción y transferencia  y se le reconocía un lugar diferente al de los otros médico. Actualmente, el esfuerzo de los psiquiatras e investigadores apunta a reintegrar la enfermedad mental en la medicina.
 
El tratamiento apunta al desorden que establece y la biología es su creencia .
En nuestras sociedades actuales la medicina y la psiquiatría moderna participan en la creación de enfermedades artificiales, sociales, enfermedades de la precariedad. La depresión, la ansiedad, los efectos de la violencia, son objeto de evaluaciones.  
 
El psiquiatra actual tiende a una universalización de sus prescripciones y la protocolización de los tratamientos. Pero no se advierte que  tanto el paciente como el del personal, entran en la protocolización, donde el deseo no está presente . Guy Briole  habla  de una práctica del aburrimiento, que se ha desplazado hacia pacientes en situación de precariedad o más marginados. Propone un  trabajo en red  donde  lo que está en el centro de la práctica es la relación al paciente, y la brújula es  la transferencia.
 

 Patricia Pena

La causa en cuestión

Este psiquiatra: ¿qué quiere ser hoy? ¿qué lugar quiere ocupar? Se piensa apremiado en su práctica por los imperativos económicos que se le imponen. Antes, en el hospital, se le reconocía un lugar diferente al de los otros médicos; no se le imponían las mismas obligaciones de tiempo, de prescripciones, de duración de hospitalización, etc. Se sabía que el tiempo invertido con los pacientes era el corazón de su práctica como lo era la de los que trabajaban en su equipo, psicólogos, enfermeras, u otros. No era un médico como los otros. Ese psiquiatra, se dirigía a su paciente, iba a la búsqueda de su historia. Asumía la transferencia que compartía con el resto del personal. Su conocimiento de la clínica y del paciente era su lote de saber. Saber al que se añadía la experiencia que había adquirido de sus predecesores y la suya propia. Tenía también un saber sobre el uso del medicamento que asociaba un conocimiento de la farmacología, de las indicaciones y de las contraindicaciones con un empirismo que, lejos de ser de aproximación, era el otro nombre de la adaptación de las prescripciones a cada paciente.
El trípode del psiquiatra clásico era: clínica, prescripción y transferencia. Se entiende que, en esa práctica, es la transferencia la parte más importante ya que, además de lo que permite en el tratamiento, facilita un conocimiento más preciso de la clínica y, por tanto, del diagnóstico -un paciente describe mejor y con menos reticencia lo que siente, escucha, ve, proyecta en una relación de escucha de lo que responde a interrogatorios dirigidos o semidirigidos- y una prescripción de medicamentos, a la vez, mejor adaptada y mejor aceptada por los pacientes -el famoso factor X de la prescripción- ¡el médico cuando prescribe un medicamento, se prescribe también él mismo!

Este no es el camino que sigue el psiquiatra de hoy, y debemos pararnos un poco en la cuestión de la causalidad.
El esfuerzo actual de los psiquiatras e investigadores apunta a reintegrar la enfermedad mental en la medicina. Metódicamente. La angustia fue la primera en ser reabsorbida en los ataques de pánico; la depresión permitió desmantelar toda la patología mental y, ahora, la atención se centra en la esquizofrenia. ¿Qué es la esquizofrenia? Con la mayor convicción, el psiquiatra moderno responde: una enfermedad vírica. Lo que prevalece es el modelo anátomo-clínico de la parálisis general de Bayle y la epidemiología moderna hace de la esquizofrenia un objeto de la medicina. La confusión es importante entre factores de riesgo inductores de un determinismo y causalidad. Sobre este punto remitirse a los estudios actuales sobre Neurospín y las nanotecnologías.
El psiquiatra moderno [Esquema nº 1] apunta al síntoma, dicho de otro modo, eso que del enfermo hace signo al psiquiatra. La angustia, la depresión tienen sus correspondientes ansiolíticos, antidepresivos, independientemente de lo que ha hecho aparecer la angustia o el trastorno del humor. La causa puede ser el Edipo, la castración, un life event, un traumatismo, un accidente, un duelo, etc. Eso es lo que les lleva a decir que no son dogmáticos. No rechazan ninguna corriente, ninguna etiología, ya que están todas en el mismo plano epistemológico.
El tratamiento no apunta a la causa, sino al desorden que establece – ya sea en el registro de la queja, que debe ser valorada para ser validada, ya sea en el registro del problema biológico de los neurotransmisores.

El psiquiatra del siglo XXI [Esquema nº 2] retoma el modelo médico que aplica, con todos los medios científicos de que dispone, a la patología mental.

El tratamiento sintomático [vector 1] es accesorio, pero es mantenido. Es el tratamiento causal [vector 2] el que está en primer plano.

La biología es la creencia del psiquiatra y su esperanza es que se descubra el “psicotropo de la causa”.

En la psiquiatría, la psicología de hoy no puede dejar nada al azar del encuentro, del deseo, de la libertad del sujeto. Es imprescindible la experimentalización reproducible.

La modernidad y los síntomas contemporáneos
La precariedad
Las sociedades modernas, en su inevitable marcha adelante no quieren demorarse sobre lo que dejan en el camino: los parados, los toxicómanos, los enfermos del sida, los enfermos mentales, los sin domicilio fijo, los inmigrantes.
Por añadidura, son jóvenes y casi todos llevan la marca de una diferencia: están en situación precaria. Sin embargo, algunas personas llaman la atención sobre ellos y se llega a un consenso hay que darles ayuda. Allí donde en otro momento, el rico tenía su pobre, hoy, la sociedad de producción tiene sus “precarios”. Son los excluidos de las sociedades modernas: subrayemos que en la lógica de gestión, la exclusión es el otro nombre del consenso.
Así, los políticos ¿van acaso a delegar a los actores sociales el ocuparse de todas estas personas? Deciden la creación de centros para “precarios”, la formación de cuidadores especializados en la precariedad. Esta lógica de la buena conciencia retoma la idea segregativa. La segregación se acentúa cuando los médicos, los psiquiatras, a veces los analistas, inventan nuevos conceptos, como el de la “enfermedad social”.
Al malestar social le correspondería una nueva entidad médica: “la enfermedad social”. La consecuencia es enmarcar el malestar con métodos y lugares especiales de cuidados. Los psicotropos participan en gran medida.
Los síntomas sociales
Estos “síntomas sociales” que evocamos, llamarían a un “nuevo clínico” formado en el tratamiento del malestar social. No es algo de hoy, la noción de sociopatía ocupó ya ese lugar agrupando a todos esos sujetos que expresan su malestar en la escena social. Pero, las sociedades actuales encuentran con la medicina y la psiquiatría moderna maneras más refinadas para mantener a distancia las quejas y las reivindicaciones. El concepto de “enfermedad social” -incluyendo los efectos del aflojamiento del lazo social, del desempleo, de la violencia, etc.- es muy adecuado a ese efecto.
Al psiquiatra, a la ciencia, se le pide encontrar una respuesta al malestar social. El neurótico mismo reclama lo que no existe: un medicamento para el deseo. El psiquiatra moderno se emplea a fondo para reabsorber lo singular en lo trans-nosográfico, y si es necesario se inventan conceptos que puedan, por la universalización del diagnóstico, rendir cuenta del malestar social. Se activa en la investigación de una causalidad orgánica. Una causa, genética, vírica, bioquímica, cualquiera serviría para restablecer un poco de paz social.
De esta forma, en nuestras sociedades actuales la medicina y la psiquiatría moderna participan en la creación de estas enfermedades artificiales, estas nuevas enfermedades dichas sociales, de estas enfermedades de la precariedad.
La depresión, la ansiedad, los efectos de la violencia, son objeto de evaluaciones. Ya no es la queja de un sujeto lo que es tomado en cuenta, sino los resultados a los exámenes biológicos. Al parado que pide trabajo se le opone que se comprende bien como su situación le deprime. Ya no es un parado sino un deprimido y la sociedad benefactora le ofrece, con sus psiquiatras y otros médicos, la posibilidad de cuidarse. Al inmigrado en dificultades, o a su hijos pequeños traficantes o marginales en una cultura que se han inventado, en el mejor de los casos, se les propone la consulta de etnopsiquiatría, en el peor de los casos, ¡la prisión o el retorno a su país! Es en esto que los médicos, psiquiatras y también algunos psicoanalistas pueden colaborar con lo peor. Respecto al psicoanalista, cuando está en la escena social, no pasa desapercibido, tanto para el sujeto que le llama para una curación, como para el político que ve en el psicoanálisis una técnica más para afrontar el malestar social. El psicoanalista -si quiere seguir siéndolo- no tiene otra alternativa que, por cierta subversión, no dejarse incluir en la serie de las técnicas. Así, el lugar del psicoanálisis, y por tanto del psicoanalista, sigue siendo el mismo: no puede ser circunscrito, es “extraterritorial”.
Trabajar en red: un objetivo en contra de la protocolización
La protocolización
El abandono de la clínica del uno por uno en provecho de una automatización del diagnóstico, ha llevado al psiquiatra, marcado por la lógica de la gestión, a una universalización de sus prescripciones. El rechazo del sujeto y la anulación de toda subjetividad dan lugar a una protocolización de los tratamientos. El modelo es el de la oncología: un protocolo de tratamiento se aplica en función de criterios diagnósticos reunidos en una categorización de grupos de pacientes. Entonces, es el método estadístico el que valida la elección del tratamiento. El protocolo incluye la modalidad de prescripción, la utilización de un psicotropo preferencial respecto a otro, la duración del tratamiento, los criterios evolutivos y las normas de curación.
El vasto campo de la patología mental se encuentra reordenado en función de una voluntad gestora en la que las palabras clave son: ¡reproducibilidad de la experiencia, subjetividad reducida a una producción inesperada, eficacia terapéutica, atención al coste de la salud pública y el interés general!
El psiquiatra se pone al servicio de una administración que ve en esa protocolización de la medicina una ocasión para controlarla a través de indicadores de eficacia que sabe manejar. Subrayemos que, en esta práctica, el conjunto del personal está -como el paciente- “protocolizado” [ver esquema: «La protocolización» siguiendo el link  http://lecturalacaniana.com.ar/doc.php?doc=466 y lo que está ausente es el deseo; tanto el del paciente como el del personal. Es por eso que hablo de una práctica del aburrimiento.

Trabajo en red
En el trabajo en red no es el “protocolo” lo que está en el centro de la práctica sino la relación al paciente. Esta relación tiene que ver con su posición de sujeto, sus particularidades, el medio del que procede, las dificultades que ha encontrado, lo que le sostiene o, por el contrario, lo que le hace la vida difícil, etc. Cada uno de estos puntos, y otros también, entran en resonancia con el uno por uno del personal que lo atiende; es lo que llamamos la transferencia. Más concretamente, las transferencias. En un trabajo en red [ver esquema: «Trabajo en red»] se desarrollan un conjunto de transferencias que cada profesional, por su parte, toma a su cargo y que permiten que se ejerzan las especifidades de las prácticas de cada uno, ya sea psiquiatra, psicólogo, psicoanalista, enfermero, educador, maestro, etc. Pero, el trabajo en red va más allá de la práctica entre varios ya que incluye, tanto el entorno del paciente como las otras instituciones con las que podemos ser llevados a trabajar y que están implicadas alrededor del mismo paciente.
Está práctica, que mantiene la transferencia como brújula, también está concernida por los asuntos económicos y las realidades que rodean al paciente (escolaridad, trabajo, situación familiar, etc.). Es una práctica responsable.

El psicoanalista y el lazo social
La práctica del psicoanalista que era una práctica dirigida a pacientes integrados socio-profesionalmente -pacientes recibidos en despacho privado- se ha desplazado hacia pacientes en situación de precariedad o más marginados: los CPCT son el ejemplo. Sin embargo, quisiera indicar que somos muchos -todos los que han seguido trabajando en instituciones- los que siempre hemos tenido estos dos tipos de pacientes. El deseo de hablar, como la dimensión ética, se puede encontrar en todos lados.
El psicoanalista también es esperado ahí donde el lazo social está marcado por la precariedad. El psicoanálisis es también una práctica del sujeto en el lazo social.

 

 

La invención de Frida I

Antes del accidente, el cuerpo y la pintura.

Antes del accidente de Frida está el accidente de su padre, a los diecinueve años. Al poco tiempo de nacer Frida su madre muere y ésta es cuidada por una nana indígena. El trauma de una enfermedad, la poliomelitis, fue significado desde una invención fantástica que plasmó incluso en una de sus obras de arte.

Preferida de su padre por su inteligencia, éste la incitó hacia deportes y una amplia variedad de intereses, en donde la autora analiza de qué modo tal inducción consolidaba una identificación masculina que, de algún modo, resolvía así el defecto del ego.

Un accidente brutal atravesaría su cuerpo como la espada a un toro, operada treinta y dos veces, fue menester detener el movimiento de su cuerpo para lograr reconstituir las lesiones de su columna. Coccoz dará cuenta de qué modo, lo que el cuerpo biológico sufre debido a la contingencia, no obstante se diferencia, de aquella respuesta que el cuerpo que se tiene es capaz de dar subjetivamente.

Así es que adviene en la vida de Frida la pintura en espejo, la creación artística la arraiga a la vida, un “no estoy muerta” que se impone, más allá de las desavenencias amorosas que no faltaron en su vida.

 

                                                                 Andrea F. Amendola

 

La invención de Frida[1]

El cuerpo, el arte, la imposible maternidad

Vilma Coccoz

En su texto sobre Leonardo explica Freud que la Patografía no pretende hacer comprensible la obra de un gran hombre. También distingue la labor del analítico de la del biógrafo quien, cautivo de la idealización del personaje, se ve obligado a sacrificar la verdad y así renuncia a descubrir los “más atractivos secretos de la naturaleza humana.”

Anticipando las posibles críticas, advierte Freud: “En nada disminuiremos su grandeza [la de Leonardo] estudiando los sacrificios que hubo de costarle el paso de la infancia a la madurez y reuniendo los factores que imprimieron a su persona el trágico estigma del fracasado.”[2] El estudio freudiano se destinaba pues, a descifrar los fantasmas inconscientes que comandaban los síntomas, rasgos de carácter e inhibiciones del genial florentino.

Un siglo más tarde, Jacques-Alain Miller se inspira en las Vidas de Plutarco, de Vasari para escribir sobre Lacan. Esta elección se fundamenta en aquello en que se diferencian de las biografías y de “psicobiografías” derivadas del texto de Freud.

En la Antigüedad, comenta Miller, la escritura de la Vida pertenecía al registro de la ética,[3] porque en la dimensión de la Vida lo público y lo privado confluyen. En mi trabajo sobre Frida me he dejado guiar por esta orientación, intentando cernir la cualidad de su deseo, el modo particular de arreglárselas con la existencia, así como la construcción de su particular semblante femenino y la invención de su nombre como artista. Es decir, valorando el asombroso hallazgo de una solución singular, el sinthome, tal y como nos enseñó Lacan al estudiar a Joyce.

Antes del accidente

Guillermo Kahlo, el padre de Frida, se instaló en México a los 19 años, luego de verse truncada su prometedora carrera en su país de origen, Alemania, a causa de los ataques epilépticos que comenzó a sufrir como consecuencia de un accidente. Su primera mujer mexicana falleció en su segundo parto, casándose luego con Matilde Calderón, hija de un fotógrafo, quien persuadió a su esposo de dedicarse a la fotografía.[4]

Al poco de nacer Frida, su madre enfermó pasando la niña a ser cuidada y amamantada por una nana indígena[5]. A los siete años contrajo poliomielitis, por lo que le quedó una pierna más delgada. Tiene sumo interés para la conformación de su solución existencial, el modo en que reaccionó a este trauma infantil que le apartó de los entretenimientos infantiles y le valió burlas por su “pata de palo”.

Como defensa a este forzoso aislamiento recurrió a una curiosa invención fantástica: “por entonces “viví intensamente la amistad imaginaria con una niña de mi misma edad (…) Sobre uno de los cristales de la ventana echaba vaho y con el dedo dibujaba una “puerta”. Por esa “puerta” salía en mi imaginación con gran alegría y urgencia. Atravesaba todo el llano hasta llegar a una lechería que se llamaba “PINZON”. Por la “O”[6] entraba y bajaba impetuosamente al interior de la tierra, donde “mi amiga imaginaria” me esperaba siempre (…) Era ágil y bailaba. Yo la seguía y le contaba, mientras ella bailaba, mis problemas secretos”[7].

En su diario figura este pasaje como la razón de su célebre cuadro Las dos Fridas, de 1939, en el que pinta un autorretrato doble, diferenciado por los vestidos, que constituye una notable figuración de la dimensión especular del yo. Unidos ambos corazones por una misma arteria, otra sin embargo, aparece cortada con una tijera que porta la mano de la imagen izquierda, vertiendo sangre sobre el vestido blanco. La figura derecha exhibe entre sus manos un camafeo con la imagen de Diego Rivera, el nombre del amor, el nombre del estrago.

Su padre, para quien Frida era la hija preferida debido a su inteligencia, la incitó a practicar deportes, algo poco común en las niñas “respetables” de entonces. Jugaba al fútbol, boxeaba, llegó a ser campeona de natación. Esta inducción a resolver el defecto del ego con una identificación masculina se complementaba con el estímulo intelectual.

También su padre le inició en una variedad de lecturas e intereses, entre ellos la pintura, le enseñó a usar la cámara, llevándola consigo en su excursiones fotográficas en las que ella le socorría en caso de que él sufriera un ataque. Al no tener hermanos varones “asumió la posición del hijo más prometedor, que según la tradición, se prepararía para ejercer una profesión”[8] En 1922 Frida fue una de las pocas jovencitas que consiguió entrar en la Escuela Nacional Preparatoria, la mejor institución docente de su país. Eligió un programa de estudios que le permitiría pasar a la Facultad de Medicina.

Enseguida destacó por la independencia de criterios, su irreverencia, su destreza en los juegos de palabras y su acerado humor. Hizo amistad con una pandilla formada sobretodo por muchachos (Los cachuchas), la mayoría de los cuales se darían a conocer años después, como destacados vanguardistas en diferentes ámbitos culturales.

El accidente

Estremece saber el accidente que cambiaría el rumbo de su vida se produjo cuando contaba con la misma edad en que una caída truncó el de su padre. Espantosa contingencia. Viajaba junto a su novio Alejandro Gómez Arias en un autobús urbano, “el choque nos botó hacia delante y a mí el pasamanos me atravesó como la espada a un toro. Un hombre me vio con una tremenda hemorragia, me cargó y me puso en una mesa de billar hasta que me recogió la Cruz Roja”[9]

La vida de Frida, desde 1925 en adelante consistió en una dura batalla contra la progresiva decadencia física derivada de este accidente brutal y de los tratamientos que recibió para paliar sus secuelas. Fue sometida a 32 operaciones quirúrgicas, la mayoría en la columna vertebral y el pie derecho. No pudo llevar a término ninguno de sus deseados embarazos. Y así como después de la polio se impuso el movimiento con el fin de curarse, después del accidente tuvo que aprender a mantenerse quieta para intentar recomponer su columna echa añicos.

 

El cuerpo, la pintura

Postrada durante casi un año, inmovilizada y doliente, le pidió a su padre que le prestara su caja de pinturas para “hacer algo” porque se aburría. Su madre diseñó un caballete que fue sujetado a una especie de baldaquino porque Frida no podía mantenerse sentada. Un espejo situado en la parte superior recogía su imagen en todo momento.

Así comenzó a escrutarse y a componer su rostro, su máscara, su autocreación, que daría lugar a su pintura-espejo[10], el pasaje de lo imaginario a la escritura de lo real que supone la creación artística. En esas condiciones extremas la más famosa pintora de su imagen de todos los tiempos pintó su primer autorretrato, en 1926, para su novio, a quien dedicaba unas conmovedoras cartas, súplicas de amor.

Relataba los suplicios infernales manifestando una fuerza y una vitalidad fuera de lo común, un espíritu firme que no se rindió ante la adversidad, sin perder su sentido del humor. Pero el novio se alejaría de ella a instancias de su familia.

Según sus palabras, fue a través de estas experiencias como pudo acceder, en un rapto de lucidez, “…al conocimiento de repente, como si un rayo dilucidara la Tierra…”[11] Frente a estas desgraciadas contingencias, Frida decide vivir: “No estoy muerta, y además, tengo una razón para vivir. Esta razón es la pintura”[12].

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Reseña IV. Seminario EOL 2015. Carlos Dante García

Título: “La puntuación es el principio de la desregulación de la sesión: sesiones variables- sesiones breves- sesiones cortas: ¿por qué el paciente acepta y no acepta estas sesiones?”
 
Martes 28 de Abril de 2015
 
Hay tres momentos escandidos por Miller que caracterizan la ultimísima enseñanza de Lacan. 
1) La interpretación  bajo la forma de la puntuación
2) La rectificación subjetiva
3) La sesión corta, variaciones. 
 
Carlos García introduce dos referencias; la primera que el psicoanálisis es un práctica sin valor, para Lacan es en principio una práctica que separa lo simbólico de lo real, sin valor porque el valor es introducido a partir de lo simbólico.
 
La segunda referencia es el Capítulo XI del Ultimísimo Lacan, Sentido y agujero. En este capítulo dice: una teoría del psicoanálisis se evalúa  en función de las consecuencias que tiene respecto a la interpretación.
 
La interpretación es el nudo de la práctica analítica. ¿Qué aportó Lacan respecto de la interpretación?
 
En el seminario de la Una equivocación, Miller enuncia que sin valor es sin sustitución.
 
La puntuación corresponde al efecto de sentido y distingue el efecto de agujero, esto implica que una interpretación es sin valor, no tiene valor de uso ni de cambio, no produce efecto de sentido, de sustitución,  no produce sueños.
 
Efecto de agujero, es enigmático.
 
¿Por qué la gente que consulta; algunos aceptan y otro no la sesión corta? ¿Qué hace esto? Ubicar la sesión corta y definirla, diferente de sesiones de tiempo variable.
 
Responder a porque los pacientes aceptan o no aceptan las sesiones cortas.
 
Lacan, en Función y campo dice: ¿Qué implica que el corte de la sesión recaiga en el tiempo cronológico?
 
El tema de la duración de las sesiones es un tema tabú, está situado en un terreno sagrado. Llevaría a interrogar la función del analista.
 
Abordar la sesión en términos cronológicos es abordar la sesión desde un tiempo contractual y un valor religioso.
 
Valor contractual implica que el tiempo en el que se habla en una sesión, tiene un valor de cambio. Lo hace pasar por aquí, por lo tanto es un servicio, creer que hay un valor de cambio.
 
Dimensión teológica, religiosa de lo que se hace.
 
Valor de reintegro, se trata de sujetos que no aceptan la dimensión de la pérdida, que haya valor de uso.
 
Lo que se pone en juego, es que se recupera y que se pierde en una sesión.
Valor de cambio
 
No dimensión de la pérdida
Dimensión religiosa
Dimensión contractual
 
La sesión está organizada por el amo, discurso amo, este dice más allá de lo que se dice, cuando comienza y termina una sesión. No se pone en juego el deseo, es gobernado por el discurso amo.
 
Aplicar las sesiones cortas, con la lógica puesta en juego en lo que se dice.
 
Sesiones cortas, es una palabra de la tribu.
 
Paul Lemoine, paciente de Lacan; le preguntó: ¿Por qué ahora las sesiones son más cortas? Lacan le respondió: porque quiero hacerlo más sólido.
 
¿Como entendió esto Lemoine? Lo que produjo esa solidez es haber experimentado la naturaleza de esa solidez, en la desaparición de la angustia.
 
Lacan no practicaba las sesiones cortas permanentemente, las introduce en relación a un paciente obsesivo, el que hablaba de Dostoievski, lo que estaba puesto en juego en el análisis, era la palabra al servicio del desarrollo, que implica que el otro no lo afecte en lo que va diciendo, bajo la forma de la dilación.
 
Las sesiones cortas son en función de producir una división del sujeto que permita el trabajo analítico.
 
La función de la palabra en el análisis  no es la misma en la vida diaria, para comunicar.
 
El uso está dado por la desregulación, implicando que no sea arbitrario, que se puede producir imprevistos, organiza la posibilidad de imprevistos.
 
En el obsesivo, toca la relación que este tiene con la palabra, hablar de lo que le preocupa, lo que le pasó en el día, que sea equivalente en lo que quiso decir y dijo.
 
La sesión corta es un modo de organizar en forma privilegiada la sesión.
 
El conflicto de base del neurótico es elegir no elegir.
 
El obsesivo se confronta en que tiene que elegir en las sesiones cortas. Se confronta a que no puede decir todo, yo y conciencia.
 
Partir de los decires del paciente para volver a ellos, así se organizaría la sesión.
 
Sesiones disimétrica, que no sea el paciente quien decida la finalización de la sesión.
 
El manejo de la transferencia es el manejo del tiempo y tiene que ver con las sesiones cortas.
 
Al uso del tiempo es lo que le da menos importancia el obsesivo.
 
La sesión corta tiene en cuenta: puntuación, escansión y ritmo.
 
Puntuación: destacar el sentido de lo que el sujeto venía diciendo. Fijarlo. Destacarlo.
 
Entrecomillado. Cita. Equivocidad, se hace bajo la forma temporal en el que el sujeto concluye algo.
 
La puntuación se dirige a enunciados que convergen. Enunciados que no son dichos.
 
Viñeta: la paciente se queja de la manera en que su madre recepciona su llamado, hacia dos semanas que no hablaban y la madre al contestar el teléfono le dice: que tal…perdida. La paciente lee que no le importa…el analista dice: que se le ocurre con perdida y la paciente relata que antes de nacer su madre había perdido una hija, ahí está el enunciado no dicho…en la línea de hija no deseada o hija perdida…..
 
La paciente fue una hija no deseada, los padres nunca le dijeron eso, son enunciados de convergencia, que deben ser puntuados.
 
La puntuación no es recortar un enunciado propiamente dicho, sino escandir lo que no está dicho. Converger a un enunciado que no es explícitamente dicho.
 
Repetición como algo que se escribe en la existencia del sujeto y en los avatares de la vida.
 
El nexo de la puntuación es muy cercano a la operación reducción. La puntuación destaca algo que viene del A, es un dicho que viene del A, Ej.: hija no deseada.
 
El efecto de agujero no viene del A, viene del cuerpo del sujeto.
 
 
 
 
 
 
 
 

Reseña III. Seminario EOL 2015. Carlos Dante García

Título: “Puntuación y rectificación subjetiva en la dirección de la cura”

Martes 21 de abril, 2015

Carlos Dante: Van a intervenir, indicando algunas sugerencias de lecturas, de la página Lectura Lacaniana, para este seminario. Algunos textos son de mi autoría y otros no, los cuales sirven para ir acompañando lo que iremos desarrollando en el seminario.

Andrea Amendola: “Borges y el tiempo” es un texto ubicado en la primer revista de Lectura Lacaniana, es una conferencia de Silvia Hopenhayn, allí se plantea la relación que hay entre el tiempo y el sentido, y entre el nombrar y aquello que es base en la orientación lacaniana, esto es, la fuga del sentido. Se pregunta si hay sincronía entre lo escrito y lo referido, también plantea el carácter transitivo de las palabras, en donde una misma palabra puede referir a distintos objetos y/o sujetos, dando cuenta así, de lo impreciso del lenguaje. También precisa que la lectura no es intemporal, que no es el mismo libro aquel que leímos a los dieciocho años que aquel que leímos a los cuarenta, por más que se trate físicamente del mismo ejemplar. Sitúa que hay una fuga del sentido ni bien se pone en marcha el proceso de escritura.

Trae un ejemplo de Funes, quien estaba obsesionado con el nombrar, y le molestaba que se nombre del mismo modo al perro de las tres y catorce visto de perfil, que al perro de las tres y cuarto visto de frente. Para él no sólo debería nombrarse cada uno de un modo distinto, sino también la percepción de los mismos. En relación a ello Miller dice que el sentido es el objeto perdido del lenguaje y al mismo tiempo es satisfacción. Creo que es un texto interesante para acompañar al seminario, en lo que hace a la última enseñanza de Lacan, si pensamos en la interpretación como resonancia, en donde no se trata ya de la sustitución de un sentido por otro, sino de introducir un vacío, haciendo vibrar algo del goce.

Ángela Vitale: El texto elegido es una conferencia de Carlos Dante, es del año pasado, de una conferencia que dio en Causa Clínica, que es acerca de qué es el deseo del analista en las tres modalidades de análisis. Está dentro de las revistas de Lecturas Psicoanalíticas, en donde Carlos comienza diciendo que son tres modos diferentes de decires y justamente en estos tres modos diferentes de decires, se exige al analista que no tenga la misma posición, esto Carlos lo ha dicho, se trata de pasar de lo amorfo a algo que tenga forma. Es un texto interesante porque justamente hace todo un recorrido con el desarrollo de un análisis y de cómo uno adviene analista, y esta frase que se escucha mucho de autorizarse a sí mismo, en donde se trata de asumir lo más desagradable de uno.

Carlos Dante: o sea que el rasgo de ese texto es el deseo del analista y que no opera del mismo modo en los tres momentos del análisis.

Florencia Vidal: El texto que elegí es “Leer la pulsión”, es un texto de Carlos del año pasado, está en la revista 20, 21 y 23. La línea general de la conferencia es cómo sería el recorrido de un análisis, el recorrido de un análisis es dirigirse hacia la pulsión. Entonces surge la pregunta ¿cómo leer la pulsión, cómo situarla en el discurso de un paciente? Lo interesante es, a lo largo de las tres conferencias, ir ubicando las características propias de la pulsión, el rasgo principal que es el de fuerza constante, movimiento de apertura y cierre, rasgo de bai ven, carácter circularme pareció interesante porque es un tema que va a ser tratado en mayo, cómo un concepto teórico tan difícil se puede llevar a la clínica. En la tercer conferencia, toma el mito de la laminilla, justamente para trabajar esto de cómo es leer la pulsión. El nombre de las conferencias es “Leer la pulsión”.

Patricia Pena: El texto que voy a comentar es un texto del blog arrobitis, que es un texto de Florencia Vidal. El título es “El lugar de las entrevistas a padres en el tratamiento con niños”, a mí me pareció interesante porque es un texto que comienza con preguntas, por qué se cita a los padres, si es para devolución, para que den datos, y ella va respondiendo esas preguntas con una viñeta clínica, van apareciendo las diferentes intervenciones y es muy claro el movimiento que va, desde los padres hablando del niño, a los padres dando sus teorías acerca de un niño, al ser hablados sin darse cuenta.

En toda la entrevista se va puntuando desde los dichos del sentido del niño, a las cosas que empiezan a aparecer sin sentido. Plantea que esa es la lógica, así como el niño es traído, que los padres empiecen a ser hablados.

Carlos Dante: Las entrevistas a padres no llevan a obtener información del niño, este es un principio fundamental de la orientación lacaniana, porque si así fuera, sería que el lenguaje está para referir y no para que cada padre se relacione con su inconciente.O sea que el analista va a tener tres niños en análisis, uno es el niño que hay en la madre, el niño que hay en el padre, del cual él habla, y a su vez, el niño. Esta es la orientación lacaniana de hacia dónde va la dirección de la cura en la entrevista a padres.

En la última reunión, habíamos llegado a explicar, las tres formas de dirección de la cura en donde el analista paga: con su persona, paga con el juicio más íntimo y paga con sus palabras, pág. 567 de “La dirección de la cura…”. El juicio más íntimo: no es el juicio que ejerce el propio superyó del analista, tiene que estar relacionado con la estructura del dispositivo analítico. A la altura de “La dirección de la cura…”, el nombre que Lacan le da a la acción del analista es: el analista no sabe, es una acción sin saber, desde allí opera, desde lo que no sabe. Lo que no puede saber es el modo en que ese paciente va a transformar su modo de satisfacción. Puede tomar muchísimas formas, canalla, cinismo. Es una estructura velada, por eso es “más íntimo”. Es eso lo que va a supervisar el analista, “no se por dónde ir, no se qué hacer” éste es el movimiento que rige el movimiento del control y se impone por la propia estructura del acto analítico.

Un concepto: Destitución subjetiva: lo recorrió bajo cinco formas. Es la destitución del sujeto: No es el sujeto, aceptar ser tomado como significante, como objeto causa, como deser. Esto es: El analista no opera como sujeto. 1967 “Proposición del 9 de octubre…”: Lacan define la destitución subjetiva: “La destitución subjetiva es ser singularmente y fuerte”. Sitúa lo singular y el “fuerte” está del lado no de las debilidades del yo, sino que se sostiene de su singularidad. Una parte de la orientación del sentido siempre se le escapa, es propio de la estructura del ACTO.

Por lo tanto ¿en qué se orienta el analista? ¿en qué puede apoyarse? 1) El analista no sabe y debe tolerar las consecuencias de lo que causó, del proceso que puso en marcha. Debe tolerar las decisiones del analizante, las posiciones del analizante (todas las sesiones son diferentes), los actos del analizante. Dos ejemplos: Del lado del obsesivo: El obsesivo no tolera la introducción de la dimensión de equivocidad, ahí para el obsesivo se trata de otro, no de un semejante.

Sugiere Carlos Dante el texto “Los preguntones”, en donde deja en claro que el obsesivo hace la pregunta sólo para sí mismo, no es para que el otro le de la respuesta. Rechaza la equivocidad. La puntuación va a conmover esa posición, por lo tanto, el analista debe tolerar esa posición: debe pagar con su persona y debe pagar con su palabra. Se trata aquí de transferencia negativa. Dirige la pregunta a la persona del analista, por ejemplo: “mi horario no era diez minutos antes?” Del lado de la histeria: La histeria va a llegar diez minutos tarde, empieza a molestar para ver si el otro la sigue amando. Son pruebas de amor, es otro fenómeno que el analista debe tolerar, esto es, incluirlos en el análisis, no mirar para otro lado.

La verdadera dirección de la cura ¿dónde está? El analista, como dice Freud, se apoya en lo que Freud dice en “Análisis terminable e interminable”, en “Construcciones en psicoanálisis” y en el caso Juanito. Lacan lo formula en “Función y campo…” dice “hay que partir de los dichos del paciente para volver a ellos”. El principal apoyo es: el analizante. Freud decía “hay que ver qué es lo que viene del lado del paciente”. No es que “dependa” del analizante. En principio, la dirección se apoya en los cambios de los dichos del analizante.

Los tres pagos se articulan de la siguiente forma: Lacan en la “Proposición…” cuando habla a los AE y AME pág. 279 a 300, de Otros Escritos: “El analista está siempre a merced de analizante. Ya que éste, nada puede ahorrarle si tropieza como analista y si no tropieza, menos aún”. Es más exigente porque va avanzando el análisis y la exigencia del analista. Define al analista como un sujeto cuyo acto lo sobrepasa, esto quiere decir, que no sabe en el momento del acto. Por lo tanto, todo control de un análisis ¿por dónde comienza? La primera instancia de un control: es seguir lo que dice el analizante. Segunda instancia del control: ¿por qué se controla? Porque el analista es superado en su acto, no por ineficacia. El analista es el que puntúa pero es el inconsciente el que responde. La puntuación es algo que se agrega, no es algo que se basa sólo en lo que dice el paciente.

La interpretación analítica es en su esencia un hecho de puntuación. Suele estar sobrevaluada, en el valor que se le da. Es muy difícil de comunicar la puntación, tiene que ver con lo que puede haber de escrito en la palabra. La puntuación no tiene que ver con el contenido. El analista puede decir ¿sí? O gruñir o repetir un enunciado. En “Función y campo…” Lacan ubica al analista en tres funciones: El analista es testigo de los dichos del paciente.

El analista escucha El analista es un editor, edita. Por eso la puntuación se despliega, toma acta de una declaración de un paciente, una declaración afirmativa. Puede implicar que el analista no diga nada. La puntuación es la suspensión en el momento preciso en que dijo algo. La mayoría de los analistas creen que la puntuación es un entrecomillado, esa es una variante, pero no es sólo eso. Al suspender la sesión en determinado dicho, puede funcionar como puntuación y, sin embargo, puede ser una enormidad para el sujeto. La puntuación tiene que ver con el sentido pero también tiene que ver con cómo se aplica la regla fundamental y cómo se introduce la dimensión del tiempo. Por eso la puntuación tiene un efecto mínimo, que es, poner al sujeto a escucharse hablar. ¿Cómo pongo al sujeto a que se escuche en lo que dice? Por la puntuación. “Me quedé pensando en lo que dije la otra vez en la última sesión” eso es, efecto de la puntuación. Si no se escucha hablar, no hay posibilidad de análisis.

La puntuación, también transforma el sentido transformando la significación. El paradigma en Freud de la puntuación, es el texto “no es mi madre”, el texto de la negación. Se transformó el sentido, a partir de cambiar la significación. ¿Qué significa que la puntuación, es lo que hace legible el inconsciente? Implica que lo que aparece como formación del inconsciente algo quiere decir, que significa algo y no se qué es. La cuestión del escrito es esencial, está en la primera y en la última enseñanza. Puntuar la palabra es volverla un escrito. Es tratarla como escrito, no tratarla como palabra. Hay diez formas de puntuación: la coma, los dos puntos, puntos suspensivos, pregunta, admiración, paréntesis, raya, comillas, el guión y la diéresis. Cada época tiene su signos de puntuación. Nuestra época se ubica en una liviandad en el uso de los signos de puntuación.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

“Los sonidos gustan…” Parte II

Más allá del encapsulamiento, un modo singular de habitar la demanda

Camilo viene con un juego que le presté porque él quiso llevárselo, le digo acá hace calor, ¿te ayudo a sacarte la campera? Responde “sí”. Se sienta en el piso y me mira, sonríe y dice “ahora jugamos con las pelotitas”, sí jugamos, respondo. Jugamos, después pintamos, después usamos la pizarra, pintar, jugar, usar. Digo: chin chin chin chin baja la pelotita, repite “Chin chin chin chin”, cada vez se da más la repetición de lo que digo y hago, luego de decirlo me mira y se ríe.

Se mira al espejo y saca la lengua, le digo “una lengua larga”, me mira por el espejo y le digo una cara de contenta, la hago y él la hace dándose vuelta para mirarme. Luego le digo, ahora pongo cara triste y me grita “¡esa no!”, bueno, entonces hago una cara de asco, digo “cara de asco” y dice “muy sucio”. Se levanta, busca unas plasticotas de colores y me dice “hacemos pinturas” hagamos le digo. Le ofrezco una hoja, la toma, y me dice “abrilas”, refiriéndose a unas plasticolas. Pinta la hoja y pasa su mano sobre la pintura, dice “roja manzanita”, le digo roja y muy rica, dice “chiquita”.

Encuentra un vaso y dice “¡agua”!, se dirige al baño y llena el vaso con agua, comienza a echarle plasticolas de colores, le pregunto, ¿qué hacen ahí dentro las plasticolas?, me dice “se bañan, lanitas”. Le digo si! Parecen lanitas. El agua se desborda al introducir sus manos, busca secarse en la ropa y trata de que se desparrame la menor cantidad de agua, entonces le ofrezco pasar el agua a un recipiente más grande, vuelca él el agua y dice en voz bajita un charquito, le digo claro, un charquito, luego dice en voz baja, no es un charco eso, dice luego si un charco sucio muy sucio. “Desayuno, juguito de manzana, temprano, en casa”. Si! Tiene color de juguito de manzana, le digo.

Luego al apretar las plasticotas bajo el agua se produce un sonido que le da risa, le digo ¡que ruido gracioso! Me mira y se ríe y vuelve a repetir el sonido, se ríe cuando me río. Le ofrezco peces, un lagarto, una gallina y un bebé, los coloca y va a buscar más agua, se queja de no poder cerrar bien la canilla, le digo que está un poco dura y le pregunto, ¿la cerrás vos o yo? Responde: yo, y se va sin cerrarla.

Aquí Yo es otro, es otro quien soporta como doble su hacer. Yo es yo, no él. Introduce la plasticola en el agua y hace ruido, me dice “hace un ruido gracioso” lo repite varias veces y dice “un ruido divertido con burbujas y espumita” y se ríe, le digo sí! Dice “el bebe se baña, está limpito”. Se ríe y de un salto se sienta en mi falda, me mira fijo, me agarra la cara con sus manos y me dice: “Soy un bebé a upa de Andrea linda”. Le digo: Camilo lindo, a upa, juega al bebé.

Desplazando el borde

Comienza repetirse en las sesiones el demandar, el pedir un juego determinado ni bien Camilo entra a sesión. “Hoy jugamos al doctor, tomamos el jarabe, miramos los dientes, curamos al bebé, Andrea!”. La fijeza en cuanto a lo que no y a lo que sí accedo a hacer con él ha ido cediendo. Se amplía el borde en donde el niño se hace más flexible al otro, a su voz y a su mirada, ello no excluye esos momentos en donde el encapsulamiento emerge y junto a él el silencio o los ecos del laleo de la lengua. Incorporo algunas reglas que él va tomando, por ejemplo, guardar un juego antes de sacar del armario otro, intentando marcar una serie, una secuencia.

Esto mismo se irá situando en juegos como el bingo, en donde le voy presentando una alternancia, un modo de pausar esa arremetida metonímica que emerge cuando la lengua funciona por sí misma, un “ahora es tu turno”, “ahora es mi turno, vos esperás”. A veces toma esta alternancia, y en otras ocasiones no.

Mi voz y mi mirada no son ya una amenaza, como tampoco ciertos objetos ante los cuales antes gritaba hasta que eran eliminados de su vista, como por ejemplo lo era el girar del ventilador de techo, en donde era necesario apagarlo para que no se asuste. Tiempo después él mismo decía, “apagalo”. Posteriormente, pasó a serle indiferente si estaba prendido o apagado. Surge el acercamiento hacia otros niños, el abrazarlos y besarlos. Su madre expresa que está muy pegado a ella, como nunca antes lo había estado, de hecho esto surge eventualmente en el consultorio, antes su madre lo dejaba y se iba y ahora, cuando llega a la puerta del consultorio, empieza a gritar “quiero a casa con mamá”. En otras ocasiones ha dicho “quiero a casa, no… ahora quiero jugar acá…” manifestando una oscilación en el querer, quedando un tiempo inmerso en esa alternancia del “me quedo, me voy”.

Algo de la lengua se va cerniendo, en las estereotipias del lenguaje, la repetición de ciertas frases y palabras le van permitiendo encontrar un modo singular de habitar cierta legalidad del lenguaje, no quedando así a merced de la lengua como lo que es sin ley. Hace poco, estando Camilo de vacaciones con su familia, su madre me envía un wassap diciéndome que el niño pedía hablar conmigo, entonces me envía una grabación con su voz, que dice: “Hola Andrea….¡siiiiii!”

Más allá del muro… lo singular

Más allá del muro, que considero implica el tomar un único modo de abordar el autismo, como lo es en este caso clínico, un único tipo de terapia cognitivo-conductual, el psicoanálisis reconoce que existe un enigma, un otro modo de habitar el lenguaje, al respecto, cuando Camilo toma el reloj de arena le digo: “hay arena en el reloj”, él me dice: “arena no, es azúcar de mi mema”.

Para este niño diagnosticado con autismo, al cual conocí hacen tres años y no esbozaba más que el grito, hoy me enseña que cada objeto de mi consultorio, más allá de su nombre culturalmente establecido, puede ser nombrado por como suena, en donde él, con el palito del xilófono va golpeando los objetos, a su decir: “ la puerta chin chin, la mesa pon pon”. Al despedirse, en una sesión, me dió un abrazo, le pregunté si los abrazos podían sonar y me dijo "no, los besos suenan muac muac" Fue ahí que recordé entonces a Eric Laurent y ese espacio de cierto juego en donde el Otro ya no es amenazador, si se deja llevar por ese enigma singular propio de la lengua.

Dice Eric Laurent: "El encapsulamiento autista permite tener un cuerpo: en lugar de la imagen, hay una cápsula que define el espacio de seguridad del autista, le da un límite protector frente a un Otro amenazante. En terapia, ese borde puede desplazarse, aflojarse constituyendo un espacio que no es ni del uno ni del otro, y donde puede producirse cierto intercambio con un Otro, que no es el Otro amenazador situado fuera del borde. Es un espacio de cierto juego. El psicoanálisis es un espacio de juego: juego de la palabra en la neurosis, juego en la clínica con niños, juego de construcción de una lengua personal en la psicosis, juego de construcción de un borde en el autismo".