Reseña IX. Seminario EOL 2016. Carlos Dante García

Título de la clase de hoy: “La chica danesa. Lecturas Lacanianas”. Martes 14 de junio.

 

Escuchamos la lectura y el comentario de la película “La chica danesa”.  

Hoy la presentación estará a cargo de Gabriela Triveño, los invitamos a leer el texto completo en el link de la página de Lectura Lacaniana: http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc2.php?doc=591

La próxima clase presentará el comentario de la película Andrea Améndola.

Carlos García comenta que en la vida real hubo más de dos operaciones y además intentaron instalarle primero un útero y luego un ovario, ya que tenía un fuerte deseo de ser madre, además de mujer.

El Doctor  que la operó fue el 1º fundador de una institución de defensa de los derechos para los homosexuales.

Destaca una expresión que da cuenta de una lectura lacaniana, cuando Gabriela menciona el momento en que se produce  una coyuntura dramática, en el momento en que se coloca las ropas de mujer sobre su cuerpo.

Se interroga esta frase, y Gabriela Triveño dice que  en Una cuestión preliminar en todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan menciona la coyuntura dramática,  hay un llamado a la función paterna, la función fálica, como el sujeto no cuenta con el significante del nombre del padre lo que irrumpe no puede ser significado, con la significación fálica ausente.

En el momento que una mujer da a luz un hijo o está gestándolo se producen cambios en el cuerpo, ese hecho que ocurre en el cuerpo,  debe tener un valor determinado, ese valor, ese significado lo da el nombre del padre, este significante significa el acontecimiento que implica el cuerpo.

¿Cómo se puede leer que el colocarse unas medias de mujer y un vestido de mujer, sobre el cuerpo,  implicaría una coyuntura dramática?

El significante del nombre del padre podría significar no dándole una significación fija, pero para el personaje de la película, ¿Por qué tiene el nombre de dramática?

El significante del nombre del padre, es aquel significante que podría significar una coyuntura no dramática, no fija.

No hay perplejidad en Lili, no va subjetivamente hacia el lado del displacer, no aparece. Obtiene placer con el tacto de las telas.

El acariciar telas no siempre desemboca en un transexualismo, puede ir hacia un transvestismo muy particular.

El transexualismo de Daniel Paul Schreber, era que su cuerpo se estaba transformando en mujer, y no recurría a prendas de vestir.

En la escena infantil de la cocina, si fuera una psicosis, no hay recuerdos de infancia, quedaría como fenómenos elementales porque no hoy represión, ni retorno de lo reprimido.

En esta escena hay algo que viene de él, ponerse el delantal de la abuela y otra que viene del Otro, sos lindo, dimensión estética y el beso.

¿Que es lo que forma parte de la elección del sujeto y que forma parte de una iniciativa del Otro?

La última enseñanza de Lacan desplaza la idea en la que hemos sido  formados en la Universidad, en la escuela y la idea que tenemos como neuróticos; que lo determinante viene del Otro.

La última enseñanza de Lacan dice que lo 1º es el sinthome, un cuerpo, el autoerotismo, es anterior al narcisismo y anterior al A, se forma a algo ajeno a si mismo.

Lo primero es el cuerpo, adora su cuerpo.

Discurso médico sobre las nuevas subjetividades y los recursos médicos ante las nuevas subjetividades. Tanto los discursos como los recursos son afines a las clasificaciones.

¿Cómo se trata el deseo de estas nuevas subjetividades?

Hay un componente de un deseo de muerte en la transformación del más del 40% con intentos de suicidio. Cierta reducción de la subjetividad a un objeto. Un deseo mortífero persistente en los casos leídos.

En EE.UU, en 32 estados,  si las empresas se enteran de que alguno de su personal es transexual se los despide. No hay tolerancia a la diversidad.

Carlos García propone un concepto basado en una idea psiquiátrica  en el proceso psicótico, en la utilización de una línea de tiempo, Lacan construyó la coyuntura, hay que ubicar los momentos de ruptura., de desencadenamiento.

Beso en la niñez

Colocación de prendas de vestir

Colocación de medias

Decisión de la operación

 

Son diferentes momentos dentro de la línea de tiempo, a que edad se produjo la operación del personaje del film.

Algunos interrogantes finales:

¿Como se subjetiva el cuerpo?, ¿Cuales son los elementos que intervienen en lo que Gabriela Triveño denominó subjetivar el cuerpo?

Estoy en un cuerpo equivocado. Lo que no esta subjetivado sería el pene? Que no es el cuerpo. ¿de que se trata la subjetivación del cuerpo; es lo mismo que la significación del falo?

Se trata de un empuje a la mujer, cuando no es tan evidente que sea una psicosis. Con el testimonio del transexual, hombre-mujer-hombre, se incluye un elemento, ¿de que le puede ofrecer un analista al transexual? Posibilidad de tratar el sufrimiento.

Recomendación de Lectura:

Sexualidades Silvia Di Segni, psiquiatra psicoanalista, demuestra como la sexualidad ha sido patologizada.

La próxima clase; la presentación de Andrea Améndola de la Chica Danesa.

 

Reseña VIII. Seminario EOL 2016. Carlos Dante García

Martes 07 de junio. Reseña Andrea Améndola

 

Transexualismo: ¿Quién elige?

 

No se quien soy/      qué hermoso sería ser…/       soy una/un…

                                                                                  en un cuerpo

 

                                         Mujeres ——–à con    ……………………..   POSTIZO

                                                     ——–à sin     ………………………

 

Desde el psicoanálisis, las respuestas a las preguntas de las neurosis no se contestan con información.

Histeria: se trata de una insatisfacción que hace fracasar a todas las respuestas.

Las tres histerias tienen como rasgo el deseo insatisfecho.

La particularidad del deseo psicótico es: no está articulado al inconsciente.

Esquizofrenia: deseo ser un hombre. Nunca se acerca al deseo de ser una mujer.

Schreber: transexualismo delirante “qué hermoso sería ser una mujer en el momento del coito”. Aquí hay una transformación del cuerpo imaginario y de la imagen. El rasgo principal es que es imaginario. No se es, aunque después se acepta.

En cambio, en el transexualismo el “soy” no es una pregunta, ni algo que se ubica en la dimensión temporal.

Soy una mujer/un… en un cuerpo equivocado. No es sólo el deseo de perder, sino que es un deseo que no tiene vacilación pero que tiene formas: perder, modificar el cuerpo, por medio del bloqueo (hormonal), por medio de la imagen, (ropa) y por medio de la transformación de la aparición de los caracteres secundarios.

Mitos sobre el transexual:

El transexual, ¿tiene edad? ¿tiene una aparición cronológica?

La dimensión temporal freudiana se independiza del desarrollo.

Se despliega en dos tiempos: Freud llama la elección y hay dos tiempos fundamentales.

Hay analistas que tratan a todos los casos como psicosis.

Freud se equivocó con que el destino de la sexualidad era la anatomía.

Cuestionan a Lacan cuando habla sobre el error en el transexual. Este error consiste en que se toma al falo por el pene. El falo es un significante y tratan de sacarse por una castración real lo simbólico.

El 5 de junio de este año, se realizaron las primeras jornadas nacionales para familias y niños trans.

Es importante la familia trans.

Todas las cuestiones de género son cuestiones de semblantes.

Una de las cosas que Lacan ubica es la histeria rígida.

Una cosa es un error de género y otra cosa es lo gramatical.

Hay una cuestión con el género que corresponde a la lengua.

 

Algunas particularidades de la subjetividad del transexual:

Dicen que empiezan los testimonios a los dos, tres años.

Psicoanalizarse es y tiene sentido a partir de quien hace la experiencia de volver a revisar y hacer algo con lo que eligió.

Ubicar y reconocer—à la máxima sujeción de alguien: sinthome.

                          —-> la cara de la libertad: saber hacer.

La neurosis se produce en no ser capaz de elegir. Analizarse es revisar la elección.

Subjetivamente en los últimos trescientos años se pasó de la determinación religiosa a la determinación científica.

Con el psicoanálisis: ¿cuál es la determinación que ubica el psicoanálisis?

Doble elección: del género y del nombre

¿Cómo se empieza a manifestar?

En una variación de fenómenos del sujeto con su propio cuerpo y la adaptación de su cuerpo a una imagen.

Falófalos o fáneros: partes del cuerpo que caracterizan y dan posibilidad de atracción o seducción en un género dado.

Y es lo que los seres humanos tratamos de modificar. Es aquello que aparece fenoménicamente.

Estos sujetos se los empiezan a quitar cuando no son reconocidos anatómicamente.

La aparición del trans: producción sobre la epidermis

El trans delirante: agregado de ornamentos.

Por ej: las escamas son fáneros para los peces.

P 164: “lo adherido al cuerpo” comienzan a sacárselos. Y lo que se agregan vía bloqueo.

Falo: significación: valor o significación fálica según el discurso.

Para que un trans consulte, tiene que estar en crisis la elección.

p.165: “El cuerpo es por excelencia materia de significación”.

¿Cómo puede haber tal afirmación sobre el ser antes de pasar por el Edipo?

Rechaza lo que le dicen y lo que  le ponen.

Frase paradigmática: “Nadie me va a decir mejor que yo lo que soy”.

¿Cuál es la posición que permite cambiar la dimensión de sufrimiento?

Para los padres es importante tener esto en cuenta:

Rechazar o querer conocer lo que es.

La relación con los semejantes: es un dato fundamental porque no quieren participar.

Hay en Madrid un colegio de transexuales.

El psicoanálisis se orienta siempre respecto de aquello que no podemos elegir: lo real.

Hay dos vertientes de lo real: lo real sin ley, lo que no puede cambiar  y lo real con ley, aquello que puede formar parte de un acto de elección.

Un ser sólo se hace y se afirma por elección y depende mucho de la forma de elección, por ejemplo, a partir de un consentimiento. Puede ser una elección sin ambagues.

Puede ser a partir de que alguien dice que no, o de una elección mediante el aislamiento, o mediante la rebeldía. Todas éstas, son variantes subjetivas de la elección.

En cualquier caso la elección es con síntoma, pero sólo se es por medio de una elección.

Un análisis consiste en localizar el instante en que se decide su vida.

Alguien que va a análisis va para modificar aquello que parece una cuestión del destino de la vida. Freud: “la represión es un intento de huída”.

“Un niño es un hombre sin tiempo ni responsabilidad, es alguien que no está en condiciones de elegir”.

Como analistas suponemos que ese sujeto es capaz de elegir.

Aristóteles lo llamaba: automatón: seres que no pueden elegir.

                                Tyché: seres que en ciertas ocasiones, sí pueden elegir.

El análisis se orienta hacia la tyché, es mostrarle al paciente de que no todo está del lado del automatón.

Lacan: la insondable decisión del ser: es sin sujeto.

La alienación: se trata de una elección forzada.

La separación: no es forzada.

El niño trans se separa antes de estar alienado. Por eso no está la dimensión de forzamiento.

La elección recae sobre el propio cuerpo.

Es forclusión del falo, no del nombre del padre.

 

Referencias bibliográficas:

-Suplemento “Soy” página 12

https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwjWzOeNtZnNAhVBjJAKHVc0At0QFggaMAA&url=http%3A%2F%2Fwww.pagina12.com.ar%2Fdiario%2Fsuplementos%2Fsoy%2F&usg=AFQjCNF_t0szi8E2Giiulu0O13WlG3yxWQ&bvm=bv.124088155,d.Y2I

-Escuela para transexuales en Madrid

https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwj12fqIyJfNAhUBI5AKHXwJCDcQFggaMAA&url=http%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2Fsociedad%2F2016-02-18%2Fla-escuela-que-abraza-a-los-ninos-transexuales_1154060%2F&usg=AFQjCNFZHp5cHPrOBe-OqzI55hRO7OR5yA

-“Los no incautos yerran”, Lacan, Jacques.

-“De la naturaleza de los semblantes” Miller, Jacques A. Págs. 164-65

-Film: “La sal de la vida”

-“La puerta estrecha” de André Gide

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El transexualismo en la clínica psiquiátrica

1. El síndrome transexual

En 1953, el endocrino Harry Benjamin aísla por primera vez el transexualismo como síndrome.1 Veinte años después, en la década de los setenta, este síndrome pasa a formar parte de las categorías nosográficas de la OMS y, en 1980, de las del DSM-III.

El síndrome descrito tiene tres características:

1. Su característica principal es que un individuo, que desde un punto de vista biológico es sexualmente normal, tiene la convicción permanente de que su cuerpo y sus genitales no se corresponden con lo que considera su sexo real y desea de manera intensa y obsesiva cambiar su conformación anatómica sexual según la imagen que él tiene de sí mismo. Esta convicción se instala generalmente durante la pubertad y, conduce:

2. En primer lugar a travestirse.

3. Y, luego, a la demanda imperiosa de someterse a tratamientos hormonales y quirúrgicos adecuados para dar a su cuerpo la apariencia del sexo reivindicado, lo que se conoce como operación de “cambio de sexo” o de “transformación de sexo” o, también, de “reasignación de sexo” ya que suele culminar en un cambio de estado civil.

El síndrome sexual se considera completo cuando comporta la totalidad de los síntomas precedentes. Se dice entonces que se trata de un transexualismo primario. Cuando no es así, se habla de transexualismo secundario.

En los casos diagnosticados de “transexualismo verdadero o primario”, la medicina no se refiere a las intervenciones  de extirpación de los órganos sexuales en términos de “castración” sino de “ablación terapéutica” o de “transformación sexual”, basándose en que los que hacen la demanda de que les mutilen los órganos sexuales, no sienten esta intervención como una castración.2

En relación a esta definición de síndrome transexual, señalaré algunos puntos:

Primero, la convicción transexual sólo puede ser reivindicada por un individuo en la medida en que los discursos médico y social admiten la convicción como creíble y, por tanto, legítima. Igualmente la demanda de cambio de sexo sólo puede formularse en la medida en que los médicos y juristas creen que es posible cambiar de sexo, es decir, que desde el punto de vista médico, social y jurídico existe la posibilidad de hacerlo.

Pero ¿a qué se llama cambiar de sexo? La medicina se refiere con ello a un conjunto de transformaciones morfológicas -ablaciones, injertos, reconstrucciones plásticas, tratamientos hormonales- que rectifican fundamentalmente la apariencia. Sin embargo, estas transformaciones producen en el sujeto la ilusión de que ha habido un corte, una discontinuidad radical, un antes y un después en su historia. Esta ilusión va unida al hecho de pensar el cuerpo como pura envoltura, que ser hombre o mujer es una cuestión de pura apariencia, sin tener en cuenta los límites del organismo ni los que impone la modalidad de goce sexual en juego.

2. Breve historia del concepto

Aunque el transexualismo en tanto “realidad clínica” preexiste a su definición, el síndrome transexual ha tenido que esperar a los progresos científicos para ser aislado. A partir del siglo XVIII hay anotaciones realizadas en las antiguas casas de alienados sobre ciertos pacientes que tenían la convicción de pertenecer a un sexo contrario a su sexo biológico, es decir hombres que decían ser mujeres y mujeres que decían ser hombres. A mediados del siglo XIX, los registros de Esquirol3 o de Leuret4 testimonian de que tales pacientes adoptaban tanto como podían la manera de vestir, el estilo y las costumbres del sexo que han elegido. En algunos casos, tal como recoge Hubert,5 se observa que tales individuos reaccionaban agitadamente cuando alguien se dirigía a ellos nombrándoles de acuerdo con su sexo anatómico, es decir llamándoles por ejemplo “señor” en el caso de un hombre o “señora” en el caso de una mujer. Retomaré más adelante esta cuestión (en la segunda parte del trabajo*).

Durante la primera mitad del siglo XIX se clasifica a estos pacientes en el registro de las monomanías o delirios parciales, afecciones mentales que perturban solamente una parte de la mente, dejando intactas las facultades (Esquirol). A lo largo de ese siglo surgirá un discurso médico nuevo sobre las perversiones en el seno del cual comienza a construirse el concepto de “inversión”.

Entre 1850 y 1950 aproximadamente se desarrolla la clínica de las perversiones sexuales gracias al trabajo de Krafft-Ebing, Havelock Ellis y Magnus Hirschfeld entre otros.6 En esos momentos se entiende por perversión toda manifestación sexual que no sirve a lo que se consideran los fines de la naturaleza, es decir, a la procreación. La convicción de ser de un sexo contrario al anatómico es considerada como una perversión más y los individuos que la tienen tienden a ser confundidos con homosexuales “afeminados”, como se dice en la época, o con travestíes.

Sin embargo, a finales del siglo XIX los descubrimientos y avances técnicos permiten las primeras intervenciones, realizadas sobre animales. El biólogo Eugen Steinach realiza experimentos con diversos tipos de mamíferos que consistían en castrar a algunos individuos e implantarles glándulas germinales (testículos y ovarios) del otro sexo, para conseguir cambiar un macho en una hembra y viceversa.7 Más adelante, intentará “curar” la homosexualidad masculina a través de la castración quirúrgica de los testículos –aún no se había descubierto el papel de las hormonas-, tras lo que se transplantaba al paciente los testículos de otros hombres considerados más viriles. Estas tentativas constituyen el caldo de cultivo del que surgirá algunos años más tarde la idea de cambiar quirúrgicamente el sexo, pensada también con fines terapéuticos.

En 1919, Hirschfeld crea en Berlín el Instituto de Ciencias Sexuales -que fue destruido en 1933 por los nazis. Allí atienden a numerosos travestíes y transexuales y surgen las primeras demandas de cambio de sexo. Se realizan las primeras intervenciones quirúrgicas para transformar anatómicamente algunos hombres en mujeres. Tales intervenciones consisten en una ablación primero de los testículos y, luego, del pene, para posteriormente implantar ovarios.

En 1931, Felix Abraham, un sexólogo que trabaja como asistente de Hirschfeld, relata así uno de los primeros casos: “Rudolf (más tarde, Dora) ha hecho un primer paso en el sentido de una feminización de su sexo sometiéndose en 1921 a una castración. Aunque su instinto sexual masculino se debilitó, el sentimiento que tenía de sí no varío por lo que buscó una feminización mayor a través de una modificación más acentuada de sus partes sexuales”.8

Señalemos dos cuestiones en este relato:

1) Por un lado, se asocia la castración con la feminidad: un hombre castrado no es un hombre.

2) Se busca cambiar el sentimiento que la persona tiene de sí a través de una intervención sobre el cuerpo y no a través de un tratamiento psicológico.

Podemos pensar que tanto para Abraham como para su paciente “ser mujer” era algo vinculado a la anatomía y a la imagen del cuerpo. Por eso las intervenciones se suceden una tras otra, buscando que el paciente se sienta una verdadera mujer. En 1930, este paciente se someterá a una intervención que él mismo había intentado hacerse a la edad de 6 años: la ablación del pene. Seis meses después se le implantará una vagina artificial.

El más conocido entre los primeros operados fue el pintor danés Einar Wegener (Lili Elbe),9 que se sometió a diversas operaciones en Dresde, incluida una implantación de ovarios, a consecuencia de la cual murió por gangrena seis meses más tarde.

En 1949, el norteamericano D.O. Cauldwell usa el término “psicopatía transexual” para describir “a los individuos que pertenecen físicamente a un sexo y, aparentemente, psicológicamente, a otro y que desean modificar quirúrgicamente sus características físicas para que se parezcan a las del otro sexo”.10

Un año después, el fotógrafo danés Georges Jorgenson retorna a EEUU con el nombre de Christine Jorgenson,11 tras haberse sometido a una operación de “cambio de sexo” en Copenhague, a manos del endocrinólogo Christian Hamburger. Es la primera vez que se asocia el tratamiento hormonal con las intervenciones quirúrgicas. El caso salta a los medios de comunicación y el tema cobra gran actualidad. Para Hamburger, el problema de su paciente se debía a un error hormonal. Planteó por primera vez la hipótesis de que durante la época prenatal se hubiera producido una inundación cerebral de hormonas del sexo contrario. Esperaba que la ciencia lo demostraría algún día -cosa que no ha sucedido.

En 1953, Harry Benjamin retoma el término de Caldwell en el Trasvestism and Transexualism Symposium que tuvo lugar en Estados Unidos y sitúa, como señalamos al principio,12 el síndrome transexual como una entidad nosológica autónoma. También toma la explicación de Cauldwell: se trata de un problema constitucional (genético u hormonal), cuyas modalidades aún no han sido descubiertas, por lo que se han de prescribir hormonas del otro sexo.

Como podemos ver, desde que se aísla el síndrome se considera que su etiología es de orden fisiológico y, por tanto, su abordaje debe ser médico, por vía endocrina y quirúrgica, y no psicológica. Se trata de un síndrome operable. Al principio, se desaconseja el abordaje psicoterapéutico de manera explícita.

Benjamin aplica los criterios de lo normal y lo patológico al síndrome: existe el verdadero transexual, aquel que no presenta evidencias clínicas de psicosis -se refiere a signos positivos como delirio o alucinaciones, es decir a signos propios de una psicosis desencadenada- y el falso, aquel que sí las presenta.

Él se esforzará por diferenciar el síndrome transexual del travestismo y de la homosexualidad. Planteará que el transexual no extrae satisfacción erótica manifiesta del hecho de travestirse como ocurre en el travesti y que si mantiene relaciones sexuales con alguien del mismo sexo esto no implica homosexualidad porque él se siente de otro sexo. Para él, el verdadero transexual es el que responde a la definición de transexualismo primario. Sólo éste era operable.

En 1955, el sexólogo americano John Money utiliza por primera vez el término “rol de género” para designar el hecho psicológico por el que alguien se siente y se comporta como una mujer o como un hombre.13 Los estudios sobre los individuos nacidos con ambigüedad genital ponen en evidencia el carácter determinante de la asignación de sexo por parte de los adultos en la constitución de su identidad sexual, es decir, el género que les han atribuido. La fijeza de la identidad de género justifica la decisión de modificar el cuerpo de los transexuales, ya que éste parece más maleable que su psiquismo. Aunque, a diferencia de los intersexuales, los transexuales no han sufrido ningún error de asignación de sexo.

En 1956, el psiquiatra Jean-Marc Alby subraya en su tesis doctoral,Contribution à l’étude du transsexualisme,14 la existencia de una idea prevalente en los transexuales mediante la cual se autodefinen: “Yo tengo un alma de mujer encerrada en un cuerpo de hombre (o viceversa), debido a un error de la naturaleza”.

Para Alby, se trata de una construcción delirante, una solución psicótica por lo que no se muestra favorable a la operación de cambio de sexo como tratamiento del transexual porque puede significar el inicio de una descompensación.

Esta idea encierra dos convicciones: la convicción de ser de otro sexo, que aparece precozmente en la infancia, y la convicción de que la naturaleza ha cometido un error, que aparece más tarde. Respecto a los transexuales masculinos, Alby refiere que hay momentos en que la feminización que experimentan aparece como enigmática y el individuo puede hacer distintas interpretaciones: la feminización se debe a una falta inconfesable, una perversión incomprensible, etc. Luego aparece la solución, la convicción del error de la naturaleza. A partir de ahí el sujeto reinterpreta su historia y distorsiona el recuerdo: ellos han sido femeninos desde siempre.

En los años 60, el Robert Stoller intenta también perfilar la clínica diferencial entre el transexual, el travesti y el llamado, en la época, “homosexual afeminado” a través del concepto de género, que él inventa. Sin embargo, Lacan le responderá con el concepto de sexuación. Reseñaremos este debate en un próximo post (*).

* Primera parte de la clase “Transexualismo y transgénero”, impartida dentro del curso “Elecciones sexuales. Versiones de la sexualidad” organizado entre la Sección Clínica de Barcelona y la universidad de Barcelona en el curso 2003-2004. La segunda parte está publicada en este mismo blog: http://www.elblogdemargaritaalvarez.com/2012/09/la-pasion-transexual-conviccion-o.html

Ambas partes están publicadas reunidas en Freudiana 70. Barcelona: CdC-ELP, 2014.

Notas

1. Benjamin, Harry: “Travestism and Transsexualism”. En: International Journal Sexology, 1953, vol. 7, pp. 12-14.
2. Mercader, Patricia: L’illusion transexuelle. Paris: L’Harmattan, 1994, p. 17.
3. Esquirol, Jean-Étienne-Dominique: Des maladies mentales, t. I. Paris: Baillière, 1938.
4. Leuret, François: Fragments psychologiques sur la folie. Paris: Crochard, 1934, p. 114.
5.Hubert, Hervé: “L’énigme transexuelle”. En: Divisions subjectives et personnalités multiples (bajo la dirección de François Sauvagnat). Rennes: Presses Universitaires, 2001, p. 204.
6. Von Krafft-Ebing, Richard: Las psicopatías sexuales (1886). Barcelona: Sagitario, 1970.
7. Freud, Sigmund: “Tres ensayos de teoría sexual” (1905). En: Obras Completas, vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1984, p. 133 n. 7 y p. 194.
8. Abraham, François: Perversions sexuelles. Paris: François Aldor, 1931, pp. 241-243.
9. Maleval, Jean-Claude: “El síndrome transexual”. En: Cuadernos de psicoanálisis 26. Bilbao: ICF, 2002, pp. 83-84. De E. Wegener se puede consultar una biografía en inglés de Niels Hoyer: Man into Woman. New York: Duton, 1933. También existe una biografía novelada de David Ebershoff. La chica danesa. Barcelona: Anagrama, 2001.
10. Cauldwell, David: “Psychopathia transexualis”. En: Sexology 16, 1949, pp. 274–280.
11. Jorgensen, Christine: A personal autobiographie. New York: BantamBook’ 1968.
12. Benjamin, Harry: “Travestism and Transsexualism”, op. cit.
13. Money, John: “Hermaphoditism: recommendations concerning assignment of sex, change of sex, and psychologic management”. En:Bulletin of the John Hopkins Hospital, Baltimore, 1955, 97, p. 284-300.
14. Alby, Jean-Marc: Contribution à l’étude du transsexualisme. Thèse. Faculté de Médecine de Paris, juin 1956, Paris.
 
Texto extraído de:

La chica danesa

“Copenhague, en 1925. Greta y Einar son una pareja de jóvenes pintores. Pero aquella tarde, la modelo no ha venido. Y Greta le pregunta a Einar si por una vez, para que ella pueda terminar la parte de abajo de un cuadro, él se pondría un par de medias de seda, se calzaría unos zapatos de tacón, acaso también un vestido que le permitiera acabar de pintar los pliegues de la falda. Einar acepta, y el instante en que la seda del vestido se desliza por su cuerpo supone una revelación, el momento de la sensación más verdadera, como que ya no tendrá vuelta atrás, es un mundo de sueños, el sueño de ser Otro… Y así, acompañado por Greta —porque ambos habitan ese oscuro espacio secreto entre dos personas que constituye un matrimonio—, Einar recorrerán arduo camino al final del cual se encuentra una mujer llamada Lili Elbe, que fue Einar, y que ahora es una chica danesa”  1

La película “La chica danesa” de Tom Hooper está basada en la vida de Lili Elbe quien nació como Einar Mogens Wegener en Vejle-Dinamarca en 1882. Si bien Einar fue un destacado pintor paisajista, es conocido por ser la primera persona que se sometió a cirugías para cambio de sexo y convertirse en Lili. Encontré tres referencias literarias que hablan de él/ella:

a) “Man into woman” editado por Ernst Ludwig Hathorn Jacobson utilizando el pseudónimo de Niels Hoyer publicado en 1933 (basado en la autobiografía de Lili Elbe)
b) “The danish girl” de David Ebershoff publicada en el 2001 (es una ficción de la vida de Lili Elbe)

c) “Schnittmuster des Geschlechts. Transvestitismus und Transsexualität in der frühen Sexualwissenschaft” (“Los patrones del sexo. Travestismo y transexualismo en la sexología temprana”2 ) del doctor alemán Rainer Herrn publicado en el 2005 y donde se registra la serie de operaciones realizadas a Lili Elbe y el rol del doctor Magnus Hirschfeld.

Einar asistió a la Academia de Bellas Artes de Copenhague donde conoció a Gerda Gottlieb con quien se casó a los 22 años. Trabajaron juntos como ilustradores, él era conocido por sus pinturas de paisajes y ella por sus retratos de mujeres.

En una ocasión que la pienso como una coyuntura dramática, ante la ausencia de la modelo que Gerda pintaba, le pide a su marido que se coloque medias y zapatos de tacón para sustituir las piernas de la modelo y que sostuviera un vestido de bailarina para pintar la parte de abajo. Einar se siente cómodo con esas ropas y tiene una revelación, la sensación más verdadera: el sueño de ser Otro…y no hay marcha atrás. En la película, aparece la modelo y le pone un nombre: Lili en honor a las flores que sostiene para la posar para la pintura, en el libro de David Ebershoff es Gerda quien le pone ese nombre.

Comienzan a hablar de Lili en tercera persona, cuando Gerda llegaba a casa y olía perfume, Einar decía que Lili había estado ahí. A ella esto le parece entretenido y lo alienta, le sigue la corriente. Un día llega una invitación a una fiesta a la que Einar no quiere ir, pero a Gerda le parece divertido que vaya Lili y que hasta quizás lo disfrutaría. Entonces Gerda y Lili asisten a la fiesta de artistas en donde un hombre se acerca a Lili y termina dándole un beso.

Einar admite a Gerda que Lili, aunque quizás en ese momento no tenía nombre, había besado a un hombre antes cuando era un niño…su padre los sorprendió y esto se detuvo. Entonces, Lili ya existía. En una visita al médico, ante la pregunta ¿de dónde vino Lili? Einar responde “dentro mío” y la teoría del médico es que tiene un desequilibrio hormonal, en ese momento no existían tratamientos hormonales y es tratado sin éxito por demencia y depravación sexual con radiación.

Ante el éxito de las pinturas de Gerda que tienen como protagonista a Lili, la pareja se muda a Paris. Einar comienza a decaer, no se siente bien, se ve que pierde peso, tiene hemorragias cuya causa se desconoce y empieza a haber una lucha por ser Einar o Lili, no pueden existir ambos en un solo cuerpo. Einar ya no pinta, ya no recuerda el paisaje de Vejle que siempre pintaba, sueña como Lili, ya no puede ponerse la ropa de Einar, ya no recuerda lo que hace cuando es Lili, se transforma en Lili y cada vez más queda menos de él.

Gerda colapsa, necesita a su marido, le pide que lo traiga de vuelta, pero Lili no puede, ahí es cuando Gerda se da cuenta de lo real en juego, para Einar no se trata de una simulación, de pretender o fingir ser Lili, no es una ficción y esto trae conflictos en la relación de pareja con Gerda, pues Gerda está enamorada de Einar, no de Lili. Entonces, lo que en un principio parecía ser un juego para ambos, para Einar algo cambió y dejó de ser un juego….Lili era real. Cuando estaba vestido de Lili, no era Einar, aunque estaba en el cuerpo de Einar.

Einar admite que a veces quiere matarse…pero mataría a Lili también y eso lo detiene. Finalmente Gerda accede a buscar ayuda médica que ayude a Einar a cumplir su sueño de ser Lili, de esta manera llegar al doctor Kurt Warnekros 3 quien le propone operarlo para transformarse en mujer, sería una cirugía nunca antes intentada. En 1930 a pesar de los riesgos y de la falta de garantías, Einar acepta y parte a Dresde, Einar dejará de existir, le dice a su médico: “este no es mi cuerpo, por favor quítemelo”. Lili sueña con casarse con un hombre y tener hijos, elige su nuevo apellido: Elbe, en honor al río que fluye a lo largo de Dresde en honor al lugar de su “renacimiento”, como ella lo nombra. Para Lili, Einar era el disfraz del que estaba enferma.

Según extractos de su autobiografía, Lili describe que después de la primera cirugía se sentía oscilar entre una sensación de asombrosa alegría y momentos de profunda desesperación cuando temía que no sería aceptada en el mundo. Esta es una preocupación encontrada en muchos transexuales ¿y si no son aceptados por el otro social? ¿Si el otro se da cuenta de su anatomía y no toma en cuenta su verdadero género? Es una amenaza constante para ellos…

En el libro de Ebershoff, el cirujano le explica a Gerda que encontró unos ovarios atrofiados en Einar y que entonces él era hermafrodita, hoy esto se denomina intersexualidad 4  y que esto era la causa de sus hemorragias y malestares, incluso cree que es el origen de Lili y de esto Gerda piensa “los ovarios no son la explicación”.

En 1931 Lili vuelve a Alemania para la última cirugía, un transplante de útero que termina complicándose gravemente y después de la cual Lili muere.

En la película, en el medio de las cirugías y durante su recuperación Lili le dice a Gerda mientras la dibuja “me siento mejorar cuando escucho tu lápiz, siempre me has dibujado mejor de lo que soy…me convierto en lo que dibujas, me hiciste hermosa y ahora me haces fuerte, cuanto poder en ti”. El director de la película la describe como una historia de amor, Lili aunque ya existía antes, no habría cobrado vida sin Gerda, su pintura le dio vida, le dio un cuerpo de mujer. No puedo evitar preguntarme ¿qué habría pasado con Lili sin la intervención de Gerda? En el libro de Ebershoff, ella obliga a Einar a posar siendo Lili para poder pintarla, a pesar de que él no quería porque decía que era muy difícil transformarse después.

Aunque al final ya no eran pareja con Gerda legalmente, Gerda está con Lili hasta el final, esto se puede apreciar en la película. Me pregunto ¿qué lugar ocupa Gerda para Einar y para Lili? ¿Es un partenaire? Es un sinthome porque le pinta un cuerpo y va sosteniendo y apoyando todo el proceso de transformación y creyendo en él/ella? Einar dice: “yo soy una mujer” a lo que Gerda añade: “y yo también lo creo”.

La historia de Einar y Lily en la ficción cinematográfica es un testimonio de las dificultades con las que se encuentra el ser hablante para subjetivar el cuerpo que tiene, un cuerpo que en este caso, era Otro para Einar y que con la intervención de Gerda, se transformó en Lili, mucho antes de la cirugía. Ante el momento que yo llamo “coyuntura dramática” 5 Einar no puede responder a la propuesta de Gerda con la significación fálica, no puede hacer uso del semblante 6  que permite “parecer” hombre o “parecer” mujer, hay directamente un retorno en lo real: él es Otro. Y luego esto pasa a: él es Lily. Hay un empuje a la mujer en el transexualismo, se habla de forclusión del significante fálico por lo que se lo confunde con el pene y se intenta sacar ambos 7 sacar lo que no está subjetivado, lo que no está inscripto.

Más allá de la estructura, es la cuestión del cuerpo lo que hace preguntarme ¿cómo se subjetiva el cuerpo que se tiene? Pregunta cuya respuesta sigo desarrollando todavía.

Esta situación pone en riesgo la propia existencia de Einar y Lili pues no puede haber dos personas en un solo cuerpo, él no puede vivir así y busca una salida, encuentra la cirugía, por lo que me pregunto, si hubiera sobrevivido a las cirugías ¿cuál hubiera sido el destino de Lily? Algunos testimonios 8 como el de Walter Heyer, quien se operó y se arrepintió, dan cuenta de que esta solución puede fallar: “al final la película es poco más que un instrumento de venta de ideología LGTB, los pacientes transgénero siguen sufriendo después de la cirugía, porque sus problemas psicológicos no han sido tratados”. Durante ocho años vivió como un transexual pero afirma: “con el tiempo descubrí que vivir como una mujer no me daba la paz. Estar abierto a la posibilidad de volver a ser un hombre cambió todo. A medida que seguía el tratamiento para mi trastorno disociativo, mis deseos de ser una mujer se fueron debilitando hasta que desaparecieron por completo. Las personas transgénero no nacen así; evolucionan a partir de experiencias que modelan sus emociones y deseos.”

Einar consultó con una serie de médicos buscando ayuda, me pregunto también ¿qué hubiera pasado si hubiera llegado a un analista? ¿Habría otra elección posible a la cirugía? ¿O habría un uso distinto de ella en la que no corriese peligro su vida? ¿Qué puede ofrecer un analista a un transexual? Un analista no se centra ni en el diagnóstico clínico ni en las identificaciones sexuales (transexual, intersexo, homosexual, queer, etc) del lado de lo simbólico-imaginario, sino en lo singular, en lo singular del goce de cada uno, la orientación por lo real en donde no existen soluciones ni arreglos perfectos, sino la invención y la poesía en cada caso .9

 
 1- Ebershoff, David “La chica Danesa”. Anagrama. 2000 (Introducción)
 2- Traducción Gabriela Triveño
 3-  Bajo la supervisión del médico Magnus Hirschfeld quien fundó en 1987 en Alemania el Comité Científico Humanitario, cuyo objetivo era luchar contra la condena legal de los homosexuales. Introdujo la noción de un “tercer sexo” donde agrupó todas las ambigüedades genitales, comportamientos sexuales homosexuales, travestis, entre otros. Fue el primero en intentar crear categorías diferentes e inventó el término “travestismo”.
  4-Término que describe una serie de alteraciones genéticas y/o hormonales que ocasionarían una ambigüedad en cuanto al sexo anatómico o genético.
5-  Referencia que tomo de Lacan “Una cuestión preliminar…”
6-  Lacan, Seminario 18
7-  Lacan, Seminario 19
 8- Por ejemplo: http://www.actuall.com/familia/17005/
  9-Miller “Un esfuerzo de poesía” Curso 2002/2003

“La chica danesa”

El filme “La chica danesa”, está basado en una historia real. Dinamarca, años 20. La pareja de pintores formada por Einar (Eddie Redmayne) y Gerda Wegener (Alicia Vikander) disfruta de su éxito. Einar observa cómo Gerda se pinta. Su mirada queda detenida no precisamente en ella, a la cual ama y admira. Más allá de su amada, es en las pinturas que quedan sobre la mesa, en donde sus ojos reparan sutilmente, segundos después de que Gerda se va de la alcoba.

Hay un desplazamiento que acontece en Einar, de pintar paisajes en el lienzo hacia los atributos que hacen a lo femenino.

Un día, por casualidad, la modelo a la que Greda contrató para retratar en sus cuadros, no pudo presentarse a la cita. Greda  necesitaba terminar esas pinturas a tiempo. Urgida por ello, le pregunta a su marido si no le importaría ponerse medias y zapatos de mujer por unos instantes, a lo que él accederá sin problema.

Las manos de Einar se deslizan sobre las medias femeninas. Se las coloca con notable delicadeza. Las observa detenidamente. Introduce sus pies en los zapatos de mujer. Inclina su cuerpo, acomodándolo a semejanza de la mujer que está eclipsada en la pintura. El roce de sus dedos sobre el vestido que Gerda le apoya sobre su cuerpo, constituye en sí mismo un borde que dará cuenta de una revelación para Einar: un goce opaco, enigmático y desconocido que se le impone.

Dirá Lacan: “en cuanto definir aquello propio del hombre o de la mujer, el psicoanálisis nos muestra que es imposible”.(1)

Al principio, este juego les resulta apasionante y divertido a ambos. Y es así que se enlazan Gerda y Einar, juego en el cual Einar encarna a Lili animado por su esposa,  resultando ser ésta la modelo que hará de sus retratos un rotundo éxito.

Einar se muestra muy interesado en las prendas de vestir de mujer. Un camisón que Gerda lleva puesto al momento de irse a la cama con él, capta su atención. Una vez más, la observa y sus dedos nuevamente vuelven a deleitarse con las puntillas y la superficie de la prenda. Un diálogo al respecto entre ambos resulta significativo:

¿Es nueva?-pregunta Einar- No te la quites, es bonita.
Quizás te la pueda prestar-responde Gerda.
A lo mejor lo disfrute- dice Einar.
¿Hay algo que quieras contarme?-pregunta ella
¿Hay algo que quieras saber?- dice él
No-dice Gerda- Soy tu esposa. Lo se todo.

Y Lacan nos orienta: “El impasse sexual secreta las ficciones que racionalizan el imposible del que proviene”(2). Ante la sexualidad que hace agujero en lo real, la escena amorosa en donde los cuerpos de los amantes se enredan, se revela que no es el acto sexual el que da una identidad sexual. Gerda fascinada con la imagen de Einar le pregunta: ¿cuándo te volviste tan guapo? Y él responde que siempre lo fue, sólo que ella no se había dado cuenta.

Los trazos de esos dibujos que subieron a través de la superficie de la noche marital, le fueron revelando a Gerda, lo femenino más allá de lo biológico en Einar. Gerda no se detiene, atraviesa la angustia con la cual se ve confrontada, cuando Einar comienza a desdibujarse.

Dice Gerda al respecto, cuando su marido pasa largo tiempo pintando: “a veces pienso que vas a escurrirte en la pintura hasta desaparecer en la ciénaga”. Einar responde “la llevo dentro de mí, tonta”.

¿Y qué habita en la ciénaga? Una gran masa de agua estancada y poco profunda en la cual crece una vegetación acuática a veces muy densa. Hay en Einar lo estanco del goce, aquella densidad que crece.

Si un axioma nos sirve en la orientación lacaniana para el abordaje  de la sexualidad, es el que reza “no hay relación sexual”. Dice Lacan: “Pero ¿de qué se trata? De la relación del hombre y la mujer en tanto serían apropiados, por el hecho que habitan el leguaje para hacer enunciado de esta relación”.(3)

Y lo que para Gerda y Einar era juego, cristalizó en angustia, presentificándose un real y su certeza. En Gerda la angustia ante la metamorfosis de su marido se interpone, ella le exige que deje de jugar este estúpido juego. Clama y dice que necesita a su marido. La tensión surge del drama mismo, Lili florece del interior de Einar. Dice Lili a Gerda: algo cambió, en mi interior soy una mujer, ella siempre estuvo allí.

A pesar del dolor, Gerda manifiesta un amor incondicional y acompaña en cada paso la transformación de Lili. Dice Lili:“me convierto en lo que me dibujas”. Es en el dibujo de la mujer que es trazada, que aflora la posición sexuada que se impone.

Ya en 1912 este secreto era ampliamente conocido en Copenague, por lo que la pareja decidió mudarse a París donde Lili podía vivir abiertamente como mujer.

François Ansermet se pregunta en  “Elegir el propio sexo: Usos contemporáneos de la diferencia sexual”(4): “ ¿Cómo puede una elección plantearse sin suscitar ninguna duda? Toda la cuestión reside en esta curiosa certeza. Lo que el sujeto dice a través de su proyecto transexual es una suerte de “Yo no soy lo que soy”, reforzado con un “No soy lo que pretenden que sea”, de donde se desprende una especie de fórmula lógica que llega a ser inquebrantable”.

Pero ¿se trata de una elección? ¿Es el sujeto eligiendo deliberadamente? o, como dice Lacan, en sus últimos seminarios, “es el significante el que los hace hombre o mujer”. Entonces, El sexo es un decir, afirma Lacan, tiene que ver con el lenguaje y en su corazón se aloja lo real de la imposible inscripción de la relación sexual. ¿Cómo dudar si aquello que se impone arroja la verdad de un goce? Dice Lacan: “En el psiquismo no hay nada que permita al sujeto situarse como ser macho o ser hembra. El sujeto sólo sitúa, en su psiquismo, sus equivalentes, actividad, pasividad. Y éstos nunca la representan exhaustivamente”.(5)

¿Cómo prescindir del cuerpo biológico, cuando éste funciona como impedimento en la realización de la posición sexuada del hablante ser? Al respecto dice Lacan: “En esas condiciones, para acceder al otro sexo es preciso realmente pagar el precio, el de la pequeña diferencia que pasa tramposamente a lo real por intermedio del órgano, justamente por el hecho de que sin cesar es tomado como tal y, al mismo tiempo, revela lo que quiere decir ser órgano. Un órgano sólo es instrumento por la mediación de esto a partir de lo cual todo instrumento se funda: qué es un significante”.

“El transexual no lo quiere en calidad de significante. En eso padece de un error, que es justamente el error común. Su pasión, la del transexual, es la locura de querer librarse de ese error, el error común que no se ve: que el significante es el goce y que el falo no es más que su significado”. (6)

De este modo, el transexual rechaza el significante y no el órgano, se toma el pene por el significante, ese es el error. (7)

De este modo, el despertar de Lili llevó a Wegner a continuar vistiéndose de mujer. El rechazo hacia su pene y hacia el ser nombrado como Einar, nos permiten pensar cómo se trata de un sujeto que pasa de padecer su nombre a elegirlo, va más allá aún y se somete a una operación que intentará trastocar el origen mismo de la vida. “Has ayudado a nacer a Lili” son las palabras de agradecimiento hacia Gerda.

Agrega tras la extirpación del pene, la primera operación:”Einar ha muerto”, frase que da cuenta en el filme, cómo se toma el pene por el significante.

Su decisión final será la de hacerse una segunda operación de cambio de sexo, convirtiéndose así en pionero en la cultura transgénero y uno de los primeros en realizarse la operación. En ésta, aquella que consistía en la reconstrucción de una vagina con implante de ovarios y útero, Lili enferma y muere. Minutos antes de morir le cuenta a Gerda un sueño que tuvo tras la operación: “Soné que era un bebé y que mi madre me tenía en brazos, y me nombraba Lili”. Y Greda repite “Lili, Lili”.

Hasta el último aliento Greda estuvo junto a Lili. Ser nombrado toca el origen, pues no hay sexualidad natural. Una película que nos permite pensar  cómo para el ser parlante es necesario pasar por las vías del Otro, aquellos semblantes que permiten asumirse hombre o mujer.

La transformación, la identidad, el impacto en la pareja y también en el mundo de  la sociedad en general, es uno de los logros de la película, tocan a los prejuicios de principios de siglo pasado que son otros a los de hoy, la idea de que “la radiación destruye el mal y salva el bien”. “Lo demente y lo pervertido” acerca de la sexualidad  y sus avatares.

Los invitamos a realizar una lectura lacaniana del filme, cuyos protagonistas encarnan maravillosamente el drama de una época que se incrusta con total actualidad en nuestra modernidad.

Una historia de amor, sin lugar a dudas.

 

Bibliografía:

1) Lacan J., “Saber, ignorancia, verdad” (4 de noviembre de 1971), Je parle aux murs.
2) Lacan, J.: “Televisión”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 558
3) Lacan, J.: “L`Etourdit” En: Autres écrits. París: Seuil, 2001, p.455.
4) Ansermet, François: “Elegir el propio sexo: Usos contemporáneos de la diferencia sexual”
5) Lacan, J. Seminario 11
6)Lacan, J.: O peor, p. 33
7) http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc.php?doc=262
Nominaciones en los Oscars 2016: mejor actor protagónica, mejor actriz reparto, mejor diseño de producción y mejor vestuario.
Ficha Técnica
• Dirección: Tom Hoope
• Guion: Lucinda Coxon
• Duración: 119 minutos
• Género: biopic, drama
• Reparto: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Matthias Schoenaerts, Amber Heard, Sebastian Koch, Ben Whishaw, Emerald Fennell, Adrian Schiller
• Cinematografía: Danny Cohen
• Música: Alexandre Desplat
• Montaje: Melanie Ann Oliver
• País: Estados Unidos, Reino Unidos, Bélgica

 

Histeria sin Interpretante

En el siguiente artículo Cecilia Rubinetti  hace una comparación  entre la histeria de Freud en la que los síntomas “hablan”, quieren decir algo, con un síntoma histérico separado del sentido, sin el sostén del Nombre del Padre. Para ello toma  y puntúa  un texto de Eric Laurent: “Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo”.

En dicho artículo Laurent parte de la clase VII del Sem 23, donde Lacan se refiere a: “una histeria que podría llamar incompleta”…”una especie de histeria rígida” y va a desarrollar este término en relación a la pregunta de “como hablan hoy los cuerpos más allá del síntoma histérico”. Plantea un síntoma histérico pero sin el sentido, sin interpretante a diferencia del síntoma que quiere decir algo, que busca un sentido. Laurent se refiere a un cuerpo que habla pero sin ningún sentido a descifrar, sin ningún llamado a la interpretación, sin posibilidad de sostenerse en la suposición de que el Nombre del Padre tendría algo que decir acerca del carácter traumático de la no relación sexual. Para ilustrarlo propone a Clarice Lispector por su particular tratamiento de las palabras que consiste en llevarlas al límite y roza constantemente lo imposible de decir.

Florencia Vidal Domínguez

 

Para abordar el texto de Eric Laurent, argumento del próximo ENAPOL, elegí tomar como eje a la histeria. El síntoma histérico podríamos decir que ha sido desde Freud el paradigma de “hablar con el cuerpo”. Ilustra con claridad la perturbación del cuerpo como marca del surgimiento traumático del goce.

Hay en el texto de Laurent, cuyo recorrido se apoya en referencias a los últimos Seminarios de Lacan, una torsión compleja y sumamente interesante en lo que respecta a la histeria.

Laurent sitúa el modo en que la época ha puesto en tela de juicio el sustento mismo, el corazón de la organización del síntoma histérico en torno al amor al padre. La pregunta será entonces cómo hablan hoy los cuerpos más allá del síntoma histérico, es decir, sin el sostén del amor al padre. Es a partir de esa pregunta que tomando una cita del Seminario 23 propone una versión paradojal del síntoma histérico. Se trata de un síntoma histérico separado del sentido. La referencia para intentar definir este estatuto del síntoma histérico será la clase VII del Seminario 23. Allí Lacan toma a un personaje de una obra de teatro de Helene Cixous inspirada en la Dora de Freud: “El retrato de Dora”. En la obra se produce, subraya Lacan, algo muy sorprendente. Se trata de la histeria reducida a un estado que podría llamar material, una especie de “histeria rígida”. La obra de Cixous presenta la histeria sin el sentido, sin interpretante, sin su partenaire. Es complejo hacerse una idea de aquello que Lacan encontró en la puesta de la obra de Cixous. Para ilustrarla Lacan dibuja una cadena borronea rectangular a la que llama rígida. ¿Qué quiere decir rígida? Que prescinde para su sostén, para la consistencia de su anudamiento de un redondel suplementario. Se sostiene sola, sin el Nombre del Padre. Se logra pescar la complejidad del planteo, que contiene la paradoja de una histeria sin Nombre del Padre.

¿Por qué Laurent retoma la referencia de Lacan a la histeria rígida? ¿Por qué retomar a propósito del ENAPOL esta formulación tan enigmática y paradojal que implica una histeria sin Nombre del Padre?

Laurent parece señalar en el horizonte una cierta caducidad de lo que clásicamente entendemos por histeria y sitúa en cambio un cuerpo que habla pero sin ningún sentido a descifrar, sin ningún llamado a la interpretación, sin posibilidad de sostenerse en la suposición de que el Nombre del Padre tendría algo que decir acerca del carácter traumático de la no relación sexual. ¿Qué propiedad conservaría entonces la histeria para que Lacan continúe nombrándola de ese modo? Podemos pensar que la histeria rígida sostiene el intento de dar respuesta al trauma sexual por medio del significante (al igual que la histeria clásica) pero sin el recurso al interpretante, sin el sostén del padre. A ese lugar podrían ir distinto tipo de invenciones singulares que se sostienen como respuesta.

En una conferencia de julio del año pasado en Suiza, dedicada a la lectura del Seminario 23, Laurent retoma este mismo punto, menciona a la histeria rígida, es decir la histeria fuera de sentido y la referencia será una vez más la literatura. Propone que Clarice Lispector ilustraría aún mejor que la Dora de Cixous lo que Lacan define en su Seminario como histeria rígida.

Lispector (1920-1977) es considerada una de las mayores escritoras brasileñas del siglo XX. Quien se haya acercado a su estilo de escritura tan característico habrá percibido que permite entrever algo de lo que señala Laurent. Su particular tratamiento de las palabras consiste en llevarlas al límite. Roza constantemente lo imposible de decir, su escritura discurre en ese litoral “La palabra tiene su terrible limite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno” [1]. Su prosa, tan bella como perturbadora, habita el límite mismo.

Laurent en esta conferencia da un paso más, proponiendo un estudio o investigación que podría titularse “Clarice Lispector: El sinthome o La sinthome”. La referencia al desarrollo de Lacan sobre Joyce el síntoma es clara. Ahora bien, un poco entrelíneas Laurent propone a mi entender una particularidad al anteponer el “la”. Particularidad que implicaría introducir el elemento femenino en este tipo de anudamiento, en estas histerias fuera de sentido. Laurent propone un novedoso y complejo programa de trabajo que permitiría pensar el sinthome en femenino a partir de esta formulación aún enigmática y dilucidar que sería la histeria rígida.

Hasta acá llega esta breve puntuación que intentó transmitir los lineamientos de la vía de trabajo que para mí abrió el texto de Eric Laurent rumbo al próximo Enapol.

Palabras de Clarice Lispector en una entrevista realizada por Olga BorellI: “Liminar”, en: Clarice Lispector, A Paixão segundo G. H. (Ed. crítica, Coord. Benedito Nunes).

Obesidad. El refugio en el cuerpo. Por Nieves Soria Dafunchio. Ultima parte.

IV.    El psicoanálisis aplicado a la obesidad. Su más allá

En esta última entrega, de las viñetas clínicas, se puede leer, que los sujetos se han dirigido a un analista, sin saberlo, por un motivo: la obesidad. Este encuentro con el analista ha tenido distintas consecuencias, en algunos, realizar un análisis, en otros obtener ciertos efectos terapéuticos, orientando el analista su acto hacia lo real.

Angela Vitale

 

4)      El psicoanálisis aplicado a la obesidad. Su más allá.

En los casos referidos, los sujetos se han dirigido, generalmente sin saberlo, a una analista. En todos los casos el motivo de consulta era la obesidad. El encuentro con una analista ha tenido distintas consecuencias en cada uno de ellos, en los casos de Eduardo y Dolores, los llevó a realizar un análisis; en los de Amelia y Liliana, a obtener ciertos efectos terapéuticos, al menos por ahora.

Cuando esto último ocurre, hablamos de psicoanálisis aplicado a la terapéutica, en este caso, de la obesidad. Se trata de la aplicación del discurso analítico en casos en los que la posición del sujeto y la gravedad del síntoma impiden la realización de un psicoanálisis puro, al menos temporariamente. Tanto para Amelia como para Liliana, su vida entera se reduce a su obesidad, lo que las lleva a girar en su discurso alrededor del Otro materno estragante. En ninguno de estos casos se ha producido, hasta ahora, un equívoco que permita abrir la dimensión del inconsciente y la suposición de un sujeto al saber.

Sin embargo, proponemos que la terapéutica analítica no es como las otras, es decir, que aún cuando no haya análisis en el sentido del desciframiento del inconsciente, sí lo hay en la orientación del acto hacia lo real, y que el encuentro con un analista tiene consecuencias bien distintas para un sujeto, en este caso obeso, del encuentro con un terapeuta.

En estos casos ubicaría al menos dos efectos terapéuticos específicos del psicoanálisis:

1)      La deflación del sentido: tanto Amelia como Liliana llegan cargadas de significaciones- clichés (muchas de ellas “alimentadas” por su pasaje por grupos de autoayuda) respecto de su obesidad. En ambas el encuentro con el silencio, incluso el gesto calculado de desinterés o fastidio al respecto por parte del analista, produjo desconcierto, enojos, efectos depresivos, silencios difíciles de soportar para ellas, y finalmente un efecto de deflación de sentido que no ha dejado de tener consecuencias a nivel del goce, poniendo un límite a la voracidad. Esto les vuelve posible llevar adelante una dieta por primera vez.

2)      La Inter-dicción: la posición del analista, sostenida en un “decir que no” (función   que, como referimos en el apartado 2, Lacan atribuye al padre real), introduce la inter-dicción en el decir, operando con la barra entre significante y significado una y otra vez, por un lado; diciendo que no cuando es necesario, por otro. Esto obligó al sujeto a tomar partido, en estos casos, aceptando una relación transferencial en la cual el Otro no responde de un modo materno. Lo que implica también tomar cierta distancia del cuerpo materno, abriéndose un margen nuevo.

Liliana había dejado de trabajar para dedicarse exclusivamente a su madre enferma. Me dio una serie de explicaciones al respecto, que no acepté. Volvió a trabajar, retomando de ese modo su vida social, y saliendo de la intensa depresión en la que había llegado.

Como ya fue comentado, Amelia faltaba seguido, por desgano o sueño. Le dije que de esa manera no la iba a poder seguir tratando. Se angustió, dijo que se veía como una nena caprichosa, que en su vida nunca hubo un “no”. Prometió no faltar más, cosa que cumple. A partir de ese momento, vuelve a tomar mate por primera vez desde el suicidio de su madre, ocurrido 6 años atrás. Era una ceremonia que compartían y que ella había abandonado con su muerte.

Luego tira las pertenencias de su madre, que había guardado durante esos 6 años intactas.

Deja de sentir el perfume de su madre, y comienza a preguntarse por primera vez sobre la relación con su marido.

En los casos de Eduardo y Dolores, en cambio, se produjo una entrada en el discurso analítico. En ambos casos, como efecto del encuentro con la analista, se produce un desplazamiento de la problemática alimentaria hacia la problemática sexual. Por un lado, porque en ellos el cuerpo obeso no había logrado enterrar totalmente la cuestión del sexo. Por otro, porque hubo interpretaciones eficaces, que alcanzaron a tocar algún punto de real en el decir del sujeto, equivocando el sentido, y entonces el goce, en juego en él:

Dolores relata en una sesión que de chica no le salían las cuentas. El padre la castigaba, a veces le pegaba por ello. Y dice: “Sabía multiplicar, no dividir. Nunca supe dividir”. Y agrega, asociando libremente, que se sentía muy incómoda cuando veía a los padres abrazados. Intervine diciéndole: “El sexo divide”.

A partir de esa sesión, Dolores inicia una dieta, adelgazando paulatinamente. Comienza a sentirse perdida, desorientada. Dice: “Hasta hace poco no me interesaba realmente adelgazar. Estaba bien en mi mundo, descargando todo con la comida. Ahora no sé por dónde canalizarlo…mi novio era la comida…No uso reloj. Se me rompen, me molestan. (Silencio prolongado). Esto del paso del tiempo por ahí tiene que ver con mi dificultad para ser mujer.” A partir de ese momento comienza a salir con muchachos.

Dice: “Necesito pensar. Nunca aprendí a pensar. Quiero crecer. Quizás estuve demasiado tiempo pensando en por qué no me quieren, en mi obesidad, etc.”

Eduardo trae un sueño: La madre le avisaba que el padre había fallecido. El viajaba a verla. Ella le contaba que le había pagado al señor que cortaba la leña, y que éste se había llevado el dinero sin traer la leña. Se despierta llorando. Asocia al leñador consigo mismo engañando a su mujer. Le digo: “No, engañando a la madre”, y corto la sesión. Viene sorprendido a la sesión siguiente, se da cuenta de que nunca le vio una falla a la madre, de que ella siempre estaba ahí.

En este momento comienza a preguntarse por el goce de su mujer, abriéndose en él la dimensión de la angustia.

Como vemos, este desplazamiento de la problemática alimentaria hacia la problemática sexual no se produce sin el consentimiento del sujeto, dado que se opera una mutación en el discurso, introduciéndose la dimensión del decir, que excede a los dichos, y en consecuencia, incluye la dimensión del vacío, de lo imposible de decir, de lo que de lo sexual resiste a lo simbólico, y que Lacan axiomatizó como inexistencia de la relación sexual. Lo que llamamos “problemática sexual” es un campo topológicamente  diferente de la problemática alimentaria, dado que el cuerpo del que se trata es otro, ya que  incluye esta dimensión del decir.

Si el cuerpo obeso, ese cuerpo atorado que tapona el vacío, atrapado en la problemática alimentaria, ligada a la demanda, adquiere su consistencia del superyó, de esas palabras proferidas por el Otro materno que envuelven al sujeto, es necesaria una perforación de esa envoltura para que advenga el cuerpo sexuado, ligado a la hiancia entre significantes por un lado (y entonces cuerpo de deseo) a la ausencia del significante de La mujer por otro (y entonces, cuerpo agujereado). La problemática sexual implica, en ambos niveles,  el funcionamiento de la castración. Esta es introducida en las intervenciones del analista, que habilitan una nueva dimensión.
 Una vez confrontados con la cuestión del sexo, de la que se refugiaban en su cuerpo obeso, Eduardo y Dolores toman diferentes caminos: Eduardo huye, Dolores avanza.

En el  momento en que Eduardo se encuentra con la dificultad de investir fálicamente su órgano sexual, recurriendo a la ortopedia imaginaria de la prótesis, fracasando en el intento de volverse deseable para su mujer, recurre al acting-out, en el cual, justamente, encuentra satisfacción en una escena incestuosa: goza mirando viejas desnudas. Entonces comienza a faltar. Lo llamo, viene diciendo que no me puede mirar, que no venía porque comenzó  a enamorarse de mí y a tener fantasías eróticas conmigo. Le digo que hable de eso. Deja de venir.

Dolores se enamora, tiene novio. Cuando éste le propone casarse, se angustia intensamente. Sueña que estaba en la cama con el novio, abrazándolo, de pronto era una mujer. Dice: “Me angustié. Me parece que tiene que ver con mi mamá”. Llora. “Nunca te lo conté por vergüenza. Cuando empecé con esto de que me gustaban las mujeres, me imaginaba tomando la teta de una mujer. Yo pensaba que era una cosa sexual, pero con el tiempo no, me parece que es una cosa maternal. Mi mamá fue mi mamá y nada más, pero además era una persona del sexo femenino. De eso no recibí nada. Ella como mujer era una pendeja. Ahora que estoy luchando entre la mujer y la niña, me aparecen estas cosas.”

En estos casos, en los que el sujeto se interna en la experiencia analítica, más allá de su demanda inicial referida a su obesidad, se ponen en juego todas las vicisitudes propias de esta experiencia.

En el fragmento que recortamos del decir de Dolores es posible vislumbrar una subjetivación del cuerpo sexuado y sus impasses, una renuncia a la coartada del refugio en la obesidad, y una confrontación con ese campo de lo imposible al que apunta todo análisis.

Referencias bibliográficas y notas.

1)      Lacan, Jacques. “Dos notas sobre el niño”, en Intervenciones y textos 2. Ed. Manantial.
2)      Lacan, Jacques. El Seminario. Libro IV. Las relaciones de objeto. Ed. Paidós. P.177.
3)      Miller, Jacques-Alain. El partenaire-síntoma. Curso inédito. Año 1998.
4)      Lacan, Jacques. El Seminario. Libro IV. Las relaciones de objeto. Ed. Piadós.
5)      Lacan, Jacques. “Juventud de Gide o la letra y el deseo”. En Escritos 2. Siglo veintiuno ed.
6)      Miller, Jacques-Alain. Acerca del Gide de Lacan. Malentendido Nº5.
7)      El lector interesado en la mortificación del cuerpo en casos de anorexia, encontrará esta lógica aplicada a estos casos en “El falo muerto: Gide y la anorexia”, en Psicoanálisis de la anorexia y la bulimia, de Nieves Soria, ed. Tres Haches.
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Etiquetas: Obesidad. El refugio en el cuerpo por Nieves Soria Dafunchio

 

Obesidad. El refugio en el cuerpo. Por Nieves Soria Dafunchio. Parte III

III.    El falo inflado: un modo particular de mortificación del falo
En esta entrega,  la autora parte de una hipótesis, tratando de articular la vertiente del estrago y de la ausencia de inter-dicción en juego en la obesidad, con una modalidad particular de la metáfora paterna.
Para el caso de la obesidad, la disociación entre la negatividad de la castración y la presencia positiva del falo imaginario tiene como consecuencia un efecto melancólico por un lado, y una inflación del falo, jugada a nivel del cuerpo, por otro. Para el sujeto obeso, tanto hombre como mujer, la relación con el falo es del orden del ser: ser el falo materno.

 

Angela Vitale

 

3)      El falo inflado: un modo particular de mortificación del falo.


La hipótesis que voy a desarrollar en este apartado apunta a articular la vertiente de estrago y de ausencia de inter-dicción en juego en la obesidad, con una modalidad particular de la metáfora paterna que Lacan formaliza para el caso del escritor André Gide (5), y cuya lógica es desplegada por Miller en “Acerca del Gide de Lacan” (6).
La misma posibilita dar cuenta de un efecto particular en la significación fálica, que es su anudamiento con la muerte. Y en la medida en que la imagen del cuerpo está sostenida por la función fálica, la mortificación del falo posibilita dar cuenta de la mortificación del cuerpo en distintos casos (7). Uno de ellos es la obesidad. En ella el cuerpo es inflado, deformado, alojando un exceso de goce que no da lugar al mantenimiento del velo que vuelve amable la imagen.

Si la imagen amable (yo ideal), se sostiene en la función de la castración: i(a), tal como
propone Lacan a partir del seminario sobre Las relaciones de objeto, deducimos entonces que en los casos de obesidad, algo en la función de la castración no está operando.

En su texto sobre Gide, Lacan propone la posibilidad de ubicar cierta falla en la metáfora paterna del lado del Deseo de la Madre, que en este caso no anuda el amor al deseo, sino al deber, envolviendo a Gide con un amor mortífero, que Lacan define como “embalsamado”. Por otra parte, plantea que el deseo materno en este caso no se dirige al falo paterno. Hay entonces inscripción del Nombre del Padre, pero la metáfora produce una significación fálica anudada a la muerte. En lugar de articularse la negatividad de la castración con la positividad del falo: -�, ambos elementos quedan disociados: el (-) por un lado, como pura negatividad, que en el caso Gide se manifiesta en una sensación de muerte, y el falo imaginario positivizado, �, también juega su partida solo, en ese caso en la práctica masturbatoria perversamente orientada.

En estos casos de obesidad en neurosis, es posible encontrar regularmente esta disociación entre amor y deseo en el Deseo de la Madre. No encontramos ese anudamiento entre amor y deber que Lacan refiere para Gide, pero sí se trata de un amor que efectivamente es mortífero y envuelve al sujeto. Este amor parece anudarse más bien con un fantasma cuyo objeto es encarnado por el sujeto en lo real. Tampoco encontramos la dirección al falo paterno en el deseo materno, sino más bien al hijo como falo muerto.

Amelia siempre tuvo sobrepeso, desde niña. El momento en que aumentó exageradamente, llegando a su peso actual, 130 kgs., fue cuando su madre se suicidó.

Liliana siempre fue gordita, siempre se cuidó, tenía un sobrepeso de 30 kgs., hasta el momento en que su madre, con quien vive, tiene un ACV, dedicándose Liliana totalmente a ella. Entonces aumenta 30 kgs. más en un par de meses. Y sigue aumentando.

Dolores, que consulta a los 20 años, con un sobrepeso de 25 kgs., engordó a los 13 años, poco después de su menarca, de la que dice: “Fue horrible, tétrico, espantoso. No me lo esperaba. Vivía en un ñoqui. Era varonera. No me interesaba indisponerme. Me gustaba más jugar con los varones. El fútbol es violento. La agresión al cuerpo. Una amiga se enfermó de hepatitis, y yo quería contagiarme. Siempre quería tener una enfermedad, que me operen. En mi casa me tienen como nenita. Mi mamá. Nunca tuve novio”. Recuerda que desde muy pequeña fantasea con su propia muerte, ella en la tumba indagando los rostros de sus padres: ¿sienten su pérdida?

Eduardo pesa 125 kgs. Siempre tuvo exceso de peso, pero se volvió monstruoso cuando falleció la madre. El último tiempo antes de consultar había vuelto a engordar cuando su esposa comenzó a trabajar todo el día y él, que trabaja medio día, comenzó a ocuparse de la casa y de los hijos, operándose en él una verdadera maternización.
Por otra parte, su profesión: mecánico en municiones y explosivos, pone constantemente su cuerpo en riesgo de mutilación o muerte.

Mi hipótesis es que en el caso de la obesidad, la disociación entre la negatividad de la castración y la presencia positiva del falo imaginario tiene como consecuencia un efecto melancólico por un lado, y una inflación del falo, jugada a nivel del cuerpo, por otro.

Para el sujeto obeso, tanto hombre como mujer, la relación con el falo es del orden del ser: ser el falo materno. Pero este falo muerto, que no incluye la función de la castración, se presenta entonces duplicado a nivel del cuerpo: la duplicación, manifestada en la inflación del cuerpo-falo es la compensación imaginaria de la castración ausente en el nivel del cuerpo.

Esta disociación produce fuertes efectos renegatorios, que se manifiestan a veces como defensas maníacas, otras como una percepción distorsionada del propio cuerpo.

Esta suspensión de la función de la castración imposibilita al sujeto obeso el acceso al problema sexual, el cual sólo puede enfrentarse contando con ella. De allí el refugio del sujeto en la infancia, haciendo impasse sobre las vicisitudes del deseo en su relación con el sexo.

Eduardo se vuelve confidente de las mujeres que le gustan. Dice: “no soy hombre para ellas”. Comienza a darse cuenta de que su obesidad “es un escudo”, “una negativa a las mujeres”.

En un momento en que Eduardo se angustia frente a la frialdad sexual de su esposa, se compra una prótesis para el pene, intentando de ese modo alcanzar su goce. Ante el fracaso, comienza a quedarse horas mirando viejas de 90 años desnudas en internet. A veces se masturba en esta situación.

Amelia jamás hizo ninguna referencia a su sexualidad.

Liliana se casó a los 32 años. Su matrimonio duró 2 años, momento en que el marido le propuso tener un hijo. Ella no quiso, al poco tiempo le tuvieron que hacer una histerectomía, y se separó. Nunca estuvo con un hombre ni antes, ni después.

Cuando vino a verme, Dolores era virgen, los hombres no se le acercaban. Se le imponía la idea de que debía ser monja. Cuando adelgazó y comenzó a salir con hombres, cuanto más cerca estaba de alguno, más se le imponía, con horror, la idea de que le gustaban las mujeres.

Continuará…