XLIV – Lecturas Psicoanalíticas

Segunda entrega:

En esta segunda entrega, el autor indica que tanto del lado hombre como del lado mujer, lo que es puesto en juego es el rechazo de  la feminidad. No hay acomodamiento de las identidades sexuales y tampoco realización del Uno del mito de Aristófanes. El amor aquí se conjuga con la no-relación sexual.

Una pregunta abre hacia otras, ¿se ha dado un pasaje de la tiranía de la anatomía a la tiranía de la elección? Entonces, ¿qué es la diferencia sexual?

La pregunta sobre la posibilidad de sustraerse a la muerte se impone.

Finalmente, el autor advierte del riesgo de una alienación paradójica de la libertad. Se trata de preservar el espacio para lo inesperado, hueco fecundo para que se haga lugar a la singularidad.

Andrea Amendola

 

El más allá del masculino y el femenino

Tiresias pudo experimentar el goce de los dos sexos, pudiendo decir que el goce de la mujer es otro y va más allá de aquél del hombre. Él pagará con la vista, aun cuando Zeus lo transformará a continuación en adivino. Como lo demuestra Nicole Loraux, todo parte de la fascinación de Grecia por el otro femenino [3], dónde la identidad del hombre ya no se opone a la de la mujer: obtiene algo de ella, por el contrario. Y el guerrero es más viril cuando abriga en él la feminidad: el héroe más valiente, como Aquiles, es aquel que siente miedo y ha llorado.

Como en el caso del héroe griego, el amor también implica el deseo masculino del lado de una feminización y, quizás, en contrapunto, el deseo femenino sobre la vía de una falicización. Entre masculino y femenino, la partición no es simple. Y el amor lo complica aún más. El amor se conjuga con la no-relación sexual. En el amor, como dice Lacan, se conjugan el deseo y el goce [4], Y no hay sino el amor del lado de lo ideal- es decir, del objeto amado puesto en el lugar del ideal del Yo- pero hay también el amor que conduce a las fronteras de lo Real que es de un orden totalmente distinto y que se ubica en otro estado. Y aún hay las dos vertientes del amor entre amar “amar” o bien amar “ser amado”. El hecho de amar marca al sujeto con el signo (-). El hecho de ser amado lo marca con el signo (+)[5].

Se ve bien que estamos lejos de la lógica del acomodamiento de las identidades sexuales, en la complementariedad que podría hacer suponer la partición de la diferencia de los sexos según una visión del tipo de la de Aristófanes en El Banquete de Platón.

Tanto de uno como de otro lado, nos apoyamos en lo que Freud llamaba “el rechazo de la feminidad” (Ablehnung des Weiblichkeit) [6]. Esta formulación resulta enigmática. Se trata de extraer de ésta el fundamento lógico sin el cual no podemos intervenir en el campo de la sexuación.

El rechazo de la feminidad es algo que se produce del lado de ambos sexos.

Del lado de la mujer, a través de la envidia del pene; del lado del hombre, a través del rechazo de la pasividad. Es, paradójicamente, el rechazo de la feminidad lo que crea la igualdad entre los sexos. Está presente tanto en los hombres como en las mujeres. Está presente y oculto en la clínica de la intersexualidad y de la transexualidad. Lo femenino es lo íntimo excluido, lo que Lacan designa como éxtimo, esa parte de uno desconocida en uno, como el origen. Esto desconocido es también una cierta ignorancia que señala al inconsciente: el inconsciente como ignorando la contradicción, la negación, el tiempo y el espacio. El inconsciente ¿ignora la diferencia sexual? He aquí dónde se aloja la complejidad de la clínica de aquéllos que se lanzan al hecho de intervenir sobre la diferencia sexual.

 

Del destino anatómico a la elección

Hemos pasado del destino anatómico [7] a la elección. En relación a esto podríamos preguntarnos si no hemos pasado de la tiranía de la anatomía, que imponíamos como un destino, a la tiranía de la elección. Para los intersexo, hemos pasado del paradigma Johns Hopkins, donde los médicos decidían el sexo al momento del nacimiento mediante los tratamientos quirúrgicos y hormonales que imponían, a la idea de dejar al sujeto elegir, cuando esté en condiciones de hacerlo, sin hacer ninguna otra intervención que resulte irreversible.

Para los sujetos sin ambigüedad genital pero dudosos en relación a qué dirección darle a su sexuación, algunos clínicos en Holanda o en los Estados Unidos (Boston), practican la llamada “puberty freezing” (congelamiento de la pubertad), bloqueando la pubertad mediante hormonas a fin de que los caracteres sexuales secundarios no se desarrollen para, de esta manera, no tener que suprimirlos ulteriormente. Como escribe el Dr. Spack de Boston [8], ya no es necesario que el niño sea prisionero de su cuerpo. Hay que ajustar la apariencia del cuerpo a la posición del sujeto. El cuerpo es plástico, maleable.

Es ésta una razón para que se transforme, a su vez, en rehén del sujeto? Hemos pasado de la anatomía como destino a la idea de que cualquiera puede hacer lo que desee con sus atributos sexuales, con la tendencia, hoy en día, de poder evitar que los atributos sexuales aparezcan para no llevar al sujeto a pensar demasiado y a realizarse una cirugía para corregir el cuerpo rechazado en el cual se halla inmerso.

Estamos, en efecto, en un sistema de 360º, tal el nombre de una asociación de Ginebra que reagrupa a gays, lesbianas, travestis, transexuales, transgénero, intersexo y heterosexuales sin exclusión alguna. Todo ha de ser posible sin el tope de lo imposible. Por ejemplo, la militancia de los transgénero (que deben ser distinguidos de los transexuales) reivindica la posibilidad de poder procrear según su sexo inicial más allá del cambio de sexo, en tanto se les impone a los transexuales la condición de ser estériles.

Según el mito de Pandora, que marca el pasaje de lo autóctono (el hecho de nacer de la tierra, o de dónde venga uno) a la reproducción sexual, la aparición de la diferencia de los sexos en la reproducción (a través del acoplamiento de Deucalión y Pirra), introduce también el hecho de ser mortal [9]. Es, quizás la muerte, como algo secundario a la diferencia sexual, lo que está en juego en las prácticas que quieren intervenir sobre la realidad de esta diferencia? Intervenir sobre la diferencia de los sexos, anularla incluso, para sustraerse a la muerte. Permitir la reproducción en la clínica transgénero es también perpetuar la parte inmortal en el viviente mortal, lo que está en el corazón del acto de la procreación. [10]

 

¿Qué podemos elegir?

¿Podemos elegir el sexo? Este proyecto nos retrotrae a la cuestión de saber qué es la diferencia sexual. Para Freud, recordémoslo, no hay sino una libido, la masculina. Tal como escribe en Tres ensayos sobre teoría sexual: “La libido es, de manera habitual y conforme a las leyes, de naturaleza masculina, tanto si se manifiesta en el hombre como en la mujer”[11]. Precisará, más tarde, que la verdadera fórmula es la siguiente: “No hay sino una libido que está puesta al servicio de la función sexual tanto masculina como femenina” [12].

Freud sostiene, entonces, un monismo libidinal que, en sí mismo, implica una asimetría entre lo masculino y lo femenino, como dos modos de ramificación de la libido.

Más que oponer lo masculino a lo femenino, Lacan ha distinguido el goce fálico de lo que ha llamado como un goce Otro, un goce suplementario, que ya hemos mencionado, y que constituye el enigma de lo femenino, enigma que permanece en el corazón de la clínica de la sexualidad, de la no-relación sexual [13].

¿En qué reside la diferencia de los sexos? Como ya hemos visto, no existe un marcador claro de esta diferencia, contrariamente a lo que esperaban aquéllos que quieren resolver la cuestión de la elección del sexo. La diferencia no es un estado objetivable: se trata, más bien, de un operador que hace que cada uno pueda situarse de una manera mixta (dual) en relación a una diferencia sexual, en relación a una diferencia que no es localizable.

¿Elegir el sexo? Para poder elegir es necesario que haya una diferencia sobre la cual poder situarse. La diferencia es neta, no así la elección del sujeto que puede ser incierta, ambigua; es contra lo cual resisten finalmente los avances contemporáneos de intervención sobre el sexo.

Recordemos, a propósito de esto, lo que Freud decía en Tres ensayos de teoría sexual: “en el ser humano no encontramos ni masculinidad pura ni feminidad pura, ni en el sentido psicológico ni en el sentido biológico” [14].

En tanto la pregunta sobre qué es la diferencia de los sexos permanece sin respuesta, cada sujeto viene a situarse, a su manera siempre singular y finalmente imprevisible, más o menos cerca del lado hombre o del lado mujer de los seres parlantes, como lo ha elaborado Lacan en las fórmulas de la sexuación. La sexuación es algo distinto a la conformación de una identidad sexual.

En relación a la diferencia de los sexos, cada cual con su bricolaje, con su solución más allá de los ideales del sexo de atribución, más allá del sexo biológico, más allá de las certezas asignadas y también más allá de las incertidumbres prescritas que pueden llevar, finalmente, a una alienación paradójica de la libertad. Sea lo que sea, se trata de ir más allá de aquello que nos determina, preservando un sitio para lo inesperado. Incluso en el genoma hay lugar para lo singular, para aquello que permite no alienarse siquiera a la libertad [15]

 

Traducción: Diego Trejo

Revisado por: Gaby Medin

 

Notas:

[3]Nicole Loraux, Las expériences de Tirésias. Le féminin et l’homme grec. París, Gallimard, NRF 1989.

[4]“Sólo el amore permite al goce condescender al deseo”. Jacques Lacan, El Seminario, Libro X, LA angustia1962-63, Paidós 2006.

[5]Jacques-Alain Miller, “Les labyrinthes de l’amour ”, La lettre mensuelle, nº 109, mai 1992, pp. 18-22

[6]Sigmund Freud, “Análisis terminable e interminable” (1937), en Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo XXIII p.211

[7]A destacar la palabra que Freud toma prestada de Napoleón para transponerla a propósito del devenir sexual: “La anatomía es el destino” (1923)

[8]B.W.D. Reed, P.T. Cohen-Kettenis, T. Reda, N. Spack, “Medical care for gender variant young people: Dealing with practical problems”, Sexologies (2008) 17, pp.258-264; Ellen Perrin, Nicolas Smith, Catherine Davis, Normal Spack, Martin D. Stein, “Gender variant and gender disphorya in two young children”, J. Dev. Pediatr, vol 31, nº2, 2010, pp. 161-164

[9]Nicoles loraux, Né de la terre, La livrarie du XXe siécle, París, Seuil, 1996

[10]Ver las declaraciones de Diótima referidas por Sócrates en El Banquete de Platón: “He aquí en qué reside la inmortalidad en el ser viviente: en el embarazo y la procreación”. Platón, El Banquete.

[11]Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, (1905), Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo VII, p. 109.

[12]Sigmund Freud, La feminidad, XXXIIIª Conferencia, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1933), Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo XXII, p. 104

[13]Ver Lacan a propósito de la no-relación sexual y sobre el hecho de que la sexualidad “haga un agujero en lo Real”, nadie se ha salido con éxito: Jacques Lacan,Prefacio a El despertar de la primavera (1974), en Otros escritos, Paidós 2012, p. 587.

[14] Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, op. Cit,

[15] Eva Pigeois, L’intersexualité ou les ambigüités de la liberté. Mental 22, 2009, p: 205-209.

 

XLIII – Lecturas Psicoanalíticas

En este artículo, el cual será dividido en dos entregas, Ansermet destaca en primer lugar que, no sólo en el registro de los semblantes, sino que también en lo real de cuerpo, el ser humano interviene sobre el destino de la sexuación. Desde la elección transexual hasta el intersexo, en donde a partir de un ejemplo, nos trae a las hormonas femeninas como aquello que abruma en el cuerpo del genotipo XX. El deseo y la identidad de género abren caminos diversos, como también así la pregunta por la procreación.

Desde distintos enfoques, la diferencia de los sexos se torna irresuelta. Se trata de orientarse hacia una lógica de la subjetivación en donde se pone en juego el tipo de goce elegido.

Por otro lado, sitúa cómo el amor se ubica en la compleja partición femenino y masculino. Es el rechazo a la feminidad aquello que para Ansermet genera la igualdad entre los sexos, en el sentido de aquello éxtimo, lo íntimo excluído, desconocido.

Por otro lado, se da un pasaje del destino anatómico hacia la elección, en donde como elección se pone en juego que todo ha de ser posible. 

Es esencial recordar, que la sexuación es muy diversa a la conformación de una identidad sexual, de modo que se plantea preservar un lugar para lo inesperado en la singularidad de cada cual, más allá de las certezas y las incertidumbres en torno al avance contemporáneo sobre las intervenciones sobre el sexo, muy otra cosa, es lo que hace a la elección del sujeto.

 

Primera entrega:

En esta primera entrega, el autor destaca cómo, tanto para los transexuales como para los intersexo, es posible intervenir sobre el destino del sexo. Por un lado, un ejemplo clínico de intersexo nos presenta a un chico XX cuyo despliegue hormonal lo abate, una presión desde lo biológico que no se condice con lo que siente ser.

La clínica de los transexuales remite a problemas de diferenciación sexual, mientras que la clínica de los intersexo se dirige hacia los problemas con la identidad de género. Para el autor, ambas desembocan finalmente en los problemas acerca de la sexuación. Más allá de la identidad, es el deseo como rasgo del ser parlante aquel que es puesto en juego, así como también, de qué modo es subjetivada la procreación y el modo singular de goce.

De la mano del paradigma de Johns Hopkins, los niños intersexo sufren la barradura de la ambigüedad. Se trata de orientarse hacia aquella lógica que indica cómo cada sujeto subjetiva su modo propio de goce.

 

 Andrea Amendola

 

 

Se puede, hoy día, elegir el sexo. No solamente en el registro de los semblantes: podemos intervenir directamente sobre el sexo mediante la cirugía plástica y los tratamientos hormonales. Algunos- los transexuales y los transgénero- quieren, claramente, pasar de un sexo al otro. Otros- los intersexo- buscan resolverlo en la ambigüedad. Sea cual sea la elección en juego, ésta revela que podemos, hoy día, intervenir sobre el destino de la sexuación.

 

La elección transexual

La clínica de aquéllos que deciden cambiar de sexo sobre la base de una anatomía considerada como fisiológica es, evidentemente, diferente de la de aquélla y aquellos que nacen con una anatomía ambigua en relación a la cual habría que decidir. Se trata de dos situaciones totalmente diferentes. En el caso de la transexualidad, es el sujeto el agente del cambio. En el caso de los intersexo, hasta el momento han sido los padres o los médicos quienes deciden un sexo de atribución dejando al sujeto, a posteriori, saber qué hacer con eso; todo esto está en proceso de cambiar, abriendo nuevas preguntas sobre el destino sexual más allá de todo lo que se había dicho hasta el momento

Para ilustrar la clínica de la transexualidad en el niño, podría citar a una adolescente que tiene ahora 16 años quien, desde pequeña, dice sentirse un chico en el cuerpo de una chica, con la voluntad absoluta de cambiar de sexo. Se ha sentido siempre un chico con un cuerpo que no parecía pertenecerle. No soporta sus reglas y utiliza un DIU para evitarlas. No soporta sus senos; esconde su pecho utilizando camisetas amplias. Quisiera cambiarse el nombre. Se siente invadida por sus propias hormonas femeninas. No ha tenido jamás un momento de duda respecto de ser un chico. Por otro lado, sólo siente deseo por las chicas, nunca por los chicos, lo que constituye, para ella, una prueba de ser un chico. Cuando está con un chico, no siente deseo porque a éste le atraen las chicas. Y es solamente cuando está con una chica que ella se siente realmente un chico, un chico heterosexual. Resumiendo, como ella misma dice, “Me siento completamente un chico y no veo las cosas como los demás me ven”.

 

El intersexo empujado a la elección

Para la clínica intersexo, podría citar a un chico de genotipo XX que presenta una ambigüedad genital desde su primera infancia.A partir de la pubertad se le hacen intolerables los dolores en el vientre de cada mes. Tiene pechos que le resultan insoportables.

Presiona sus senos con cinta adhesiva para que no se le noten, en particular cuando juega al fútbol del que es un apasionado. Ha entendido que son sus hormonas femeninas las que le provocan este tipo de fenómenos. Sus hormonas le empujan allí donde él no quiere ir. Cuando le pregunto sobre lo que sabe al respecto, dice: “No puedo ponerle un nombre. No sé de qué se trata pero sé que me curaré de esto…Curado de qué? De esta enfermedad… Qué es esta enfermedad? No lo sé”. Agrega, sin embargo, que quiere que los médicos lo transformen en un chico, sin estas hormonas femeninas que lo abruman. Dice haberse enamorado de algunas chicas: frente a esto, aunque sea nombrado como XX, afirma ser heterosexual cuando está con una chica. En resumidas cuentas, se siente un chico. Pero, al asumir el caso de este chico XX, un ginecólogo concienzudo le ha preguntado si no quería conservar su útero para el caso en que quisiera, más tarde, tener un hijo. Esta pregunta lo ha abatido; él, que quería liberarse de esta presión hormonal que lo empuja allí donde él no quiere ir.

 

La sexuación revisitada

La clínica de los transexuales y de los intersexo son dos campos completamente diferentes. Definimos, por un lado, problemas de diferenciación sexual y, por otro, problemas con la identidad de género. Sin embargo, ambas apuntan hacia las mismas preguntas que obligan a revisar por completo los destinos de la sexuación.

Es, particularmente desde Stoller [1], que hablamos de identidad de género (Stoller, 1968) según una lógica de las clases en referencia a los ideales del sexo que funcionan como puntos de referencia pero también como normas.

Con los “Gender Studies” (Estudios sobre género) aparece un punto de vista crítico, constructivista, que presenta los sexos como construcciones sociales y culturales más allá de cualquier punto de vista naturalista, pero si fuéramos más allá con la crítica, podríamos ver la determinación social como algo que procede de un sistema de causalidad que opera de la misma manera que las determinaciones biológicas, genéticas y hormonales.

Sin embargo, lo que revela la clínica de la elección del sexo es un más allá de la identidad que no es tenida en cuenta en tanto permanecemos fijados en la problemática de la identidad, a saber: por una parte, la cuestión del deseo; por otra, la de la procreación y, finalmente, la cuestión de la sexualidad y de la elección del tipo de goce.

Vemos claramente, en los dos casos presentados, que sus preguntas tocan el eje del deseo aún más que el de la identidad. Que, tanto uno como otro, son potencialmente tocados por la pregunta de la procreación, ya sea por su imposibilidad como por su posibilidad mantenida. Es también alrededor de la cuestión sexual- del deseo y de la elección sexual, más allá de toda problemática de la identidad- que los proyectos médicos de los tratamientos en juego han basculado.

 

Un cambio de paradigma

Se ha aplicado, desde los años 50, y siguiendo los avances de la endocrinología y de la cirugía plástica, el llamado paradigma de Johns Hopkins, producto de la convergencia entre el endocrinólogo John Money y el psicoanalista Stoller. Se pensaba que la única solución en caso de intersexualidad era la atribución de un sexo claro lo antes posible, eligiendo, del lado de los médicos, aquél que fuera el más estable posible, en particular al momento de la pubertad, con la idea de que un niño, para constituirse, debía poder apoyarse sobre una clara diferenciación sexual. A fuerza de afirmar esto fue barrada la ambigüedad. Se podría decir que los niños intersexo sufren, de entrada, una falta de ambigüedad. El sexo es aquello que más provee de significación. Si es puesto en cuestión, se impone su significación. Y es una significación sexual unívoca la que se impone, en caso de desarmonía entre el sexo cromosómico y el fenotípico, sobre la ambigüedad que está presente y con la cual el sujeto puede jugar en tanto no haya un tope biológico apremiante.

Sea cual fuere, no existe un marcador claro de la diferencia sexual. Ni el sexo cromosómico ni el sexo genético ni el sexo endocrinológico ni el sexo cerebral ni el sexo morfológico ni el género permiten resolver la cuestión de la diferencia de los sexos.

Las prácticas contemporáneas alrededor de la intersexualidad y de la transexualidad demuestran la elección del sexo como algo que se sitúa en un más allá de la identificación. Obligan a ir más allá de una lógica de las clases para ordenar la pregunta de la diferencia de los sexos, de su falta de igualdad o de su lucha por la paridad, para acercarse a una lógica de la subjetivación que pone el juego la elección del tipo de goce.

Se podría, en efecto, distinguir una sexuación imaginaria que tiene que ver, efectivamente, con la identidad, una sexuación simbólica con la nominación y la afiliación, y una sexuación real que toca la elección del goce, entre un goce fálico y un goce otro [2], entre un goce transparente, marcado por el significante, y un goce opaco, para retomar la expresión de Jacques-Alain Miller.

 

Notas:

[1]Robert Stoller, Recherches sur l’identité sexual, París, Gallimard, 1968

[2]Ver la cuestión del goce Otro más allá de una lógica regida por el falo: Jacques Lacan, Una carta de almor, El Seminario Libro XX, Aún. Ediciones Paidós 1981.p. 95-108.

 

 

XLII – Lecturas Psicoanalíticas

El estatuto de la interpretación en la última enseñanza de Lacan. Parte II

En esta entrega se apunta al estatuto de la interpretación en la última enseñanza de Lacan que va en contra de la asociación libre y del goce que de ella se obtiene y de nutrir al síntoma de sentido. De ahí la sesión es corta y variable, para impedir que la cadena significante vuelva a girar en torno a lo mismo, una vez más, aislando el goce opaco del síntoma.

Desde esta última enseñanza el psicoanálisis se orienta a perturbar la defensa contra lo real en un sujeto. Defensa contra aquello que se evita, el no querer saber nada del goce que hay y del que no hay. ¿Para que serviría una interpretación así? Para introducir incomodidad en la satisfacción que el analizante tiene respecto de su goce.

Una interpretación que no tenga efecto de sentido y que alcance lo real en juego.

 

Angela Vitale

 

 

El estatuto de la interpretación en la última enseñanza de Lacan. Parte II

La interpretación va en contra de la asociación libre y del goce que de ella se obtiene, va en contra de nutrir al síntoma de sentido. Desde esta perspectiva la sesión es corta y variable, el corte se da después del S1 y antes del S2; para impedir que la cadena significante vuelva a girar en torno a lo mismo una vez más; tiene el tiempo necesario para aislar el goce opaco del síntoma. ¿Cómo con el significante tocar el goce? ¿Cómo lograr con la interpretación un efecto que no fuera del semblante y alcance lo real?

Desde la última enseñanza de Lacan el psicoanálisis se orienta a perturbar la defensa contra lo real en un sujeto. ¿Qué es la defensa? Es defensa contra lo real, más allá de lo reprimido de las representaciones. Se trata de lo que se evita, el no querer saber nada del goce que hay y del goce que no hay, y tiene que ver con el límite de estructura que se impone al saber. Miller en La experiencia de lo real se refiere perturbar las defensas de la buena manera, tiene que ver con un efecto vivificante. Una interpretación, por su equivocidad resuena en el cuerpo, traumatiza, perturba la defensa ¿para qué? Para introducir incomodidad en la satisfacción que el analizante tiene respecto a su modo de goce. Lacan da cuenta del efecto de goce y sustituye la determinación simbólica del sujeto desde el sistema de significación por los tres registros real, simbólico, imaginario.

El nudo borromeo constituye un adiós al significante y una salida del sistema de significación [3] tres maneras donde el goce queda circunscrito, abrochado El objeto en tanto parasitario fue un intento de Lacan de inscribir el goce en el sistema de significación. Se pasa del saber como medio de goce, que se repite por medio del significante a la repetición de goce. De ahí se deduce que el inconsciente interpreta, en cuanto interpreta trabaja para el goce, y la interpretación del analista va contra la interpretación del inconsciente. El inconsciente intérprete supone un mensaje cifrado que necesita una interpretación, que tiene un sentido, pero también introduce significantes nuevos. Continuar la interpretación del inconsciente en la interpretación no despierta al sujeto sino que lo hace soñar un poco más en el psicoanálisis mismo.

El problema es que la interpretación del analista vaya en continuidad con el inconsciente, si esto se produce a través un S2, que da sentido, desemboca en el delirio de la interpretación. La otra vía de la interpretación no es agregar un S2, sino aislar un S1, como sin sentido, un nuevo modo de un significante. Esto lo lleva a Lacan a tomar el fenómeno elemental que indica un estado de perplejidad frente a un significante desarticulado, esto indica el estado original de la relación del sujeto con lalengua,sabiendo que eso le concierne, que hay significación y no sabe qué es esa significación.

De esta manera la interpretación analítica deberá funcionar a la inversa del inconsciente para despertar de la primacía de lo simbólico en términos de sistema de significación.

El acontecimiento de cuerpo sirve para pensar otra cosa, que el goce se ha desnaturalizado, el significante queda

agujereado, en el momento en que la interpretación intenta dar nombre al goce.

Un psicoanálisis se evalúa en función de las consecuencias respecto a la interpretación. ¿Como lograr una interpretación

que no tenga efecto de sentido y que alcance lo real?

El testimonio de Susane Hommel sobre una interpretación que le hiciera Lacan hace 40 años, donde hay equívoco, pero también otra cosa que la vacilación de una significación fija, y que la reducción de goce de la repetición traumática. Se trata del anudamiento en ese punto del goce radicalmente Otro: el efecto de convertir el dolor en “ese gesto extraordinariamente tierno” de Lacan sobre la mejilla de la analizante, que resonó sobre lo equívoco de”geste à peau”- gestapo.

Palabras que agujerean, emocionan, se inscriben como inolvidables no sólo están ligadas a la estructura del lenguaje sino también a la sustancia de goce. [4]

En el seminario 24, Lacan aspira a un significante nuevo que tiene que ver con la letra, se pone el acento en el inconsciente hecho de enjambre de S1 solos, Se aborda la problemática de los lazos del sentido y lo real. El lugar de la letra, su relación con los semblantes y los efectos de sentido y por otro lado en sus dos aspectos: la letra que produce agujero, que perfora y la letra como objeto.

En el Prefacio a la Edición Inglesa Lacan nos dice: “Cuando el espacio de un lapsus ya no tiene ningún alcance de sentido o interpretación solo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente” Se trata de un significante S1 solo, que anula el sentido, que no produce efectos de verdad (S1 // S2). La articulación al otro significante sólo puede tener estatuto de semblante. Nos muestra la disyunción entre inconsciente e interpretación, terreno distinto a plantear el inconsciente es una interpretación.

Deseo interpretación y sentido, son lo que venía a tratar el traumatismo de lalengua, S1, el trauma, el acontecimiento del cuerpo. Nos encontramos con la noción del inconsciente real Unbewusste/L´Une bévue queson homófonos, el lapsus, que no es la interpretación, a diferencia del inconsciente transferencial, como la articulación del S1- S2, como saber no sabido, que sólo existe por la interpretación. El estatuto de lapsus aquí, ya no es la de ser formación del inconsciente, es decir que ya no es interpretable, no tiene sentido, abre una discontinuidad de la cadena asociativa, que se cuela.

El analizante viene relatando algo y ahí se abre un hueco donde surge otra cosa, la idea del agujero que hay. Basta que uno le preste atención para que el efecto agujero desaparezca. ¿Por qué introduce la idea del agujero?

El espacio en tanto agujero no tiene ningún sentido. Deja el espacio del lado de lo imaginario, del cuerpo, que ocupa un lugar en el espacio. Al hablar del abismo entre significante y letra, entre saber y goce y sitúa el significante en lo simbólico y la letra, el S1 como marca de lalengua sobre el cuerpo, en lo real. Hace de esta manera lo real como la brújula de la lectura y la interpretación.

Un real que se lo puede aprehender débilmente cuando se lo ve centellear fuera del sentido y del semblante. [5] El Uno solo sin conexión, es la última estación antes de lo real, no es lo real, es residuo de la desconexión, que sirve como recurso en el acceso a lo real.

 

NOTAS

1.      Miller, J.-A., “La palabra que hiere”, Intervención en el Congreso de la NSL, 10 de marzo 2009, Inédito.

2.      Brodsky, G., “Juego de palabras”, Inédito. .

3.      Miller, J.-A., “Adiós al Significante”, Conferencias Porteñas II, Paidós, Bs. As., 2009, p. 271

4.      Miller, J.-A., Sutilezas analíticas, Paidós, Bs. As., 2011, p. 249.

5.      Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Bs. As., 2013, p. 153.

 

BIBLIOGRAFÍA

•      Brodsky, G., “Juego de palabras”, Inédito.

•      Brodsky, G., “Testimonio 1: Desenlace”, Congreso de la AMP 2012, El desorden de lo simbólico, Grama, Bs. As., 2012.

•      Brodsky, G., Testimonio 2. Jornadas EOL .Córdoba. Interpretaciones memorables.

•      Lacan, J., “El atolondradicho”, Otros escritos, Paidós, Bs. As., 2012.

•      Lacan, J., El Seminario, , Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Barcelona, 1992.

•      Lacan, J., “Prefacio a la Edición Inglesa del Seminario 11”, Otros Escritos, Paidós, Bs. As., 2012.

•      Lacan, J., Seminario 22, “R.S.I.”, inédito.

•      Lacan, J., “L’ Insu que sait de L’ Une-Bévue S’ Aile ^`A Mourre”, Texto establecido por J.-A. Miller, Ornicar Nº 12 al 18.

•      Miller, J.-A., La experiencia de lo real, Paidós, Bs. As., 2003.

•      Miller, J.-A., Sutilezas analíticas, Paidós, Bs. As., 2011.

•      Miller, J.-A., “El ser y el Uno”, Curso de la Orientación Lacaniana, 2011, Inédito.

•      Miller, J.-A., “La palabra que hiere”, Intervención en el Congreso de la NSL, 10 de marzo 2009, Inédito.

•      Miller, J.-A., “Adiós al Significante”, Conferencias Porteñas II, Paidós, Bs. As., 2009.

•      Miller, J.-A., “El olvido de la interpretación”, La fuga del sentido, Paidós, Bs. As., 2012.

•      Miller, J.-A., “La interpretación al Revés”, Entonces <<Sssh>>, Mini libros Eolia, Barcelona y Bs. As., julio 1996.

•      Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Bs. As., 2013.

•      Miller, G., Una cita con Lacan, film.

•      Tudanca, L., “La praxis lacaniana”, Comentarios de Eric Laurent, Revista Lacaniana 12, Año VI

XXXVI – Lecturas Psicoanalíticas

Continuando con el ciclo de Conferencias dictadas en Causa Clínica por Carlos Dante García, les acercamos en esta oportunidad la Conferencia: “Los Primeros pasos del análisis”, del  año 2015.

García,  nos dice que una de las maneras de formarse analíticamente, es a través de las citas, como un modo de leer el texto y que además,  explicará lo que entiende por incidencia de lo imaginario y de lo simbólico.

Dice, partiendo de Lacan en la Dirección de la cura: …”a los analistas hay que formarlos en lo que sería la lógica del significante”, como leer sin quedar capturados en la significación imaginaria de aquello que se lee. Leer a partir de lo que se lee del significante, no del significado.

Esta conferencia la vamos a compartir con todos Uds.  en cinco entregas, octubre, noviembre y diciembre del año 2015 y Enero y Febrero  del año 2016.

 

Angela Vitale

 

 

Presentadora: Buenas noches, continuamos hoy con el ciclo de conferencias de la causa clínica. En esta oportunidad tengo el agrado de presentar y dar la bienvenida a Carlos Dante García. El título de lo que  nos va a presentar es “Los primeros pasos del análisis”. Bueno, le voy a ceder la palabra.

Carlos García: Buenas noches. Ya he perdido la cuenta cuántas veces he hablado acá, en la Causa Clínica. Cuando Adriana Casereto me invitó para participar en este ciclo de conferencias, iba caminando yo, aunque ella me había dicho la incidencia de lo imaginario y lo simbólico en la cura, orientado por lo real. Yo no sé de dónde sacaron tal título. Ya se van a enterar de los primeros pasos.

Bueno, me presento, soy miembro, analista miembro, AME, de la Escuela de Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial del Psicoanálisis, de la AMP.

Estoy en la EOL desde su fundación y es importante que la pertenencia a una institución no es una pertenencia porque simplemente adhiero sino porque formo parte de ella desde su fundación. El título que tengo es un título que otorga la AMP, como forma así como otros lo hacen de una manera distinta. AME es alguien que según la institución, ha hecho y hace cosas para la difusión del psicoanálisis, y no hace desastres en la práctica del psicoanálisis. Es un título complicado porque es un título que se designa a alguien que practica el psicoanálisis, no a alguien que hizo el recorrido del análisis. Aunque yo hice tres análisis y los terminé todos. ¿Qué más hago? Practico el psicoanálisis aquí en Buenos Aires, doy un seminario en la EOL hace 18-19 años, a la misma hora, el mismo día, todas las semanas, este año es “La dirección de la cura desde la última enseñanza de Lacan”.

Soy miembro corresponsal del departamento de investigación del psicoanálisis, VEL, “Violencia y estudios lacanianos”. De hecho, asesoro a la gente que asistió hoy a la marcha, el sábado pasado organizamos en el departamento unas jornadas sobre machismo y feminismo.

La próxima semana viajo a Santiago a dar una conferencia pública sobre las violencias de género y también para formar a la gente que practica el psicoanálisis ahí, sobre los cuerpos en la violencia. Esa actividad se realiza ahí, en el IOM, Instituto Oscar Masotta, del cual también soy miembro, y viajo por distintas partes del país comentando películas, haciendo presentación de enfermos, supervisando. ¿Qué más hago? Vivir… Es una manera también de vivir practicar el psicoanálisis.

Tengo también grupos de estudio desde hace muchos años, dirijo una página, y hago permanentemente publicaciones dando diferentes tipos de conferencias. Voy a participar del foro del Congreso Argentino sobre Criminología, con el tema de violencia. Después, si me acuerdo de algo más les digo.

Lo que preparé para ustedes, “Los primeros pasos del análisis”, está compuesto por catorce citas, que se me ocurrió hoy a la mañana mientras atendía.

Les voy a dar las referencias de las citas. ¿Por qué elegí traer citas?

Las citas dan la posibilidad de formarse analíticamente, que es el modo de leer el texto. También explicarles y decirles qué entiendo por incidencia de lo imaginario y lo simbólico.

Lo que les voy a transmitir tiene que ver con lo que dice Lacan en La dirección de la cura…: “A los analistas hay que formarlos en lo que sería la lógica del significante”, cómo leer sin quedar capturados en la significación imaginaria de aquello que se lee.

Por eso dice que hay que leer a partir de lo que se lee del significante, no del significado. Voy a transmitir todas las citas, después me van a seguir. La primera cita está en el Seminario de Las relaciones de objeto, Seminario 4, está en la introducción, pág. 12.

Van a ver cómo después todas las citas se van a ir articulando y encadenando, a medida que vamos avanzando. La primera cita va a estar en relación con las dos últimas citas.

La segunda cita está en el Seminario La naturaleza de los semblantes, y corresponde a dos páginas: 107 y 110. La tercera referencia, está en el seminario El lugar y el lazo, pág. 22, vamos a extraer de ahí una referencia muy importante: “Como todos los dichos de Lacan, hay que tomarlos con pinzas, no como algo sagrado”.

Ya vamos a volver a eso. Y en la pág. 13, del mismo seminario, nos va a dar una de las pistas para entender lo real.

En la pág. 14 vamos a encontrar una referencia sobre qué es un clínico. En la pág. 16 es una referencia sobre una manera muy particular de definir el control o la supervisión. Ya vamos a ver por qué.

Del Seminario Sutilezas analíticas, tenemos dos referencias, una en las pág. 113-116 y 119. Del Seminario El partenaire síntoma, vamos a tomar tres referencias: pág. 331 y 332, pág. 345 y 346, pág. 347 y 349, y pág. 356 y 372.

 

Continuará…

XLI – Lecturas Psicoanalíticas

Parte I: La interpretación que va en contra de la asociación  libre.

En esta primera entrega, la autora comienza diciendo que un análisis lacaniano va contra la asociación libre, hacia la imposibilidad de decirlo todo.  El analista invita al analizante a decirlo todo, para luego impedir que diga todo y demostrar que nada tiene sentido, alejándose del movimiento dialectico que hace relanzar el sentido.

El inconsciente interpreta y quiere ser interpretado, pero también hay una lectura que se hace en el análisis, la interpretación del analista, interpretación secundaria, fundamentada en la interpretación del inconsciente pero que trabaja para el goce, apuntando a revelar lo insensato de la interpretación del analizante.

La interpretación freudiana se detiene cuando descubre el sentido sexual de los mensajes cifrados, en Lacan, la interpretación formaliza el desciframiento de los mensajes cifrados en el discurso del Otro en tanto revelación, lee aquello que no puede decirse más allá de la represión.

Freud supone el enlace correcto para Lacan el enlace es imposible.

La idea es ir más allá del sentido sexual, es ir hacia la inexistencia de la relación sexual, formando parte esta de la secuencia de los no hay en Lacan; no hay Otro del Otro, no hay verdadero sobre lo verdadero, no hay metalenguaje.

En la última enseñanza de Lacan se pasa a la lectura del fuera de sentido y se habla de sinthome,  planteando el inconsciente a partir del goce, acontecimiento del cuerpo. La acción de lalengua en tanto acontecimiento de cuerpo.

Nos deja una pregunta: ¿Qué lugar darle a la interpretación sobre todo cuando se enreda con la pulsión?

Angela Vitale

 

La interpretación que va en contra de la asociación  libre

Un análisis lacaniano va contra la asociación libre, hacia la imposibilidad de decirlo todo. ¿A qué nos referimos con no todo? Para Lacan, es relativo a que no se pueden formar los elementos de los que se trata una clase. El analista invita al analizante a decirlo todo, a que todo tiene sentido, para impedir inmediatamente que diga todo y demostrar que nada tiene sentido. De esta manera se aleja del movimiento dialéctico, que hace relanzar el sentido una y otra vez. El inconsciente interpreta y quiere ser interpretado, un mismo significante en su homofonía, de la que depende la ortografía, puede llevar a diversas significaciones. Se puede hablar de equívoco cuando un significante no se correlaciona solamente con un sentido sino con varios.

El inconsciente hace sustitución y producción de significantes nuevos. El S1 y el S2 es una interpretación a este S1, donde hay algo ahí que no está enlazado y que llama a una interpretación. Que el inconsciente sea una interpretación no sabida, tiene que ver con el esfuerzo que ha hecho un sujeto durante toda su vida para darle sentido al acontecimiento traumático, irrupción de lalengua en el cuerpo, lo no sabido que excede el significante y que ya es una lectura sobre el goce.

Pero también hay una lectura que se hace en el análisis, la interpretación del analista, es secundaria y se fundamenta en la interpretación del inconsciente, pero no es cualquiera, es una interpretación que trabaja para el goce, apunta a revelar lo insensato de la interpretación del analizante. Descifrar y cifrar de nuevo, el movimiento se detiene en una satisfacción, donde el goce está en el ciframiento.

La interpretación freudiana se detiene cuando descubre el sentido sexual de los mensajes cifrados, el equívoco, es la marca del falso enlace. Lacan desde la primera parte de su enseñanza, establece que la interpretación apunta a formalizar el desciframiento de los mensajes cifrados en el discurso del Otro [1], en tanto revelación lee aquello que no puede decirse más allá de la represión. Freud supone el enlace correcto, para Lacan el enlace es imposible. [2]

En el Seminario 17, desde los cuatro discursos, el saber en el lugar de la verdad, el punto de imposible, se da como consecuencia de la articulación significante que muestra un límite. Más allá del sentido sexual es ir hacia la inexistencia de la relación sexual, que es para todos. Lo singular, es como cada uno hace existir un goce, que, por definición, no tiene significante, que indica que no hay goce todo, hay satisfacción.

Miller en su seminario “El ser y el Uno” pone de manifiesto el no hay relación sexual como formando parte de la misma secuencia de los no hay en Lacan: No hay Otro del Otro, no hay verdadero sobre lo verdadero, no hay metalenguaje.

El final de un análisis tendrá que ver con la reducción de goce que no es sin satisfacción. En el Prefacio de la edición inglesa, Lacan menciona la satisfacción que escande el final del análisis, no en la perspectiva del saber sino en la perspectiva de la satisfacción. La salida de la dialéctica hablar- callarse y la obtención del silencio como una manera de resolver la repetición es lo que nos testimonia Luis Tudanca desde su pase, nos dice: “Hacia el final del análisis el analista corta la sesión y no se incorpora de su silla, por primera vez en todos esos años, no acompaña al sujeto, como de costumbre hacia la puerta.

No saluda, no lo mira, y permanece sin decir nada. En ese momento río y parto en silencio”. El shhhh está incluido en la palabra del analista en tanto silencio vivificante, donde ningún predicado conviene a lo real. El silencio del analista está en otro registro al de la interpretación como traducción. Aquí la referencia es el agujero en el saber, en el significante, que es insuficiente para nombrar el goce, no hay para nombrarlo.

En su comentario de este pase, Eric Laurent nos muestra como en el recorrido de este análisis a través del objeto voz y sus impases, él y el fort-da con ella, al final el analista encarna el silencioso, el que no se mueve, para dejar partir al analizante con su risa, que ha cambiado de sentido a medida que el sujeto supuesto saber ha terminado su operación. La risa de entrada, reto-desafío pasa como un saludo, a lo que queda como resto sintomático sin el padecimiento.

Con la última enseñanza de Lacan se pasa a la lectura del fuera del sentido Hablar de sinthome es plantear el inconsciente a partir del goce, acontecimiento del cuerpo, que tiene que ver con el tope del desciframiento del inconsciente por fuera del sentido del goce. La acción de lalaengua en tanto acontecimiento de cuerpo deja sus marcas en el cuerpo del parlêtre.

Ya estamos en un terreno donde la palabra sujeto no es posible de sostener porque es un puro efecto de la creencia en la articulación significante.

La función de la interpretación ya no consiste en proponer otro sentido sino que se propone deshacer la articulación de destino para apuntar al fuera de sentido con sus efectos corporizados.

El psicoanálisis es práctica analítica sin valor, dado que los valores tienen que ver con los semblantes que tienen por función velar la nada, no se oponen a la verdad, de la cual sólo puede esperarse una mentira. Si el Psicoanálisis es una estafa solo puede inscribirse respecto de lo real, todo lo que se dice corresponde al semblante, que incluye el sentido, el lugar del significante y sus efectos de significado, en relación con lo real, que excluye el sentido. Estafa en tanto que hay que agregarle la creencia para pensar que hay articulación, por lo tanto el sentido y lo real están disyuntos y la operación analítica apunta a lo real a partir del sentido. Si el Psicoanálisis no atraviesa los semblantes se convierte en una estafa.

Situar el inconsciente respecto de lo real tiene que ver con el soliloquio, hablar solo en el semblante para protegerse de lo real, es diferente de situarlo respecto al Otro, y la cadena significante correlativo al sujeto supuesto saber.

“El Olvido de la interpretación”, “Adiós al significante”, “La interpretación al revés”, textos de Miller aparecidos en el 95-96, en la orientación de su curso La fuga del sentido están marcados por la orientación de la interpretación contra el inconsciente, el inconsciente es la interpretación, la pregunta que orienta es ¿Qué lugar darle a la interpretación Sobre todo cuando se enreda con la pulsión?

XL – Lecturas Psicoanalíticas

Ultima entrega de esta Conferencia, donde se señala lo importancia  de realizar la reducción proposicional, es decir, de cómo los enunciados del paciente deben converger hacia un enunciado esencial, hacia un S1 que comanda su vida. Estos significantes amos tienen que ver con la elección, el tema es el porque, tales elementos tuvieron y tomaron tal valor para el sujeto. Verificaciones en el sujeto histérico y obsesivo. Del lado de la  histeria el gusto y el dolor de no estar en su lugar y el obsesivo se refugia en la jaula de su narcisismo.

Angela Vitale

 

Carlos García: Pág. 346, para que entiendan la dimensión de esto, forma parte de los primeros pasos: “Es parte integrante de la formación del analista, aprender a realizar la reducción proposicional”. De todas las explicaciones la interpretación produce el rasgo, tiene que aprender a reducir eso, pasar de lo imaginario a lo simbólico. Pág. 348. “Es necesario que el analista mismo sepa acompañar este movimiento, percibirlo, señalarlo, es una exigencia de su formación aplicar la operación reducción”. Como si yo sacara todo lo imaginario para sacar lo simbólico.

La interpretación podría ser: “infiel”. Pero ella no hace nada. “Las tres me hicieron comentarios de las relaciones anteriores”, “¿por sí solas?”, “no, yo les pregunté un poco”.

Cómo fue alimentada esa relación imaginaria que tiene que ver con la elección de objeto y el fantasma. Es decir, la reducción es cómo los enunciados van convergiendo hacia un enunciado esencial. Eso es el concepto de S1, son significantes amo que comandan la vida de un sujeto.

Hay muchos significantes amo y todos tienen que ver con la elección. Solo quiero agregar este punto, hasta ahora les expliqué este movimiento de lo imaginario a lo simbólico. Miller dice que esto es explicar la dimensión significante, la dimensión simbólica, ¿cómo vamos hacia lo real?

Recuerden que lo planteamos como lo que no se puede evitar. No puede evitar elegir una mujer sin estas características. Esto es la elección de una mujer bajo la forma de lo necesario, solo puede elegir a una mujer bajo esta forma. Falta el elemento de por qué tales elementos tuvieron y tomaron tal valor para el sujeto.

Miller lo dice en la pág. 356: “¿Por qué tal palabra del Otro tomó un valor determinante para el sujeto?” Por ejemplo: “toda tu vida vas a hacer un atorrante”, “vas a ver cuando seas madre”, el asunto es cómo esa frase tomó un investimento, un valor. Freud lo llamaba valor cuantitativo. En Lacan el nombre de eso es significación. La manera de poder localizar esa dimensión real, es cuando determinada significación es prevalente y toda determinada significación.

Por eso está incluido en la pág. 372 la significación más importante de todas, que es la más querida para la histeria y la obsesión, es la que trata de comprobar la histérica, es la significación universal del ser excluida.

Miller toma ese ejemplo y desarrolla tres o cuatro puntos. El sujeto histérico es un ser que no tiene lugar en el otro, con el hombre, en el trabajo. La libido inviste de manera electiva este ser excluida. Hay una razón estructural que no voy a explicar, que es que el sujeto se constituye en forma excluida.

La histérica se caracteriza por verificar esto. “El exceso de presencia del sentimiento de no estar nunca en su lugar, el gusto y el dolor de no estar en su lugar”, “no siento que esta sea mi casa, no siento que sea madre”. La dimensión de sentir no ocupando un lugar.

“El sujeto histérico se desvela por verificar esto de todas las maneras posibles, provoca el ser rechazada”. ¿Cómo lo provoca? Viniendo de lo imaginario. Va a venir siempre el otro.

Estando dos viviendo en casas separadas él se muda pensando que van a vivir juntos y alquila una casa enorme, pensando que ella va a ir con él. Le pide la garantía a la madre de él y a la hermana, ella se enoja y le dice: “no me tomás en cuenta, por qué no me la pedís a mí”… La segunda, la ropa para lavar, se la da a la mamá de él, “¿por qué no me dijiste a mí?” “Para no molestarte no te di la ropa”.

La histérica se encarga de verificar todos los signos de exclusión del otro. ¿Qué caracteriza a la histérica? La exclusión como mujer. Verifica que es rechazada, esto se produce en el análisis. Hay toda una clínica del ser excluida. Pasa también con el síntoma, pasa con los actings.

El síntoma histérico es la parte que no está incluida en el encuentro del cuerpo con el otro. Esa parte del cuerpo también está excluida. Es la clínica del desmayo. Toda esta particularidad es la significación permanente de que podemos empezar a ubicar como real. El sujeto histérico queda por fuera de la asunción femenina del goce. Hay muchos otros puntos más.

Público: ¿Y en la obsesión?

Carlos García: La obsesión también verifica esto, pero bajo una forma diferente que la histeria. La histeria lo hace bajo la forma del acting y castrando al otro. El obsesivo se refugia en la jaula de su narcisismo, provocando una dimensión de arrastrar a su pareja a la jaula. Ella le dice: “vamos al teatro”, él le dice: “compremos una pizza”. “Otra vez encerrados”. Él cuando va a análisis dice: “Qué tranquilo cuando estoy solo”, para el obsesivo es todo un conflicto la demanda y la circulación del deseo. Entonces se excluye, porque la histérica hace todo el movimiento de exclusión, diciendo: “este es un tonto porque le llevó a lavar la ropa a la mamá”. Después él le da la ropa a lavar y a los tres meses ella dice “cree que soy su sirvienta”.

La histérica va cambiando de lugares quejándose y provocando la exclusión. Lo más difícil en la histérica es llevarla a que se fije en un lugar.

Con toda la castración del otro. En el obsesivo, que pueda entender que lo que el analista le interpretó es distinto de lo que él quiso decir. Porque la jaula de su narcisismo no es que se quede en la casa el fin de semana. La jaula del obsesivo es en el diálogo analítico, cuando habla, uno le interpreta y él dice: “yo no dije eso que me está diciendo”.

Es lo que genera la discusión con la pareja. “Vos estás cambiando lo que dijimos”. No tolera que haya una separación entre significante y significado.

La jaula de su narcisismo es que no haya equívoco. Para eso, lo mejor es estar solo. Por eso el obsesivo tiende a la masturbación, a la pornografía de internet.

XXXIX – Lecturas Psicoanalíticas

¿Cómo comienza a tomar  forma el análisis cuando se va hacia el análisis  que dura?

En esta entrega, ya va tomando forma, lo real, como aquello que no se puede evitar. Recomendación de lectura de una conferencia de Lacan: Lo imaginario, lo simbólico y lo real, publicada en la página de Lectura Lacaniana: http://www.lecturalacaniana.com.ar/lo-simbolico-lo-imaginario-y-lo-real

El análisis como un doble franqueamiento, de lo imaginario a lo simbólico y de este a lo real. Como se va pasando de un análisis que comienza a uno que dura. Vacilación de los prestigios del yo. El movimiento del análisis es la muerte de lo imaginario.

Angela Vitale

 

Carlos García: Dentro de la posición del analista, que es la máxima desubjetivación, el analista no puede ponerse a llorar con el paciente, ni decir “yo pienso, yo creo”, no puede incluir su subjetividad. La primera forma de desubjetivación está en la pág. 12, que es cómo proveerle una garantía al paciente de que no va a ser juzgado por lo que dice o por lo que relata que hace. La regla analítica implica el “no juzgarás”. Va a interpretar pero no juzgar. Pág. 113, en el apartado “Transmutación de lo amorfo”, dice Miller: “La entrada en análisis tiene efectos naturales, inmediatos, benéficos, sino terapéuticos, se trata de un efecto de alivio por objetivación, es por la transmutación de lo amorfo, ustedes se convierten en una referencia”.

El paciente dice: “Quiero seguir hablando de mí”, esa transmutación de hablar de lo que a uno le pasa, implica una transmutación de lo que no tiene forma. “Vengo porque me siento mal en todos los lugares”. Es amorfo, o “vengo porque me peleo”, no habla de la pelea, no dice el contenido, es amorfo.

Lo mismo ocurre con la formulación de un síntoma. “Cada vez que tengo que ir a una reunión importante me enfermo”. No es un síntoma histérico, es amorfo, ocurren cosas en el cuerpo pero es amorfo. Alguien puede decir “me enfermo” y eso no tomó forma. Entonces, el que tome forma, el movimiento es de lo amorfo a la forma. Amorfo porque está interpuesto por lo imaginario, le llega deformado, llega bajo la forma imaginaria. Que tenga forma es que comience a tener forma significante. Que pase de lo imaginario a lo simbólico.

Los primeros pasos se caracterizan por eso, después lo vamos a ver, se llama “el primer franqueamiento”. El primer paso es que hay una transmutación de lo amorfo. Dice así: “responde a un efecto de extimidad que engendra la formalización de lo amorfo”. Cuando decimos que va tomando forma implica formalización. ¿Qué atmósfera tiene el análisis? Tiene una atmósfera de revelación, de descubrimiento. Es como si estuviéramos en el fuego artificial de la revelación. Pero por cierto tiempo. ¿Qué es lo que reemplaza a las revelaciones? La repetición.

El movimiento va de las revelaciones a la repetición. Esa primera parte es la parte más canchera del analista, casi siempre, es el placer del analista, los primeros pasos es como cuando uno está con un bebé, lo va llevando de la mano…

Tienen la característica de la verdad, se van descubriendo verdades. “Es el placer del analista”. A medida que se va avanzando comienzan poco a poco los reproches del paciente: “usted no hace nada”. Comienza poco a poco a tomar forma algo que ya habíamos anticipado, lo real, lo que no se puede evitar, por eso lo imaginario y lo simbólico van produciendo cosas.

Les recomiendo una conferencia de Lacan: Lo imaginario, lo simbólico y lo real. De 1953, en la cual Lacan representaba la experiencia del análisis en función de los  tres registros. Un sueño, por ejemplo, es la imaginarización de lo simbólico. Pág. 119: ¿Cómo comienza a tomar forma el análisis cuando se va hacia el análisis que dura? Es la forma de la repetición.

Estamos preparados para nuestro último paso. Van a ver que es el primero. Pág. 331 y 332 de El partenaire síntoma, dice así: “El análisis es un doble franqueamiento, el primero es el pasaje de lo imaginario a lo simbólico, segundo pasaje de lo simbólico a lo real”. El primer franqueamiento, dice así: “Es un desvelamiento de los prestigios del yo, que hacemos vacilar”, se hacen vacilar los prestigios del yo. Uno no es como pensaba que era.

No coincide lo que uno quiso decir y lo que uno dijo. Que uno comienza a hablar de cosas que producen vergüenza, asco, repugnancia y preferiría no hablarlas, no decirlas. El yo empieza a caer, ¿qué ocurre? Es lo que el analista debería seguir línea a línea, hacemos vacilar los prestigios del yo “para que aparezca de manera más pura la instancia del sujeto como falta en ser”.

Hay una falta en ser, que no es pura, ¿cuál es la falta en ser? Es toda la queja yoica del paciente, toda su descripción de lo que no puede, su impotencia, todos los “no puedo”, esa es una falta en ser imaginaria. “El jefe me dijo que trajera café a la reunión y yo soy secretaria, no una sirvienta”, es estar dividida de forma imaginaria, no significante.

La mayoría de la gente vive de manera imaginariamente dividida. Vive de esa forma. Dividamos dos partes. La falta en ser yoica de la falta en ser del sujeto. La falta en ser yoica es menos pura, está atravesada por todo lo imaginario. Mi inconsciente empieza a interpretar “me está tratando como sirvienta”, o día feliz de un feriado, la parejita está feliz porque no tienen que hacer nada, ella va a preparar una linda salsa de pastas, resulta que se olvidó el queso y le pide a él que vaya a comprar el queso.

A Él no le gusta nada, empieza la tensión imaginaria de la comparación, hasta que él harto le dice: “no me rompás…”

Quiere decir que la demanda de la mujer amenaza sus pelotas, entonces ese hombre es un impotente con la mujer. Por supuesto va a comprar el queso, sino más o menos está al borde del divorcio. No solo empiezan a discutir por el queso, sino por todo lo que ella hace y él no hace. La incidencia de lo imaginario es eso. La salsa se empieza a quemar, es así.

Ella cuando va a análisis, ¿qué dice? “Yo esperaba otra cosa, yo no sé cuántas pastas más voy a aguantar”. Es la incidencia de lo imaginario en lo simbólico. Son las palabras que vienen de la clínica. Es lo que Freud ubicaba del lado de la mujer, la angustia de no ser querida, y del lado del hombre el miedo a la castración. Cada uno en forma imaginaria repite esa estructura. El pasaje de lo imaginario a lo simbólico implica que se pasa de una forma de falta en ser impura a una falta en ser más pura. Hay una falta en ser que corresponde al sujeto.

Supongamos que él va a análisis y el analista le dice: “Siempre la misma amenaza sobre sus pelotas, cada vez que su mujer le dice algo”, después dice que él siempre quería tener la pelota en los partidos de fútbol. Se pasa de una pelota a otra pelota. Ahí estamos en el movimiento de significantes. Ahora, cuando se produce este franqueamiento, al mismo tiempo se produce la instancia del gran Otro, se desprende de la multiplicidad de pequeños otros.

Cuando se produce este franqueamiento pasamos a esta relación.

Se desprende de la relación con la esposa. El movimiento del análisis es la muerte de lo imaginario.

Así lo va a decir. La muerte es el nombre de este franqueamiento. Hace falta morir en lo imaginario para asumir su falta en ser a nivel de lo simbólico.

Lacan emplea explícitamente la expresión “muerte de lo imaginario o muerte del yo”. Va a decir en la primera forma de plantear el final del análisis, en Variantes de la cura-tipo, que el final del análisis es la muerte del yo, el final del yo, que es equivalente a la desubjetivación, para ocupar el lugar del analista.

Quiero que capten que el gran Otro no es una entidad abstracta, es lo que se desprende como cadena significante a partir de la división del sujeto. Pasar de pelotas en plural a pelotas en singular. El pasaje en el análisis es pasar de estar quejándose del otro y pasar a tener una relación con las cadenas significantes. No bajo la forma de la historia.

Es un error conceptual grave, hablar de la familia, de la historia de uno, no… asociando libremente. Entonces, eso es lo que llama “atravesamiento de lo imaginario a lo simbólico”, cuando entramos en la dinámica del movimiento implica un franqueamiento. Eso puede ocurrir en algunas sesiones.

Pág. 345-346: “En la experiencia se da el sujeto la libertad de decir todo lo que quiera”, es la formulación de la regla analítica. Pero “el sujeto es conducido de manera irresistible a repetir lo mismo”. La repetición no es lo mismo que la repetición de lo que se evita. No es lo mismo quejarse de decir que a uno le pasa lo mismo, eso no es la repetición.

Vamos a ver qué es la repetición a partir del franqueamiento de lo imaginario a lo simbólico.

Hay una repetición que tiene que ver con lo imaginario y otra con lo simbólica. “Lo mismo emerge en la palabra del analizante a partir de la producción de una diversidad aparente, el paciente tiene la libertad de decir lo que quiera, va apareciendo lo mismo”.

Entonces, Miller va a dar un ejemplo de esto, de un hombre que se relaciona con diversas mujeres, y de pronto el paciente va captando que esas mujeres tienen el mismo rasgo, dice así: “A través de la maravilla de la experiencia analítica, aparece que las tres presentan el mismo rasgo, las tres historias pueden superponerse y los acontecimientos presentan la misma estructura, de este modo la repetición conduce a una operación reducción que es una formalización, llamamos rasgo al resultado de esta formalización, que permite, que presenta y que incluso elabora la repetición”.

El rasgo no es algo que viene desde antes, se produce en la experiencia del análisis al resultado de lo que se elabora de la repetición.

Por eso Freud hablaba de “recuerdo, repetición y elaboración”, es la elaboración lo que produce el rasgo, no es el contar la historia de las mujeres, sino que esas mujeres tienen una característica en común.

Es un pasaje de lo imaginario a lo simbólico. Dice así: “¿Cuál es el rasgo en común de estas tres mujeres? Se trataba el rasgo que de la fidelidad el sujeto nunca estaba seguro por razones diferentes, pero todas alimentaban en él una duda de su fidelidad, parecía determinante en su elección de objeto, por más que fueran diferentes mujeres, las tres tenían el mismo rasgo”.

El sujeto no dice: “me es infiel”, la infidelidad es el rasgo-resultado de la intervención del analista. “Me dice que quiere salir con amigas el sábado a la noche”, no dice “me es infiel”. No llega a decir el mensaje que viene del inconsciente. “Me dijo que iba a estar en tal lugar a tal hora, llamé y estaba apagado”, no es que trabaja en un cabaret, es lo imaginario que se presenta atrayendo el mensaje del inconsciente.

Lacan dice que los analizantes tratan de analizarse, son los analistas los que no escuchan, ¿se entiende? Mensaje prohibido y desconocido.

XXXVIII – Lecturas Psicoanalíticas

“A cada uno le toca reinventar el psicoanálisis”, dice Lacan. Esta frase nos indica García, tiene muchas resonancias, para Freud todo lo que se sabe de un caso, no sirve de nada al recibir a otro paciente.

En cada instante se reinventa el psicoanálisis. Segunda forma de lo real formulada por Lacan: la no relación sexual sería del orden de lo real. ¿Cómo ubicamos esto en un análisis? El analista esta en el lazo y al mismo tiempo está en el lugar. Hay un saber, el saber de que modo estamos atrapados en el asunto, el no dejarse absorber por el lazo.

En estos primeros pasos es muy importante el control.  Miller nos deja planteada una pregunta: ¿estoy suficientemente desubjetivado como para poder jugar el soporte, el pedestal del otro?. Angustia como brújula  para orientarse en relación a la división del sujeto. Primer momento del análisis; transmutación  de lo amorfo.

 

Angela Vitale

 

 

Carlos García: Pág. 22, El lugar y el lazo. Es muy importante este seminario de Miller, tiene su complejidad, ¿cómo define el esquema Lambda? Es un esquema de lugares. ¿Qué es el grafo del deseo? Es un circuito de lugares. El lugar y el lazo es la descripción de cómo en el análisis hay que distinguir el lugar y el lazo. Miller dice que todos los dichos de Lacan hay que tomarlos con pinzas. ¿Respecto de qué? “A cada uno le toca reinventar el psicoanálisis”.

Es una frase muy fuerte y muy pesada. Esto tiene una resonancia de muchas maneras, la manera más frecuente es la que dice Freud, que todo lo que sabemos de un caso, no nos sirve de nada al recibir a otro paciente.

En cada instante estamos reinventando el psicoanálisis. Pág. 13, otra idea de lo real: “Lacan formuló que la no relación sexual sería del orden de lo real”, es la segunda forma que tenemos de lo real.

Después vemos cómo esto se va a ubicar en el análisis. Pág. 14: ¿Qué es un clínico? “Un clínico es un sujeto que se separa de lo que ve de los fenómenos que se producen”, todo lo opuesto a lo que pensamos.

¿Cómo va a definir al clínico así? Se separa de lo que ve porque tiende a descansar en la experiencia, en lo que ya aprendió, en lo que ya sabe. Dice así: “No es que el saber hacer esté desaconsejado, siempre y cuando sepamos también de qué modo estamos atrapados en el asunto”, el clínico es el que sabe de qué modo está atrapado en el análisis con su paciente, no el que sabe de su paciente.

Todo lo opuesto a la idea que nos hacemos. No sabe de qué modo está atrapado en el asunto. “Que nosotros mismos en calidad de formadores de la experiencia formamos parte del teclado que tocamos”, no está por fuera.

Los primeros pasos del análisis definen de qué manera está tocado el teclado y qué posición va tomando uno y otro. Significa que el analista tiene dos partes, dice así: “está en el lazo y al mismo tiempo está en el lugar”. Pág. 16: “El asunto de todo análisis es no dejarse absorber por el lazo, la transferencia”, la transferencia no es lo que imaginamos que es, sino la manera en que el analista está hipnotizado por lo que dice el paciente.

Cómo queda capturado por lo que dice el paciente. Después vamos a desarrollar distintas formas de captura. ¿Por qué? Si no es absorbido por el lazo, le da espacio al lugar.

Es decir, puede interpretar. Es ahí donde aparece la definición del control: “El control apunta al lazo del analista con el lugar, viene a verificar su grado de desubjetivación en la experiencia”, eso es ir a controlar. Ir a controlar es cuando alguien dice: “no sé para dónde voy”, frases que son dichas en el control. Aquel que va a controlar está incluido subjetivamente en el caso.Por eso el control es verificar el grado de desubjetivación. Ocupar el lugar del analista es ocupar una desubjetivación, que la subjetividad del analista no esté incluida. Por eso se va a controlar, el primer control, ¿dónde comienza? En el paciente.

Todo el mundo lo sabe, lo percibe, y nadie lo dice. ¿Por qué comienza con el paciente? No va a controlar cuando el paciente dice: “estuve pensando en irme”, “estoy cada vez peor”, van a controlar cuando el paciente dice algo, el paciente controla el análisis.

El primer control comienza por lo que va diciendo, si pasa algo, si dice algo, empieza por el paciente. Implica que el analista está tomado en el lazo, en un cierto sentido. Miller hace dos preguntas extraordinarias en la pág. 16: “¿Estoy suficientemente desubjetivado como para poder jugar el soporte, el pedestal del otro?”

Es lo que todos llevamos a análisis, cuando no estoy desubjetivado me afecta la palabra del paciente. Es muy claro. “¿Lo estoy tanto como para dividir al sujeto en mi paciente, o acaso el paciente se consolida y se cimenta cada vez más?”

Explico la pregunta que hace. A mayor desubjetivación del analista, mayor división del sujeto en el paciente. A menor desubjetivación del analista, más paciente y menos sujeto dividido. Indica que el análisis no está funcionando.

¿Cuál es el grado más evidente de división? La angustia, aparte de la asociación libre. Es casi una brújula para orientarse. “Estoy cada vez peor, no puedo resolver nada, no puedo dejar de pensar en lo que me preocupa”… quiere decir que hay más paciente y menos sujeto dividido.

Sutilezas analíticas, pág. 113-116, son tres páginas. Es un capítulo que se llama “Tres modalidades del análisis”, no son prácticas, sino tres modos por los que pasa un análisis: el que comienza, el que dura y el que termina. Vamos a prestar atención al primer momento del análisis para poder situar la incidencia de lo simbólico y lo imaginario.

XXXVII – Lecturas Psicoanalíticas

En esta segunda entrega, Carlos García nos introduce de lleno en las citas que, nos adelanta, se irán articulando y encadenando, unas con otras a medida que va avanzando.  Nos dará una pista para entender lo real, sobre que es un clínico, una referencia sobre una manera muy particular de definir el control o supervisión.

La primera cita tiene que ver con el esquema Z. La dirección de la cura comienza acá, escribiendo la relación del sujeto al Otro con mayúscula, relación Sujeto a Otro. La dirección de la palabra comienza acá, viene del inconsciente hacia el sujeto. Lo que viene del inconsciente va a ser interpuesto, deformado, por lo tanto lo que llega al sujeto es desconocido, mucho más para el analista. Como se comienza a mover la relación entre lo imaginario y lo simbólico. Distinción de lo real, como aquello que no puede evitarse.

 

Angela Vitale

 

 

Vamos a la primera. Tiene que ver con el esquema Z o Lambda. Yo entiendo que muy poca gente entiende. Generalmente es explicado para explicar el caso Dora o la Joven Homosexual y no para ubicarse en la experiencia del análisis y cómo habla un paciente y cómo se distribuye lo simbólico y lo imaginario. Lo primero que vamos a hacer es tomar esto como referencia, citando lo que dice Lacan en la introducción: pág. 12. “Este esquema inscribe la relación del sujeto al Otro con mayúscula”, esta relación. Sujeto—–Otro. “…

Tal como está constituida al inicio del análisis, es la relación de palabra virtual por la que el sujeto recibe del Otro su propio mensaje bajo la forma de una palabra inconsciente”.

La dirección de la palabra comienza acá, viene del inconsciente hacia el sujeto. “El mensaje inconsciente le está prohibido, es objeto de un profundo desconocimiento”. La relación de lo que viene del inconsciente es desconocida por el inconsciente.

“Está deformado el mensaje”, o sea que lo que viene de acá es desconocimiento, deformado, detenido, capturado por la interposición de la relación imaginaria. Lo que viene del inconsciente tiene que pasar por lo imaginario. Es la primera incidencia de cómo alguien habla en un análisis.

La interposición imaginaria que está entre a y a’. Lo que viene del inconsciente va a ser interpuesto, deformado, por lo tanto lo que llega al sujeto es desconocido. Lo que es simbólico, el mensaje del inconsciente está deformado y es de conocido por el paciente, mucho más para el analista.

Sigue diciendo: “La relación imaginaria, que es una relación esencialmente alienada, interrumpe, aminora, inhibe, invierte las más de las veces, y desconoce profundamente la relación de palabra entre el sujeto y el Otro con mayúscula”. Lo que viene del inconsciente es totalmente deformado y desconocido.

Ya tenemos la manera en que incide para Lacan la dimensión imaginaria en relación al inconsciente.

Lacan va a ubicar en este esquema Pegan a un niño. ¿Dónde va a quedar ubicado? En el Otro con mayúscula, en el inconsciente, el fantasma no llega al sujeto. El sujeto va a hablar en el análisis, por ejemplo: “mi jefa me maltrata”, le va a llegar viniendo del mundo, del otro con minúscula, del semejante, eso que forma la palabra del inconsciente. “Recuerdo la Cabaña del Tío Tom”, que es una literatura, básicamente, del maltrato a los niños. O va a llegar, en el mejor de los casos, que cómo se excita con cierta fantasía, una fantasía donde están azotando a alguien y tiene un orgasmo.

Que es lo que Freud descubre en Pegan a un niño. Aun cuando hable de esa fantasía, tampoco es “pegan a un niño”, le va a llegar bajo la forma de la excitación, o la queja del otro… Es el esquema virtual de la palabra en el análisis. Una vez que se pone en movimiento hay que ver qué es lo que llega que se origina en el inconsciente y qué es lo que llega al sujeto.

Piensen otra forma, ejemplo de esto: el olvido de Signorelli, ¿qué le viene a Freud? Una imagen deformada de otros pintores. Hasta le viene la imagen del cuadro que pudo haber pintado, pero no el nombre.

Lo imaginario interfiere, interpone, inhibe, siempre es así, a no ser que se vaya produciendo el efecto del análisis.

Este es el esquema virtual. Vamos a ver cómo se empieza a mover la relación entre imaginario y simbólico. De la naturaleza de los semblante, pág. 107 y 110. Primera cita para distinguir lo real: “lo real se distingue del significante”, o sea lo real no es lo simbólico, no es significante. Y dice en la pág. 110: “lo más real no es tanto que el sujeto se repita, lo más real es que hay algo que no se puede evitar”.

La primera aproximación a lo real, es aquello que no se puede evitar.  Miller dice que Lacan señala que eso es lo real. “En cierto sentido es que el sujeto se repite, pero si se le imputa el goce de lo real, es lo que el sujeto no puede evitar”.

Es la primera definición, real: lo que no se puede evitar, lo inevitable. ¿Cuál es la primera forma de lo inevitable? El síntoma. Hay muchas otras cosas, pero lo real es lo que no se puede evitar.

Estoy dejando de lado a propósito muchas definiciones de Lacan de lo real de la primera enseñanza. No tiene sentido en función de los primeros pasos del análisis. ¿Cómo me hago una idea de lo real? Por lo que me dice que no puede evitar. No puede evitar salir con mujeres de dudosa reputación, no puede evitar pelearse ella con él, no puede evitar pensamientos, por ejemplo, me decía una paciente totalmente deprimida: “me levanté y empecé a llorar”. No hubo nada en el medio.

XXXV – Lecturas Psicoanalíticas

El sujeto lacaniano es el sujeto de la experiencia del psicoanálisis

 

El sujeto lacaniano, señala en esta ocasión Carlos Dante García, es el sujeto de la verdad del inconsciente. Esa verdad que en el sujeto toca dos cosas: lo que comprende de las cosas y su posición misma como sujeto.

Esto será clave en la enseñanza de Lacan, pues aquello que será modificado en un análisis no pasa por lo que es comprensión del yo, sino por las transmutaciones subjetivas que tocan la posición del sujeto.

En ese movimiento dialéctico, en donde la palabra vehiculiza una verdad inconsciente, dependerá de cómo el analista, reciba la palabra del paciente.

Finalmente, Carlos Dante, nos propone ir vaciando también al sujeto, sugiriendo un texto: “Del sujeto por fin cuestionado”.

Andrea F. Amendola

 

En un psicoanálisis no se hace uso sino de palabras y en absoluto de lo mudo de los comportamientos. O sea, en otros términos, ¿qué se privilegia?: los rasgos mudos del comportamiento o las palabras. O sea que privilegiar las palabras no implica desconocer o ignorar algún rasgo del comportamiento.

El sujeto de Lacan es un sujeto de la verdad del inconsciente y para nada el sujeto de la filosofía. Es por lo tanto el sujeto lacaniano de la experiencia del psicoanálisis.

“Es notable que nadie hasta ahora haya subrayado que el caso de Dora es expuesto por Freud bajo la forma de una serie de inversiones dialécticas. No se trata de un artificio de ordenamiento para un material acerca del cual Freud formula aquí de manera decisiva que su aparición queda abandonada al capricho del paciente. Se trata de una escansión de las estructuras en que se transmita para el sujeto la verdad, y que no tocan solamente a su comprensión de las cosas, sino a su posición misma en cuanto sujeto del que los “objetos” son función.

Es decir que el concepto de la exposición es idéntico al progreso del sujeto, o sea a la realidad de la curación”.

Lacan va a interpretar el caso Dora bajo la forma de una serie de inversiones dialécticas y que esa serie no es un artificio de ordenamiento del caso sino de una escansión de las estructuras en que se transmite para el sujeto la verdad. Notemos que la dialéctica implica en éste caso la transmisión no de un sujeto sino para un sujeto, la transmisión para un sujeto de una verdad; ¿de qué verdad? No de una verdad de los hechos ni de recuerdos, que nos llevaría a un inconsciente conteniendo cosas, sino una verdad inconsciente. Una verdad para el sujeto. Esa verdad que llega al sujeto toca dos cosas: la comprensión del sujeto de las cosas y sobre todo, la posición del sujeto, su posición misma en cuanto sujeto. Observemos que ésta idea de que el advenimiento de una verdad inconsciente toca la posición del sujeto va a ser clave en la enseñanza de Lacan y en la experiencia analítica ya que lo que se modifica en un análisis no va a  ser tanto lo que se comprende como la posición del sujeto, lo que se ha de llamar, su transmutación subjetiva. El cambio va a estar en el sujeto y su posición y no en el yo.

En el párrafo que sigue veremos que al definir a la transferencia, la va a definir como pura dialéctica pero transferencia del sujeto; “…vamos a intentar definir en términos de pura dialéctica la transferencia de la que se dice, que es negativa en el sujeto, así como la operación del analista que la interpreta.”

El sujeto y su progreso se va a definir por su integración a lo universal: “Así la neutralidad analítica toma su sentido auténtico de la posición del puro dialéctico que, sabiendo que todo lo que es real es racional (e inversamente), sabe que todo lo que existe, y hasta el mal contra el que lucha, es y seguirá siendo siempre equivalente en el nivel de su particularidad, y que no hay progreso para el sujeto si no a por la integración a que llega de su posición en lo Universal: técnicamente por la proyección de su pasado en un discurso en devenir.”

¿Cuál es la idea de Lacan entonces con el sujeto? La idea es que en y mediante la palabra en la experiencia de un análisis el sujeto se realiza y se realiza en un movimiento que es el movimiento dialéctico de la palabra que vehiculiza una verdad inconsciente y ese movimiento y esa dialéctica va a depender de cómo el otro, el otro sujeto en un análisis, el analista,  recepciona la palabra del sujeto paciente. Por su manera de dar o no un sentido a lo que uno dice.

Al presentarles así al sujeto es necesario que también vaciemos al sujeto. Será necesario en el sentido argumentativo que recorramos un texto de Lacan poco trabajado: “Del sujeto por fin cuestionado”.