Reseña XVIII Seminario EOL 2016. Carlos Dante García

Título:   ¿El transexualismo es una psicosis?

 

Retomamos hoy el trabajo que presentó la clase pasada Patricia Pena,  y desde allí vamos a considerar algunas cuestiones sobre el transexualismo, para tratar de fijar una posición sobre la pregunta que inicia la clase.

 

Patricia Pena continúa su exposición: link de su trabajo sobre Beatriz Preciado:

 

http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc2.php?doc=617

 

Carlos Dante:

 

Casi todos los movimientos feministas tienen como fundamento a Michel Foucault. La sexualidad como objeto de la biopolítica es una formulación foulcotiana. No es una formulación de Preciado.

¿Qué quiere decir que la sexualidad es un objeto de la biopolítica?

En primer lugar, hay que situar a Foucault en un seminario: “El gobierno de sí y  de los otros”. Ahí sitúa en tres focos de existencia los temas que fue trabajando en su seminario: la locura, la criminología y la sexualidad. El último tiempo de su enseñanza se centró en el objeto sexualidad.

 

El término biopolítica lo introduce en Río de Janeiro Brasil, en un  congreso que se hace sobre medicina social y ese es el contexto.

 

Foucault era alguien que tomaba referencias del marxismo. Lo que no se ha percibido es el fenómeno que ha producido el capitalismo, es tomar a los cuerpos como objetos de producción y no a los individuos en tanto proletarios. El capitalismo no es el discurso y no es el Icc, sino que se caracteriza por el poder. El poder hace que el capitalismo se centre sobre los cuerpos. La biopolítica es el ejercicio del poder de la vida de los individuos en una sociedad.

 

Esto tiene un desplazamiento respecto de lo que ocurría con la vida y la muerte: el señor feudal disponía de la vida o de la muerte de aquel que formaba parte de la sociedad. Pero nunca se dispuso en el discurso social de la vida. Por ejemplo el estudio de estadísticas de los porcentajes de vida.

 

Los que siguen a Foucault no son psicoanalistas, no ponen el acento en el lenguaje ni en el Icc sino en el poder. No es el Foucault de “Las palabras y las cosas” sino el Foucault que se aleja del psicoanálisis.

Foucault se aleja con el concepto de subjetividad del concepto de sujeto de Lacan.

 

Todos los foulcotianos no siguen a Foucault.

 

Foucault plantea que él no propone ningún imperativo, su propuesta es que con esto no se haga política. Todo lo opuesto de lo que hacen los foulcotianos porque hacen política. Él como filósofo investiga la verdad de lo que ocurre en la época que vive.

 

El punto común que Beatriz Preciado comparte con los transexuales es que hay una lógica de despatologizar la identidad sexual. Todos los transexuales plantean lo mismo. Lo que conocemos como discurso psicótico enseñado por Lacan es que el psicótico manifiesta de eso constantemente. Manifiesta la posición de que el loco, el enfermo, el que tiene los síntomas es el otro, no es sujeto. El psicótico no subjetiva un síntoma.

 

La resistencia: no sólo se intenta despatologizar sino que se resiste a ser incluído en cualquier categoría.

 

Dos referencias de Lacan sobre transexualismo: seminario 18, págs.  30 y 31. Aquí comenta sobre el error que comete el transexual. Sitúa los casos de Stoller.

Y la referencia del seminario 19, pág. 17 y pág. 13, el capítulo se llama “De uno a otro sexo” y el subcapítulo se llama “La pequeña diferencia”.

 

Cita Carlos el seminario:

 

“Responde a lo que hay de real en el hecho de que, en la especie que se denomina a sí misma horno sapiens -hija de sus obras, en esto como en muchas otras cosas-, los sexos parecen repartirse en dos números casi iguales de individuos. Bastante temprano, más temprano de lo que se espera, esos individuos se distinguen, por cierto.

Lógicamente, lo importante es que se distinguen. Yo no lo negaba, pero es un deslizamiento. Lo que yo no negaba no es justamente eso. Se los distingue, no son ellos quienes se distinguen”.  (pág. 16, seminario 19)

 

“Se los distingue”.

 

¿Qué está buscando Lacan entre el seminario 19 y 20? Busca y trata de ubicar Lacan algo muy preciso que las fórmulas de la sexuación.

Lacan menciona una y otra vez a lo largo de estos dos seminarios a la lógica. Lacan busca encontrar un discurso que tenga la particularidad de producir y generar objetos que sólo se generan a partir del mismo discurso.

La única práctica discursiva que tiene esa característica que tiene ese discurso  es la matemática.

Por ejemplo cómo el discurso analítico puede producir el sinthome, cómo puede producir una letra, por ejemplo.

 

Ese discurso no sólo genera objetos sino que tiene otro rasgo: rompe con las significaciones.

 

Lacan se interesa en cómo un ser sexuado puede ser producido sin ningún tipo de significación.

 

¿De dónde viene la exigencia del Uno? Del discurso. Tendemos a la identificación, pensamos el amor hacia el Uno. Hay en el lenguaje una tendencia al Uno. Y Lacan dice que para entender esto que es la lógica de la sexuación es necesario desprenderse de lo que acompaña a toda filosofía: la ontología, el ser. Idéntica a la filosofía del neurótico que apunta a obtener el ser.

Por eso el contrapunto con toda filosofía e incluso con Beatriz Preciado.

El efecto del lenguaje es la producción de una significación del ser.

 

La formulación de la calificación o la adjetivación. Por eso Lacan dice “se los distingue”. Esto en psicoanálisis se llama identificación.

 

Lacan busca vaciar de todo calificativo a la condición sexual.

 

“Lógicamente, lo importante es que se distinguen. Yo no lo negaba, pero es un deslizamiento. Lo que yo no negaba no es justamente eso. Se los distingue, no son ellos quienes se distinguen. Es así como se dice: Ah, el verdadero hombrecito, cómo se ve ya que es absolutamente diferente de una niña; es inquieto, inquisidor, ávido ya de vanagloria. La niña está lejos de parecérsele”.

 

Esto es se los distingue por cualidades.

 

“Ella no piensa más que en jugar con esa suerte de abanico que consiste en meter su rostro en un agujero y rehusarse a dar los buenos días. Pero he aquí que solo nos maravillamos de eso porque es exactamente así como será más tarde, o sea, conforme a los tipos hombre y mujer tales como van a constituirse a partir de algo muy diverso, a saber, de la consecuencia, del valor que más adelante habrá adquirido la pequeña diferencia. Huelga agregar que la pequeña diferencia -hurra- estaba ya allí para los padres desde mucho antes, y que pudo ya tener efectos sobre la manera en que fueron tratados como hombrecito y mujercita”.

 

Segunda observación: la diferencia estaba allí desde mucho antes en los padres, es decir, cuál es el fantasma de cada uno de los padres de lo que implica ser una niña o un niño.

 

“No es seguro, no siempre es así, pero no hay necesidad de esto para que el juicio de reconocimiento de los adultos circunvecinos se base en un error. Ese error consiste en reconocerlos sin duda a partir de aquello por lo cual se distinguen, pero en no reconocerlos más que en función de criterios formados bajo la dependencia del lenguaje. Si es cierto que, como propongo, justamente porque el ser es hablante hay complejo de castración”.

 

“El transexual no lo quiere en calidad de significante, y no así en calidad de órgano. En eso padece un error, que es justamente el error común. Su pasión, la del transexual, es la locura de querer liberarse de ese error, el error común que no ve que el significante es el goce y que el falo no es más que su significado”.

Lacan habla de locura, no de psicosis. Confunde el significante con el órgano.

 

Tenemos que ver cómo Preciado deja por fuera el órgano, en principio lo deja fuera de juego a partir del partenaire, no del lado de ella. Punto en común con trans que están en el cuerpo equivocado.

Deja abierto el problema de los trans que tienen cuerpo de mujer y quieren colocarse un órgano.

 

“El transexual ya no quiere ser significado falo por el discurso sexual, que, lo enuncio, es imposible. Su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es el pasaje de lo real”(pág. 17)

 

Esto quiere decir que ya había sido significado.

 La primera temporalidad: es la relación que ese sujeto tiene con su cuerpo anatómico y lo que se le dice o se lo distingue.

La segunda temporalidad: cuando ya no quiere ser significado falo y forcluye al significante fálico. S1, significante amo que produce efectos de identificación. Es la no aceptación bajo la forma verbal.

Tercera temporalidad: cuando la diferencia se articula al goce bajo la forma de la relación con el otro sexo. Es una elección del sexo. Cómo se va a relacionar ese sexo con el otro sexo.

 

Seminario 20: Lacan dice una cosa sorprendente “El lenguaje agita los cuerpos”. El lenguaje le hace cosas al cuerpo.

 

Nos interesa captar cómo el discurso del transexual se sitúa en una brecha entre lo que le puede hacer el lenguaje y su cuerpo. Como si pudieran estar en la condición subjetiva de decir a mí no me va a dar el ser el lenguaje.

 

Preciado no se ubicaría dentro del transexualismo, ni consideraría operarse. Su práctica es con dilos, no hay una relación con el otro sexo.

¿Qué particularidad presenta el transexual que no concuerda con la chica danesa? Es que el transexual no goza de las tetas y de ninguna manera tiende a la feminización.

El transexualismo no consiste en la feminización del cuerpo. Está centrada en el error natural del pene. Son los travestis los que tienen una relación especial con las tetas.

Hay que situar, ceñir  y particularizar el deseo del transexual.

 

El agujero de la significación fálica es efecto de la forclusión del NP. Es un agujero en lo imaginario y éste es un forclusión del significante fálico y sería un agujero en lo simbólico.

 

 

Bibliografía sugerida:

 

 

   -Catherine Millot “Excesos”

   –Morel, Genevieve  “Ambiguedades sexuales (sexuación y psicosis)”

   -Seminario 19, Lacan : … o peor

   -Seminario 20, Lacan “Aún”

   -Artículo de Patricia Pena: http://www.lecturalacaniana.com.ar/doc2.php?doc=617

     -Michel Foucault “El gobierno de sí y de los otros”.

 

 

Noche abierta EOL. “Conversación sobre el racismo y los atentados suicidas”.

 

 

Miércoles 21/09; 20:00 hs.

Auditorio

EOL

Noche Abierta

 

Conversación sobre el racismo y los atentados  suicidas

 

Presenta:  Myriam Perrin (miembro de la  ECF)

"Racismo moderno y goce radical  del  Kamikazee"

Interlocutores:      Silvia Elena Tendlarz  y Carlos Dante García

 

Lugar: Sede EOL – Ancón  5201 – CABA

El diccionario

 

El Diccionario es una obra de teatro que pone en escena la vida de María Moliner (1900-1981). Lexicográfica que decide publicar el Diccionario del Uso del Español en los tiempos del Generalísimo Franco. María se licencia en Historia (1921) en la facultad de Zaragoza de Filosofía y Letras, en ese entonces era la única carrera que se dictaba en esa casa de estudios. Una mujer que, a partir de su obra, cuestiona al diccionario de la RAE. Su hijo Fernando le trae de París un libro que cambia su vida profesional: el Learner’s Dictionary of Current English de A. S. Hornby. Ese diccionario inglés, junto con las deficiencias que  detecta en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, son razones suficientes para pensar en la posibilidad de elaborar ella misma su propio diccionario de español.

En el inicio de la obra, María consulta a un especialista neurólogo porque tiene problemas de memoria y fallas en la articulación del discurso. Si bien el médico consideró en un principio derivarla a otro profesional, no obstante desiste y comienza a interesarse en los relatos de la protagonista. Ella le habla de su pasado, sobre cómo conoció a su marido, el físico Fernando Ramón Ferrando, las vicisitudes de su matrimonio, el nacimiento de sus hijos, la depuración a la que fue sometida por los jueces franquistas por su Plan de Bibliotecas para la República y la creación de su diccionario.

No todo es dicho. La muerte de una hija pequeña circula al borde de la palabra y se respira durante toda la función. De eso no se habla. Las palabras no logran recubrir dicha pérdida.

Sola, en su casa, escribe. Su proyecto es un diccionario para todos, transmite la necesidad de la cultura y el lenguaje para ser libres. La escritura del diccionario genera malestar con su pareja, él ansía que termine de una vez con esa obra. Luego de atravesar varias discusiones al respecto, deciden dejar de hablarse. María llega a una conclusión que, tiene todas sus consonancias con una lectura lacaniana de la obra, le dice a su médico: “cuando dejamos de hablarnos fue cuando comenzamos a entendernos”. La obra da cuenta cómo en el mismo camino de su palabra, se encuentra lo desconocido, invisible, en donde la palabra misma deviene piedra.

Un decir que se repite, emerge a lo largo de toda la obra: “yo coso calcetines, ¿qué más podría decir yo?”. Algo de un deber ser dicho como mujer, que sin embargo, se iría resquebrajando ante la insistencia de un hacer inevitable: escribir su diccionario.

“Dos añitos nada más” es un decir con el cual María no sólo intenta serenar a su marido que le reprocha su no parar de escribir hasta altas horas de la noche, sino que dice acerca de ese goce silencioso, enigmático que vira hacia la infinitud, y que escapa a la ley del falo. Escenario de su singular invención, un saber hacer que deviene sinthome.

Y, más allá de las deficiencias funcionales orgánicas de su memoria, y de las lagunas en su discurso, se impone el goce del cuerpo con el que ella escribe. Al respecto cito a Margaritte Duras: “no se puede escribir sin la fuerza del cuerpo”.

María Moliner fue una de las mujeres más destacadas de las letras españolas del siglo XX. Fue la primera mujer que impartió clases en la Universidad de Murcia en 1924.

 Su diccionario fue texto de consulta para muchos estudiantes y la colocó a las puertas de la Real Academia de la Lengua. Podría haber sido la primera mujer en ingresar en la institución pero su naturaleza femenina y el hecho de no haber cursado estudios reglados de filología fueron algunas de las razones por las que no pudo disfrutar tal honor. El tiempo le daría el merecido reconocimiento.

Las palabras que rescata, reorganiza y da sentido, son las mismas que se irán perdiendo en su vejez a raíz de su senilidad. La obra plasma esta dramática de cómo aquello que vivifica la vida, desde los trazos de lalangue, muta en pérdida. La ironía del malentendido desenhebra toda lógica entre los sexos. Dice al respecto García Márquez: “María Moliner hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. Un día se levantó a las cinco de la mañana, dividió una cuartilla en cuatro partes iguales y se puso a escribir muchas palabras sin más preparativos. Calculó que lo terminaría en dos años, y cuando llevaba diez todavía andaba por la mitad. «Siempre le faltaban dos años para terminar», me dijo su hijo menor. Era natural, porque María Moliner

tenía un método innato: pretendía agarrar al vuelo todas las palabras de la vida”.

La imagen final de la obra, es la de ella dando el discurso de admisión ante la Real Academia de la Lengua, que rechazó su candidatura como miembro, en medio de un debate intenso plagado de connotaciones sexistas y discriminatorias. Desde el salón de su casa, en donde pasó su vida creando su diccionario y “zurciendo calcetines”, da el “discurso que nunca pronunciaré”.

Una obra para atesorar, que los dejará sin palabras, de la A a la Z.

 

 

Notas Psicoanalíticas sobre el Género entre el Lenguaje y la Lengua

NOTAS PSICOANALÍTICAS SOBRE EL GÉNERO ENTRE EL LENGUAJE Y LA LENGUA

 

El género inclusivo- El género en las lenguas- El lenguaje sexista- El género no es el sexo-

 

El Director de la REA, Darío Villanueva, revela cómo trabajan con la relación entre la lengua y el lenguaje en dicha institución en la época actual: Como no puede ser de otra manera, se dice que la tarea de la RAE es la de un detergente – es un producto actual de resultado del mercado- porque “fija, limpia y da esplendor”. Si uno se detiene a considerar lo que el diccionario hace, bien poco se lo podría considerar así.

Considero que un Diccionario se mueve en una temporalidad breve entre lo poco de nuevo y lo mucho de lo mismo, llevando lo nuevo a lo mismo. Si el psicoanálisis se dedica y se orienta por lo nuevo en el decir, un diccionario se orienta por lo nuevo en los dichos. Un Diccionario intenta construir un código, un Otro, pasando de la vida de la lengua a la fijeza mortífera del lenguaje porque en el horizonte está el desuso de la lengua: las lenguas muertas. Darío Villanueva, a pesar de dedicarse al estudio de la lengua castellana y dirigir el Diccionario de la RAE se ubica en una posición muy particular respecto de su función. Por un lado, el Diccionario dejará de ser tal como lo conocemos hasta ahora: un libro de consulta; pasará a ser un diccionario digital. ¿qué implica esto? Que se elimina la limitación de espacio que se encontraba en un libro y el espacio para el Diccionario de la RAE digital no tiene límite de espacio. Por lo tanto se van a poder incorporar palabras que no se incorporaban antes, como ser los extranjerismos y los anglicismos. En los ejemplos que Villanueva da sobre el uso de anglicismos innecesarios, como si la lengua hablada se basara en la necesidad de su uso, toca una cuestión muy importante sobre la cuestión del género en su relación con la lengua y el lenguaje. Dice: “Recomendamos evitar los anglicismos innecesarios. Por ejemplo, llevamos bastante tiempo diciendo que nos parece un error utilizar el término en inglés tablet para referirse a lo que en español debemos llamar tableta. Usar esa palabra en inglés genera confusiones; la primera, la del género. Y luego el plural. Con la palabra tableta se acaban los problemas: es femenino y el plural es tabletas. Sin embargo, hay gente y publicitarios que sigue escribiendo tablet. Lo que hacemos es poner ejemplos como éste para ver si convencemos a la mayoría de la gente.

En publicidad cada vez se utilizan más palabras en inglés para vender productos a los hispanohablantes. Hemos tratado el tema con la Academia de Publicidad” Se nota que la RAE establece y también dice lo que es un error. Usar una palabra en inglés, que en su uso es de género masculina, cuando no es necesario usarla en inglés, genera la confusión de la palabra: masculino por femenino. Con tableta, la palabra deja de ser usada en inglés, pasa a ser una palabra de género femenino en singular y pasa a llamarse tabletas en plural. Villanueva denuncia que en el uso actual de la lengua, con los anglicismos innecesarios se aprecia más, se valora más el inglés que el castellano para la venta de productos. El lo denomina, complejo de inferioridad. Yo lo denomino, determinación del capitalismo y del valor de mercado sobre el uso de la lengua.

El inglés es la lengua que ganó la Segunda Guerra Mundial, es la lengua del poder, de los negocios, en definitiva, del mercado. Ante la pregunta de lo que la Academia opina sobre lo que los políticos llaman el lenguaje sexista, responde: “Esto tiene que ver con un fenómeno más amplio y complicado, que es el de lo políticamente correcto. Nos llegan muchas quejas de sectores que consideran que alguna palabra que se usa efectivamente, es una palabra ofensiva. Un ejemplo: la Asociación Española contra el cáncer ha protestado porque la palabra cáncer, en nuestro diccionario, tiene como primera acepción, adjetiva, ‘persona del signo zodiacal de Cáncer’; la segunda es la enfermedad; la tercera es el tumor concreto; y la cuarta viene a decir algo así como: ‘cualquier desorden que afecta gravemente a la vida social’. Y pone un ejemplo: la droga es el cáncer de la sociedad. La asociación decía que era ofensiva para los enfermos de cáncer. Ahí no podemos hacer absolutamente nada, porque esa acepción no la ha inventado la Real Academia.

El diccionario no puede recoger solamente las palabras bonitas o buenas. Hablamos para portarnos bien, para ser corteses, pero también para insultar y ser canallas, y el diccionario tiene que recoger lo uno y lo otro. El asunto del lenguaje sexista tiene que ver con comportamientos y conductas. El lenguaje no es sexista hasta que no es utilizado en sentido sexista. Y el problema mayor en confundir el lenguaje sexista con la gramática de la lengua. Hay idiomas donde el género inclusivo es el femenino. En el español es el masculino. Si decimos ciudadanos, hay que entender que decimos ciudadanos y ciudadanas. Ahí está el problema con los famosos dobletes. Porque él lenguaje es un verdadero ecosistema, un sistema de equilibrios. Un ejemplo claro: una ministra de un gobierno anterior se hizo muy popular porque en una reunión empezó con el vocativo ‘miembros y miembras’. Si aceptamos que un hombre es miembro y una mujer es miembra, a partir de ese momento a un brazo hay que llamarle miembro, pero a la pierna hay que llamarla miembra. Es así, cualquier decisión que se tome intentando manipular la gramática…. Ahora, yo estoy absolutamente en contra del mensaje sexista, que es la utilización de adjetivos ofensivos, de expresiones que el idioma tiene y que son absolutamente insultantes para la mujer. Otro ejemplo; en el español un hombre público es un político y una mujer pública es una prostituta. Eso sí que es sexismo lingüístico”

La respuesta es interesante de considerar: 1- la queja de las Asociaciones de…que denuncian un uso insultante de un término dependiendo de las circunstancias. 2- el diccionario recoge palabras para hablar mal y para hablar bien. 3- el problema mayor es confundir el lenguaje sexista con la gramática de la lengua. Aquí comienza la aclaración y el meollo de lo que nos interesa fundamentalmente a los psicoanalistas: hay lenguas- idiomas en el que lo femenino (gramaticalmente) es lo inclusivo. En el español lo inclusivo es el masculino. Decimos ciudadanos y hay que entender que decimos ciudadanos y ciudadanas. Cualquier decisión que se tome en manipular la gramática va hacia el doblete de lo masculino y lo femenino. Ignorábamos hasta aquí que hay lenguas en que lo masculino o, según la lengua, lo femenino es prevalente inclusivo o inclusivo de manera definitiva. En español, lo masculino es inclusivo. La RAE mantiene una posición gramatical que significa que respeta lo que cada lengua incluye o no gramaticalmente. En castellano lo inclusivo es el masculino. Subraya que por cortesía se dice habitualmente “señoras y señores” pero si en cada ocasión se usa el doblete, el uso de la lengua se transforma en lago engorroso, agobiante y pesado. El ejemplo que ofrece: “Estamos todas y todos reunidos aquí para…” Si seguimos el doblete gramatical tendríamos a cada momento que agregar el femenino para que esté incluido que, en éste caso sería: “reunidas y reunidos”. Una carrera de la aclaración. Del sábado 9 de julio del 2016 en “ Ámbito Financiero”

¿Hay alguna lengua en la que no exista lo masculino y/o lo femenino?

Si se usa el buscador Google para buscar masculino y/o femenino, se podrá verificar que en orden de preferencias aparece el uso del género masculino y femenino en lo escrito en primer lugar. Sustantivos masculinos y femeninos en segundo. La identidad de género, con los rasgos masculinos y femeninos respectivos. Juegos para aprender los sustantivos masculinos y femeninos y recién en el quinto lugar aparecen las referencias etimológicas y de uso de Wikipedia. Indica de alguna manera que hay algo que ocurre y que el buscador principal de internet llamativamente registra que es una cierta dificultad para que quede establecido en el uso de la lengua los géneros masculinos y femeninos. Es notable que en el uso escrito de la diferencia de género. Hay usos del género masculino que se usa para masculino y femenino. Como también en el uso de adjetivos ,masculinos en plural pueden designar algo femenino. El contexto debe indicar el uso explícito de la referencia masculino o femenina. La @ es un signo gráfico y no lingüístico para intentar integrar lo masculino y lo femenino en un solo signo.

En las lenguas el género es distinto en su uso. En español hay dos géneros: masculino y femenino. En inglés hay cuatro géneros: masculino, femenino, neutro y común. En masculino y femenino se antepone una palabra para personas: he o she. Para neutro se antepone la partícula it para objetos y animales. El género común se lo antepone para los sustantivos que sirven para los dos géneros.

En la lengua francesa también hay dos géneros: masculino y femenino. El neutro no existe. El artículo de cada palabra y algunas de sus terminaciones es la que indica si se trata de masculino o femenino.

En alemán existen tres géneros: masculino, femenino y neutro. Son múltiples las terminaciones que indican a los tres géneros.

Es conveniente, antes de dirigirnos al género masculino y femenino en chino, retomar las referencias conceptuales al género y sus definiciones clásicas: El género gramatical (o existencia de clases nominales) es una característica arbitraria de los sistemas lingüísticos naturales, un sistema de clasificación nominal que poseen algunas lenguas en que los elementos nominales son clasificados dentro de un número finito de clases, para las cuales generalmente hay reglas de concordancia.

El género gramatical puede ser analizado como un rasgo  gramatical involucrado en las relaciones de concordancia de género.

El género es una propiedad lingüística en un idioma, y no hay una necesidad lógica en su relación al sexo biológico. Aunque en ciertas lenguas (por ejemplo las indoeuropeas) uno o varios de los géneros se usen mayoritariamente para uno de los sexos biológicos, seguramente en ninguna lengua del mundo para seres sexuados hay relación necesaria entre sexo biológico y el género de la palabra para designar al ser animado. Esto se debe, fundamentalmente, a que no hay correspondencia inmediata necesaria entre los significados de una lengua y la clase de entidades extralingüísticas. La mayoría de lenguas del mundo carecen de género gramatical, sólo un tercio de las lenguas del mundo usan alguna forma de género gramatical.

Aproximadamente un 20% de las lenguas del mundo tiene la distinción de género en el sustantivo, lo cual significa que los sustantivos se encuadran en clases nominales o géneros (que pueden ser clases formales o clases semánticamente motivadas). En las lenguas indoeuropeas existen generalmente 2 o 3 géneros gramaticales estrictos (masculino, femenino y a veces también neutro), en las lenguas semíticas lo común es distinguir entre 2 géneros (masculino / femenino). Paralelamente algunas lenguas como el inglés además de género, reflejado sólo en la substitución pronominal, los sustantivos pueden clasificarse en contables e incontables. Otras lenguas distinguen un gran número de géneros o clases nominales como las lenguas bantúes, y en el otro extremo el chino o las lenguas urálicas y altaicas no distinguen género.

En las lenguas indoeuropeas típicamente el número de géneros varia entre dos y tres, normalmente masculino, femenino o neutro de manera que concierta con una determinada flexión. Otras lenguas como las lenguas bantúes el número de clases nominales supera la decena, para el protobantú las clases principales en el singular son al 1 = para personas, la 3 = para objetos alargados y también árboles, la 5 = objetos que aparecen en pares o grupos, la 7 = para instrumentos o medios y la 9 = para ciertos animales (las clases 2, 4, 6 y 8 son formas de plural de las clases 1, 3, 5 y 7).

El género es una categoría que puede aparecer en el pronombre, el nombre y el verbo. En las lenguas con género gramatical, lo más frecuente es que los pronombres personales de tercera persona y los nombres sean los que presenten diferencias de género. La ocurrencia de diferencia de género, como sucede en las lenguas semíticas es menos frecuente. Cuando el género aparece en los pronombres, lo hace típicamente en formas de tercera persona y más raramente también en la primera y segunda persona (los casos de lenguas con distinción en la primera y segunda persona pero no en la tercera son marginales, y ocurren en menos del 0,5% de las lenguas bien documentadas).

En español es una discriminación formal que posee capacidades contrastivas diversas; cuentan con él el sustantivo, el adjetivo, el artículo y algunos pronombres. Sirve para establecer concordancia entre un adjetivo y el sustantivo al que califica y entre un artículo y el sustantivo al que actualiza. La concordancia es algo menos estricta cuando se trata de sujeto y atributo (Estas cosas son lo peor, Esta persona eres tú, etc).

El género masculino es la forma no marcada o inclusiva: si digo “los alumnos de esta clase” me refiero a alumnos de sexo masculino y femenino; el género gramatical femenino es la forma marcada y por tanto resulta exclusiva o excluyente: si digo “las alumnas de esta clase” no me refiero también a los de sexo masculino, sino solamente a los de sexo femenino. Se expresa por medio de morfemas constitutivos:

•   -o o nada para el masculino: camarero.

•   -a, -esa, -isa, ina, -iz para el femenino: leona, abadesa, poetisa, gallina, actriz.

De ahí que se pueda considerar que, en español, un sustantivo puede estar marcado [+femenino] y la ausencia de la marca femenina, [-femenina], es el masculino, que no está marcado para femenino pero aun así puede incluir elementos femeninos. Indica generalmente, cuando se refiere a seres animados, sexo masculino o femenino, entre otras nociones.

Existe además el género gramatical neutro, aunque hay quienes argumentan que no es un género como tal sino más bien el exponente de una clase gramatical de palabras que designan ciertas nociones abstractas,2 3 entre los artículos (lo, que sirve para sustantivar adjetivos y señalar conceptos abstractos: lo profundo, lo externo), los pronombres personales en tercera persona del singular (ello, lo), los demostrativos (esto, eso, aquello), algunos pronombres indefinidos (algo, nada) y los adverbios cuantificadores (cuanto, cuánto, tanto). El género en que los adjetivos concuerdan con ellos, morfológicamente no difiere del masculino singular, aunque hay autores que lo conocen también como género neutro.

Además de los anteriores géneros existen palabras que se clasifican con los géneros común, epiceno y ambiguo. [2], [3], así desde el punto de vista semántico el género asignado a una forma léxica puede ser:

•   Inambiguo, en los que la forma léxica en todos los contextos recibe inequívocamente un género morfológico.

•   Común, el de los nombres que designan entes animados que tienen una sola terminación y diferente artículo. Ej.: el violinista, la violinista; el mártir, la mártir; el testigo, la testigo, el espía, la espía, dentista, el juez, la juez, etc. Pertenecen a este grupo los participios activos derivados de tiempos verbales como estudiante, atacante, saliente, presidente, etc. (aunque “presidenta”, debido a su uso común, es aceptado por la RAE.)

•   Epiceno, el de los nombres de animales que tienen un solo género gramatical para ambos sexos biológicos. Ej.: el ratón, la rata, la rana, la comadreja, la liebre, la hormiga, el búho, el escarabajo, el buitre, el delfín, el cóndor, la llama. Para especificar el sexo se dice “el ratón macho”, “el ratón hembra”, “la comadreja macho”, “la comadreja hembra”.

•   Ambiguo el de algunos sustantivos que admiten indistintamente el artículo masculino o femenino. Ej.: el mar y la mar, el puente y la puente, el calor y la calor, reuma, tilde, etc.

Además en ocasiones el género, especialmente cuando se refiere a objetos inanimados, sirve como marcador de otras diferencias semánticas. Entre las otras capacidades contrastivas del género gramatical español figuran las siguientes:

•   Masculino grande (sillón, carro) – Femenino pequeño (silla, carreta)

•   Masculino pequeño (anillo, cubo) – Femenino grande (anilla, cuba)

•   Masculino humano (cosechador, impresor) – Femenino cosa (cosechadora, impresora)

•   Masculino elogioso (gallo, zorro) – Femenino despectivo (gallina, zorra)

Masculino individual (leño) – Femenino colectivo (leña)

El sánscrito, el latín y el griego clásico distinguían entre tres géneros gramaticales: masculino, femenino y neutro. Sin embargo, muchas lenguas indoeuropeas más modernas han perdido alguno de estos tres géneros: en la mayoría de las lenguas romances, en las lenguas celtas modernas y en las lenguas bálticas, el género neutro se ha asimilado al masculino o al femenino. En inglés la distinción de género solo existe en los pronombres de tercera persona de singular: he, él; she, ella; (marginalmente cuando el referente es un vehículo, una embarcación o un país puede usarse she para referirse a ellos); it, ello, aunque en inglés antiguo el género también existía en los demostrativos y el artículo. En holandés y en las lenguas escandinavas el femenino ha desaparecido manteniéndose la oposición entre masculino y neutro. En muchas lenguas iranias modernas existen sólo dos géneros: en persa moderno sólo existe distinción entre género humano y no-humano y en pashtu, entre masculino y femenino.4 Muchas lenguas índicas han perdido alguno de los tres géneros presentes en sánscrito: el hindiurdu5 sólo diferencia entre masculino y femenino, habiéndose perdido el neutro, mientras que en bengalí la pérdida ha ido más allá y la distinción de género ya no existe, o, más exactamente, no es morfológicamente productiva, aunque existen residuos en el léxico. Lo mismo ocurre con algunas otras lenguas modernas, como el armenio, que han perdido completamente la distinción de género tanto en el nombre como en el pronombre.

El número de géneros en el indoeuropeo más antiguo reconstruible es dudoso, ya que parece que las lenguas anatolias más antiguas sólo reflejan una distinción entre género animado y género inanimado en el adjetivo. Rodríguez Adrados ha propuesto que esta es la distinción más antigua y secundariamente apareció en el resto de las ramas también el género femenino.7

En las lenguas en que existe el género neutro suele darse el contraste entre animado/no animado. Por ejemplo, en ruso la flexión varía en acusativo y genitivo de los sustantivos masculinos no animados, mientras que es igual en los animados. Así, автобус (avtobus, autobús), sustantivo masculino, hace el acusativo singular como автобус (avtobus), pero el genitivo como автобуса (avtobusa). Pero el sustantivo animado Борис (Boris) hace tanto el acusativo como el genitivo como Бориса (Borisa).

Las lenguas indoeuropeas tienen tradicionalmente tres géneros: masculino, femenino y neutro, como el latín, el asturiano, el alemán o el ruso. Otros, como el castellano o el francés han perdido el neutro, pero lo conservan en el artículo para sustantivar adjetivos y en algunos pronombres (aunque hay autores que aseguran que no hay género neutro en la actualidad ). Asimismo, el ruso hace distinción tanto en el masculino singular como en el masculino plural entre animado y no animado, y el polaco además hace esta misma distinción en masculino plural. Por su parte, en inglés el género no rige ninguna flexión en adjetivos o determinantes, pero sí en los pronombres, de manera que se pueden deducir los géneros de esa manera.

El género gramatical es un poco menos frecuente entre las lenguas indígenas de América que en otras regiones del planeta. Sin embargo, no faltan lenguas americanas con diversos tipos de género gramatical, de diversos tipos (masculino/femenino, animado/inanimado, etc.).

Lenguas Chinuk.

Por ejemplo en las lenguas chinuk habladas a lo largo del río Columbia en los estados de Washington y Oregón existen diferencias de género en el nombre, el verbo, los pronombres y los demostrativos. En los nombres y verbos el género gramatical se marca mediante prefijos. Se distinguen tres géneros “masculino”, “femenino” o “indiferente” (este último se usa cuando no se especifica explícitamente el género o se desconoce, ver ejemplos). Muchos nombres toman género masculino o femenino sobre una base claramente semántica, como en los siguientes ejemplos del kathlamet

Otras lenguas tienen diferentes criterios de clasificación (género) para sus sustantivos. Así, la lengua australiana dyirbal posee cuatro clases:

•   I – objetos animados, hombres

•   II – mujeres, agua, fuego, violencia

•   III – frutas y verduras comestibles

•   IV – todo lo demás

En navajo la clasificación, que afecta al verbo, se realiza por la consistencia, forma o el criterio [±animado] de los sustantivos. Por su parte las lenguas bantu tienen sistemas que distinguen hasta 22 géneros diferentes o clases nominales. El fula distingue hasta 26 clases nominales.

En euskera hay dos clases, animados (humanos y resto de animales) e inanimados; sin embargo, se diferencian únicamente en la declinación para los casos locativos o de lugar (inesivo, genitivo locativo, adlativo, adlativo terminal, ablativo y ablativo de dirección). Existen unas pocas palabras con versión femenina y masculina, generalmente parentescos (“primo/prima”: lehengusu, lehengusina) o de raíz muy antigua y provenientes de idiomas con género como el latín (“rey”: errege, del latín regem; “reina”: erregina, del latín reginam). En nombres de parentescos, cuando es preciso englobar los dos sexos, se unen los dos nombres (“hijo”: seme; “hija”: alaba; “hijo” (ambos sexos): seme-alaba) o existe un nombre que los incluye: padre: aita; madre: ama; padre (ambos sexos): guraso.

No deben confundirse los términos género y sexo. La clasificación de la clase nominal en masculino, femenino y neutro es engañosa, ya que se trata de una clase a la que pertenece un sustantivo, y para la cual rige o realiza en sí mismo una flexión en algún otro elemento gramatical (en castellano en determinantes, pronombres y adjetivos, en inglés solo pronombres, etc.).

A veces se usa la nomenclatura género natural (equivalente al sexo) para contrastar con género gramatical. En la frase Pedro es una visita muy molesta, la palabra visita tiene género gramatical femenino y género natural masculino. El género no está basado en el sexo biológico (extragramatical), que sería masculino, sino en la clase a la que tal sustantivo pertenece, que es el género femenino.

El género natural de los objetos inanimados es neutro, pero en castellano su género gramatical debe necesariamente ser masculino o femenino.

El uso de la palabra género como mero sinónimo de sexo debe evitarse. Sin embargo, la RAE acepta el uso del término ‘género‘ en estudios sociológicos y feministas para aludir a una categoría analítica que aborda las desigualdades socioculturales construidas en la diferencia biológica entre hombres y mujeres: estudios de género, violencia de género. El DRAE no recoge todavía este nuevo significado, pero lo acepta como correcto en el Diccionario panhispánico de dudas.

Luego de éste breve recorrido por y en los conflictos entre las lenguas y el género, queda por concluir que desde el psicoanálisis la cuestión del género en las lenguas no puede ser otra que la de la creación, la producción de un síntoma del lenguaje. Son seres verbales, así propone llamar Lacan en el Seminario 5 “Las formaciones del inconsciente” a las creaciones verbales. Las creaciones de seres verbales, de tiempo en tiempo tienden a encarnarse y cuando lo hacen, cuando se encarnan pasar a estar depositados en lo que se llaman diccionarios. ¿Cuál es el diccionario por antonomasia de la actualidad, de nuestro mundo? Internet. Es una cadena pura de significantes. Por lo tanto, que el destino de los diccionarios fuera internet, era previsible como no lo puede ser quizás, la aceleración que con ello va a producir los usos de las lenguas.

En los lazos entre los seres hablantes, se ve reducida en la actualidad la posibilidad de la emergencia, la aparición, la temporalidad, el efecto de sorpresa, de las llamadas formaciones del inconsciente. La tecnología en la forma de la interferencia y la interposición de internet, mediante los objetos celulares, tablet y computadoras, disminuye la posibilidad de que se produzca luego de un olvido un vacío con sus sustitutos, un lapsus con su desconcierto, una duda con su error. Rápidamente el objeto producido por la ciencia ofrece la posibilidad de suturar la aparición de un sujeto dividido. El olvido se “soluciona” con la consulta a internet. La ignorancia también. En suma, la falta en ser, de la que participa el género da lugar a una nueva psicopatología de la técnica cotidiana. Los géneros se multiplican en internet. Queda mucho por lo que el analista ha de ser sorprendido.

 

Carlos Dante García