Reseña VI. Seminario EOL 2016. Carlos Dante García

Martes 24 de Mayo de 2016

                               

      "Saber hacer lo femenino. Hacer saber lo femenino".                                                                                     Dos viñetas clínicas: Histeria y feminidad.

 

Referencias Bibliográficas:

1-   Seminario 18: “De un discurso que no fuera del semblante”. J. Lacan. Pág.: 136.

2-   Seminario “El lugar y el lazo”: Cap. 9: “La disolución de los conceptos freudianos”. J-A. Miller.

3-   Seminario 16: “De Otro al otro”. J. Lacan.

4-   “Recuerdo, repetición y Elaboración”, S. Freud.

5-   Seminario “El lugar y el lazo”: Cap. 7: “Lo real sin ley”.

6-   Emilio, o De la educación, Jean-Jacques Rousseau. 1762

7-   Marie-Hélène Brousse, “Saber hacer femenino con la relación. Las tres R: astucia, estrago y arrebato”.

8-   Seminario 18: “De un discurso que no fuera del semblante”. J. Lacan. Pág.: 122.

 

Carlos D. García va a desarrollar la relación entre lo femenino y el Sinthome. Lo hará bajo la forma de dos ejemplos clínicos y de algunas referencias conceptuales.

Hay una definición que todos compartimos  de Lacan: No hay relación sexual que pueda escribirse.

“Es, pues, en un discurso donde los entes hombres y mujeres, naturales, si puede decirse así, tienen que hacerse valer en tanto tales”.(1)

 

Esto supone  la formula   lazo

                                   No relación sexual.

El lazo, el discurso, está en lugar de la no relación sexual. Si solo puede hacerse valer por un discurso esto significa que lo sexual es objeto de un decir. Tratamos de localizarlo, de capturarlo a partir de un decir. Los analistas podemos captar que la relación sexual es a partir de la enunciación, de la diferencia entre los dichos y el decir. Es en el nivel de los enunciados y de la enunciación que lo sexual se organiza en un discurso. Los lazos sexuales se organizan a partir de un discurso. Cuando abordamos la problemática de la feminidad abordamos la problemática de los lazos sexuales.

En la última enseñanza de Lacan, que se organiza a partir del goce, lo rea y del Sinthome se deja de lado que Lacan va haciendo un progresivo cuestionamiento de los conceptos freudianos. Uno de los conceptos que cuestiona es el concepto de inconsciente.

Es el inc. el que organiza los lazos sexuales, no son las personas ni el yo el que organiza los lazos sexuales. Hay que aprender a captar como el inc. conduce a un no saber hacer. El inc. no nos dice que hay un saber hacer en lo sexual.

Miller en seminario El lugar y el lazo: Cap. 9: “La disolución de los conceptos freudianos” ubica al inconsciente de una manera muy particular, diciendo que el saber inc. es débil, el inc. conduce a “no saber hacer con lo sexual, el inc. no nos permite salir de la repetición.

 

Esquema:               Inc.            —–         Inc.     —–    Sinthome

             No saber hacer con lo sexual

 

El inc. que no sabe hacer es el inc. de la repetición, de “Recuerdo, repetición y Elaboración”, después hay otro inc. que es que toma forma en el discurso analítico, pero ese inc. también debe ser modificado porque como dice Lacan: “el neurótico no puede salir de allí”.

Lacan en el Seminario 16: “De Otro al otro”, introduce un concepto correlativo al de Sinthome: Saber hacer= savoir faire.

Saber hacer uso del síntoma o saber hacer con el síntoma se opone al engaño del inconsciente, al no saber hacer del inconsciente.

Lacan le da todo un lugar al inc. para después poco a poco hacerlo palidecer; ¿por qué?

Equipara la debilidad del inconsciente con la afinidad de la histeria con el inc., oponiéndola al Sinthome. Es el movimiento  del pasaje de la histeria a la posición femenina y al Sinthome. De lo que se trata es de hacer palidecer al modo de funcionamiento de la histeria basado en el inc. para poder llegar a la supuesta posición femenina.

 

Miller en el seminario: “El lugar y el lazo”, cap. 7: “Lo real sin ley”, pág.: 121, enuncia caminos de salidas posibles del análisis

1-   La curación del síntoma. El psicoanálisis concierne al síntoma, psicoanálisis aplicado al síntoma.

2-   El pase.

3-   Por el Sinthome.

“La salida pase no es menos problemática que la salida curación”. Porque la definición de curación no es absoluta, es relativa, no se está seguro que haya retorno de lo reprimido.

La salida por el Sinthome, se trata de la revisión del final del análisis bajo la forma de cómo solucionar la repetición, el concepto clave aquí es “saber hacer”.

 

Casos clínicos

Interesa las maneras de solución subjetivas de la feminidad.

 

1- Texto de Marie-Hélène Brousse, “Saber hacer femenino con la relación”. 

En este texto M.H. Brousse da el ejemplo de  dos niños de la misma edad que pasan sus vacaciones juntos; en la casa hay numerosos juguetes. Los adultos pronuncian la regla: “los juguetes de la casa son de todos los niños”.

La frase se sitúa en un universal, en un “para todos”. El niño está con un juguete, llega la niña, mira, toma su juguete y, ante sus gritos, le dice: “Los juguetes son de todos los niños”.

¿Esa posición es de histeria o no? Repite la ley universal, el “para todos” haciendo surgir otra dimensión no dicha. Cuestiona el “para todos” mediante el acto de tomar un juguete. Manifestación de la singularidad del sujeto ante el universal del “para todos”. M.H. Brousse va a decir que esta solución es la “solución astucia”.

Dice que hay tres soluciones: la astucia, la estrago y la arrebato.

No pone en tela de juicio lo universal, enuncia la regla del “para todos” pero con el acto denuncia que el “para todos” es una ficción. Se apoya en la ley y revela la ficción de eso.

Dos rasgos del acto: Un saber de la falta y la aceptación de esa falta.

Lacan en el Sem. 18, pág. :122: articula la relación de la mujer con la ley universal. Una mujer no sigue la ley universal. La acepta pero el asunto es como hace con esa ley: “lo femenino está fuera de la ley del sgte”. Acto de rebelión propio de lo femenino que no es el acto histérico.

2- Caso clínico: Mujer que consulta porque se lleva mal con el marido del cual está enamorada. Se lleva mal porque al realizar una mudanza, encuentran cartas viejas dentro de un baúl que había permanecido por años en la cabecera de la cama conyugal. Entre esas cartas, algunas eran de un ex y breve amante, anterior a su matrimonio. Ella había olvidado su existencia, así como por otra parte había olvidado hasta el nombre de ese señor. Pero su marido lo tomó a mal, reprochándole particularmente haberlo hecho dormir durante años con esa carta en la cabecera de su cama. Ella no entiende su enojo y tampoco entiende el olvido de esa carta. Porque la conserva y no fue verdaderamente escondida, ahí es donde falla el esconder.

Asociaciones  en análisis: 1- Un trofeo. 2- Una venganza, por infidelidades anteriores del marido. 3- No recuerda el nombre de el pero si recuerda el “placer inédito” que tuvo en ese encuentro. No recuerda nada de la persona, solo recuerda el “placer inédito”, eso es lo que guarda.

El olvido muestra que esa carta tiene un valor respecto de la relación matrimonial: ante lo establecido del matrimonio se puede tener una relación fuera de lo establecido. El índice que hay algo que no forma parte de las relaciones establecidas.

Signo de fuera de ley y de rebelión. La carta es la manifestación de un estatuto de rebelión. Que no todas las relaciones son bajo la relación matrimonial. Muestra el estatuto de ficción del matrimonio. Que pueden haber relaciones anónimas, encuentros con un placer inédito. De ahí el enojo del marido.

El olvido es también un intento de recuperar un estatuto de feminidad. Muestra que ella no forma parte del todo universal, con el encuentro de una satisfacción inédita. Objeción a lo universal bajo la forma de un olvido.

Manera neurótica de sostener la feminidad: mediante un olvido.

Sostiene la feminidad bajo la forma de la astucia generando un síntoma, un conflicto con el marido.

El saber hacer del inconsciente (olvido) llama a la formación de síntoma= genera obstáculo, conflicto y malestar. Eso NO es histeria. NO toda relación con la falta es histeria.

La carta del lado de la mujer sostiene lo femenino y a quien le cae la carta, al marido, lo feminiza. Lo descompleta de lo universal, no sos todo.

Contrapunto del saber hacer del inconsciente al savoir faire del Sinthome  y el saber hacer femenino. Tres cosas diferentes.

A veces el saber hacer del inconsciente intenta feminizar.

El neurótico a diferencia del saber hacer, hace de la castración del Otro la castración propia.

Cada hombre y mujer tienen su partenaire que no es la persona. En el ejemplo, el marido no es el partenaire, es el Otro al cual va dirigida esa carta.

El recorrido del análisis conduce a localizar el partenaire de cada uno. El partenaire es el Sinthome en tanto es un vacío alrededor de lo cual se organiza la satisfacción.

El síntoma: Genera obstáculo, insatisfacción, malestar.

Sinthome: No genera nada de eso.

 

Reseña V. Seminario EOL 2016. Carlos Dante García


PARLETRE    INCSS
SINTHOME    INC
CUERPO        LALENGUA
SINTHOME    GOCE FEMENINO

Título: “Sinthome -goce femenino: coincidencias y diferencias”

Carlos García, continúa con  el desarrollo del estatuto de la pregunta por la especificidad de la orientación del final del análisis a partir del Seminario XX.

El título del seminario Enigmas de la feminidad, es si hemos llegado a una respuesta definitiva en relación a ¿qué quiere una  mujer?.

Algunos dicen que es la especificidad del goce femenino en Lacan.

El título, variantes de la sexualidad abre un campo, si las fórmulas cuánticas abarcan sin contradicciones, sin fisuras abarcan gran parte de las experiencias sexuales …

Sexuación: es la oposición entre el goce fálico y el goce no todo.

Hay goces en el transexual que no está del lado de la psicosis.

Goce particular de la disidencia, que no es el mismo goce de la privación de la histeria.

Yendo al  título de la reunión de hoy: ¿El goce femenino es el sinthome? Coincidencias-diferencias".

Términos propuestos por Miller del año 2004 a la actualidad.

Términos que son una modificación de la práctica, por ejemplo; el inconsciente está estructurado como un lenguaje, formula que presenta 4 características, que conciernen a la práctica y a la clínica del psicoanálisis.

1)    La dimensión clínica es que se verifica que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, a partir del concepto de interpretación, es decir la interpretación es lo que se lee, se trata de una lectura que tenga un fenómeno del lenguaje,  implica la dimensión freudiana de que solo es posible mediante la interpretación.

2)    Se trata de fenómenos que conciernen al significante, se trata de fenómenos que no se sabe que significa algo.

3)    El inconsciente es un fenómeno de comunicación. El inconsciente es el discurso del Otro.

4)    El inconsciente se ordena en un discurso, el discurso analítico, se organiza desde lo que se dice en la asociación libre, organizada por la transferencia, por la interpretación.

Miller propone una sustitución, el inconsciente freudiano, estructurado como un lenguaje,  lo sustituye por el concepto de parletre.

El parletre es el inconsciente, antes del inconsciente estructurado por un lenguaje,  de la lengua.

¿Qué es lo primero lo está 1° lógicamente? Lalengua, el parletre

¿Cuál  es lo final? cual es la orientación en el análisis. Lo segundo es lo inconsciente estructurado como un lenguaje.

El parletre es una manera distinta de hablar del inconsciente, relacionado al cuerpo.

El sinthome viene a sustituir el concepto de síntoma.

Lo que está antes es el sínthome y luego viene la envoltura formal del síntoma.

Lo que está al final del análisis es el sinthome como un acontecimiento del cuerpo producido por el parletre.

No se llega con el inconsciente estructurado como un lenguaje al sinthome, se llega por el parletre.

Síntoma en relación directa al goce fálico.

Sínthome en relación a un  goce opaco.

El estatuto del cuerpo redefinido por Lacan a partir del Seminario XX.

Como llegar al fenómeno que no pasan por la palabra, por la comunicación para Lacan. Como utilizar los recursos del lenguaje y de la escritura para abordar los fenómenos que no pasan por el lenguaje.

El cuerpo lacaniano, hasta el Seminario XX, era el cuerpo que tenía dos características, constituído por lo simbólico y lo imaginario, estadio del espejo.

El segundo cuerpo es a partir del Seminario X, el cuerpo pulsional de los agujeros pulsionales.

A partir del Seminario XX es el cuerpo del hablante, no es el cuerpo de la histeria, es el cuerpo del parletre, del acontecimiento del cuerpo, que no tiene que ver con la palabra.

1)    Parletre por inconsciente estructurado como un lenguaje.
2)    Síntoma por Sínthome

Lalengua, no estamos en el lenguaje, no hay pasaje, no está organizado por el significante.

Si hay algún acontecimiento de cuerpo,  hay sinthome y luego hay síntoma, y luego la posibilidad del inconsciente estructurado como un lenguaje.

El movimiento del análisis es un movimiento inverso.

Para poder llegar al sinthome a lalengua, utilizamos una expresión de Eric Laurente, es necesario secar el sentido.

Cuando estamos en el terreno del sinthome y parletre estamos satisfaciéndonos placenteramente.

¿Por qué Lacan elige a Joyce?

Lo que hizo Joyce a partir de un goce autista y que no incluía el sentido, que era ese goce? Era la satisfacción que el encontraba de escribir  lo que él escuchaba y veía, su relación con las epifanías, le generaba risas, escribió una obra con la imposibilidad de darle sentido, y sabe hacer con eso, la publica, le da forma de obra.

El saber hacer con el sinthome, es el saber hacer  la obra, punto que toca con la sublimación, y lo que se denomina escabel.

Escabel, es un goce de la palabra, que incluye sentido.

Distinguimos tres tiempos:

1)    Goce autista vaciado de sentido.
2)    Saber hacer con eso.
3)    El sentido que toma eso.

Retoma la pregunta de la clase: Coincidencias y diferencias entre el goce femenino y el autista.

La dirección de la cura a partir del Seminario XX es ir en contra del goce fálico que generaba sentido.

Introduce una especificidad a partir de la palabra que marca a partir del ideal del yo de la 1° enseñanza, que también marca, el discurso de la madre pero para Lacan la palabra que marca es la que toma el giro de un decir, no son dichos.

La que produce una escritura en el cuerpo, es un decir opaco más cercano a lalengua, es un decir que no hace lazo.

Decir-marca-letra, estos tres términos caracterizados por una dimensión opaca, que no hacen cadena, que no se pueden relacionar con otro término.

Letra: dimensión opaca en su goce, no hace cadena, no se relaciona con otro término, no es posible leer.

El significante es para leer, la letra no es para leer.

Para que alguien pase a diván es la relación que ese sujeto tiene con la lectura. El neurótico tiende a un modo de leer, y esta lectura cuando no está en análisis, la lectura es fija, y lo que hace el análisis es modificar la relación que tiene el sujeto con los fenómenos, que puede tener varias lecturas de un mismo hecho. El paciente y el analista con más lecturas en el decir, y consentir.

Interpretar es producir siempre efectos de significación, aislando significantes asemánticos, vaciado de sentido, para que el sujeto perciba a que significante esta sujetado.

¿Cómo abordar fenómenos de escritura, que tiene que ver con el síntoma, con el inc. estructurado como un lenguaje, organizado por el concepto de repetición?

Miller propone el  término iteración, dice que el esquizofrénico itera el mismo paso, sin ningún tipo de variación, repetición sin diferencia.

Diferenciar: la lectura como interpretación de la lectura a secas, sin interpretación.

¿Cómo leemos los fenómenos del goce femenino? La característica de este goce, como no todo fálico, no es localizable, los fenómenos que se presentan en el cuerpo y no demandan sentido.

Bibliografía:

–    Testimonio de Mauricio Tarrab. http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=el_pase&SubSec=testimonios&File=testimonios/tarrab_soplo.html
–    Miller, Jacques Alain, Seminario Piezas Sueltas, Cap. 6, la teoría del escabel.
–    Miller, Jacques Alain, Seminario Donc, Cap. Como se inician los análisis.
–    Lacan, Jacques, Seminario XI, Clase 19, de la interpretación a la transferencia.
–    Lacan, Jacques, Escritos …comentario a Jean Hippolyte,
–    Lacan, Jacques, Atolondradicho.
 

Reseña IV. Seminario EOL 2016. Carlos Dante García

                               "La feminidad neurótica- una femineidad"                          

                                                                                Martes 10 de mayo  2016                                                                                                                                                                                                                                                                      

Referencia bibliográfica:

-Seminario 3, Las psicosis, Lacan.

-El Malestar en la Cultura, S. Freud.

 -La feminización del mundo contemporáneo, rasgo de nuestra época. Andrea Amendola .  http://lecturalacaniana.com.ar/doc2.php?doc=556

                                                                

Distinción esencial:

Cómo entender la relación que guarda la mujer con el falo para así, distinguirla de la relación que guarda la histérica con el falo.

Esta distinción nos permitirá formas de leer la dirección de la cura bajo la forma del: no-todo.

Histeria y Mujer: tienen en común que pasan por la relación al Otro con mayúscula.

Contrapunto entre Histeria y Mujer que orienta cuando analizamos en la dirección de la cura Histeria o Mujer. La clínica no es la misma y las intervenciones tampoco lo son.

¿Qué relación guarda la histérica con el falo y la mujer con el falo?

Mujer: sólo puede establecer una relación con el hombre a título de ser el falo, o sea, entrará en la relación sexual con el hombre bajo la forma de ser el significante de lo que el hombre desea. Es aquello que le permite el acceso al hombre.

Posición: SER EL COMPLEMENTO DEL HOMBRE.

Prevalece: EL GOCE

Histérica: tiene una relación con el falo que NO es la de ser el significante de lo que el hombre desea. Ella guarda el anhelo de SER EL FALO PARA QUE EL HOMBRE NO LA DESEE. Ej: “Qué te creés que soy, un objeto?”  Rechaza la propuesta del hombre sobre aquel significante que él le ofrece, porque antepone la identificación al falo.

Prevalece: LA INSATISFACCION

Histeria: SUSTRACCIÓN AL SIGNIFICANTE DEL DESEO DEL HOMBRE. Escamoteo. Movimiento que va de la seducción al rechazo.

Hay un tipo de Histeria hoy que no se niega al goce del hombre (encuentro con la carne, pene del hombre, cuerpo) pero lo clave es: EL MOVIMIENTO—-> lo único que le va a interesar es lo que no está satisfecho en él. Aquello que él manifieste de insatisfacción. No es maldad. Es estructural. Es ser lo que le falta a él. El falo de lo que le falta al otro.

El goce obtenido aquí es el GOCE DE LA PRIVACION. Se obtiene a partir de hablar. La insatisfacción aparece en la palabra. Posición: Consumidora de la falta. Empujada a no satisfacer el goce, porque justamente goza de la falta.

Ej: termina una reunión y la histérica dice: “¿Qué estuviste mirando?”

Apunta a-à Un PLUS DE SER.  EXIGE  SER  ALGO PARA EL OTRO.

Busca hacerle producir un saber al hombre: “decime cuál es el objeto de tu deseo”. Exige sea dicho.

En  la clínica se trata de localizar el punto de insatisfacción cuando ella habla.

4 Carácterísticas:

1-Hacer preguntas sobre el interés que pueda tener él en relación a las mujeres.

2-Discurso amoroso que incluye la pregunta.

3-Esa pregunta pertenece a una dimensión SUPERYOICA. SE LE IMPONE.

4-Empuje a un saber.

¿Qué lengua habla la histérica?

La lengua del partenaire hombre.

La histérica no es una mujer cuando funciona de esta forma.

NO SER UNA MUJER NO SIGNIFICA QUE SEA UN HOMBRE. No se superponen.

Se trata de ubicar cuál es la dimensión de especificidad de la dimensión de hombre que hay en la histeria.

En las fórmulas de la sexuación: queda del lado hombre

Antes de los años ’70: no queda del lado hombre. Seminario 3: preguntarse qué es una mujer no es serlo.

Hay que localizar cuál es la parte hombre.

La histérica NO quiere ser la Otra. Ej: escena del lago: cachetazo de Dora al sr. K.

Sueña: con dejarle el hombre a otra.

Nunca está sola. Siempre está en relación a otro. Generalmente un hombre.

 

¿Cómo se es madre del lado de la histeria y del lado de la mujer?

Mujer: cuando su aspiración fálica está dividida entre un hijo y un hombre.

Histeria: cuando su aspiración fálica no está dividida entre un hijo y un hombre.

El deseo propiamente femenino se define por la ausencia en relación al hijo. Se ausenta de la presencia constante en relación al hijo.

LA CULPA: SI ESTÁ PRESENTE FUNCIONA NO EL NO-TODO, SINO LA DIMENSIÓN HISTÉRICA.

Freud: el comienzo de la cultura comienza con la ausencia de la madre.

Trabajo sobre feminización de Andrea: sobre el caso clínico qué muestra la puesta en juego del Uno, “creí que era Todo para ella”.

¿Cuáles son el caso los significantes que sostienen el Uno y  que permiten cuestionar el mito del Uno?

El amor como hacer Uno: Lacan cuestiona dos mitos, el de Edipo y el de Aristófanes.

En el caso: el incio del consumo viene a producirse en un momento de separación, ruptura de la malla simbólica.

Lo más importante no es qué ocurre con la sustancia sino qué ocurre con el superyó.

ES EL EMPUJE DEL SUPERYÓ LO QUE LLEVA AL CONSUMO.

¿Cómo leemos las vacilaciones del todo en la actualidad? Por ejemplo, cuándo va a parar la inflación.

No podemos encontrar un nombre del padre que diga, punto de capitón, ni Cristina ni Macri, por ej.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Que curación del cuerpo en análisis? Parte IV

Entrega IV: Viñeta


En esta última entrega, el autor presenta una viñeta en tres tiempos, separados por intervalos de varios años.
Un tiempo uno; la escena primaria que lo sorprende, queda grabada en la forma de un recuerdo-encubridor, siguiendo a Freud, estos recuerdos funcionaron en el paciente como defensa ante lo sexual, es decir un real inasimilable.

Angela Vitale

La rinitis

Tiempo uno: T1. El niño muy joven —tres años tal vez— sorprende una escena (o, más bien, es la escena que lo sorprende). Quedará grabada en la forma de un recuerdo-encubridor. En el marco de la puerta, él percibe a su madre arrodillada y atenta, curando el pene herido del padre, que está sentado entregado a las manos maternales. Ella sostiene un envase de "mercurocromo", antiséptico colorado con el cual cubrió el órgano del padre, que no es más que una mancha roja. El niño queda silencioso, estupefacto; la escena más tarde rememorada en análisis es una suspensión de la imagen, no hay ni antes ni después… En la cura tomó valor de escena primitiva y funcionó como recuerdo encubridor.

En su texto de 1899, "Los recuerdos encubridores" (en Neurosis, Psicosis y Perversión), Freud sitúa los recuerdos encubridores como defensa ante lo sexual.

Desde 1886, en "Las psiconeurosis de defensa", Freud permite apartar la realidad sexual inconciliable y traumática, esa que ningún saber puede subjetivar, esa que hace "hueco en el psiquismo". Este goce inconcebible, radicalmente heterogéneo al significante, extranjero al sujeto, es equivalente a eso que Lacan mucho más tarde llamará "la no-relación sexual", es decir un real inasimilable. Es eso lo que esconde el recuerdo encubridor: reviste lo real del hueco, lo tapa y al mismo tiempo lo designa. Fue así como funcionó esta escena primitiva.

Tiempo dos: T2, Muchos años más tarde, nos encontramos con la época "demasiado precoz" del primer encuentro sexual. Encuentro cuya fecha coincide con el desencadenamiento de una rinitis alérgica severa y rebelde. Tal es el fenómeno en cuestión. Hubo, como vamos a ver, "memorializacion" del encuentro de goce. La alergiología fue incapaz de curar este rinitis; la afección se cronificó.

Tiempo tres: T3, Los años pasaron, la rinitis persistió. Luego de diez años de análisis, el sujeto va a ser padre. Otro suceso del cuerpo surge entonces, —o más bien resurge: el tic, del cual volveré a hablar. En esta ocasión, por el hecho de la paternidad anunciada, la cuestión freudiana "¿qué es un padre?", se vio relanzada, y el juego de las asociaciones libres lleva al diván la escena primitiva y el pene herido del padre (T1). El sujeto va a hablar de la escena primitiva en el análisis. ¿Qué va a decir?

Hay verdaderamente muchos elementos en esta escena primitiva: el marco de la puerta, propicio al fantasma como cuadro. Hay la mirada que resume la posición de objeto del sujeto y que plantea la cuestión del semblante de real del objeto escópico. Hay el rasgo voyeurista en espera, ese que más tarde alimentará la vida sexual y no será otra cosa, a fin de cuentas, que un modo supuesto del goce del padre (una père–versión). Hay igualmente el pene herido del padre humillado. Todo eso atrajo al analizante del lado del sentido sexual, versión fálica y edifica la escena que el inconsciente había cifrado como buen interprete.

Pero hay también un punto heterogéneo en esta historia, punto que deja al analizante sin asociaciones: el "mercurocromo" —mercurochrome —, que hace mancha, que no llama a ningún sentido, y que finalmente saca al analista del silencio. Éste le dio un valor de holofrase descomponiéndolo lentamente: "mere-cure-ocre-homme". En francés, las sílabas de este nombre evocan fonéticamente una serie de significantes: mère (ma- dre), cure (cura), ocre (ocre), homme (hombre). – (Es como si en español, el producto se llamara "madrecuraocrehombre": es el mismo equívoco). Lo que va a continuación a confirmar el estatuto holofrásico de la palabra, es la consecuencia del desbloqueo de esta formación rígida: la interrupción radical y definitiva de la rinitis luego de… ¡20 años de evolución! Mágico!?… Es una sorpresa, pero ¿es verdaderamente una curación mágica? ¿Qué pasó?

La interpretación no liberó un mensaje escondido de tipo metafórico, sino una serie metonímica de significantes que no hacen sentido. Por otro lado, es de hecho homogéneo a la estructura del fenómeno, que no es un síntoma-metáfora, que no está cargado de sentido a decodificar, así como yo lo evocaba al principio; es un fenómeno puro.

Es esa toda la diferencia. Con el síntoma analítico clásico considerado como metáfora, el sujeto esta representado por un significante S1 del síntoma junto a otro significante S2, un saber en espera. Por la articulación S1 – S2, el sujeto esta allí, pero desaparece por estar solamente representado: Lacan indica este momento como "afánisis del sujeto", él desaparece bajo los significantes que lo representan. Es un modo de presencia.

Pero en el fenómeno psicosomático hay un defecto de afánisis, el sujeto no está metaforizado por la articulación significante, ésta última se encuentra soldada y neutralizada por la holofrase; él está pura y simplemente borrado, ausente, pues no está representado en el intervalo entre dos significantes, es víctima de la falta de este intervalo. El fenómeno no representa entonces a un sujeto, a no ser el hecho de que no contiene un sentido a decodificar, pues la estructura no metafórica del fenómeno no lo permite. No hay que imitar a Groddeck, contemporáneo de Freud, que trataba eso como una conversión, por un injerto de sentido –(Del estilo: Su nariz gotea para restaurar el pene del padre…). Además, el sentido es siempre del registro de lo imaginario y no produce ningún efecto sobre un fenómeno tal, que está, él mismo, enraizado en lo Imaginario como lo vimos con el matema.

Por el contrario, el fenómeno está en el límite de la estructura del lenguaje; la holofrase es un proceso del lenguaje que, para Lacan, juega el papel de un desencadenante, es decir de una "inducción significante", lo que no es para nada una "articulación significante". Es incluso tan ligeramente una articulación que provoca, como dije, un cortocircuito en el Otro de lo Simbólico, un defecto de incorporación que hace que lo Imaginario se encuentre directamente conectado a lo Real. La eliminación del Otro hace que, a la inversa del síntoma, el fenómeno nunca sea un enigma a resolver, nunca hace pregunta: no divide. Por otro lado, ni la sombra de una queja en sesión, el sujeto se sonaba la nariz, es todo. Si el analista tiene la ocasión de descomponer la holofrase, ésta no le es dada por el fenómeno mismo, sino por otro acontecimiento del cuerpo, el tic, que permitió de forma incidental producir la holofrase.

Hay entonces que concebir esta inducción significante, la holofrase, como una especie de S1, que no divide al sujeto; eso quiere decir que no hay S2 en el remolque, no hay espacio para la afánisis: en consecuencia, el sujeto se encuentra petrificado, fijado a ese S1 aislado.

Lacan en el Seminario I evoca esta petrificación: Toda holofrase, dice, se incorpora a situaciones límites, donde el sujeto está suspendido en una relación especular con el otro. Aquí el sujeto se quedó suspendido a esta escena y sobre todo al otro parental y al nexo parental "cuidador – cuidado", como versión de la escena primitiva (este sujeto será médico, después). ¿Entonces por qué hubo curación de la rinitis?

No olvidemos que el fenómeno es fijación de un goce silencioso, un "goce específico", dice Lacan en Ginebra en 1975; es un goce aparte, ni fálico ni venido del Otro (como en la psicosis); sino más bien un goce ligado a lo imaginario del otro. Estamos así en el límite del significante, excepto por el hecho de que el significante holofrásico (S1) en lugar de producir un saber (S2), provoca una especie de inscripción que lesiona el cuerpo, bajo la forma de una escritura.

Para Lacan, en la "Conferencia sobre el síntoma" de Ginebra, el 4-10-1975 (publicada en la revista suiza Le bloc-notes de la psychanalyse, n °5), el cuerpo se deja llevar, en el fenómeno, a escribir algo "del nombre propio", del orden "del "escudo", es decir del sello, o del "cartucho de jeroglíficos". Habla también de la "firma de las cosas" (formulación de los místicos, retomada por Jacob Boeheme). Es decir, que hay alguna cosa que leer. El escrito es siempre testimonio de una proximidad con lo Real. Ese modo de escritura podría entonces ponerse en tensión con esta otra escritura que es "la letra de goce" del síntoma —aquí, el tic. Esa sería una especie de alternativa de escrituras ante la proximidad de lo real: la "letra del síntoma" versus el "blasón del fenómeno", o uno o el otro.

La cuestión planteada es saber si existe la posibilidad de "cambiar de escritura", según una expresión de Alain Merlet, en el curso de un análisis, por ejemplo pasando del fenómeno al síntoma. Fue eso lo que pasó con la interpretación de la holofrase: la rinitis crónica desapareció y el tic (re)-apareció. Con una interpretación tal del analista, estamos lejos del deseo de curar en el sentido médico: cambiar de escritura es un efecto terapéutico ligado al desbloqueo de la holofrase. Este desbloqueo no crea sentido, decíamos, pero lleva a un fraccionamiento del bloque holofrásico: la madre, la cura, el hombre, y ese significante un poco oscuro, el ocre. El analista no jugó la carta por el sentido, sino que liberó una serie metonímica fuera-de-sentido.

Ahora bien, en Radiofonía, Lacan justamente alojó el goce en el flujo metonímico, que es fuera-de-sentido. Es por ejemplo, el goce del famoso proceso primario que marca el inconsciente. Éste hace de ello un modo de goce relacionado con el lenguaje.

Habría entonces, gracias a este desbloqueo, una deslocalización del goce: de lo imaginario como escena especular —la escena primaria T1— donde está bloqueado y "memorializado" en el fenómeno, es desplazado hacia la metonimia como proceso simbólico que lo pone en circulación. Esta deslocalización del goce de lo imaginario hacia lo simbólico, a mi modo de ver, da cuenta de la curación. ¡No era, pues, realmente mágico!… Reintroducir el desplazamiento metonímico allí donde el fenómeno no hacía sino conmemorar la inercia de una escena imaginaria fijada: tal es el modo de curación. ¡El acceso a la metonimia es así "un progreso simbólico" del cual Lacan hace un factor de curación!…


El tic

Este cambio de escritura en beneficio de la letra del síntoma, nos lleva a abordar la cuestión del tic en este mismo paciente. He aquí los datos. A los once años, el sujeto asiste de nuevo a una escena traumática: el padre se hiere el ojo, cortando madera. ¡De nuevo el padre herido!… El niño asiste al vaciado del contenido de este ojo en el fregadero. A la mañana siguiente, es tomado por un tic, que consiste a abrir los ojos de par en par: él "desorbita" dice la madre. Este tic tomará varios años para atenuarse.

Desaparecerá justamente luego de la primera relación sexual que desencadenó el fenómeno. Primer cambio de escritura entonces, a la edad de 15 años, inverso al que acabamos de describir: el tic se acaba, el fenómeno comienza. Esta ligado a lo sexual. Pero si bien el tic pasó, no se resolvió; es una curación falsa, pues vuelve con fuerza veinticinco años después en la ocasión de un suceso preciso durante el análisis: cuan- do al analizante le toca ser padre.

Ser padre tiene efectos diversos para un sujeto. Uno de ellos fue la reactivación del tic. A la ocasión de esta recurrencia que afecta los ojos, el analizante lleva al análisis la escena del ojo herido del padre, que antes había desencadenado el tic por primera vez en su juventud. El analista aprovecha para poner esta escena en serie con el recuerdo encubridor inicial (el pene herido del padre); asocia las dos heridas del padre; (el analizante no había hecho el nexo). El escenario de la escena primitiva y del pene herido del padre había sido ciertamente relatado al inicio de la cura, pero el analizante no había sacado consecuencias de ello, luego lo había olvidado, contrariamente al analista. Así, tres tiempos de este síntoma son encadenados en la neurosis infantil:
T1: escena primitiva (el pene herido), a los tres o cuatro años. T2: el ojo reventado del padre con irrupción del primer tic, a los once años T3: recurrencia del tic cuando el sujeto adulto se vuelve padre. Había allí una significación fálica a desenredar a partir de la vertiente metafórica y eso es lo que se logró.

En efecto, ser padre implica paradójicamente una pérdida: es dar el falo a una mujer, como lo precisa Freud, que asimila simbólicamente el niño a la promesa fálica hecha a la niña por el padre. Hacer un hijo, es dar el falo a la futura madre. Es un tema recurrente en Lacan: el falo, está hecho para ser dado. La castración está en juego simbólicamente. Hay entonces, como cada vez que resuena la castración, un llamado al Padre simbólico, al significante del Nombre-del-Padre, para taponar esta pérdida de goce, simbolizarla…

Pero la función paterna es insuficiente en la neurosis y el único padre que responde aquí está castrado (pene herido, ojo reventado). El síntoma toma entonces el relevo del padre fracasado, tanto más cuanto el analista se opuso a jugar el rol del padre ideal que auxilia.

Para Lacan, al final de sus enseñanzas, el síntoma viene en suplencia pues él es uno de los nombres-del-padre, en el sentido en que viene a asegurar el anudamiento entre los tres registros (R.S.I.), allí donde el padre fracasó. Él lo deduce de la topología borromea. Este contexto permitió al analista interpretar: Con ese tic, dijo, usted vuelve a poner al padre en órbita. Fue esa la interpretación curativa del síntoma; éste retomaba un nombre (órbita), extraído del diagnóstico de la madre sobre el tic del hijo: él desorbita, decía ella. Hay entonces un significante maternal articulado por el analista con el llamado al padre que el sujeto quiere volver a poner en órbita; y todo eso se condensa en el tic. En cierta medida, la interpretación desarticula la metáfora paterna separando estas dos vertientes: el él desorbita de la madre es la puesta en órbita del padre. Todo eso hace funcionar la significación fálica y libera el sentido edípico del síntoma. Es entonces muy diferente de la intervención hecha sobre el fenómeno.


La "elección" del ojo como sede del síntoma no es sin importancia. El analizante, ante la cercanía de la paternidad, había de igual modo reactivado algunos rasgos voyeuristas del fantasma: es otro efecto constatado. Pero estos rasgos voyeuristas, ya germinados en la escena primaria, eran tomados del goce supuesto del padre, como rasgos perversos atribuidos al padre. Es una père-version al servicio de un desmentir: se trata, como la clínica analítica nos enseña, de desmentir lo imposible de lo sexual mediante el rasgo perverso. Se trata de desmentir lo imposible entre los sexos, imposible que recubre la escena primitiva.

Así el tic venía a condensar metafóricamente las dos escenas traumáticas (T1 y T2), pero condensaba también el rasgo de père-version del fantasma voyeurista. El tic interpretado fue objeto de un trabajo de "perlaboración". Progresivamente, se fue desatando de sus ataduras edípicas, desanclando de las significaciones inconscientes que no dejaron de fluir en abundancia, en resumen, hubo que limpiar el sens-joui, el "sentido-gozado", o el "gozado sentido", joui-sens, que equivoca en francés con jouissance, el goce. Así desprendido del Otro, de las adherencias fantasmáticas, el tic se calmó, se rarificó. Se volvió muy controlable… pero sin embargo, persistió. He ahí entonces otro modo de tratamiento del acontecimiento del cuerpo entre curable e incurable. Él persistió y lo reencontramos, tal es un resto de goce apéndice del cuerpo, residuo ligero pero ineliminable de la operación analítica.

Perduró como último sostén de un goce último. Este síntoma ya no es un mensaje en código a liberar; perdió su valor de metáfora. Para decirlo de otra forma, se convirtió en un significante aislado, S1, no correlacionado a un S2. Viene, como cada S1 aislado, a ocupar el lugar de vecino del objeto a, objeto real de la pulsión (la mira- da en este caso). Este objeto real es lo que queda cuando la mirada ha perdido su valor perverso de plus-de-goce. El tic persiste entonces, en la interface de lo Simbólico (en tanto que S1) y de lo Real pulsional, el objeto mirada —que el análisis ha tratado por otro lado. De allí el matema del síntoma que es testimonio también de un fenómeno de borde, pero diferente del fenómeno: S ␣␣R Esta interface es siempre discordante: ¡cojea!

Como borde, es un "litoral" (Lacan) entre los dos registros, R y S, "litoral" que Lacan relaciona con la palabra "literal", que utiliza para subrayar su valor de letra de goce. El resto, el desecho del análisis, litter en inglés, se vuelve letter, es decir letra, escritura de un goce irreductible, distinto al del fenómeno. Ciertamente, tanto como el fenómeno, un goce está en juego, y verifica, como lo dice Lacan, que un cuerpo viviente es un cuerpo que se goza (Seminario Aún). Pero no es el mismo goce en los dos sucesos del cuerpo. Lacan dirá en el Seminario VIII (sobre La transferencia), a propósito de Sygne de Coûfontaine, personaje del teatro de Claudel, que el tic "es una mueca de la vida". Eso quiere decir que ese resto sintomático, este S1, es una manera de probar que se está vivo, a pesar de la mortificación de lo Simbólico.

Es una equivalencia lacaniana entre el viviente y el goce. Aquí se resuelve un paradoja de la enseñanza de Lacan: el significante desvitaliza el cuerpo —es la tesis de Radiofonía, ciertamente, pero también va a reanimarlo! En efecto, Lacan dice en el Seminario XX que el significante es la causa material del goce, es decir del viviente. ¿No parece extraño que, a la mortificación por el significante, responde la reanimación por el significante? Lo que no se puede comprender sino porque el síntoma residual, el tic, es "la mueca de la vida", la firma coja de la vida. En el fenómeno, al contrario, el goce dicho "específico" es otro, está sellado de inercia, está estático entre lo Imaginario y Real (como lo muestra el matema) y provoca más bien un ataque al viviente, si no es una destrucción.


Para concluir

Voy a concluir subrayando que estos modos de curación, —total para el fenómeno, y parcial para el tic—, son únicamente resultado del campo analítico —e incluso de una cura lacaniana para el fenómeno. Ninguna psicoterapia habría podido producir tales resultados. Sólo un análisis lacaniano puede permitir en un primer tiempo un cambio de escritura del "blasón" del fenómeno hacia el síntoma como letra, luego en un segundo tiempo, la reducción del síntoma-metáfora, por vaciado de sentido, a su estricto valor de letra de goce, letra donde se aloja un goce de todas formas ineliminable, —el goce del viviente.
Es así como yo comprendo el alcance de la expresión una sola vez pronunciada por Lacan: "la curación analítica". Este cambio de escritura, del fenómeno al síntoma, realiza un tratamiento, que podemos entender como una curación pero también como un "tratamiento de texto". Es posible que la escucha psicoterapéutica se apoye en la virtud curativa del significante, pero vemos que el acto analítico, participa de la cirugía de la letra.

¿Que curación del cuerpo en análisis? Parte III

Entrega III: El fenómeno psicosomático


El fenómeno es la consecuencia de un defecto en la incorporación del lenguaje y del significante en el cuerpo-organismo. El organismo inicial no esta verdaderamente constituido y es a partir del Otro del lenguaje, lo que nos concede un cuerpo, un cuerpo que no es equivalente al organismo inicial. Esto lo trabaja Lacan en Radiofonía, dirá que el fenómeno aparece en la interface entre I R, es un fenómeno de borde, entre estos dos registros. Una lesión orgánica aparece: el cuerpo está lesionado en lo real.

Angela Vitale

 

El fenómeno psicosomático


Breve repaso teórico. El fenómeno es la consecuencia de un defecto en la incorporación del lenguaje y del significante en el "cuerpo-organismo". El organismo inicial no esta verdaderamente constituido de entrada como un cuerpo para el sujeto. Con el estadio del espejo es una imagen. Es sólo la incorporación del lenguaje, del Otro del lenguaje, la que "nos concede un cuerpo", un cuerpo que no es equivalente al organismo inicial. Eso resume la tesis de Lacan en 1970 en Radiofonía. Pero obtener un cuerpo por la incorporación del lenguaje se paga a un precio alto pues esta operación negativiza el goce primero, goce original y "real", goce que suponemos reinó sin límites en el "cuerpo-organismo" de antes del lenguaje. Éste lo corpsifie, dice Lacan utilizando el término inglés corpse (cadáver), es decir que lo "cadaveriza", y el cuerpo entonces, al mismo tiempo que nos es atribuido, se vuelve un desierto de goce por la acción del significante. El único cuerpo que nos es concedido queda de entrada desvitalizado, vaciado de goce. De allí la importancia del resto de esta incorporación: la libido. La libido se implanta al nivel de las zonas erógenas, de los orificios, y viene a envolver o doblar al cuerpo, tal como una esfera que recubre otra, con una función precisa: recuperar permanentemente, en el exterior, el goce perdido en el interior, evacuado del cuerpo. Es esa la disposición pulsional que apunta hacia los objetos libidinales separados del cuerpo —el seno, el excremento, la mirada, etc.
Ocurre a veces —y llego poco a poco a la viñeta— que se produce un accidente cuando la mordedura del lenguaje no lleva a una corpsification correcta de tal o tal parte del cuerpo. El vaciado del goce no tuvo lugar y esta zona queda "muy real" por defecto de lo Simbólico. Un goce no ha sido borrado por el lenguaje; el efecto de oblivium (borramiento) del significante, como dice Lacan en el Seminario XI, no funcionó. Se produce entonces, en este lugar preciso, el fenómeno. La libido que dobla al cuerpo se desarregla: no busca ya sus objetos libidinales en el exterior, sino que, como un goce tóxico, vuelve a ejercer su dominio sobre este punto del cuerpo, con gran perjuicio del sujeto. Una lesión orgánica aparece: el cuerpo esta lesionado en lo real. Ahora bien, para Lacan, la libido circula sobre el eje imaginario, sobre el eje a – a’ de su Esquema L, mientras que una lesión orgánica tiene valor de real. Imaginario y real son así confrontados en el fenómeno, pues la libido (sentada sobre lo imaginario) choca con lo real del cuerpo (con un efecto de lesión), allí donde lo simbólico no operó. Esto aclara el matema bien conocido del fenómeno: I R Es un fenómeno de borde, de interfase entre los dos registros. Ultimo punto a considerar: ¿Por qué eso se produce? Si la cadena significante, lo Simbólico, no pudo incorporarse como es debido allí donde debía, es porque presenta ella misma una perturbación a nivel de su articulación significante mínima S1 – S2. Es la famosa teoría lacaniana de la holofrase. La holofrase es una congelación del significante, una toma en masa del S1 y S2, que no son articulados adecuadamente. Eso implica un defecto de metaforización, un defecto de representación del sujeto y de su cuerpo, en relación, dice Lacan, con ciertos límites de la vida del sujeto. Cada vez que eso se presenta, la incorporación de la cadena —que hace al cuerpo— falla, lo cual organiza un proceso patológico: la holofrase, testimonio de una cadena significante dañada, y más bien rara de aislar en las curas. He aquí un ejemplo con la viñeta que sigue que presentaré en tres tiempos, separados por intervalos de varios años.

 

Continuará…

¿Que curación del cuerpo en análisis? Parte II

Entrega II

En esta entrega el autor presenta a un sujeto en un impasse radical-no poder  dejar a una mujer que no ama y no poder quedarse con ella. La pregunta neurótica no se deja esperar: ¿Se puede curar lo que se presenta en forma de destino?

El análisis pone en juego su cuerpo, en el momento de ser padre, en ese momento preciso, el recrudecimiento de un síntoma de juventud: se ve afectado por un tic ocular masivo, luego una rinitis alérgica invalidante que no lo abandonará.  Acontecimientos de cuerpo de estructura diferentes-síntoma y fenómeno, que atravesarán la cura de este sujeto obsesivo.

Angela Vitale

 

Caso Clínico


Este sujeto decide iniciar un análisis pues no sabe cómo hacer con las mujeres, y en particular con una mujer. Por otro lado, nunca es la buena. Y cuando fue "la buena", es decir, la esposa, fue la peor. Una verdadera pesadilla: queriendo evitar la falta, la castración, había elegido una mujer ocupada con el agujero de la forclusión. Él se encuentra rápidamente en un impasse radical —no poder dejar a una mujer (que él no ama) y no poder quedarse con ella. Este síntoma toca la vida amorosa y comienza a afectar otras vertientes de su existencia (el trabajo sufre también, por ejemplo).
¿Se puede curar lo que se presenta en forma de destino? Tal era su pregunta de neurótico… La cuestión de la pareja-síntoma como inverso de la pareja-estrago se planteaba al inicio de la cura. Tales son las coordenadas de la entrada. Pero no sabía que el análisis lo llevaría a poner en juego su cuerpo. He aquí los síntomas que afectaron el cuerpo.
1) El análisis está bien avanzado. El sujeto ya no busca una mujer siempre "otra". Pudo arreglar su elección con una pareja, es decir que vive con una compañera que se prepara a hacerlo padre. Sobreviene en ese momento preciso, el recrudecimiento de un síntoma de la juventud: se ve afectado, por un tic ocular masivo que consiste en abrir los ojos de par en par. Este tic había aparecido ya en su infancia entre los 11 y los 15 años. ¿Se curará de esta recurrencia y cómo?
2) A la mañana siguiente de un primer y muy precoz encuentro sexual adolescente, el tic aparecido en su infancia había desaparecido. Fue una especie de curación por lo sexual. Pero algunas horas después de esta relación se inicia una rinitis alérgica invalidante que no lo abandonará. Sufre todavía de esta alergia severa cuando comienza su análisis a la edad de 25 años. Es un síntoma solamente en el sentido médico; para el psicoanálisis es un "fenómeno". ¿Cuál es el tratamiento de un fenómeno psicosomático en la cura?
He aquí entonces dos acontecimientos del cuerpo, de estructura diferente —síntoma y fenómeno—, que atravesarán la cura de este sujeto obsesivo. El cuerpo está muy presente en un análisis lacaniano, y no solamente en el histérico. Anteriormente se le había reprochado a Lacan el no preocuparse por el cuerpo, y ocuparse exclusivamente de los hechos del lenguaje. Ciertamente, él insistió primero en lo Simbólico para mostrarlo como categoría necesaria, pero el cuerpo está ya allí desde 1936 con el ‘estadio del espejo’ reformulado en 1949. El cuerpo fue una verdadera obsesión para Lacan. En Los no-incautos…, el 12 de marzo de 1974, nos confía esta pasión de juventud, en su período de estudiante: La anatomía me apasionó durante dos años, dice, … lo que yo buscaba en la disección era encontrar un nudo. Sí… me di cuenta después; es por eso que me apasionaba… uno no sabe nunca qué después! Es divertido leer esto a partir de sus últimas enseñanzas, pues da testimonio de un salto: buscaba un nudo imaginario en lo real del cuerpo anatómico, y finalmente, encontró un cuerpo imaginario en lo real del nudo —el nudo borromeo. Hago un breve repaso. El cuerpo está enraizado en lo Imaginario; el estadio del espejo testimonia de ello. En un principio se trata de una especie de "kakon originario"; según la expresión de Lacan, "de un desgarramiento primordial" ligado a la inmadurez y a la impotencia del infans. El hombrecito va a encontrar una solución a dicho conflicto a través del espejo que le reenvía un cuerpo reunido alrededor de una imagen unificante validada por el adulto (el Otro). Hay una verdadera "asunción jubilosa" del niño, ligada a este proceso. Pero hay allí ventajas y desventajas. Del lado de las "ventajas", esto concede al niño: "la permanencia mental del Je (Yo simbólico)", dice Lacan, que no es aún exactamente el "sujeto". Le con- cierne también un moi (yo imaginario). Del lado de los "inconvenientes", el cuerpo es ya un conflicto, un problema. El niño sólo puede decir "tengo un cuerpo" y no "yo soy un cuerpo". El cuerpo aparece "Uno", ciertamente, pero no hace identidad. Se encuentra de entrada "fuera-del-cuerpo", lejos, enfrente, en la imagen especular de mi semejante. No es sino una imagen, lo que lo fija y lo desvitaliza, como lo hará más tarde el significante. La salida del estadio del espejo es entonces un impasse, pues no trata la cuestión del viviente, de ese Real que es el goce del viviente. De allí el recurso a lo Simbólico para hacerse un cuerpo, volveremos luego sobre este punto. Retornemos a nuestra viñeta clínica. Voy a considerar primero la rinitis alérgica, lo cual me obliga a un breve repaso teórico sobre la cuestión del fenómeno psicosomático para comprender algo del caso. Agrego que el tratamiento del fenómeno, es poco abordado en los testimonios del pase, me parece. Veremos luego el problema del tic.

Continuará…

¿Que curación del cuerpo en análisis?


Para comenzar un análisis, se supone una creencia en el Otro, sin lo cual uno no demanda nada, pero no es suficiente, debe además creer en el síntoma y en el inconsciente. La cura en un análisis supone la creencia en el sujeto supuesto saber, llave de la transferencia, que el analista debe contribuir a instaurar. Todo esto supone un sufrimiento que podría decir algo, que develaría una verdad, verdad que concierne al síntoma pero no funciona para el fenómeno que no quiere decir nada.

Diferencias entre el deseo de curar en el analizante y en analista. Ese no querer necesariamente eso que se demanda. Reacción terapéutica negativa de rápida aparición en un análisis.

Evocación del trayecto de los distintos momentos en la dirección de la cura propuestos por Lacan.

De la realización del sujeto por un palabra que viene de otro lado y que lo atraviesa, al único bien que Lacan le atribuye  al sujeto, el del bien decir, especificando la ética analítica.

Y como arreglársela  con eso que no quiere curar; ¿goce? Cambio de estatuto del síntoma, de metáfora a un modo de goce fuera-de- sentido, una satisfacción paradójica, una letra de goce. El autor se pregunta: ¿Cómo curar de una satisfacción?

Angela Vitale

 

Lacan y la curación

La "preocupación por curar" es legítima, se sitúa del lado del analizante o del candidato a análisis y es, como la queja, una forma de la demanda. La demanda supone una creencia en el Otro, sin lo cual uno no demanda nada. Eso no sería suficiente para comenzar un análisis y podría del mismo modo ser dirigido a un médico o a un terapeuta. El modo de acogida específicamente analítico de una demanda tal, debe suscitar en el paciente la emergencia de otra creencia: una creencia en el síntoma y en el inconsciente. Dicho de otra forma, al esperanza de cura en análisis necesita la creencia en el "sujeto-supuesto-saber", llave de la bóveda de la transferencia que el analista, lejos de una escucha pasiva, debe contribuir a instaurar. Condición previa que no es necesaria para obtener la eficacia médica.
En "R.S.I.", Lacan indica lo siguiente: Lo que constituye el síntoma en psicoanálisis, es que uno cree en él… Creer en él, no es otra cosa que creer en seres en tanto que ellos pueden decir algo. La esperanza de cura en análisis supone entonces un sufrimiento que podría decir algo, que desvelaría una verdad a liberar de este mensaje raro que es el síntoma. La verdad es prisionera de la metáfora del síntoma, hay que descifrarla; es la fuente del sujeto-supuesto-saber. Dicha verdad concierne al síntoma, pero no funciona para el fenómeno, que no quiere decir nada. Veremos por qué.
Si la preocupación por curar es un deseo legítimo del analizante, ¿qué hay de ello del lado del analista? Freud tuvo al inicio la pasión de la curación rápida, pero el descubrimiento del inconsciente vino a disminuir sus ardores terapéuticos a causa de la sorprendente revelación según la cual el paciente no quiere necesariamente eso que demanda con toda sinceridad. La reacción terapéutica negativa aparece muy rápidamente como el reverso y la trampa de la preocupación por curar.
Yo me pregunté que había podido decir Lacan sobre la curación, sobre todo en el transcurso de su Seminario. Él evoca esta noción en cinco ocasiones entre 1955 y 1965. Para resumir: es interesante subrayar el momento de vuelco dialéctico que se opera en diez años. He aquí brevemente el trayecto.
Al principio él favorece la alianza terapéutica: analizante y analista, ¡un mismo combate! En el Seminario I sobre El yo…, es muy freudiano: La vida no quiere curar, dice él, la reacción terapéutica negativa le es innata … La curación, por otro lado, ¿qué es? Respuesta de Lacan: Es la realización del sujeto por una palabra que viene de otro lado y que lo atraviesa (19 de mayo de 1955). Hay una conjunción entre la verdad y la curación. Es por eso que él es freudiano y está animado por la preocupación de curar: eso permite una ganancia de saber. Dos años más tarde, persiste, yendo incluso hasta avanzar el término ya evocado de "curación analítica". Es en efecto una expresión que encontré en la última sesión de La relación de objeto, el 3 de julio de 1957. Se trata para él de calificar en el niño "el progreso simbólico" ubicado en lo que él llama la "mitificación infantil". Es, por ejemplo, el progreso de Juanito que convoca el mito de la cigüeña para tratar lo real inconcebible del nacimiento de su hermana Anna, que surge en el universo familiar. El progreso simbólico —o, si se prefiere, la verdad por el mito— implica la curación y obliga a una elaboración de saber, aquí, en la ocurrencia, una teoría sexual infantil. Propongo otra ocurrencia para este sintagma, como lo veremos, —una ocurrencia que no se apoye en el significante, sino en la letra.
Pero los tiempos cambian. Con el abordaje de lo Real anunciado en 1960 en La Ética…, se inicia al contrario una disyunción entre verdad y curación. El 11 de mayo de 1960, evoca la relación del analista con "el deseo de bien hacer", es decir "el deseo de curar". Nosotros contamos con él, dice Lacan, como algo que por naturaleza nos extravía. La palabra es fuerte! … Y agrega: Podríamos de forma paradójica designar nuestro deseo como un no-deseo de curar. He ahí un nombre inédito para el deseo del analista… Pero cuidado: el "no-deseo de curar" es diferente del "deseo de no-curar". El fin de este propósito es alertar contra lo que él llama la trampa benéfica de querer-el- bien- del-sujeto.
El único "bien" que Lacan atribuye a partir de aquí al sujeto es el del "bien decir", que especifica la ética analítica. Ya no es, como en el año 55, el matrimonio de la curación y de la verdad anunciada por la palabra plena, sino la separación de la curación y de la finalidad del bien-decir. Lo real escapa a toda idea de verdad por el saber, no es ni verdadero ni falso, pero se trata sin embargo de rodearlo, cernirlo todo lo posible. Después del año ’60, el analista debe romper la ecuación "curar = saber = verdad", pues sino uno puede preguntarse cómo va a hacer para arreglárselas con el punto de real fuera de sentido, que escapa a todo saber, y cómo va a arreglárselas con eso que no quiere curar…
El síntoma cambió de estatuto: de metáfora a liberar de su mentira, se convirtió en un modo de goce precisamente fuera-de-sentido, una satisfacción paradójica, una letra de goce. Lo cual reaviva la cuestión delicada: ¿cómo curar de una satisfacción? El "no-deseo de curar" le costó a Lacan algunos ataques violentos de sus enemigos, del tipo: He ahí un analista que no quiere curar a su paciente!… Ante lo cual él mismo se pronunció dos años más tarde (en 1962), en La angustia. Ahí, Lacan rechaza vivamente a los colegas humanistas que se esconden detrás de no sé que hinfladura de buenos sentimientos destinados, dice él, a tranquilizar a no sé quien…
"Vimos allí de mi parte, agrega, no sé cuál desdén de ese que sufre! Es un proceso injusto hecho a Lacan cuando sabemos el impasse anunciado por el paciente que se resume así: ¡estar más atado a su sufrimiento que a la curación sin embargo reivindicada! Lacan buscaba una solución a esta aporía que implica el goce. He ahí porque él proponía un "no-deseo de curar" en el analista: para dejar una pequeña chance al paciente de acercarse a su "deseo (desconocido) de no curarse". Así, "no querer-el-bien-del-paciente" realiza una estrategia para evitar la reacción terapéutica negativa.
Lacan también defendió firmemente su posición, en la lección del 12 de diciembre de 1962 de La Angustia, e insiste: Yo pretendo, que nada es más vacilante en el campo en el que estamos que el concepto de curación. Se trata, concluye, de no hacer trampa… con el plano de la verdad. No se puede expresar mejor la disyunción entre curación y verdad.
Finalmente, Lacan va a radicalizar su posición tres años más tarde, al abordar el problema del fin de análisis. En Problemas cruciales para el psicoanálisis, el 19 de
mayo de 1965, denuncia la apología de una curación final y triunfante anunciada por la IPA., al principio del final de la cura, como la alianza con "la parte sana" del Yo fuerte del analista. Esta ilusión de curación final es según él, un engaño. El engaño surge al término del análisis si éste se dirige a identificar al sujeto —por definición indeterminado— el sujeto que sufre de la falta-de-ser, al sujeto-supuesto- saber, que, nos dice Lacan, es sujeto del engaño. (Más tarde, dirá: … sujeto de la equivocación). Ahora bien, el destino del sujeto-supuesto-saber al final de la cura, es ser destituido; eso es diferente a hacer de ello un polo identificatorio para el sujeto analizante. La identificación engañosa puede ciertamente aliviar, anestesiar, pero en el sentido de la anestesia, es decir, con un efecto provisional.
Ella impide el despertar esperado de un análisis concluido. Finalmente, un final identificatorio releva de lo inacabado, es decir de lo no curado. Es un verdadera paradoja: ¡la "curación final" disfraza lo incurado! A este incurado, Lacan opone una conclusión diferente, que se dialectiza entre lo curable y lo incurable.
— Por un lado, en 1967, preconiza "la travesía del fantasma" como salida. Es la vertiente curable, la gran limpieza de la existencia. Es el lado de la curación que honra la promesa inicial. — Por otro lado, en 1975, valida la conclusión como "identificación al síntoma". Es al contrario, la vertiente incurable. Hay un resto de goce inanalizable.
Se trata de "saber-hacer" con eso. Lacan propone identificarse con el síntoma tomado como satisfacción bajo el modo: Yo soy como yo gozo (J.-A. Miller). Es una identificación que toca lo Real (pulsional) y ya no lo Simbólico o a sus efectos imaginarios. Este sinthome, (así llamado para diferenciarlo de los otros síntomas) no expresa necesariamente un sufrimiento, pero llama a consentir a este límite de la "curación-toda". Los sucesos del cuerpo tratados por la cura participan de esta dialéctica entre curable e incurable.
Espero haber mostrado que sólo la posición ética del "no-deseo de curar" realiza la curación de lo que es curable. Pues además es necesario haber tratado el conjunto de lo que es curable para finalizar en el punto incurable que permite concluir con la certeza de que ya no se trata, esta vez, de lo incurado. He aquí pues lo que tenía que decir a propósito de la curación analítica.

Continuará…

La mordida del inconsciente Parte II

II Parte: Culpa y responsabilidad del sujeto

En esta entrega, la analista se pregunta si un niño está en posición de hacerse cargo de su decir, revelando la posición del soñante.
Freud dirá en sobre “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”, ….es preciso asumir la responsabilidad de los impulsos oníricos malvados, mientras desde una lectura lacaniana de los sueños, el inconsciente apunta a más allá de la represión.

“… es como si acostado pudiese hablar sin responsabilidad”. Y aclara: “Este analizando puede creer ésto por un cierto tiempo, hasta el día que descubre, acostado, que debe responder por esos significantes de los que pensaba no tener que responder, en el sentido de la responsabilidad. Y quizás, ese día, el Pase comienza a perfilarse para ese analizando porque en ese momento, podría decirse… se convierte en discípulo de su síntoma”.

El sueño, al decir de Freud, vía regia de acceso al inconsciente, confronta a esta niña con la responsabilidad de un deseo que no sólo está en ella sino que actúa desde ella, ella se identifica con mordida, pero oscila entre la que es mordida y el morderla.

La libertad para hablar de sus sueños y ocurrencias, quizás fue el señuelo tentador para dejarse llevar por un decir, sendero impensado hacia la verdad del sujeto.

¿En qué medida un niño está en posición de hacerse cargo de tal advenimiento? Una verdad que se revela, dejando al desnudo la posición del que sueña.
Kenia relativiza su falta y dice “no recuerdo”, ubica ante la intervención del “morderla” un desplazamiento “porque ella me molesta”, es el otro, no ella, como cuando dice “para que sienta lo mismo que yo”.

De este modo, la culpa emerge cual mascarada evitando ser mordida por la responsabilidad: “yo la muerdo para que sienta lo que yo siento, porque siempre me molesta”. Un saber no sabido que pulsa a darse por conocer, se vuelve conocimiento y el soñante queda confrontado con sus deseos más subterráneos, como si de repente el significante en su acontecer tornase escuchable un “que se la muerdan los leones”.

Freud en sobre “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”, en 1925, nos dice: “¿Es preciso asumir la responsabilidad por el contenido de sus sueños?” y continúa: “… es preciso asumir la responsabilidad de los impulsos oníricos malvados. ¿Qué otra cosa podría hacerse con ellos?”, “Si el contenido onírico –correctamente comprendido– no ha sido inspirado por espíritus extraños, entonces no puede ser sino una parte de mi propio ser”. “He de experimentar entonces que esto, negado por mí, no sólo «está» en mí, sino que también «actúa» ocasionalmente desde mi interior.” “… No obstante, asumo esa responsabilidad, que de una u otra manera me veo compelido a asumirla.”

Desde una lectura lacaniana de los sueños, el inconsciente pulsátil, como lo llama Lacan, nos arroja más allá de la represión sin solicitar ningún permiso.
Un deseo se hace saber, un ¿qué soy yo (je)? Que nos conduce a un “soy en el lugar del goce”.

Una repetición “siempre hago lo mismo”, una pesadilla que se repite “mordida”, una posible causa “tal vez siempre sueño lo mismo porque siempre hago lo mismo”, punta del ovillo a perseguir a la letra. Insiste un hacer a partir de la localización de un significante que le arranca su máscara al sueño, formación del inconsciente que le tiende al sujeto su propia trampa, a tal punto que es el mismo significante el que puntúa e interpreta su mordida a través de las hilachas de lalengua.

La mordida del inconsciente Parte I

I Parte: Acerca del sueño y su interpretación.
La autora nos trae una viñeta clínica de una niña de 10 años, del relato de un sueño de angustia y de la interpretación del analista que no deja pasar la ocasión, de lo que oscila entre la que es mordida y la que muerde, significantes extraídos del discurso de la paciente, que habrá que verificar si apuntan al goce de su posición subjetiva.

La mordida del Inconsciente

“En el inconsciente a nada puede ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado, es lo que nos impresiona sobremanera en el estudio de las neurosis, en especial de la histeria”…”precisamente aquí, tiene que incar el diente la psicoterapia”.
Sigmund Freud

Hablar del sueño y su interpretación es arribar a la enorme riqueza que tanto los sueños como las pesadillas nos ofrecen para poder situar la posición inconsciente del soñante.
Freud relata en la Interpretación de los sueños que sus pacientes le enseñaron que “un sueño puede insertarse en el encadenamiento psíquico que ha de perseguirse retrocediendo en el recuerdo a partir de una idea patológica. Ello me sugirió tratar al sueño mismo como un síntoma y aplicarle el método de interpretación elaborado para los síntomas”.
La pesadilla que sigue a continuación, así denominada por la paciente, nos trae al sueño en su carácter de síntoma ya que es la misma pesadilla la que se repite una y otra vez.
Kenia es una niña de diez años, en una de sus sesiones me pregunta: ¿qué es eso?-señalando el diván.
Le respondo que allí los pacientes se recuestan para hablar de ellos mismos, de sus sueños, miedos y ocurrencias, entre tantas otras cosas.
“Yo quiero hablar de pesadillas, pues se repite y me despierto muy triste, algo así como con dolor en el pecho… Algunas veces sueño que en provincia donde mi papá y mi mamá trabajan, me sueño que ahí adentro hay un león con cachorros, mi hermana entra y se queda atrapada y el león empieza a morderla y los leones pequeños también la muerden…. No se por qué sueño eso… en las noches mi mamá me sabe decir que grito y lloro”.
Le digo: atrapada.
“Una vez mi hermana estaba enojada conmigo, soltó la puerta fuerte y se atascó y cuando quería salir no podía”. Le pregunto sobre el por qué del enojo y dice: “no recuerdo muy bien, creo que es porque le comí su chocolate. Mi papá agarró una silla, golpeó la parte de arriba y abrió la puerta y pudo salir”.
Intervengo diciéndole “morderla”.
“Cuando nos solemos pelear ella me muerde y yo la muerdo, para que ella sienta lo que yo siento”, responde y continúa:”tal vez …siempre sueño lo mismo porque siempre hago lo mismo, peleamos con mi hermana porque siempre me molesta y siempre se trata de morderla”.
Este sueño trajo a mi recuerdo una cita de Lacan del seminario 24, en donde dice: