XLIV – Lecturas Culturales

Tercera entrega:

En la tercera entrega Silvia Hopenhayn nos presenta a “la guacha”, la que se hace llamar Altisidora. Hace  la distinción entre el  “hacerse llamar” de Altisidora y el  “ser nombrada” como Dulcinea.  Altisidora, es la llamada la Lolita del Quijote por su arrojo y provocación.  No se sabe si esta enamorada de Don Quijote o finge para destronar a Dulcinea del corazón de Don Quijote.

También nos trae en esta misma entrega a Dulcinea,  nombrada así por Don Quijote quien le otorga el título de “Señora de sus pensamientos”. Si bien su fealdad es mencionada en una aclaración al margen, Don Quijote la describe como un ser bellísimo, de una “hermosura sobrehumana…”

Cuando Sancho descubre quien es Dulcinea, pasa a ser de encantada a una simple labradora, “brutona”, al decir de Sancho.  Don Quijote desencantado se pierde en lágrimas…

En el final de la presentación Silvia Hopenhayn nos invita a la lectura del Don Quijote y sus mujeres: “seres del decir que van poblando nuestro mundo”, proponiendo el soñar como realidad de la vida.

Florencia Vidal Domínguez

 

MUJERES DEL QUIJOTE / Salón Dorado del Teatro Colón

La guacha, tampoco es Dulcinea. Se llama Altisidora. Un distingo: no se llama, se hace llamar. No es igual que el nombramiento de Dulcinea. En este sentido, las mujeres del Quijote, se las toma una por una, son muy diferentes. Dulcinea es nombrada, Altisidora se hace llamar. No sabemos si está enamorada de Don Quijote o juega al fingimiento. Frente a ella uno se pregunta, ¿Don Quijote también finge?

No es lo mismo actuar sobre un escenario que cambiar de nombre para inventarse una vida.

Ella monta una escena, él desmonta lo andado. Ella finge desafiante, él desafía los semblantes. Altisidora aparece en varios capítulos, desde el 44  hasta en el 58, y luego se despide en el 70.

Por su arrojo, provocación, catorce años y pocos meses, ha sido llamada la Lolita del Quijote.  Más severa, erudita y actriz, Altisidora en realidad quiere destronar a Dulcinea del corazón de Don Quijote. Con palabras y actuación, enfrenta al nombre de la amada para quedarse con el amador. Lo seduce con su arpa y su voz, y hasta se hace pasar por muerta de amor.

Al final del capítulo 70, vencido ya Don Quijote por el Caballero de la Blanca Luna, Altisidora llora. No sabemos si finge o depone su personaje al tiempo que Don Quijote deja de ser Don Quijote, volviendo a su aldea con su primitivo nombre: Alonso Quijano.

¿Y quién es la fea sino la tan mentada Dulcinea?

Aparece primero en las dedicatorias, otra invención genial de Cervantes. Antes de comenzar la historia, hay una serie de dedicatorias de personajes literarios de la época, a los propios personajes de Don Quijote, por ejemplo: “Del Donoso, poeta entreverado a Sancho Panza y Rocinante” o de “Orlando Furioso a Don Quijote de la Mancha”. Y es en estas dedicatorias que  por primera vez es nombrada Dulcinea. (Algo parecido hará Macedonio Fernández, ya no con los personajes de la literatura, sino con las funciones de la misma. Su novela que mencioné está dedicada al “lector salteado” y tiene más de 50 prólogos ficticios como su “Prólogo al personaje prestado” o “Prólogo que se cree novela”).

En el primer capítulo, cuando Don Quijote emprende su elección de nombres, llama Dulcinea a una labradora vecina, -antes llamada Aldonza Lorenzo-,  para otorgarle el título de  “Señora de sus pensamientos”.  En el capítulo III, en sus primeros enfrentamientos, la invoca de la siguiente manera: “Socorred a este vuestro Caballero” o “Acorredme, señora mía”.

No deja de sorprender el recurso apelativo. ¿Es entonces ella quien lo salva? ¿De qué salva Dulcinea a Don Quijote? ¿De la muerte o de la vida real?

En el célebre capítulo IX (del que toma Borges un párrafo entero para transcribirlo en su cuento Pierre Menard), aparece por primera vez una referencia a la fealdad de Dulcinea, pero como ¡aclaración al margen! Recuerden que en este capítulo, el autor encuentra el manuscrito de Cide Hamete Benengeli con la continuación de Don Quijote en arábigo. Su traductor morisco lo lee y comienza a reírse. Dice el autor/narrador: “Díjele que me lo dijese él y sin dejar la risa, dijo: “Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en la  historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que cualquier otra mujer de la Mancha.”  Olorosa y fea, Aldonza Lorenzo, investida de palabras, como encantada por el lenguaje, se convertirá entonces en Dulcinea, pintada por el Quijote en el capítulo XIII, como “hermosura sobrehumana, pues en ella vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas, que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos , soles, sus mejillas rosas, perlas sus dientes, mármol su pecho, …y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, que solo la discreta consideración puede encarecerlas, no compararlas.”

Casi una parodia de los decires que elevan tan alto a la mujer que nunca la alcanzan.

Así, Dulcinea deviene; no es porque no está en ningún lado, ni era, porque antes se llamaba Aldonza. Por eso cuando Vivaldo le pregunta por el linaje, Don Quijote le responde por lo que ella NO ES: “Dulcinea no es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los Moncadas y Requenses de Cataluña, ni menos de los Rebellas y Villanovas de Valencia, Palafoxes, Lunas, Alagones, de Aragón, Cerdas, Manriques, Mencozas y Guzmanes de Castilla, pero es de los del Toboso de la Mancha, linaje aunque moderno tal que puede llegar a ser generoso principio de las más ilustres familias de los siglos venideros”. Aquí vemos cómo al nombrarla, la DESPRENDE de una descendencia. Don Quijote es la primera novela moderna y es generoso principio de los grandes escritores que se servirán de ella. Por eso el personaje le contesta: “Semejante apellido no ha llegado hasta ahora a mis oídos”. Esto certifica la novedad del personaje, y de la novela.

En la Segunda parte (recuerden que en la Segunda parte del Quijote los personajes han LEÍDO el primer Quijote, y conocen la historia de Dulcinea…), la Duquesa evoca lo leído (que no es otra cosa que la vida de Don Quijote): “si mal no me acuerdo, nunca vuestra merced ha visto a la señora Dulcinea, y esa tal señora no es en el mundo, sino que es dama fantástica, que vuestra merced la engendró y parió en su entendimiento, y la pintó con todas aquellas gracias y perfecciones que quiso.” A lo cual Don Quijote le responde: “Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, y si es fantástica o no ha de serlo”.  Y agrega lo siguiente: “Si yo pudiera sacar mi corazón y ponerle ante los ojos de vuestra grandeza, aquí sobre esta mesa y en un plato, y quitara el trabajo a mi lengua de decir lo que apenas se puede pensar, para que vuestra excelencia la viera en él toda retratada…”

Dulcinea es el retrato de un sentimiento, su condición de existencia es artística, por lo tanto artificial, y por ello mismo gozosa para los lectores.  Como dijo Oscar Wilde, la vida imita al arte y no el arte a la vida.

Recién en el cap. XXV, Sancho se entera de la verdadera naturaleza de Dulcinea y dice: ¿¡Que la hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales es la Señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo, cortesana y brutona!?”

Por eso, cuando Don Quijote le pide que la encuentre, Sancho elige una labradora cualquiera y se la señala como Dulcinea, ante lo cual Don Quijote se pierde en lágrimas, y la considera ahora encantada, pero a la inversa. Es un cuerpo que ya no tiene lengua. Por eso dice: “estoy más para llorarla que para describirla”.

Y continúa: “Dulcinea encantada, convertida de princesa en labradora, de hermosa en fea, de ángel en diablo, de luz en tinieblas y (el que más me gusta), de reposada en brincadora.”

Para desencantarla, burlándose de ellos, le dicen a Sancho que debe darse mil trescientos azotes en sus valientes posaderas. Y Don Quijote, a lo largo del camino de vuelta a la aldea, no  hace más que rogarle a Sancho que cumpla con la condición del desencanto.

Y le dice: “Si ella vuelve al ser perdido, mi vencimiento habrá sido felicísimo triunfo.”

El ser perdido es aquí el otorgado por quien no tiene más que surtidas palabras para crearlo.

Y esta es la entrega de Don Quijote: los seres del decir que van poblando nuestro mundo.

Y el encantamiento del mundo con lo que se dice.

¿Pero a dónde irían a parar todos esos nombramientos sin la lectura que les diese vida?

Los lectores del Quijote formamos parte de la novela, porque así como en el Segundo Quijote, los personajes leyeron el Primero, nosotros lectores seríamos los personajes siguientes encargados de perpetuarlo.

Por eso les digo que Don Quijote y sus mujeres están esperando que los lean, porque así como un clásico es un libro que está vivo, también es el que renace en cada lectura como nuevo.

 

Silvia Hopenhayn

XLIII – Lecturas Culturales

Segunda entrega:

En la segunda entrega Silvia Hopenhayn se refiere a la pastora Marcela, la linda. La define como “afable y hermosa, rica y recluida”. Era tan deseada por los hombres, que se disfrazaban de pastores para poder estar cerca de ella. Hubo uno, Crisóstomo que se suicida por su amor y pide ser enterrado allí donde la vio por primera vez. Marcela asiste a su entierro y   los reunidos alrededor de la sepultura le preguntan:¿ A qué vienes? Ella responde: “el verdadero amor ha de ser voluntario y no forzoso”, no por ser amada está obligada a corresponderles y agrega: “Que si a Crisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Silvia Hopenhayn afirma: “Un verdadero alegato postfeminista”.

 

 Florencia Vidal Domínguez

 

 

MUJERES DEL QUIJOTE / Salón Dorado del Teatro Colón

En esta “dorada” tarde, me referiré a la pastora Marcela, a la joven Altisidora y la amada Dulcinea. Por orden de aparición, la linda, la guacha y la fea

La linda no es Dulcinea, sino la Pastora Marcela. Uno de los personajes más entrañables de esta historia, y más inteligentes.

El discurso de Marcela frente a la sepultura de su amante no correspondido, el pastor y estudiante Grisóstomo -rodeada de todos los hombres que lo acompañan en su entierro compadeciéndose de él, ya que también hubieran querido ser amantes de ella-, es un verdadero alegato postfeminista.

Su historia la empieza a contar el cabrero Pedro en el capítulo XII. Según el cabrero, en la aldea más cercana había muerto el famoso Grisóstomo y “murió de amores de aquella endiablada moza Marcela”, quien a los 14 años de tan bella “nadie la miraba sin bendecir a Dios”. En medio del cuento, Don Quijote estimula al cabrero para que siga contando, elogiando su don de la narración. Nuestro héroe es también un crítico de la oralidad.

Marcela, huérfana a temprana edad, había quedado a cargo de un tío rico y sacerdote. En vez de casamiento y estudios, ella prefirió el retiro, más natural que espiritual: se volvió pastora y se fue al campo a cuidar ganado: “Y no se piense que porque Marcela se puso en aquella libertad y vida tan suelta y de tan poco o ningún recogimiento, que por eso ha dado indicio que menoscabe su honestidad y recato. Antes es tal la vigilancia con que cuida su honra, que cuantos la solicitan, a ninguno le ha dado alguna pequeña esperanza de alcanzar su deseo. Y con esta manera y condición, por su afabilidad y hermosura, hace más daño en esta tierra que si por ella entrara la pestilencia.”

Marcela es afable y hermosa, rica y recluida. No quiere estar con nadie y todos desean estar con ella. Por eso la culpan, la injurian, y si hubiera existido en aquel entonces algún vituperio de diagnóstico, le hubiera caído el mote de histérica. Pero hubo peros… como escribió Guimaraes Rosa. Ellos no soportaron que una belleza semejante se internase en la montaña. Se dispusieron, Grisóstomo el primero, a disfrazarse de pastores, y a rondar por los bosques de hayas, tan prósperos en la península ibérica, donde “ninguna hay que en su lisa corteza no tenga grabado el nombre de Marcela”. Estos hombres desesperados por su hermosura, ¡graffitiaron todo el bosque!

Entre ellos, el único que se suicidó por amor, -si es que se puede llamar amor al mero anhelo-, fue Grisóstomo.  El relato de Pedro termina con la siguiente aseveración: “todo lo que he contado es de averiguada verdad”. ¿Cuál es la verdad desde la que se cuenta? Yo creo que la verdad despunta, y un buen cuento la entrama.

En el capítulo siguiente, el XIII, Don Quijote asiste al entierro de Grisóstomo, ya conociendo su historia. Pero en el camino sostiene un diálogo particular que refiere a las mujeres de los caballeros, ya no en la vida real sino en los relatos de caballerías. Don Quijote establece que todo caballero debe tener una dama de sus pensamientos a quién dedique sus batallas.

El ocasional compañero de diálogo, refuta su teoría, y le dice “Yo tengo para mí, que no todos los Caballeros andantes tienen damas a quien encomendarse porque no todos son enamorados”. Interesante lectura que desconcierta y perturba a Don Quijote, para quien con sólo nombrar a alguna vecina Señora de sus Pensamientos, el caballero ya está listo para librar batalla. Pero eso no significa que esté listo para amar. Es la amada de sus pensamientos, no del corazón… De todas maneras a ella le dedicara sus proezas y será ella quien las justifique. Por eso, Don Quijote le responde al caminante:: “No puede ser que haya Caballero andante sin dama, porque tan propio y tan natural les es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas.”

No es lo mismo una estrella que guía que otra que encandila… Como no es lo mismo una mujer idealizada que una poseída…

Por otra parte, quisiera detenerme en lo que le dice el caminante que se encuentra con Don Quijote al borde de la tumba de Grisóstomo, el “Yo tengo para mí”, que es un recurso muy cervantino. Esa frase me resonó muy cercana, por no decir borgeana… Es el memorable giro enunciativo que emplea Borges, quebrando su cuento Emma Zunz, al hacer que aparezca un “yo” que nada tenía que ver con el asunto. Emma Zunz, otra gran mujer de la literatura.

Y es cuando el narrador, en el cuento de Borges, que hasta entonces se mantenía en una discreta tercera persona, en el medio de la historia dice: “Yo tengo para mí”. ¿Con qué derecho viene el yo a discutir las razones por las que Emma Zunz quiere asesinar a su patrón? ¿Quién es ese yo que aparece para torcer el cuento y luego desaparece por completo? Borges, cultor del Quijote, se sirvió bellamente de sus libertades enunciativas.

Vayamos al testamento de Grisóstomo, quien pide que lo entierren en el mismo lugar donde vio por primera vez a Marcela Otro despunte de la verdad para hacerse cuento: la primera vez.

Algo real que detona la invención. Como el primer café que Joyce tomó con Nora, cuyo día se perpetuará en el Ulises, la famosa y única jornada de la novela, el 16 de junio de 1904. O  Beatrice para Dante, que apenas con un parpadear desde su ventana, le hizo ver la Divina Comedia.

Pero la primera vez de Grisóstomo lo llevó a la tumba: allí donde la vio por primera vez quiso quedarse enterrado para siempre: “para que lo depositasen en las entrañas del eterno olvido”.

A su entierro acude nada menos que Marcela, que no aparece desafiante, pero los hombres la consideran una amenaza. Ella sólo quiere darle voz a su misterio.

Ellos, reunidos alrededor de la sepultura, le dicen: “Con tu presencia vierten sangre las heridas de este miserable a quien tu crueldad quitó la vida.  ¿A qué vienes?”

Marcela responde audaz en el capítulo  XIV: “Hízome el cielo, según vosotros decís,  hermosa y de tal manera que a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso  es amable; más no alcanzo a entender que por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo y cae muy mal el decir: quiérote por hermosa, has de amar aunque sea feo. Pero puesto el caso de que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran, que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad, que si todas las bellezas enamorasen sería un andar de voluntades confusas y descaminadas sin saber en cual habrían de parar, porque siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habrían de ser los deseos. Y según he oído decir, el verdadero amor ha de ser voluntario y no forzoso.”

Al final de esta historia, Don Quijote empuña su espada y dice “que nadie se atreva a seguirla por la montaña”… ¡Y él mismo se ofrece para protegerla! La lengua desata y enlaza. Quijote, más que loco, es vivo…

 

Silvia Hopenhayn

XLII – Lecturas Culturales

En esta ocasión, la escritora Silvia Hopenhayn nos trae a viva voz, engalanada desde las aristas del salón Dorado del Teatro Colón, una conferencia que será dividida en cuatro entregas.

En la introducción Silvia nos cuenta, cómo fue tramándose su singular relación con el Quijote.

Luego, en las entregas posteriores, hará referencia a las tres mujeres del Quijote. Las presenta de tal modo, que la pastora Marcela, la joven Altisidora y la amada Dulcinea, evocarán con todas las resonancias de la lengua, a la linda, la guacha y la fea.

Del mismo modo en que su padre ofreció la letra para la invención, hoy Silvia nos acerca con sus palabras, la posibilidad de soñar en esta vida, esa que sobrevuela y trasciende todos los tiempos.

 

Primera entrega:

El Quijote llegó a oídos de Silvia a través de la voz de su padre, quien en las noches de su infancia, le obsequiaba en cada palabra relatada una entrega singular: la letra para que la invención haga del sueño vida. 

La lengua al galope traza la vida misma que deviene existencia. Silvia destaca lo maravilloso del Quijote: la invención de un nombre, justamente como la libertad que se engendra en prisión, precisa. Es la libertad intelectual que trasciende, y va más allá de las cosas, hacia la riqueza de la lengua que vivifica en su valor de representación.

Impregnada de una libertad narrativa, en la cual, Silvia destaca cómo produce una felicidad de lectura que se entromete haciendo vacilar la finitud de la vida.

La libertad política, enlaza la locura con aquello que clama por lo propiamente humano para finalmente, llegar a la libertad amorosa, aquella cruzada propia de Silvia: Las mujeres del Quijote. La pregunta por la lengua y el amor se imponen.

Finalmente, ella nos orienta: señala que los amantes vienen del amor a la lengua y, justamente se ama, habiéndose investido en el inevitable baño de la misma. 

 

Andrea Améndola.

 

 

MUJERES DEL QUIJOTE / Salón Dorado del Teatro Colón      

Mi relación con el Quijote se remonta a los tiempos de infancia, y éstos a su vez a épocas más remotas de transmisión oral, cuando los relatos llegaban por los oídos. Ya que mi padre, durante varias noches consecutivas, me fue contando los distintos episodios del Quijote, como si sus hazañas me infundieran coraje para ingresar en el mundo de los sueños, un lugar tan vasto y desconocido donde precisamente el lenguaje creaba formas nuevas, desvelando reminiscencias. Nuevos signos daban cuenta de la realidad representada. De allí que la descripción que hace Michel Foucault del Quijote en su ensayo “Las palabras y las cosas”, me resultase tan cercana: “Ese largo grafismo flaco como una letra, que acaba de escapar directamente del bostezo de los libros.” El bostezo no es sólo aburrimiento en relación a su diatriba contra los libros de caballerías, también es bostezo como iniciación al sueño. Fíjense que “Alicia en el país de las Maravillas” comienza su aventura refunfuñando contra los libros –en su caso, contra los que no tienen imágenes-, y de ese hartazgo o cansancio, le adviene un sueño.

El sueño puede ser la invención de los que se cansan y no solamente de los que añoran.

En mi caso, dormir escuchando el Quijote, era como soñar doblemente. Se invertía la premisa de Calderón de la Barca: el sueño ERA vida. Yo entraba en la vida del sueño lista para librarle batalla a los molinos del miedo.

Es lo que me resulta increíblemente bello y verdadero de la obra de Cervantes: el sueño como realidad de la vida. No la vida en un sentido biológico, -acotada al tiempo en que supuestamente estamos en este mundo-, sino a la que sobrevuela los tiempos. La vida de las palabras. Su trascendencia o raigambre. Como dice también Foucault, “el Quijote está hecho de palabras, pertenece a la escritura que yerra por el mundo…” Como si fuera una nebulosa de sentido que recorre la tierra proveniente del ascenso de los símbolos. Pero no a la manera de lo que hoy se llama “nube” con la ilusión de guardar la propia vida en un cielo virtual, a donde se “suben”, como si fueran partículas del alma, fotos, películas o documentos de Word. Eso es una idea acumulativa,  de archivo. El Quijote es acción y desprendimiento. La lengua como un corcel galopando en las llanuras de la existencia.

Cada vez que nombra, se desprende de lo que antes no tenía nombre o lo llevaba impuesto o impostado. Incluso cuando se nombra a sí mismo, Don Quijote, se desprende durante toda la novela, del que recibió al nacer, Alonso Quijano, y nosotros mismos los lectores, nos olvidamos de que El Quijote es un nombre inventado por el propio Alonso Quijano para vivir otra vida en la que se le está acabando.

El cuerpo mismo puede ser una cárcel sin las palabras que lo liberen de su condena.

En este sentido, no deja de sorprender que la idea de esta novela fuera concebida o “engendrada”, como dice el propio Miguel de Cervantes, en prisión. Durante los tres meses que el escritor pasó en la cárcel Real de Sevilla. Tres meses de encierro para crear la novela de mayor libertad.

Libertad intelectual. Dice el propio Cervantes: “Esta escritura no mira más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo tienen los libros de caballerías”. La ficción decepcionante de las epopeyas lo lleva a Cervantes a enriquecer la lengua en su poder de representación. Como señala Chesterton en su “Defensa del desatino”: Mientras consideremos a un árbol como cosa obvia, natural y razonablemente creada para alimentar a una jirafa, no podemos maravillarnos cabalmente de él. Cuando lo consideramos como prodigiosa ola de tierra viviente que se alarga hacia los cielos sin ninguna razón particular, sólo entonces nos quitamos el sombrero frente a él.” Por eso Don Quijote es una novela tan vital y divertida, depura y puebla de signos el mundo, lo significa.

Libertad narrativa. Es la primera novela moderna de la historia, y realmente se la puede seguir leyendo como la última, de tantas libertades que se toma, como la de que el propio autor en el capítulo VIII quien, al no saber bien cómo sigue la historia de su personaje, la encuentra en una suerte de mesa de saldos, ya escrita por un tal Cide Hamete Benengeli, y en arábigo.

O sea que a partir del capítulo IX,  estamos leyendo la transcripción que hace al español un joven morisco a quien el autor le pidió que se la tradujese. Por eso se dice que El Quijote es una historia transcripta, tema que retoma Borges, en su cuento “Pierre Menard, autor del Quijote”.

El propio personaje, más adelante, se refiere su creador como “al sabio que se le ocurrió escribir mis hazañas…” Estas vueltas son innumerables, sobre todo al pasar del primer Quijote de 1605 al de 1615. Algo parecido ocurre en la segunda “Alicia”, cuando nos adentramos en el espejo… En La Segunda parte del Quijote, los personajes que aparecen, dentro de la novela, (entre otros, El caballero de los Espejos), ¡han leído la primera parte del Quijote! Esta libertad narrativa produce una felicidad de lectura, como si el texto atravesara la finitud de la vida, haciendo que los personajes de ficción pudieran perfectamente entran en contacto con ella (y es lo que hará de manera formidable Macedonio Fernández en una novela que podría ser considerada como nuestro Quijote del futuro: “Museo de la novela de la Eterna”, donde los personajes de ficción hablan con los de la Vida).

Libertad política. El Quijote es casi como una cruzada humanística, con sus cuatro propósitos enunciados en el capítulo II, antes de su primera salida, a saber: “agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sin razones que enmendar, abusos que mejorar y dudas por satisfacer.”

En cualquiera de sus proezas, también llamadas locuras, se cumplen algunos de estos propósitos. Por otra parte, subyace la historia como fondo social, con las penurias económicas, abusos y  manipulación del poder. Es el siglo de oro español, pero también de la Conquista y de la Inquisición.

Libertad amorosa. Llego ahora a mi propia cruzada, Las mujeres del Quijote. En esta novela hay casi tantas mujeres como hazañas lleva a cabo el caballero andante. A veces ellas mismas son la hazaña -cuando no ponzoña…

Cervantes deja librado el amor a la lengua. Aquí se desliza un equívoco: ¿es amor a la lengua o es la lengua que ama? Podríamos pensar que el amor a la lengua engendra amantes y la lengua que ama inviste a la amada…

Las mujeres del Quijote no salen a pasear tan a menudo. Si bien se han realizado muchos ensayos y conferencias sobre ellas, suelen relegarse a congresos feministas o estudios específicos sobre la mujer en la literatura. Son más frecuentes las alusiones al Caballero Andante y su fiel escudero Sancho Panza. Y en todo caso, a la mujer idealizada, a su Dulcinea. Un relincho de Rocinante llega a tener más alcance que los berrinches de la provocativa Altisidora.

Elegí tres personajes femeninos para esta ocasión, pero como dije antes, las hay muchas y muy buenas, para todos los gustos, frescas, regordetas, adustas o rozagantes. No voy a explayarme sobre tres de las mejor nombradas por Cervantes,  la princesa Micomicona, Quiteria la mujer quitada, o la asturiana Maritornes, cuyo aliento olía a ensalada fiambre trasnochada, mientras que al Quijote le parecía que arrojaba de su boca un olor suave y romántico…

SIlvia Hopenhayn

XLI – Lecturas Culturales

Parte III, Efectos de lectura interminable

En esta última entrega, Marco hablará de la fidelidad a la ausencia en Beckett. La inconmensurable necesidad  de un relato en sí, no de tal o cual relato. A través de todas sus obras trabajará esta necesidad de decir palabras mientras las haya. Se trata de un juego de posibilidades  de escucha de relato, que recuerda la fórmula lacaniana del no cesa de escribirse.

Angela Vitale

 

T : ¿Por qué cree usted que su lectura produce ese efecto de interminable, quizá como la de William Faulkner o la de Maurice Blanchot?

ZM:  Es un lujo responder a preguntas tan sugerentes. Empezaré por señalar la afinidad entre Blanchot y Beckett en lo que respecta a esa posición inaudita de escritura más allá de la pérdida de la esperanza, una concepción de la palabra que se tiene que hacer cargo de una radical ausencia inaugural que implica al lenguaje en cuanto tal, a una imposibilidad en el nombrar mismo a la vez que su urgente necesidad; una concepción que corre paralela a una desubicación compartida con respecto al ser y a la existencia, algo que en Beckett se expresa desde el no ser nacido a la vida y en Blanchot desde la presencia en la ausencia o de la vida desde la muerte. Hay aquí una proximidad que creo tiene como principal consecuencia la permanente labor de desmontaje al que ambos someten al lenguaje.

Es inevitable que derive de ello un efecto de infinitización, de despliegue interminable. Leemos en Thomas el oscuro: “… habiendo abandonado lo que todavía puede representarse, añadir indefinidamente la ausencia a la ausencia y a la ausencia de la ausencia, y a la ausencia de la ausencia de la ausencia, y así, con esa máquina aspirante, hacer desesperadamente el vacío”. ¡Cómo no pensar en la escritura de Beckett! Es desde la asunción de la imposibilidad de la representación que el resultado no puede ser, como decíamos, nihilista sino, por el contrario, una actividad imparable.

Siguiente paso. Decimos con Blanchot que la escritura es la imposibilidad de la escritura, pero a continuación esto lo invade todo. Sólo el reverso posibilita el pensamiento del anverso, y así hasta el infinito. Y es siguiendo esta línea –de la que creo que se benefició en exceso la deconstrucción– que encuentro una diferencia fundamental entre ambos escritores. Lo expongo como conjetura, pues mi conocimiento de Blanchot es relativo.

Es algo de lo que de momento no puedo desprenderme, se trata de lo que creo es una posición contradictoria sobre la asunción de la imposibilidad.

Por un lado hay una necesidad de que se efectúe de manera radical. Por otro, el impulso, que habla de todo lo contrario. Podemos leer la posición teórica en el capítulo de La comunidad inconfesable titulado El principio de incompletud, donde Blanchot retoma afirmaciones de (Georges) Bataille. Habría comunidad porque en la base de cada ser hay un principio de insuficiencia. Se derivaría una posibilidad de existencia sólo a partir de la imposibilidad de ser él mismo, por tanto, de una relación no cancelable con la exterioridad.

El resultado es un movimiento donde volvemos a encontrar el eco de la poética beckettiana: “… sólo componiéndose como si se descompusiera constante, violenta y silenciosamente”. Pero este reclamo de comunidad proviene también del impulso a la comunión, a la fusión. Y esta paradoja, que tan lúcidamente desvela Blanchot en su texto, no deja de afectarlo. Ésta es mi impresión leyendo Thomas el oscuro, todo él articulado a partir de imágenes de completud, de goce, de circularidad, de indiscernibilidad, de relación fusional, de indistinción entre los cuerpos… donde lo hueco está demasiado lleno de cuerpo, algo que termina siendo en cierto sentido mucho más joyceano que beckettiano (acordémonos por ejemplo de aquella máxima según la cual la ausencia es el estatuto máximo de la presencia, de ahí que Joyce pudiera estar sobre todo en Dublín, estando en el exilio).

Creo que aquí deja de ser la lógica de la imposibilidad la que domina, es más bien su reverso, y se termina colando lo que intentábamos desalojar a toda costa, la presencia. Me refiero, desde la perspectiva lacaniana, al goce, es éste el que impera, plasmándose en lo sublime que es la muerte: tengo la sensación de estar, viviendo, infinitamente más muerto que muerto. En definitiva, un régimen incompatible con el deseo, que alcanza el paroxismo de algo horroroso debido precisamente a la ausencia absoluta de deseo, según leemos en dicha novela. No quiero decir que esta paradoja esté ausente en Beckett, está presente en los personajes que hacen reverso el uno del otro y en muchas otras cosas, pero no es éste el movimiento de su obra. ¿Qué comunidad hay en los personajes de El despoblador? ¿Qué función tiene el Otro en Beckett?

El despliegue matemático de posibilidades pacifica, pero sin dejar de ser en sí mismo algo aterrador. La fidelidad a la ausencia en Beckett es inigualable, me parece. Elimina toda retórica, como usted decía, dejando que ello hable, por eso está alejado del pensamiento filosófico, del ensayo… sólo le queda la necesidad de plasmar cómo es, cómo se compone su descomposición, de manera estricta, cada vez. Podemos tomar ahora algo que ya adelantaba en otra respuesta: la necesidad de relato. Nos puede servir para pensar el efecto de interminable que encontramos también en Faulkner.

Podríamos pensar en el chorro de la conciencia del monólogo interior, que tiene algo de inagotable per se, pero que no está puesto en Faulkner al servicio de agotar las posibilidades de lo dicho mediante la suma al infinito de sistemas de coordenadas, como podríamos leer en Joyce, no; cuanto más relato, más exigencia de relato, más posibilidad de enriquecimiento ilimitado. Siempre puede pensarse en otro narrador que aporte ad infinitum su parcialidad al conjunto inconcluso.

O también la posibilidad infinita de multiplicación de los fragmentos de memoria, como ocurre en el deficiente Benji, en función de sus leyes sensoriales, que podría no acabar nunca… Pero ese recurso a la imaginación es ajeno tanto a Joyce como a Beckett, lo que no impide que encontremos en Beckett una inconmensurable necesidad de relato. ¿De qué relato se trata? De la necesidad de un relato en sí, no de tal o cual relato. De hecho, éste puede no darse o ser totalmente incongruente, esto es secundario. Recordábamos el artículo de Kaltenberg donde cuenta la necesidad del niño Samuel de oír noche tras noche el mismo cuento de boca de su padre, el relato como único calmante posible para sus terrores nocturnos.

¿Cómo trabajará esta necesidad? Tenemos al principio de la obra de Beckett a sus personajes, escritores, produciendo relatos –aquella necesidad de decir palabras mientras las haya, según se dice en la trilogía–, que alcanzará después un extraordinario desarrollo formal. Se trata de un juego de posibilidades de escucha de relato que no deja de desplegarse, que recuerda tan literalmente, como veíamos, la fórmula lacaniana del no cesa de escribirse. A partir de ahí, multiplicidad formal.

En Final de partida, Hamm se ejercita en la posibilidad de fabricar un relato como prerrogativa del ejercicio del poder, estando los súbditos sometidos a la escucha del mismo. En La última cinta, la escucha del relato de uno que ya no es uno (la imposibilidad de la presencia), escucha de la que Krapp (basura, crap) se defiende hasta encontrar el pasaje que terminará capturándolo. En Cómo es, según las tres variaciones de la extracción mediante tortura de relato como sustento vital.

En Compañía como fragmentos de relato de vida, voz que llega a alguien sin poder afirmar si es de él del que hablan, ni si es a él a quien se dirigen. En Impromptu de Ohio, el ritmo de la lectura, su escucha, la pausa y la repetición… En fin, la puesta en acto de la disgregación es inacabable, un empuje a desplegar que se renueva en cada texto ofreciendo una articulación diferente. ¿Pero se trata de una nueva metástasis expansiva del lenguaje o, más bien, del infinito sustractivo, aquel que busca cernir de manera más precisa, más cercana, la llaga de lo real?

Creo que lo interminable de Beckett tiene este último matiz que lo vuelve tan extraordinariamente seco y certero. Sí, su tipo de infinito es el sustractivo.

Trabajando en la imposibilidad que se estrecha, Beckett es el relojero que está obligado a quitar piezas del mecanismo hasta dejar sobre la mesa un nuevo aparato, componiendo musicalmente a partir de un mínimo que disminuye, cada uno con unas leyes precisas, surgidas de su propia escucha, para sorprendernos con obras tan geniales y aparentemente dispares como Quad o Una tarde, geometrías de la palabra bordeando el agujero.

XL – Lecturas Culturales

Parte II: Lacan y Joyce

En esta segunda entrega, Marco continúa diciendo que Lacan utiliza a Joyce para un hacer distinto que nos enseña casi desde el más allá de la locura.

Joyce sufre de algo semejante a la  imposición de la palabra, un fenómeno psicótico, y sin embargo no desencadena propiamente una psicosis.

Joyce describe un sorprendente hacer con lo real, que le sirve a Lacan para elaborar el concepto de sinthome, un saber hacer con la letra en tanto cosa, sin pasar por el sentido.

Este saber hacer de Joyce apunta a un final de análisis mas allá del sentido, por fuera del registro fálico, abriendo esto la posibilidad de una invención que Lacan luego la haría generalizable, una enseñanza para todos.

Lo que cada uno de estos escritores, Beckett y Joyce, aportaron   al ámbito lacaniano, fue acerca de lo real lacaniano, dos modalidades de trabajo sobre los dos bordes del fuera de sentido, en Joyce despreciando el registro fálico, porque carece de él, pulverizando la letra   y creando otro tipo de vida-letra y en Beckett asumiendo la posición de desamparo expresada en la necesidad de escritura, haciendo de ello un síntoma, hacer del no poder una continuidad, hacer del no cesa de escribirse su tratamiento ante la fractura de la existencia.

Angela Vitale

 

ZM: Será inevitable referirnos ahora a la vía Joyce para imaginarnos la otra como posibilidad. Esto exige un pequeño desvío. Veamos en qué punto Lacan utiliza a Joyce para un hacer distinto que nos enseña casi desde el más allá de la locura. Joyce hace algo con esa litter que es para él la letter, sin ser invadido por ella. Hay innumerables citas de sus obras y también testimonios directos que lo atestiguan. Joyce sufre de algo semejante a la imposición de la palabra, un fenómeno psicótico, y sin embargo no desencadena propiamente una psicosis. Joyce describe un sorprendente hacer con lo real que sirve a Lacan para elaborar el concepto de sinthome, un saber hacer con la letra en tanto cosa, sin pasar por el sentido.

Digamos que ante la falla abierta en la operación de significación, Joyce se las apaña para que su edificio no se derrumbe. Pone en acto un tratamiento con el goce mortífero de la letra como esquirla de lo  real, como astilla que se clava, sin recurrir al sentido, al argumento, a lo que hasta entonces eran las herramientas básicas de la novela. Joyce crea las suyas propias.

Por último, dado que siempre quedan al final de un análisis restos sintomáticos, este saber hacer de Joyce ilustraría un final de análisis más allá del registro del sentido, por fuera del registro fálico. Joyce abriría la posibilidad de una invención en el tratamiento de lo imposible, una invención que Lacan va a considerar a continuación generalizable, una enseñanza para todos.

No creo que se pueda hablar en Beckett de nada parecido a la imposición de la palabra, su camino parece más bien el inverso, el de desasirse de una imposición de sentido. Podríamos pensar de este modo la necesidad de prescindir de la lengua materna, cargada en exceso de significaciones, de sonoridades poéticas, una lengua proliferante incompatible con la reducción beckettiana.

¿Es una respuesta al estrago materno, entendido de manera ampliada como saber en tanto estrago, incluso de Joyce en tanto estrago? ¿Ilustraría entonces un momento conclusivo del camino analítico del neurótico? ¿Podría pensarse en algo así como un sinthome a lo Beckett? Esto es lo que acaba proponiendo Suzanne Dow, un hacer desde el no saber hacer ahí, que es lo propio de la posición diferencial de Beckett respecto a la omnipotencia de Joyce: no saber, no poder, fracasar siempre… pero continuar. Continuar una y otra vez sin variar este fundamento primero de imposibilidad.

Se trata de una posición que, como recuerda Leonardo Gorostiza, no tiene nada de nihilista (Badiou va todavía más lejos al hablar de inquebrantable deseo. Yo tengo mis dudas de que se pueda llegar a tanto). Quizá podría pensarse su revelación como el momento de puesta en marcha de su sinthome, de la estabilización de un anudamiento que le serviría para el resto de su vida. A partir de entonces su trabajo por mal decir lo que no se puede bien decir no se detendrá.

Me parece que esto es asumir la castración en un grado inaudito. Por último, Beckett encuentra en cada uno de sus textos formas diferentes de nombrar la fragmentación, el deser, desplegando incansablemente la fractura de un sujeto que no puede aparecer nunca como tal. Valga como ejemplo insuperable de parcialidad de la pulsión, de objeto recortado, la extraordinaria pieza teatral No yo, una boca accionada por una voz cuasi loca que, pese a la brevedad de la obra, parece imposible de detener.

Resumiendo: ¿cuál podría ser la particularidad de la aportación de Beckett al ámbito lacaniano con respecto a Joyce? Quizá podría pensarse en una suerte de asimetría con respecto al tratamiento de lo real lacaniano, dos modalidades de trabajo sobre los dos bordes del fuera de sentido. Uno, Joyce, desprecia el registro fálico porque, sencillamente, carece de él, y pulveriza entonces la letra que se clava creando otro tipo de vida-letra, lo que le permite obtener por el camino del arte una nominación.

El otro, Beckett, hace el esfuerzo analítico de desmontaje, y de desmontaje del desmontaje, sin otro fin que plasmarlo de mil maneras porque se mantiene frente al real previo de la fragmentación, pero la suya no es la de la letra sino la de la pulsión. Por eso creo que para Beckett no se trata de obtener una nominación, es algo de otro orden; no es tanto una invención porque está allí desde el principio, en la fractura a la que consigue identificarse en su epifanía.

A partir de ahí puede hacer operativo lo que estaba: asumir la posición de desamparo expresada en la necesidad de escritura, hacer de ello su síntoma, hacer del no poder una continuidad, hacer del no cesa de escribirse su tratamiento ante la fractura de la existencia.

T : ¿Existe algo así como una modestia extrema en este escritor, o eso forma parte de su leyenda?

Z : Parece claro que es algo que él rechazaría con profundo disgusto. No cabe duda que preferiría que habláramos de su obra, y así, para su horror, no dejaría de agrandar su leyenda. En fin, sí, Beckett se veía como un vago: hacer del Belaqua de Dante un alter ego lo dice todo. Después, uno ve lo que escribió, este hombre que tenía en su máxima estima el silencio y que se ejercitaba en una escritura sustractiva, y se sorprende ante su volumen y densidad, por no hablar de su manejo de lenguas, de la paciencia para traducir sus propios textos, de su erudición en los más variados campos artísticos.

Quizá la modestia haya que pensarla en términos de sentimiento de culpa, un abismo más que probable. Creo que es difícil no hacerse esta idea cuando uno lee relatos de sus biógrafos o de sus amigos, algo que emerge también en su trabajo, en su exigencia, en su aspereza. Luego se construye la leyenda y nos quedamos tan tranquilos, hemos sabido utilizarlo para que no nos afecte. Se ve hasta en las traducciones al castellano, esa tendencia a dejar romo el filo cortante para que no haga sangre.

Esto me parece imperdonable, máxime cuando uno tiene las suyas y puede aprender de cómo lo hace él, nunca suavizando el original. Por eso haríamos mejor en reconducir la idolatría en acompañamiento, acompañamiento de sus textos, que es lo que tenemos. No edulcorar, no engalanar; ni leerlo como una metafísica, por favor. Son formas de protegernos del texto. Tampoco creo que se trate obviamente de intentar dar otra visión de su vida. Por lo que sabemos, sufrió una evolución importante: no era un joven modesto, él se vio después tan arrogante que denostaba los textos de esa época.

Esto queda bien reflejado en La última cinta. Pero, una vez que rechazó la posición del saber, la juvenil arrogancia dio paso a una proverbial modestia y a una gran generosidad de la que no pocos se aprovecharon. Esto es cierto, pero quién sabe del sufrimiento que lo motivaba, quién sabe de sus ambivalencias, de sus dificultades para el enfrentamiento. Mejor no ir por el camino de hacer de él un santo. No hay que olvidar que Beckett tenía también buen genio y detrás, tanto de su humor como de su inagotable desgarro, brota no pocas veces una más que considerable mala hostia. Pienso en Los días felices, en Final de partida, en Molloy… Hacer de él un cristiano, como se ha intentado, es un despropósito.

XXXIX – Lecturas Culturales

En esta oportunidad les acercamos una conversación que el escritor y psicoanalista español Zacarías Marco, explora del universo de discurso  de Samuel Beckett, extendiendo este dispositivo, a las afinidades o desencuentros con James Joyce, Maurice Blanchot, Willian Faulkner y particularmente con Jacques Lacan.

Esta conversación se publicará en tres entregas.

Parte I: que puede decir o dice el psicoanálisis de orientación lacaniana sobre los textos de Beckett y que nos enseñan y podemos aprender de ellos.

Zacarías Marco, destaca la escasez de trabajos de la obra de Beckett escritos por analistas lacanianos y menciona, antes de adentrarse en las referencias que da Lacan, entre otros a Nguyen, que investiga la perforación de Beckett en la palabra y su consagración a las voces fundamentales como un trabajo sobre el real lacaniano. Nguyen lee a Beckett investigando modalidades de repetición en la psicosis y sugiere pensarlo del lado de la melancolía.

Merece una mención especial Kaltenbeck,  que cruza los problemas de la clínica lacaniana con lo que puede aportar Beckett al psicoanálisis: su trabajo sobre los equívocos, la desconfianza hacia el lenguaje, la no relación sexual, la escritura como síntoma en acto ante la necesidad de un relato que calme.

Menciona tres referencias directas de Lacan y del lugar que este le otorga, como dominante en su época, como salvando el honor de la literatura.

Se destaca la afinidad entre la escritura de Beckett y el tratamiento de los restos, de los residuos con el desecho que es el objeto a, posición del analista.

Para terminar este parte, se puede decir que la conceptualización que hace Lacan previa al sinthome es coincidente con la vía de Beckett.

 

Angela Vitale

 

T : ¿Qué puede decir (o que dice) el psicoanálisis de orientación lacaniana sobre los textos de Beckett?

ZM : Esta pregunta me parece que exige un cierto desarrollo. ¿Qué nos enseñan los textos de Beckett? ¿Qué podemos aprender de ellos? Lo primero que me parece destacable es la sorprendente escasez de trabajos consagrados a la obra de Beckett escritos por analistas lacanianos, al menos hasta fechas muy recientes. Creo que no he leído nada con fecha anterior a 2005. A partir de ese año se ha producido un cierto viraje. Coincide con la fecha de la publicación del Seminario 23 de Lacan, por lo que es bastante probable que el impulso a escribir textos sobre Joyce haya arrastrado también los –no obstante, todavía poco numerosos– estudios sobre Beckett.

A partir de esa fecha diferenciaría entre aquellos artículos breves, o conferencias, que tienen un carácter introductorio y donde en general se aborda a Beckett junto con otros escritores, de aquellos trabajos en profundidad escritos por analistas atravesados de manera particular por la lectura y el estudio de Beckett. Podríamos señalar como pertenecientes al primer grupo una conferencia de Leonardo Gorostiza, Una letra sin más allá, de finales de 2005, o un artículo más reciente de Alejandra Eidelberg, Lacan, lector de Borges y Beckett, trabajos sugerentes pero necesariamente parciales dada su limitada extensión.

Pertenecientes al segundo grupo colocaría los trabajos de Franz Kaltenbeck (La psychanalyse depuis Samuel Beckett; Le symptôme en acte y L’extase déchiffrée) y los más recientes de Albert Nguyên (Les clefs de lalangue: Beckett, Cixous, Joyce et… Lacan; Beckett, le kioukanko-man y L’épasseur de langue essorée, Beckett).

Sólo he leído de Nguyên el primero de ellos, donde investiga la perforación de Beckett en la palabra y su consagración a las voces fundamentales como un trabajo sobre lo real lacaniano. Nguyên lee a Beckett investigando modalidades de repetición en la psicosis y sugiere pensarlo –creo que algo precipitadamente– del lado de la melancolía, a partir de la marca de un fracaso originario, algo que quedará siempre como la expresión de un invivible que a la vez está condenado a no poder prescindir de la vida. Pero son los trabajos de Kaltenbeck los que me parece que merecen una mención especial.

Kaltenbeck hila con extraordinaria finura las posiciones artísticas de Beckett –centradas en la emergencia de lo traumático– con las vivencias y recuerdos de Beckett, algo que hace tocando el texto sin apenas condicionamientos previos, como gran conocedor de su obra que es; en definitiva, leyendo a Beckett.

Y lo hace cruzándolo con los problemas de la clínica lacaniana, muy atento a lo que Beckett puede aportar al psicoanálisis: su trabajo sobre los equívocos, la desconfianza hacia el lenguaje, la no relación sexual, la escritura como síntoma en acto ante la necesidad de un relato que calme… valga como ejemplo el nexo que propone entre la lectura que le hacía su padre para calmarlo cuando era chico con el cuento El calmante, una relación con la producción del relato, con su exigencia incluso, algo que, como sabemos, atraviesa todo Beckett.

Por otro lado tendríamos las aportaciones de pensadores, no analistas, pero atravesados también por el psicoanálisis de orientación lacaniana, sean críticos literarios, lingüistas, filósofos, etc. Recogeré también alguna de éstas aunque no entraré aquí en aquellas otras (Alain Badiou, Llewellyn Brown, Slavoj Žižek) que excedan el interés clínico. ¿A qué puede ser debida dicha escasez, máxime teniendo en cuenta el volumen ingente de trabajos sobre Beckett realizados desde los más diversos ámbitos? La justificación –me temo que bastante sintomática– parecería provenir de la paralela escasez de referencias directas que Lacan dedica a Beckett. Se hace un poco inevitable referirse a ellas.

Trataré de entretejer a partir de ahí algunas cuestiones teóricas de la clínica. Contamos con al menos tres referencias directas: aparte de una mera alusión a Esperando a Godot en 1956, existe otra en la primera clase del Seminario 16, a finales del 68, y una tercera, el 12 de mayo del 71, que es la más comentada y que sería recogida en su texto Lituraterre.

Lo primero que sorprende es el contraste entre dicha escasez y el lugar mayúsculo que en ellas Lacan le otorga: en el año 68 deja caer que el genio de Beckett domina su época y tres años después va más lejos todavía al afirmar –al tiempo que lo coloca como su compañero de viaje– que Beckett salva el honor de la literatura (un año después, en L’Etourdit, se expresará en los mismos términos sobre Heidegger, salvando en su época el honor de la filosofía).

Tanto en el 68 como en el 71 el desencadenante inmediato ha sido el mismo, la referencia al cubo de basura (poubelle) y a la publicación (poubellication), lo que remite por un lado al juego joyceano entre letter y litter, entre la letra y la basura, y por otro al objeto a lacaniano. Contamos con un buen trabajo (Lacan with Beckett) de Suzanne Dow, una joven doctora en lenguas modernas y literatura francesa fallecida trágicamente hace dos años, donde desarrolla las implicaciones de ambas referencias.

Como es de fácil acceso me remito a él, pero sí me interesa destacar que su motivación es la no inclusión de Beckett como socio silencioso de Lacan en el libro que editó Žižek en 2006, The Silent Partners. Dow añadirá no sólo la necesidad de incluirlo en esa lista de Lacan sino también en la lista de Joyce. La lectura de este artículo, a pesar del sesgo de estudio académico, que echa de menos lo que ahora llamamos una orientación desde lo real, me parece de gran utilidad.

Intentaré vincularlo con una perspectiva más transversal, no sólo la del Lacan de esos años, para ver cómo podrían ser afectados a partir del estudio de los textos de Beckett problemas teóricos fundamentales. Me refiero al lugar del analista, al final de análisis y al tratamiento del síntoma.

Como no podía ser de otra manera se suele destacar la afinidad entre la escritura de Beckett, el tratamiento de los restos, de los residuos, con ese desecho que es el objeto a. Esto es, sin dudas, capital. Partiendo de ahí, el hermanamiento entre Lacan y Beckett se amplía también, como lo recordaba Évelyne Grossman en su artículo Il n’y a pas de métalangage (Lacan et Beckett), al discurso de la equivocación, del fracaso, del malentendido y de la denegación, algo que afecta incluso a lo que podría considerarse una obra. Beckett reduce la escritura al movimiento constante de agujerear la presencia, haciendo borde a un agujero en el saber, como apuntaba Alejandra Eidelberg.

Asistimos al trabajo que se abre desde la asunción del no saber / no poder sobre el borde de lo imposible y que se sostiene en una idea de artista, según expresara Beckett en su juventud, como aquel que se atreve como nadie a trabajar con el fracaso. Esta posición, de una radicalidad extrema, me parece por entero coincidente con la que Lacan sostiene sobre la posición del analista. Va de suyo, por tanto, que ambos compartan también una idea de sujeto absolutamente descentrada, fragmentada, innombrable-  en expresión de Beckett.

Decimos que el recorrido de un análisis aísla la matriz de goce con la que sostenemos nuestra existencia para confrontarnos con eso indecible que somos, con nuestra basura, produciendo una variación, una suerte de desprendimiento que nos libera del peso de las determinaciones del inconsciente.

Ésta vendría a ser la primera conceptualización del final de análisis (atravesamiento del fantasma) que Lacan elabora en las fechas de las referencias a Beckett. Desarrolla entonces el lugar del analista como el del objeto a, una posición orientada por el goce del sujeto y no por la relación transferencial del analizante con un supuesto saber. De esta manera se permitiría el surgimiento de aquellos significantes primordiales por los que el sujeto se hace representar, aquellos que determinan su inconsciente sosteniendo su padecimiento sintomático. Son años de intenso trabajo hacia una nueva noción de síntoma que se irá abriendo paso al tiempo que Lacan se introduce en la teoría de los nudos, donde terminará buscando apoyo en el hacer de Joyce a mediados de los años 70.

De su mano alumbrará el concepto de sinthome, que vendrá a modificar la rigidez de la clínica estructural previa. Pareciera entonces que Lacan abre y profundiza la vía Joyce y no la de Beckett. Bien, de acuerdo, pero aun siendo esto cierto, podríamos introducir algún matiz dado que toda la conceptualización lacaniana previa al sinthome es coincidente con la vía Beckett.

XXXVIII – Lecturas Culturales

Ricardo Coler y Carlos Dante García

Parte 4: “Cuando una mujer tiene varios maridos lo que importa es la familia”

 

C.D. G: ¿Pasamos un poco a la poliandria y a la poligamia? Sobre todo cuando tener muchas mujeres se articula a una causa religiosa, me interesan los mormones…

R.C: Todo el mundo dice que las mujeres que viven en un harem, que tienen un tipo que tiene muchas mujeres, la mujer está subyugada, está sometida por el hombre, que es una vergüenza. Pero yo no creo que nadie haya hablado con esas mujeres. Hay que darles una vueltita más… no es que estoy a favor de la poligamia, para poder terminar tranquilos (risas)

C.D.G: No extraigan de esto consejos u orientaciones para la vida…

R.C: Yo creo que el tema de la poligamia hay que verlo caso por caso porque trabajé con tres comunidades diferentes, unos son los Zulúes, otros son los mormones fanáticos y otros son una comunidad en Brasil, muy particular. Acuérdense que hay tantos mormones como judíos, el candidato que estaba compitiendo con Obama era un mormón y que tienen una influencia muy fuerte en los Estados Unidos porque son gente muy adinerada. Yo estuve con los fundamentalistas, los  tipos que dicen que para poder llegar al cielo tenés que tener una familia poligámica. Lo justifican desde el punto de vista religioso porque los mormones hablan con Dios directamente. El problema no es que el hombre hable con Dios, sino que le da respuestas.

C.D. G: Ahora vamos a la respuesta de Dios. Quería preguntarte si los mormones, más allá de lo que vas a explicar de la relación de la comunidad en los lazos entre ellos, porque en definitiva son comunidades de goce, Miller lo ubicaría de esa manera. Forman parte de las otras comunidades, de la comunidad de un gobierno, de la comunidad de una ciudad, lo que estoy preguntando es por algo que es muy llamativo, que es que el matriarcado permanece en un cierto sentido aislado, y la llegada de la autopista comienza a corroher esos lazos. En el caso de los mormones ya tienen una historia de bastantes años, no tanto pero tienen muchos años, pertenecen a comunidades, algunos viven aislados.

R. C: Estamos hablando de los Estados Unidos, ellos tienen una ciudad que se llama Colorado, ¿qué es lo que pasa? Como tienen problemas con la ley, hicieron una ciudad con una avenida en el medio, una parte está en el estado de Utah y otra parte está en el estado de Arizona. Cuando los persiguen de un lado se van al otro, en toda  la comunidad lo que  pasa es que se van a lo de los parientes de un lado y del otro. Es gente que vota, que paga impuestos, viven de la  asistencia social. Ahí sí la situación es complicadísima, me entrevisté con muchas mujeres que se escaparon de esa comunidad. Cuando el hombre tiene el poder absoluto, al poco tiempo arma una ley y lo arma de una manera totalmente diferente a cuando una mujer arma una ley de hombres. Una de las características es: “no te quiero escuchar”. Y siempre en lo que la mujer  tiene para decir hay algo que a los hombres les resulta inquietante y a veces difícil de comprender. Ellos lo tienen armado de una manera tal, que las mujeres lo relatan muy claro, cuando un hombre tiene muchas mujeres, tiene como una agenda un día una, un día otra, y son rigurosas. Las mujeres dicen que cuando llega el día y el hombre quiere tener relaciones, sobre todo piensa que tiene que tener relaciones, porque la fantasía masculina es que a las mujeres hay que calmarlas y se las calma con el sexo algo que tiene un resultado fatal, pero no las dejan hablar.

Cuando ella se pone a hablar el hombre se cansa y se va con otra mujer. Y deja en su casa a una mujer desesperada, que no dijo nada, que no pudo terminar de hablar con el 20% de su marido que le tocó en ese momento, no pudo contar los problemas de la casa, lo que siente, porque el tipo va,  tiene relaciones, y se escapa. La mujer se queda callada, la angustia se siente, parece sólido, las mujeres se quejan básicamente al principio de la otra, una competitividad absoluta, mucho sufrimiento.

C.D. G: Una cosa, ¿cuál es la ventaja que tienen las mujeres en ese contexto?

R. C: La enorme ventaja que tiene la mujer es que si comparte a un hombre con sus co-esposas, van al cielo.

C.D. G: ¿La única ventaja  está en el cielo?

R. C: Bueno, depende cómo les ha tocado la familia. Depende de cada familia, y, si uno escucha, en algunos matriarcados donde la familia se ha armado sólida, las mujeres se ayudan entre ellas, incluso hasta la pasen bien, se podría decir. Por ejemplo entre los Zulúes me llamó mucho la atención cómo las mujeres pedían otras mujeres, cómo ellas querían que el marido rápidamente busque una segunda o una tercera esposa. Cuando el marido se iba a trabajar a alguna ciudad no se quedaban solas, si se llevaban bien la pasaban fenómeno, además no tenían que soportar una sola a un solo hombre, lo compartían entre varias.

Les resultaba mucho más sencillo para una mujer tener otras esposas que tener que hacerse cargo de ese hombre una sola. Cuando uno está ahí, se da cuenta de la cuestión de la soledad, es enorme, las casas están muy separada  una de la otra, uno entiende por qué la mujer pide otra mujer, no quiere pasar la noche sola.

C.D. G: Se trata de la poligamia, un hombre con varias mujeres, ¿cuál es el estado físico, anímico de esos hombres?

R. C: Ese es un tema importantísimo, no es para tenerles lástima, pero es de una tristeza absoluta. Vamos a ver lo Zulúes, no los mormones donde la cuestión  religiosa  prima y es mucho más dura y sanguinaria. Pero entre los zulúes, es una sociedad donde uno puede entrar, es como si fuera un patio grande donde hay varias casitas y en cada una, una esposa. Están con sus hijos, de un lado para el otro, charlando entre ellas, atendiendo la casa, con mucha más gracia, y el hombre está en el piso de su casa solo sin que nadie lo joda. No quiere hablar con nadie, esto me parece que es una cuestión muy parecida a los relatos que hacen los hombres con las mujeres amantes, el tema del trabajo, el trabajo brutal en que termina convirtiéndose la fantasía de la vitalidad sexual, del goce sexual de tener muchas mujeres.

Me acuerdo haber entrevistado familias en Estados Unidos que no tenían estas comunidades cerradas sino que son mormones más liberales y el tipo decía, cuando la cosa anda bien, anda muy bien. Y cuando no, es terrible, no te puedes imaginar. Y la mujer dice: “nosotras somos a veces un poco locas y nos contagiamos y todas vamos contra él”. Y este hombre, como cualquier otro hombre….. le permite al hombre  sostener la virilidad al ir cambiando, uno se va a mantener más sólido, más fuerte, sexualmente. A la larga, en las sociedades donde los hombres tienen un harem, el trabajo del hombre es terrible. Si quiere vivir en una casa donde más o menos haya cierta paz, tiene que tener relaciones con todas, tiene que hacer el mismo regalo a todas, si pasea con una tiene que pasear con todas las demás. Tiene que atender los problemas de cada una de ellas. Tiene que acordarse de todas las fechas. Yo no podría decir que vi a uno contento, por ahí sí al principio cuando consigue una nueva mujer y piensa que con la nueva algo va a cambiar.

C.D. G: Tiene que mantenerlas a todas.

R. C: Por supuesto. Esa es  otra historia, a muchas mujeres les gusta formar parte de una familia de muchas mujeres porque eso significa que el marido tiene plata. Entonces se muestran como orgullosa frente a otras mujeres. La verdad es que es agobiante mantener una casa con tantas mujeres.

C.D. G: ¿Y la violencia? Lo que recuerdo es que hay una particularidad del fenómeno de la violencia entre ellas.

R. C: Si, en estas comunidades la situación de la mujer es mucho más compleja. Los mormones fundamentalistas tienen una costumbre de agarrar a los chicos de 15-16 años y los dejan en la calle. Es una cosa terrible la expulsión de adolescentes que son chicos con poca cultura, y los dejan en el camino y que se las arreglen. También la expulsión de las mujeres de los lugares, es muy común que el profeta de la comunidad diga: “esta mujer, esta mujer y esta mujer  dejan de  estar casada con vos y se van con todos sus hijos a casar con  este hombre, este hombre y este hombre. Yo no sé si hay una violencia de que el tipo les pegue a las mujeres, pero la otra es que las dejan en la calle, hay muchas historias de abuso infantil. El jefe de una comunidad, que se llama Walter, está preso porque se casaba con chicas de 13-14 años y se sacaba fotos, aún preso sigue mandando desde la cárcel. Hacen todo lo que dice, cualquier cosa, por ejemplo que los chicos no pueden tener bicicleta, o que durante todo un año no pueden tener relaciones sexuales, cualquier cosa que se les ocurra. Y lo llamativo es que no es un loco que está en la cárcel les está diciendo cosas, lo llamativo es que hay un montón de gente que le hace caso.

Lo llamativo son las comunidades donde las mujeres tienen 3-4 maridos, uno va a la casa de ellos y es una casa donde la mujer tiene su dormitorio y los hombres tienen sus cuartos, no tienen los sombreros, tienen las sandalias, entonces dejan las sandalias en la puerta, una noche pasa con uno, otra noche pasa con el otro y la otra con el tercero.

C.D. G: Una observación respecto de lo anterior de  los mormones. Cuando vos dijiste que eran muy estrictos, ¿es que están asignadas cada  mujer por cada día? ¿Eso quieres decir con estricto? ¿O es aleatorio?

R. C: No, es un esquema muy claro, una noche con una, otra noche con otra, no se pueden salir de eso. Lo que la mujer piden todo el tiempo en estas sociedades, una vez que acepto su suerte, es el equilibrio, mismo cariño para todas, misma atención para todas, misma sexualidad para todas, mientras se mantenga el equilibrio la cosa más o menos camina, cuando el equilibrio se rompe….. igual está el lío que se arma entre ellas, es brutal.

La idea del harem de varones, es una idea muy diferente a la del hombre cuando piensa en muchas mujeres, la fantasía del hombre cuando tiene muchas mujeres, es una actividad sexual constante y de alto voltaje.

La actividad de la mujer cuando  tiene varios maridos es totalmente diferente, ahí lo que importa es la familia. Ahí también se produce algo interesante porque un día salí a caminar con una de ellas y ella me decía que ella considera que nosotros somos unos irresponsables. Y les digo: “¿Pero por qué irresponsables? Vos vivís con 4 hombres”. “No, no, ustedes son unos irresponsables”. “Vos tenés tu cultura y yo tengo la mía, no somos iguales”. Y dice: “No, no, la mía es mejor”. “Pero, ¿por qué?”, y me dice: “Porque cualquier mujer que quiera ser una buena madre, necesita por lo menos tener tres o cuatro maridos, siempre va a haber pan en la casa, siempre va a haber tres o cuatro entradas de dinero, siempre va a haber un hombre para ayudarlas, se muere uno, el esta otro, ninguna mujer que sea responsable tiene solamente un marido”. Ahora, ¿cómo uno le contesta a eso? ¿Cómo le contesta por fuera de la moral, cómo uno contesta por fuera de la religión, cómo uno tiene la altura para decirle que lo que están diciendo es una locura? Sobre todo después de ver a los chicos, uno va a la casa de una mujer con tres hombres, y no es que está pintarrajeada, botellas de alcohol, escuchando música de jazz, no es que encuentra cualquier cosa en esa casa, es una casa como cuando vas visitar a tu tía, una familia donde la mujer hace la comida y los hombres….

Respecto de la comida  hay un dato del matriarcado muy interesante. Los hombres ayudan a los chicos en la tarea del colegio y está todo bien, cuando hablás con los hijos no es que los hijos terminaron dados vuelta, la mayoría se casa, las chicas eligen casarse con un solo hombre, pero están re contentas con sus tres o cuatro papás. Cuando vez que la cosa funciona bien….ni pensar si ellos vienen a vernos a nosotros, ellos por ahí si vienen a pasar una temporada a Buenos Aires, y visitar las mujeres de familias, escuchar las historias,  por ahí se sentirían con autoridad para decir que todas las mujeres tendrían que estar casadas con cuatro hombres, pero una vez que uno lo vio, no se les puede decir nada. Imagínense que una mujer viene con la historia de que está casada con 4 tipos, sale en todos los canales de televisión, llaman a todos los psiquiatras,  a los psicólogos que van a decir una boludez más, los  meten presos. La verdad es que la cosa allá funciona. Pero la mujer no tiene esa fantasía sexual, lo único que la mujer  tiene, o por lo menos lo que dice, es la cuestión de una familia sólida, una familia que se mantenga entre ellos, una familia que va a durar y que de hecho les va  muchísimo mejor que a los demás. Son menos divertidos ellos, hay una cuestión que si es posible el amor con tres hombres porque uno podría decir que por ahí tiene uno preferido. Por ahí el amor es con uno solo y es sexo nada más con los demás. Entonces uno se pregunta si a una mujer enamorada le da lo mismo tener relaciones con otros hombres. Si está enamorada de uno y lo hace con otro.

Muchas veces los hombres son hermanos entre ellos, o sea se casa con un grupo de hermanos. El hombre entra con la idea  al matrimonio de la hermandad, hace como un pacto a través de la vagina, y la mujer entra con la idea de la familia.

Hay que ver si cuando un hombre tiene muchas mujeres es posible el amor, si es algo que cabe.

C.D. G: Del lado de él, decís vos. Bueno, voy a dejar el espacio para las preguntas o comentarios respecto de la intervención de Ricardo. Podríamos abordar muchísimos otros temas psicoanalíticos de otros relatos, de otras observaciones que Ricardo ha hecho en sus libros y en su experiencia, pero bueno, quiero dejar espacio para las preguntas.

Público: Yo te quería preguntar una cosa respecto de la comunidad esta, que está en México en la que crían a algunos de los hijos como homosexuales. Pensar en torcer una disposición pulsional es, por lo menos, asombroso. El otro comentario es sobre los Mosuo, como tienen un sentido de propiedad diferente al que tenemos nosotros y si eso no es lo que tiene que ver con la reducción de la violencia.

R.C: Respecto de los que se llaman los Muchis, yo les puedo decir que hay un porcentaje enorme, enorme de homosexuales. Son muy valorados socialmente y en alguna parte funciona. Respecto de la cuestión de la propiedad…

C.D. G: La respuesta sería cómo se vive la pulsión en esa comunidad. Si es valorada la pulsión, está orientada de determinada manera.

R. C: Respecto del tener, es cierto que la propiedad que tiene un valor diferente, pero no se.

C.D.G: Una cuestión para ayudar a responder a esa pregunta. Hay que diferenciar el linaje, de la sucesión y de la herencia, cómo pasa el valor de la propiedad, los hombres nunca participan de un tener de la propiedad. De la madre a la hija, ese es el movimiento constante. No está tomando por la lógica del propietario donde lo que orienta la propiedad sería la satisfacción del tener, porque la lógica en ese caso, del matriarcado, no es por el tener, sino que es para proteger a la familia o para servir a la constitución de la familia. No es para la acumulación.

R.C: Está bien el nombre de matriarcado porque hace alusión a lo maternal.

Público: Una pregunta respecto de la comunidad de matriarcado en China, (inaudible)…

R. C: Es que el hombre no quiere vivir con sus propios hijos, yo digo que hay una subjetividad diferente, por eso digo que si la subjetividad diferente funciona, no existe una sola forma.

Público: Ahí existe una sola forma.

R. C: Hay existe  una manera. La última entrevista que hice fue aun hombre y le preguntaba todo el tiempo por los hijos y me respondía por los sobrinos,  no tenía manera de hacerlo hablar de sus hijos.

Público: Ellos tampoco saben quiénes son los hijos…

R.C: Aunque sepan, porque a veces saben por el tipo de relación que han tenido, por alguna circunstancia saben.

Público: Por el parecido…

R. C: Pero viste que los chinos son todos iguales.(Risas)  Por eso no saben

C.D. G: Ese es un prejuicio.

Público: En un momento hablaste de la violencia como constitutivo de lo humano en Freud y me quedé pensando si en estas sociedades matriarcales donde no hay violencia y la lógica no es de acumulación de riquezas, sino habría que pensar la violencia como constitutivo del capitalismo y del patriarcado, y no de lo humano.

R. C: Cuando fue la revolución cultural una de las cosas que Mao quería hacer era unificar culturalmente a toda China. Y avanzó sobre este pueblo, porque no quería el matriarcado. Mandó al ejército para que los hombres se casen. Se armó una cuestión donde los hombres se iban a vivir con mujeres y se escapaban para volver con la mamá. Muchos de los soldadosque fueron, fueron adoptados por el pueblo porque no había forma de modificar eso.

C.D. G: O sea el ejército se quedó.

R. C: Porque es lo mismo que a nosotros nos lleven ahora y nos obliguen a vivir en la casa de nuestras madres. Es impensable.

C.D. G: En la actualidad vivir en la casa de tu madre… implica que no sos hombre.

Público: Te quería hacer una pregunta, si sabés el promedio de vida de estas comunidades y después la seducción, ¿cómo es?

R. C: En el libro se dicen cosas muy importantes respecto de la seducción. Una cosa es el matriarcado y otra cosa es ser tonto. El momento de la seducción son los bailes que ellos hacen, donde se presentan las mujeres. Estamos hablando de mujeres que caminan así, sacando pecho, y con mucho don de mando y que va adelante del hombre durante el día. Cuando llega el momento de la seducción es impresionante, porque entranban cantando bajito, mirando para abajo, ofreciéndose como un objeto para el hombre. Y los tipos que antes estaban todo el tiempo bajo la sombra de esa mujer entraban con un despliegue mucho más fuerte, mostrando acá estoy yo. Es muy difícil para un hombre a la seducción con una mujer tan fuerte. Entonces ellas hacen…cambian, lo que hacen es  entran y salen.

C.D. G: Entonces cuando se acercan a la cama cambian. Cosa que no ocurre, hombre o mujer, estoy diciendo, cambian, se metamorfosean en el momento de acercarse a a la cama.

R. C: Una cosa es ser una mujer fuerte, otra cosa es ser una mujer fuerte las 24 horas del día. Es diferente, la mujer cuando está trabajando, cuando está estudiando, haciendo lo que sea, la relación a un hombre, que  cuando se va a la noche a la  cama Son dos posturas diferentes.Ellas las tienen muy clara.

Público: ¿Ellas seducen?

R. C: Absolutamente, y seducen de la manera clásica, tradicional, antigua medieval, vení ayúdame que yo canto así despacito. Es m,, voy a contar el efecto que es muy gracioso, porque cuando me invitaron a comer, y me levanto a lavar los platos. No, de ninguna manera, los hombres no pueden lavar los platos, los hombres no pueden hacer esas tareas. Pero cómo es esta relación en una sociedad matriarcal donde la mujer tiene todos los derechos, vos no decís nada, ¿Cómo es que ellas sirven la comida? Cuando una mujer tiene todo tan seguro, tan cierto, donde tiene un lugar tan importante en la sociedad, por ahí pueden  desplegar algunas cuestiones ancestralmente femeninas, como el momento de servir la comida, sin que en eso ponga en juego su valor, su lugar… Lo hacen tranquilas, ahora terminaste de comer empiezan: levantate y hacé todo lo que te digo.

Público: (inaudible)

R. C: Absolutamente sí.

C.D. G: ¿Entonces en esa ronda que hacían entraban los extranjeros también?

R.C: Es que no había extranjeros, el único extranjero era yo. Iba caminando por la calle principal y te agarraban, te llevaban a la casa y te daban de comer. Yo andaba con un traductor. Me llevaban a la casa, me daban de comer e inmediatamente llamaban a las amigas.

C.D. G: ¿Cuánto tiempo estuviste?

R. C: … Además tienen muy claro cuando a dos mujeres les gusta el mismo hombre quien se queda con el hombre, la mayor.

Público: O sea ¿no hay mucha violencia?.

C.D. G: Reducción de violencia.

Público: Una pregunta sobre el grito porque vos decís que no hay violencia pero sin embargo hay gritos, la mujer todo el tiempo le está gritando al hombre, ¿en qué lugar ubicasesto? Como violencia de palabra, de alguna manera, o como una (inaudible).

R. C: Yo creo que el tema del grito es algo muy parecido a lo que se ve en algunas sociedades poligámicas, es la mujer poniendo a trabajar al hombre. Le grita al hombre que está medio dormido.

Público: El grito es el ejercicio del poder.

C.D. G: Una orden.

R. C: Pero es un ejercicio de poder que no es “te someto a que me sirvas”. O no es que te someto sexualmente. Es “ponete a trabajar”. Los mormones, por ejemplo, manejan una parte muy importante de la construcción en Estados Unidos. Yo he visto casos de un tipo que se está construyendo él solo el pueblo, y tiene dos  mujeres que lo ponen a laburar todo el tiempo y están orgullosas de su marido.

Carlos García: Bueno, quiero agradecer a Ricardo la exposición, el comentario, el humor que ha tenido para transmitir, cosas que no son sencillas de transmitir porque producen efectos de prejuicios y como les decía antes, un cierto recorrido del exotismo del cual no estamos acostumbrados. Hay que aclarar o agregar que el psicoanálisis se ha alimentado mucho de las elaboraciones de otras culturas. Y después eso se ha apagado. Quizá la renovación actual sobre lo que ocurre con otras culturas o formas  sociales puede ser tomado no bajo la forma que tiene la tendencia actual, que es incluir toda forma de renovación de los lazos sociales en el discurso del derecho. Eso, para mi gusto, es lo que genera violencia porque se trata de un discurso de la imposición de las conductas y que no tiene en cuenta la subjetividad. La idea de transmitir lo que Ricardo nos dijo era por fuera de la dimensión del derecho, por el lado de los usos y costumbres en otras sociedades que nosotros no estamos acostumbrados. Así que te agradezco mucho.

XXXVII – Lecturas Culturales

Ricardo Coler y Carlos Dante García

Parte 3 “Si sos una persona violenta olvídate de conseguir una mujer”

C.D.G: Una cosa, el fenómeno de violencia, entre hombres y mujeres, y entre hombres o el despliegue con los niños. Nosotros estamos acostumbrados en nuestra forma de pensar que los hombres rivalizan entre ellos, el hombre tiene el fenómeno de la violencia porque rechaza en un cierto sentido, porque no puede elaborarlo simbólicamente, el goce de la mujer. Además de la violencia que se produce respecto del robo o la apropiación de cosas.

R. C: La falta de violencia es absoluta, ser violento es una cosa que yo le contaba que da mucha vergüenza. Si sos una persona violenta olvídate de conseguir una mujer. No es solamente eso, no se ven deportes competitivos violentos. No se ven hombres con mucha musculatura, no se confunde la protección, o sea un tipo que va a proteger a una mujer, con la fertilidad o la seguridad afectiva. La falta de violencia es algo que es muy subjetivizado. Vuelvo a repetir, uno puede hablar de muchas cosas y las leyes pueden existir, pero si eso no se subjetivizado de alguna manera… por ejemplo, antes de que existiera el voto femenino, supónganse que estamos en 1700-1800, se les decía a las mujeres que no podían votar y decían: “bueno”, por ahí había algún caso en que protestaban, pero la norma, lo que se pensaba, era que la mujer no podía votar.

Ahora que alguien le diga a una mujer que no puede votar, se necesita a alguien más para que la separe del cuello del que lo dice. No solamente la ley ha cambiado sino que la subjetivización de esa ley, es donde realmente produce el cambio, se ha modificado. En estas comunidades, yo creo que sí, que es muy fuerte, no existe, no hay nada. Cuando hay un conflicto entre vecinos que en general son pavadas, interviene el jefe de la aldea. La escena es así, hay un conflicto, viene el jefe de la aldea y la matriarca se para entre ellos, y los mira, el hombre llega y siempre se arregla, nunca pasa a mayores. La absoluta falta de violencia se siente en todos lados. En esa sociedad y en todos los otros matriarcados que no son puros, que no son tan puros como este que estoy diciendo. Cuando en la sociedad tiene preponderancia o hay más lugar para  lo que la mujer quiere o siente, la violencia siempre retrocede. No quiero entrar en un terreno pantanoso, no una mujer colocada en posición de hombre.

C.D. G: Nosotros tenemos una afirmación freudiana, que la violencia es constitutiva. Por lo menos, lo que Ricardo nos está transmitiendo es que lo observable en los lazos sociales es que la violencia no se produce, no se produce la agresividad. Por eso preguntaba también por los juegos de los niños, ahora vamos a eso, porque nosotros tenemos la idea y lo constatamos, que hay una dimensión de agresividad propia del ser humano, porque hay ciertas condiciones de lo que sería la constitución subjetiva en la libertad o de las cosas que se pueden hacer o no se pueden hacer.

Quería preguntarte… los niños, ¿a qué juegan? Porque en una comunidad así me imagino que no juegan a rivalizar, a competir.

R. C: Juegan a las escondidas, juegan a correrse uno a otro, juegan mucho con los mayores.

C.D. G: Pero por ejemplo, jugar a las escondidas, correrse uno a otro, no es jugar a matar. ¿Se entiende lo que estoy diciendo? La significación del matar es constitutiva en la subjetividad moderna.

R. C: La cultura de ellos funciona de otra manera. Hay una cuestión muy importante con el tener porque cuando yo hablaba con ellas, y acá se producía un fenómeno diferente a lo que conté de la India. Cuando yo entraba en una casa la que me salía a recibir era siempre mujer, cuando yo interpelaba a alguien, siempre me contestaba una mujer. Cuando estuve mucho tiempo yo les preguntaba: “¿qué es lo que querés en la vida?”. Ellas decían que familia, casa y demás. Yo les decía: “¿no querés ser rica?” Ahí se producía un problema porque no me entendía lo que yo quería decir. Entonces le explicaba y yo decía “¿para qué?”, juntar y juntar… A mí me gusta que mi familia esté bien, que no le falte nada, ¿pero juntar? Es algo que ellas no pueden comprender, no les entra en la cabeza. Y dicen que la diferencia entre un hombre y un chico es el valor del juguete, de las cosas que va acumulando. Ella, sin embargo, no es algo que pueda tener en la cabeza.

Hay una manera de ejercer el poder, también muy diferente a la que tenemos los varones. El varón cuando ejerce el poder está lejos y controlado. Ellas están adentro y formando parte. Trabajan muchísimo, no digo que en otras sociedades no trabajen, pero ellas son su trabajo, desde la mañana hasta la noche. Forman parte del proyecto, ellas están ahí funcionando y poniendo el hombro todo el tiempo. También es interesante ver y escuchar qué es lo que opinan los varones. En la India yo ya me había encontrado con una sociedad de defensa de los derechos del varón, un grupo que se había armado protestando porque los chicos llevan el apellido de la madre, porque las mujeres los echaban de la casa y también estaban apoyados por la iglesia católica. No juntaban votos, eran diez tipos. Acá, en la comunidad Mosuo, en el matriarcado, los hombres están como orgullosos de  ser mandados por las mujeres. ¿Se acuerdan cómo era? El hombre vive con las hermanas, la madre, los hijos, nunca se casan, inclusive la matriarca a veces los amenaza con el casamiento. En esta sociedad dicen: “qué querés?, apenas trabajo, cambio de mujer todas las noches , y además puedo vivir con mi mamá”, (Risas). Y uno los ve, las mujeres están todo el tiempo trabajando y los hombres paveando entre ellos fumando o hablando, hasta que viene una mujer y dice: “ándate levántate y andá a hacer tal cosa”.

Son chinos pero tienen una influencia étnica muy fuerte del Tíbet. Las tibetanas son vivísimas. Los monjes son vivísimos, en algunos monasterios del Tibet, los monjes reciben a las turistas, especialmente mujeres, donde se  arman algunas fiestas místicas, (Risas), donde ellas van a encontrarse consigo mismo y de paso, (risas) de paso con el monje.

XXXVI – Lecturas Culturales

Ricardo Coler y Carlos Dante García

Parte 2Ellas quieren que el vínculo con el hombre sea solamente un vínculo de amor”

C. D. G: Ubiquemos el siguiente contexto, de lo que va a hablar Ricardo ahora tiene más de dos mil años de evolución y de vigencia. En cambio, lo que mencionó antes, los matriarcados impuros, porque hay toda una clasificación que se hace de la pureza del matriarcado, surgen en mucho menos tiempo. ¿Por qué no relatas un poco el estado actual y con qué te encontraste?

R. C: Lo que pasa es que cuando fui, las dos veces que fui, estuve un tiempo largo, para llegar ahí era muy complicado. Aparte el último aeropuerto quedaba a muchos kilómetros, tenía que hacer un camino de 4×4, se habían caído camiones por la ladera de la montaña, tenía que salir muy temprano a la mañana para poder llegar con luz. Uno se encuentra con una sociedad que realmente no tenía mucho contacto con el mundo, entonces podían conservar las tradiciones. Ahora pusieron un aeropuerto mucho más cerca y una autopista. La llegada del capital y la cantidad de turismo, arrasa con las costumbres, porque les llega mucho dinero para poder ir a ver cómo manda una mujer.

Además hicieron toda una puesta en escena porque la comunidad tiene fama de mucha libertad sexual. Vinieron prostitutas de diferentes lados a cobrar por la fama de la libertad sexual del matriarcado, la verdad es que se está arruinando un poco el lugar.

Les voy a comentar qué pasaba antes de todo esto. Primero hay una cuestión acá, que no solamente tienen las mismas leyes, el apellido de la madre, que lleva solamente la mujer, que la única que elige el lugar para vivir es la mujer, son las tres leyes fundamentales; sino que hay una cuestión de actitud, la mujer le grita un poquito al hombre, a la mañana fui a la casa de una matriarca, todas las casas tienen una matriarca, que es la que dirige la propiedad y no necesariamente es la mayor, sino la que tiene mejor capacidad de mando, implica muchas veces mujeres de treinta y pico, cuarenta. La manera en que ponen a  los hombres a trabajar, los hombres tienen una actitud mucho más pasiva y no se mueven sino hay una mujer que dice “acá se hace tal cosa”. Cuando uno los ve caminando  ve que la mujer camina un poquito por adelante del hombre. El hombre camina unos pasos para atrás. Yo me daba cuenta, después de estar veinte días ahí que cuando hablaba con ellas se impacientaban, me empezaban a tratar como a un hombre. Hay una cuestión que hasta el más pintado cuando se acerca a una mujer baja la cabeza. Estábamos en un lugar donde realmente manda la mujer y a ninguna se le puede ocurrir que mande un hombre. Les voy a contar qué es lo que dicen los varones.

C.D. G: Donde realmente manda la mujer… esto que voy a preguntar implica hacer la pregunta sobre qué implica mandar y cuál es el alcance de eso porque, ¿mandan en toda la comunidad o mandan en la casa y en los lazos familiares ¿Y en los lazos sociales entre hombres y mujeres?, o ¿hay una mujer que manda a todos? ¿O son los hombres los que siguen mandando?

Ricardo Coler: Es un terreno resbaloso porque nosotros no conocemos otros países donde manden las mujeres, pero la mujer puede perfectamente gobernar haciendo de un hombre, vestida de mujer. Dicen que  Margaret Thatcher es el varón más fuerte de Inglaterra. Pero acá sucede algo diferente, dadas las características de la mujer. En las casas mandan las mujeres, dicen que es lo que hay que hacer y para hacer (la matriarca). La juntura de la comunidad, ahí uno siente la cuestión más femenina. En todas las comunidades, y está citado por Lacan en el Seminario 5, el jefe de la tribu es un varón. Entonces uno dice, “ahhh,  bueno, en realidad manda el hombre”, pero no es así, me parece que ahí es donde también se nota una cuestión, una relación diferente al poder porque el jefe de la tribu tiene un status social bajo. Yo caminaba con el hombre por las calles y las mujeres no lo saludaban. No es que tenga una preponderancia. Las mujeres dicen que los hombres sirven para dos o tres cosas y ellas los utilizan como si fueran una herramienta. Una de las cosas para la que sirve un hombre es para administrar una aldea, los hombres ahí funcionan mejor.

C.D. G: Los hombres no se sienten objeto sexual.

R. C: Más o menos.

C.D. G: Lo que citó antes Ricardo de Lacan lo pueden encontrar en el Seminario 4, donde Lacan le pregunta a Levi Strauss , sobre la problemática de las leyes que rigen las relaciones de parentesco. Lacan le  propone “imaginemos todo el sistema al revés, en vez de  las mujeres circular cuando un hombre toma a una mujer, que sean los hombres los que circulan”, eso es lo que vamos a ver ahora. ¿Se puede imaginar una cosa así?, dice Lacan. Levi Strauss responde: “Perfectamente se puede imaginar una cosa así, de hecho los matriarcados funcionan así, pero con la particularidad de que el poder de la comunidad,en el sentido de la administración, lo siguen teniendo los hombres. Poder y falo se confunden”. Por eso la problemática de gobernar está situada en relación al falo, digo como respuesta conceptual, no hay un mandar por fuera del falo, ese es un problema. Quería agregar eso, que después, en todo caso, lo discutimos, lo conversamos.

R. C: La otra cuestión, y me parece la más interesante es que en la sociedad donde mandan las mujeres, no quieren casarse. Si hay algo que detestan es el matrimonio.

Si hay algo que detestan es el matrimonio. Entonces, a mí me llamaba la atención. Hay dos razones por las que no quieren casarse, la primera es que para ellas el amor es lo más importante, y la segunda, porque la familia es lo más importante. Entonces, ¿cómo arman una familia? La familia es la mujer con sus hermanos y hermanas, y los hijos de las hermanas, y la madre, y los críos. Esas familias no se separan nunca. Entonces yo lo que preguntaba: “si conoces un hombre y te enamoras, ¿no te queres ir a vivir con él y tener hijos?”, y dicen: “no, no, de ninguna manera. Si alguien quiere casarse, si alguien quiere estar enamorado toda la vida, no se puede casar”.

Me pregunta a mí: “¿A ustedes les funciona?”. “Bueno, sí…no” (Risas) Una de las cosas más interesantes cuando uno visita una comunidad totalmente diferente, es darse cuenta que las cosas con las que uno está armado, esas frases que nos sostienen, como son las familias: un hombre se enamora de una mujer, se casan, tienen hijos y viven así toda la vida. No es cierto, y ese es el argumento con el que nosotros damos vuelta todo el tiempo. ¿Por qué ellas dicen que si están enamoradas no se pueden casar? Porque ellas dicen que quieren que el vínculo con el hombre sea solamente un vínculo de amor. Los hijos son siempre de la madre, la plata es siempre de la mujer, un hombre de nuestra edad si quiere salir y necesita dinero se lo tiene que ir a pedir a la matriarca. No llevan dinero en el bolsillo.

Las únicas que tienen propiedades son las mujeres, los hombres no pueden tener propiedades. Las únicas que tienen cuarto propio son las mujeres, las únicas que tienen privacidad, que no es un detalle, son las mujeres. Entonces ellas dicen: “A mí lo único que me une a un hombre es el amor, y cuando el amor se termina la relación se termina”. Ellas dicen que el duelo por esa relación es mucho más corto. Las mujeres pueden tener relaciones sexuales con un hombre  un día, al día siguiente con el otro y al tercer día con uno distinto. Yo estaba con ellas y uno le daba un beso, pasaba otro y le daba otro beso, al tercero o cuarto que le daba un beso, “acá está pasando algo raro”, las mujeres tienen una vida sexual súper activa, ¿cómo hacen?. El hombre visita a la mujer, yo veía que las puertas tenían un gancho de madera, los hombres llevaban gorra. El hombre llega a la casa de la mujer, se saca el gorro, lo cuelga, entonces todo el mundo sabe que no puede ir a golpear esa puerta. Ahora bien, cuando se enamoran un hombre solamente visita a una mujer y esa mujer solamente recibe a un hombre. Mientras están enamorados la relación es única, no sale con otro. De hecho, en general esas relaciones se rompen cuando alguien sale con otro. Pero el tiempo es el que dura el amor, nunca, nunca van a vivir juntos , ni tener un proyecto en común.

C.D. G: Hay que ir anotando la fórmula: Amor sin convivencia y sin casamientos. (Risas)

R. C: Pero ahí tienes que aguantar que una mujer te grite todo el tiempo.

C.D. G: Reducción del superyó. Es interesante porque Lacan se pregunta por qué sobrevive el matrimonio. El matrimonio fue instituido por el cristianismo para tratar de prolongar la relación más allá de la relación de amor.

R. C: Una característica del matrimonio, cuando la gente se casaba, 1900… no existían los antibióticos, entonces uno dice: “bueno, voy a honrar a mi padre y me voy a casar para toda la vida”. Se casaban a los 18, 19 y se morían a los 35, ¿cuánto duraba el matrimonio? Quince, diciseis años. Ahora la gente vive mucho más y hay un montón de leyes e instituciones armadas de cuando el promedio de vida era de 35, donde se respetaba realmente lo que decían los padres. La duración del matrimonio era una cosa más o menos aceptable. Después se estira la vida, sobre todo con la aparición de los antibióticos, los médicos empezaron a lavarse las manos, para atender a la gente,  la gente empezó a vivir mucho más. Nosotros tratamos de hacer encajar estas cuestiones armadas hace tanto tiempo en una sociedad donde ya no funcionan más.

Bueno, entonces las mujeres quieren mantenerse de esta manera y cuando el amor se rompe se terminó,porque lo único que las unía a ese hombre era el amor. Entonces  buscan otro amor, no van a quedarse nunca junto a un hombre por otra cosa que no sea porque están enamoradas.

Piensen que juntar con una sola persona, el amor, la amistad, el sexo, la familia, la economía, la fidelidad, para toda la vida… es una creación moderna, que anda medio como puede. Así que bueno, la familia y el amor son fundamentales para estas mujeres. Las familias nunca se dividen, solamente van a estar con un hombre cuando están enamoradas.

También es interesante cómo se dan cuenta de que están enamoradas. En una época donde hay una confusión muy fuerte entre el sexo y el amor, el sexo le gana al amor por varios cuerpos. Una época donde “me encontré con ella y lo que sentimos…” La cuestión es que ellas se dan cuenta que están enamoradas de un hombre con el que han tenido relaciones, porque nada de ir a cenar antes, es porque con ese hombre pueden hablar y el hombre las escucha, ahí se dan cuenta.

C.D. G: Esto rompe la idea propia de la mujer urbana, por llamarlo así, que piensa que primero hay que hablar y después… (Risas) ¿Se entendió? El amor no surge a partir del goce que produjo en el encuentro, sino que surge y toma su raíz de la relación que hay entre el goce y la posibilidad de hablar.

R. C: Es algo fácil de compartir, aparte muy sencillo. Además, donde mandan las mujeres hablan todo el tiempo de eso, la broma de doble sentido, te quieren presentar todo el tiempo a alguien, te proponen tener hijos. Como ellas cambian cada noche de hombre, cuando quedan embarazadas no saben quién es el padre del hijo, tampoco les importa. Para mí es una cuestión hasta el día de hoy complicada, es inentendible pensar una comunidad sin padres, está la figura del tío que es muy cariñosos con los hijos pero es un tío que no es una autoridad. En otra sociedad, la que hablaba de la India, que sí tienen la figura del tío muy fuerte, entonces eso les permite, cuando el padre no anda del todo bien, el tío es que empieza a jugar de alguna manera. Acá no, acá es todo cariño  pero a pesar de que no existe instituida la figura del padre, atada al hombre, tienen sus reglas, tienen sus límites, no es que todo el mundo anda caminando por las paredes, son gente que trabaja, que estudia, se llevan bien. Lo que pasa es que la misma estructura familiar permite que la madre se defienda del padre para ir a trabajar y que el límite este puesto.

XXXV – Lecturas Culturales

Ricardo Coler y Carlos Dante García

Ricardo Coler, escritor, periodista, médico,  fundador y director de la revista cultural Lamujerdemivida. Ha viajado a diferentes culturas exóticas y escrito varios libros sobre ellas. Fue invitado a participar junto a Carlos Dante García de la mesa de cierre de la IV Jornadas del VEL,  “Machismo – Feminismo”,  realizada  el día 30 de mayo de 2015, en la E.O.L.

Parte 1  “Una ciudad donde ninguna mujer pueda quejarse del hombre- La reducción de la violencia -”.

Parte 2 “Ellas quieren que el vínculo con el hombre sea solamente un vínculo de amor”

Parte 3 “Si sos una persona violenta olvídate de conseguir una mujer”

Parte 4: “Cuando una mujer tiene varios maridos lo que importa es la familia”

 

 

C.D. G: Vamos a comenzar nuestra última reunión en estas Jornadas. El título se nos ocurrió en una reunión de organización para las Jornadas, después de haberlo invitado a Ricardo Coler que está aquí a mi derecha. Antes de hacer una presentación de lo que vamos a presentar, quiero presentarlo: Ricardo Coler, lo digo en el orden que se me ocurre, es escritor, periodista, cronista, fotógrafo y médico. Es alguien que ha tenido y tiene relación con el psicoanálisis y también, dentro de lo que ha publicado, ha sido director de la revista “La mujer de mi vida”, revista cultural en la cual muchos psicoanalistas y escritores  han escrito. Ha publicado libros, voy a mencionar algunos títulos: Reino de las mujeres, La última diosa, Mujeres de muchos hombres, les recomiendo leerlos. Algunos de estos van a formar parte de la conversación y  la exposición de Ricardo, también nos va a hablar de un libro que está preparando o que está por salir, y de otras nuevas experiencias.

El título “Cuando mandan las mujeres” es muy amplio porque todos sabemos que mandan en cierto sentido, no siempre…. pero mandan. Es muy amplio y voy a tratar de acortarlo en lo que voy a decirles para darles el marco a desarrollar. Nosotros sabemos que en el psicoanálisis muchas veces se empieza un análisis para resolver ciertos conflictos con otros que nos mandan o nos han mandado, que nos imponen cosas.

Entonces un análisis comienza por lo que nos mandan, vamos descubriendo a lo largo del análisis qué son los significantes los que mandan, y después encontramos que es el goce lo que nos comanda. Más allá del recorrido de un análisis existen experiencias y comunidades, experiencias a nivel de la humanidad tanto pasada como actual, en la que las mujeres mandan y Ricardo está invitado para decirnos las características de esas comunidades en que las mujeres mandan, en las cuales se produce una cierta modificación de la violencia. En algunos casos una reducción, fenómenos muy particulares, y en otros la ausencia de violencia. Nos interesa interrogarnos por las particularidades que tienen las comunidades que vamos a visitar dentro de poco.

Esta mesa va a tener un toque de exotismo, es decir, un toque por lo extraño, lo ajeno, un gusto por lo extranjero al que no estamos habituados. Yo escuchaba la primera mesa y era impresionante el discurso y la lengua que los lacanianos utilizamos, en determinados momentos tenemos que estar haciendo traducciones, qué quiero decir con identidad, qué quiero decir con el Otro, es un discurso muy particular el del psicoanálisis. En cambio lo que vamos a escuchar es algo que está en los bordes de nuestra cultura, hasta casi de lo occidental, en algunos casos va a ser occidental, México o Norteamérica, es decir, vamos a tratar de alejarnos de nuestro pobre discurso común, del discurso de la lengua y de lo que conocemos y nos constituye como seres hablantes.

No vamos a entrar en el tema del culturalismo, no me interesa esa perspectiva, voy a tratar de alejarme de esa perspectiva, no se trata de culturalismo, mucho menos de feminismo, filosofía o sociología, sino que tratemos de dejarnos llevar –esto es lo que propongo subjetivamente– por formas de lazos sociales distintas, formas de goce diferentes para que podamos encontrar pistas, preguntas y/o respuestas sobre la causa de la reducción de la violencia en ciertas organizaciones sociales. Si quieren, esta mesa puede tener el nombre de “psicoanálisis aplicado al exotismo”.

Con Ricardo conversamos y acordamos la preparación de esta mesa en dos momentos: por mail y en un encuentro. Vamos a ver si nos da el tiempo y si a ustedes les interesa, por ahí se produce algo en la reunión que modifique ese tiempo.

Acordamos abordar tres temáticas, o tres modos de tratar esta cuestión de las organizaciones sociales. En primer lugar “Los matriarcados impuros”, no que existieron sino que existen. Dentro de esos matriarcados impuros, –disculpen la utilización de la lengua, que no sé qué lengua hablo, Ricardo me va a corregir – los Khasis, los Jaintias y los Garos; estos dentro de esas comunidades no puras. La otra son “Las poderosas mujeres Haenyeo”, o sea, las grandes mujeres del mar, así se las conoce. Por último, dentro de este grupo sería “Los Kuyican”, de México. De estos grupos vamos a revisar las características  que tienen.

El segundo grupo que vamos a trabajar se llaman “Los Mosuo”, que es el único o el último matriarcado que queda y está en cierto proceso de reducción o extinción. Se trata de una sociedad de matriarcado, también matrilineal, vamos a ver  qué particularidades tiene.  Después, por último es un contrapunto entre la poliandra y la poligamia. La poliandra es muchos hombres para una mujer y poligamia, muchas mujeres para un hombre.

Vamos a tratar, si llegamos a este punto, a abordar a los Zulues y en particular a los mormones. Le voy a dejar la palabra a Ricardo, voy a ir hablando, y haciendo algunas interrupciones que van a tratar de propiciar alguna aclaración o una articulación. Recuerden el primer plenario, el gran problema de todo esto es que para el psicoanálisis lo esencial no es visible a los ojos. La estructura, el comportamiento, sabemos en el comportamiento vemos una mujer y no es una mujer. El gran problema es cómo vamos a hacer ese movimiento.

R. C: Bueno, gracias por la invitación. El tema apunta a una ciudad donde ninguna mujer pueda quejarse del hombre. No pueden decir bajo ningún aspecto que es una ciudad machista, que ante el mismo puesto de trabajo el hombre gana más que la mujer, que la educación es una educación que las coloca en un nivel inferior, la sociedad está organizada de forma tal que no pueden quejarse, no tienen adónde ni a quién dirigir la queja. Parece una cosa que no es posible, pero es posible.

Además, la pregunta que yo tenía era que busquemos una sociedad así y veamos qué cosa se repite, qué se repite en una sociedad donde las reglas son completamente del lado de la mujer. Sobre esto hay mucho escrito y es una lástima que haya mucho escrito porque uno sigue esos libros que están escritos y termina en cualquier cosa.

Una sociedad que vive al noreste de la India, en una provincia que se llama Begalaya, no son budistas sino que tienen otra religión. Ahí pasó algo muy particular, porque ellos tienen una religión que tiene que ver con un árbol  y un tigre, creen que las familias vivían unos en la copa del árbol, otros en la parte inferior del árbol y un tigre se comió el tronco, entonces ellos tienen toda una religión preparada para que la familia se vuelva a juntar. Un tigre que para nosotros convenció a esta gente, que habla de una historia que se pueda sustentar.El problema se presentó cuando una noche vinieron a verme y empezaron a preguntar sobre las creencias nuestras, las cosas que son propias de nuestra cultura. Un tipo que nunca había tenido relación con el judaísmo ni con el cristianismo, escuchan mis historias por primera vez y se ponían incómodos, como no me iba bien con eso pasé al judaísmo, entonces en un momento dado uno pregunta “¿qué, les cortan qué?”.

Para los tipos la historia del tigre les parecía ciencia pura en ese punto.

¿Por qué cuento esto? Porque cuando uno se encuentra con una sociedad tan diferente a la nuestra y se da cuenta que armaron una estructura y viven y lo pasan lo más de bien, pensado en una forma tan distinta, uno se da cuenta que todo lo que creemos, lo que sentimos que nos pone contentos o tristes, la subjetividad nuestra es bastante inconsistente. Entonces, lo primero que hice fue encontrar las sociedades matriarcales, todas esas zonas donde el apellido que se usa  es de la madre. Por ahí en algún momento sería interesante hablar sobre la historia del doble apellido. Se lleva el apellido de la madre, se elige para vivir el lugar que la mujer quiere.

En esos lugares, incluso yo les contaba que va gente de las universidades europeas a estudiar la legislación de ellos para poder llevarla a Europa e implementar nuevas situaciones que favorezcan a la mujer. Uno se da cuenta que el tema del machismo y feminismo, no tiene nada que ver con las leyes porque en estas sociedades donde la mujer está absolutamente protegida por la legislación yo entré a una casa, me dirigí a una mujer y me respondía un hombre, y cada vez que me presentaba en algún lugar, siempre había un hombre para responder, hasta que me encontré con el rey, el rey es un hombre.

El rey es un tipo que desprecia a las mujeres, es una cosa muy llamativa, parece un actor de los años ’60, satírico… es uno solo.

C. D. G: El desprecio queda reducido a uno.

R.C: Que está  en lucha con la iglesia católica. ¿Por qué está en lucha con la iglesia católica? Porque la iglesia católica quiere influir en estas comunidades porque las religiones de Dios Padre no funcionan con la madre, entonces hay toda una cuestión que se armó ahí. Otra sociedad interesante es en Cuchitán, un pueblito muy chiquito de México que siempre es indicado como un país machista, pero acá las mujeres manejan el comercio y ganan muchísimo más que los hombres. Este lugar tiene dos características para ser nombradas, una es la cohesión social, nunca dejan que una mujer que va al comercio vuelva con las manos vacías. Si no vende su mercadería al final del día hacen trueque y hacen algo con eso.

Hay muchas fiestas, todos los días hacen fiestas. Es una comunidad muy activa y una red social muy fuerte. La otra característica de esta comunidad es el impresionante porcentaje de homosexualidad que hoy  en día  ellas crían a uno de los hijos como homosexuales.

C.D G: Estás hablando de Cuchitán en México, lo digo para ubicarnos y para ustedes buscar después las referencias. ¿Cómo los crían?

R. C.: Los visten de nenas desde chiquitos. Hay varias  razones por las que hacen eso, por ejemplo que los homosexuales manejan una parte de la economía de la comunidad que genera mucho dinero y además, que siempre tener un homosexual entre los hijos le garantiza a la mujer una vejez cuidada, sea la va a cuidar. Lo que a mí me llama la atención en este lugar es la pregunta de si alguien tiene derecho a criar a un hijo como homosexual. Inmediatamente uno va a pensar que no, que no tienen derecho. Lo que pasa es que cuando quiero justificarme por qué no hay derecho, todas las razones y todos los argumentos que pienso, son las razones del prejuicio, de lo natural, es muy difícil porque el lenguaje mismo asigna un sexo cuando uno cría a un chico.

Bueno, en tercer lugar son las Haenyeo, al sur de Corea, muy particular, le comentaba a Carlos que en ese lugar tienen una especie de Disney sobre el sexo muy artístico donde el gobierno quiere enseñarle a la gente a tener una conducta erótica.

C. D. G: No es la sexualidad lo que está en juego.

R.C: Es un parque temático, aparte es muy bello, no es una cosa grotesca, búsquenlo en internet, se llama Lovegrand. Acá las mujeres son muy fuertes, más que los hombres, por una equivocación en la lengua, son mujeres buzos. Ellas recogen mariscos frescos, estos maricos se los empezaron a vender a Japón y estas familias, hombres y mujeres, empezaron a ganar mucho dinero, entonces el gobierno de Corea puso una ley, que todo varón sumergido para recoger mariscos tiene que pagar un impuesto altísimo, pero se olvidaron de las mujeres, entonces los varones se retiraron del negocio, se quedaron las mujeres y se armó una comunidad que fue conocida. Lo cierto es que estas mujeres ganan mucho dinero, mucho más que el marido, y eso cambia mucho las relaciones sociales. No solamente por el manejo del dinero sino porque las mujeres, y si podemos llegar al último tema, que son las mujeres que están casadas con cuatro o cinco hombres al mismo tiempo, las mujeres tienen una personalidad diferente.

Bueno, conocidos estos casos elijo una comunidad que queda en el sureste de China, una provincia que se llama Yunnan, que son los Mosuo, eso es  como si fuera el paraíso del movimiento feminista. Pero en ese paraíso del movimiento feminista, no pasa lo que nosotros pensamos que pasa en paraíso del movimiento feminista.